Mujeres, Mujeres, Mujeres: Rosa María Vázquez, Ana Bertha Lepe e Isela Vega

Escrito por on feb 14th, 2010 y archivado en Actores y Actrices, Comedia, Destacado, Galería fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Mujeres, Mujeres, Mujeres: Rosa María Vázquez, Ana Bertha Lepe e Isela Vega

Empecé a ver “Mujeres, mujeres, mujeres” (1967) porque el reparto lo encabezaba Mauricio Garcés (de quien por cierto se cumplen este 27 de febrero veintiún años de su fallecimiento). No la recordaba, a pesar que según yo conozco todas en las cuales Garcés hace el papel de galán y Casanova moderno, donde hizo populares sus frases como “¡Arrrrrrrrozzzz…!” o “Las traigo muertas”. La sinopsis apuntaba de un banquero que le es infiel a su esposa y ésta se desquita haciendo lo mismo. Junto al nombre de Mauricio Garcés se anunciaba el de Isela Vega.

Tenía un minuto de iniciada, así que perdí los créditos. La actriz que estaba en pantalla era Rosa María Vázquez en bikini, por lo que imaginé era la coestelar femenina. A su lado, la gorduela y simpática Susana Cabrera, a quien en esos ayeres colocaban en papeles de “cuate” de las atractivas actrices. En la secuencia la Vázquez habla de los rudimentos del yoga a un grupo de guapas mujeres, todas en bikini sentadas en círculo en una habitación. Están a la espera del profesor que les instruirá en la materia.

Tocan a la puerta de la casa. Es un hombre al cual en la sombra nocturna no se le distingue. Por la sinopsis, pensé que sería Garcés. Rosa María va a abrirle. Resulta que es Julio Alemán. Tartamudea. Sin conocerlo, ella lo deja entrar al dar por hecho que es el profesor de yoga, pues alguien se lo ha recomendado.

Desde este punto vendrá un largo diálogo entre ellos dos. El chiste radica en ese malentendido: mientras ella supone es el profesor, así lo llama y le comenta al respecto, él cree que anda en una casa de citas. Cuando ella menciona a las chicas, él se imagina que se refiere a las que “trabajan” ahí. Al hablar del dinero, él se sorprende de que le vayan a pagar, hasta reduce sus emolumentos pues le parece es mucho (de tres mil pesos a mil). Se emociona, se le acelera el tartamudeo, cuando ella le dice lo esperan varias muchachas, que deberá hacerlo con todas, que deberá ir diario. Más se agita al decirle que se desnude, y le trae un quimono. Entra a una recámara a cambiarse. Susana Cabrera asoma y lo que dice le suena a él muy sugerente para continuar en su tergiversación de que son muchachas que laboran en ese oficio, aunque él proclama que le gusta Rosa María Vázquez y da a entender que es una pena que se dedique a ello.

Error de “matching”, o excusa para lucir el físico de Rosa María Vázquez, tres veces que se va, al regresar por un pasillo porta ropa diferente: un taparrabos y una banda para cubrirle los pechos; un conjunto como de chaquira, pantalón unido al sostén a través de unos hilillos en el frente.

Un señor (Manuel Dondé) ya maduro llega con su hija. La Vázquez se la lleva a preparase para la clase, le cuenta del profesor. Al salir envuelto en el quimono, Julio Alemán saluda al señor. El malentendido se reitera en el parlamento que sostienen. Llega al extremo cuando el señor dice que llevó a su hija a alistarse, a aprender, por lo cual Alemán se enfurece, le sale lo moralista, y lo saca de la casa.

Al verlo sin compañía, Rosa María Vázquez le pregunta qué sucedió con el papá de la muchacha. Esto hará que el enredo se repare al poco, que Alemán se dé cuenta de que ha especulado erróneamente. Viene una escena en cámara rápida, donde él sale corriendo de la casa, entra en un local, oímos que pregunta por libros de yoga, los compra.

La escena final es con ellos dos parados de cabeza, declarándose su amor, él con su tartamudeo, ella con ombligo al aire.

A continuación anuncian el episodio 2, “El trikini colorado”. Entonces me di cuenta que era una de esas películas formadas por segmentos o cuentos que sobre todo desde la década del 1950 pusieron de moda los italianos, con tinturas eróticas y sexuales.

Como en el caso de “Mujeres, mujeres, mujeres”, son tramas triviales -sin faltar cierta moraleja marital-, coartadas para que las mujeres actrices se exhibieran en bikinis, ropa interior, lucieran sus cuerpos, atrajeran al espectador masculino.

