
Norteado
En el entorno de películas sobre migración y de la frontera mexico-estadounidense, “Norteado” (2009, dirigida por Rigoberto Pérezcano, coguión de Edgar San Juan)) se encauza a algo de lo que acontece de este lado del territorio nacional, con el afán de cruzar y llegar al otro lado casi obligatoriamente.
Filme de corte minimalista, con cuatro personajes, donde se percata la admiración por el cine iraní, Abbas Kiarostaami a la cabeza. Con fluido uso de cámara en mano, planos fijos, silencios, actores primerizos en el cine, querencias de documental.
El director Rigoberto Pérezcano simplifica en imágenes y sonidos el trayecto de Oaxaca a Tijuana, la cita con el pollero, el cruce individual (poco usual que se efectúe), el abandono en medio del desierto, la caza por la migra gringa, porque lo que le interesa es lo que viene posteriormente: lo que hará ese hombre.
Pérezcano se inserta en el aferramiento por atravesar al lado estadounidense de muchos mexicanos, a permanecer a unos metros, sin importarles el muro de fierro, que incita a pensar cómo saltarlo. Ese muro que es el otro personaje central de “Norteado”, que el director contempla de distintas angulaciones, encuadres, posiciones, para una perspectiva de lo cerca y lo lejos del “sueño americano”.
Pero a Pérezcano le importan las relaciones interpersonales, la ayuda que pueda surgir por parte de algunos paisanos, la complicidad de gente que hace poco o mucho tiempo se vio en esas veredas y ya no regresó a sus pueblos, se guardó a esperar, y la conciencia de que los maridos ya no volverán, ya andan con otra; de lejos les olvidan. Late la soledad, la tajante necesidad de tener alguien al lado, de echarse unas copas con él o ella.
El realizador sabe usar silencios, miradas, simples palabras, para redelinear personajes, afectos, satisfacciones, y grabar el goce y fruto: tras las dos parrandas de Andrés –en el mismo bar, con el mismo encuadre, en delimitación de la unión- con las mujeres, concluye con un encuadre fijo como foto de pareja en una feria; y en una lo pone a la izquierda y en la otra a la derecha.
La película es pausada, con colaciones de celos por parte de Asensio, el hombre mayor, quien se ve expelido de su cortejo, siente que Andrés le arranca la atención y otros deleites de Ella, la mujer madura, y Cata, la joven.
Y hay pizcas de humor absorbido con tristeza: en la canción que Andrés les pone en la sinfonola y que luego toca un conjunto, su ligue básico que funciona; en cargar la escalera para subir al muro para ver el otro lado; en Asensio yendo a tocar la puerta para aprovechar la ausencia de Ella; la plática con los nombres de los hijos y por qué se los puso; el aferramiento de su deuda y que tiene que pagarla; la reincidencia de Ella en decir que necesita (un hombre) quien le ayude.
El epílogo roza la fantasía en el optimismo y en el tilt up de la cámara hacia el cielo; las mil maneras que han ingeniado los mexicanos para cruzar al otro lado. La tracción de que el hombre se convierta en un mueble, un objeto más en aquél país. Y la camaradería generada en ese cuarteto de almas, para que al menos uno alcance el sueño.
“Norteado” es una de las dos películas mexicanas que se exhiben dentro de la 51 Muestra Internacional de cine.