La componen tres historias, si bien se divide en cinco partes. La segunda historia abarca la 2 y 3, y la tercera la 4 y 5.

Precisamente esta segunda es la que se reseñaba en la sinopsis. La del banquero (Raúl Ástor, antes de Topo Gigio) que se liga a su nueva y joven secretaria (Karla Lárraga), quien más bien es la que se facilita y lo seduce; y al llegar cansado a su casa, ni “pela” a su bastante atrayente esposa (la muy agraciada todavía en esos días, Ana Bertha Lepe, en particular en ropa interior), por más que ella se vista sensual con medias, calzoncillo y brassiere negro, se sube a su cama, se le rejunta. Antes la habíamos visto en su jardín, tomando el sol, en reducido traje de baño de dos piezas. Pregunta a la sirvienta si ha telefoneado un señor Alberto. Se levanta para posar el modelito.

Otra noche, Ástor y la Lepe cenan en un cabaret, donde tocan Los Johnny Jets. Los acompañantes son parejas mayores. En la barra, tomando una copa, se encuentra cabizbajo Guillermo Murray, a quien desde la mesa mira Ana Bertha Lepe. Especulé que ella se levantaría, se le lanzaría y vendría el desquite anunciado contra el esposo. Pero tras unos insulsos chistes de Ástor (¿Dónde está el teléfono de señores?), éste se pone en pie, saluda a Murray, lo invita a la mesa. Nos enteramos que él es Alberto. Las parejas maduras se paran a bailar, lo cual aprovecha Murray para invitar a la Lepe también. De su plática en tanto bailan se discierne que él ha tanteado conquistarla, pero ella no ha aceptado, que él se retiró porque no creía ella le hiciera caso. Persuasivamente ella dice que le ha faltado intentarlo de una forma, con dinero. Menciona que por cincuenta mil pesos aceptaría, aunque no los necesite, sólo por darse el gusto y gastárselos. Él no tiene el dinero, ella lo sabe. Por eso, insiste, quiere ver si es capaz de conseguirlos para tenerla.

La moraleja implícita sería que la poseerá con el dinero del marido, pues va a pedirle un préstamo a éste a su oficina. Hemos de creer es uno de esos tipos juniors y vividores cuyas familia era rica; Ástor le da el préstamo pero debe dejar en garantía las escrituras de una casa en Querétaro.

Ástor planea irse de viaje a Nueva York con su secretaria. Se lo ha contado a Murray. Le pide que acompañe a su esposa a dejarlo al aeropuerto.

Películas como esta dan cuenta de lo tranquilo que era cruzar la ciudad para ir al aeropuerto, de lo reducido que era éste, de lo sencillo que eran los trámites y luego el abordar el avión, caminando a la pista, y los acompañantes podían estar cerca.

En una fila se forma Ástor por su boleto, en otra la secretaria, que voltea a verlos. La Lepe le dice a Murray que sabe de esos viajecitos de su esposa, y con quien va. Él comenta que ya tiene el dinero. Ponen las condiciones para su encuentro. Al subir al avión, Ástor se despide, y unos escalones atrás la secretaria, que vuelve a voltear y se hace más evidente.

En una anómala continuación, pues ya han quedado de acuerdo de verse esa noche, un automóvil de lujo llega a una residencia. Quien viene al volante es Ana Bertha Lepe. En inferencia del cine mexicano, Murray está afuera con un amigo en un automóvil deportivo. Avanzan. Le dice a ella que le debe un dinero a su marido, los cincuenta mil pesos, pero como éste salió de viaje, se los quiere dejar.

Puntual, a las siete, ella toca a la puerta del departamento. Debajo del abrigo sólo lleva el trikini rojo, floreado, del título. Dos trozos de tela que apenas le cubren los senos, un calzoncillo. Ella le retribuye lo que haya hecho para obtener el dinero.

Una elipsis indica por el reloj que casi son las siete de la mañana. Él despierta. Ella a su lado en la cama. Él dice que se ha agotado su tiempo, pues cada minuto le costaría mil y tantos pesos y no los tiene. Ella se enfurece, le recrimina que la confunda con una mujer que se vende. Para él ha sido cumplirse un capricho. Ella se da cuenta ahora de eso. En semioscuridad se levanta, se pone el abrigo. Se va.

El tercer segmento, “El imponente”, es donde, por fin, actúa Mauricio Garcés. Es el más corto y gracias a él un tanto menos monótono.

Un hospital. Un señor mayor inquiere al médico qué tiene su esposa.

Mauricio Garcés está en una habitación del hospital. Se ve indefenso en su cama. Es gracioso verlo en sus sufrimientos cuando una enfermera llega, se quita la bata, se queda en bragas y sostén blancos, se dispone a bañarlo con una esponja. Ella no desconfía, sabe de su incapacidad.

Una mujer, en bikini por supuesto, los espía desde la ventana. En cuanto la enfermera sale del cuarto, salta y corre hacia la cama donde está Garcés. Él, casi con lágrimas, dice que no puede, que ya no sirve. Ella se enoja. Es la esposa del señor que estaba con el doctor. Fingió enfermedad sólo para que la hospitalizaran e ir a su lado. Él ni le intenta, no tiene caso. Ella, enojada, se va. Él se queda con su congoja, muy a su estilo, que mueve a risa.

En la siguiente secuencia, Mauricio Garcés agradece al doctor (Miguel Suárez) que lo haya curado, que le haya salvado la vida. En compensación, le cuenta que lo engañaba con su esposa. El doctor, como es menester, ya estaba enterado, y la enfermedad (tuberculosis) se la inventó, cambió radiografías, le suministró medicinas para calmar su apetito sexual. Ahora ya no teme el aullido del lobo Garcés cuando le hacía el amor a su esposa, pues ya es impotente.

Garcés reposa en una cama cuando llega Isela Vega. Es la esposa del doctor. Sin mayores tapujos lo incita. Él vuelve a su cara de agonía, dice que no puede, que no siente nada. Ella está dispuesta a ayudarlo. Se despoja de su vestido, queda en bikini, naturalmente, baila (confirmamos que Rosa María Vázquez y Ana Bertha Lepe estaban mucho mejor de cuerpo que ella). Mauricio le explica su situación, entre gemiditos. Ella le convence que reemplazó el medicamento que le inyectaba su esposo.

El colofón es a la distancia, fuera de campo. El doctor lee en su escritorio. De repente escucha el aullido.

“Mujeres, mujeres, mujeres” la dirigió José Díaz Morales. El guión es de Varelita, Raúl Zenteno y Díaz Morales. Es una producción de las que acostumbraban los productores de esas décadas, en este caso Pedro Calderón. Con ingredientes “picantes”, chistes verdes acerca de “cuernos” y adulterios, mujeres dizque ardientes y desatendidas por los esposos. Catálogo de bellas en ropa interior, como hemos platicado, a la menor excusa. Los argumentos eran fútiles, versiones arregladas de cuentos como los de Bocaccio y similares. Todavía no se permitían abiertamente las groserías, palabrotas o albures más subidos de color, tan frecuentes y exagerados en los años 1970 y 1980; por eso se jugaba con los equívocos, había picaresca y asomos de dobles sentidos.

Había algún que otro detalle favorable u ocurrencia, pero ningún movimiento de cámara sofisticado ni actuación rutilante o para mención honorífica. Ni la música era original, se usaba por caso Capri c’est finí en instrumental de órgano.

Estamos en tiempos previos a los destapes y desnudos completos de los 1970. Sólo insinuaciones, como cuando Ana Bertha Lepe se aproxima a Guillermo Murray, la cámara encuadra debajo de las rodillas y vemos sus piernas desnudas y la ropa que cae. O al levantarse de la cama, la vemos desnuda de espaldas y con buena visión se alcanza a distinguir debajo de la cintura. O el mini traje de dos piezas de Rosa María Vázquez, que debe haber sido más vistoso en pantalla grande.

Lepe, Rosa María Vázquez y las otras atractivas féminas que entran a cuadro, poco menos Isela Vega, tenían cuerpos mejor delineados y no tan exuberantes como las vedettes de los filmes de cabareteras y ficheras por venir.

Ellas, y por instantes Mauricio Garcés, justifican ver películas como “Mujeres, mujeres, mujeres”, cuyo primer episodio se titula “Amor y yoga”.

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3 comentarios en “Mujeres, Mujeres, Mujeres: Rosa María Vázquez, Ana Bertha Lepe e Isela Vega”

  1. soy tu eterno admiradoar desde tu novela en los 70 marcela campos la guerrillera del llano donde sipriano te queria envenenar

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  2. Rogelio Flores dice:

    Una de las mejores peliculas Mexicanas de comedia, por lo cual me gustaria tenerla, pero segun entiendo cuando se quemo la Cineteca Nacional esta pelicula resulto quemada.
    Me gustaria saber si puedo adquirirla en DVD y en donde?
    Mil gracias.

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