Roman Polanski: entre el infierno, el purgatorio y el paraíso.

Escrito por on oct 3rd, 2009 y archivado en Directores. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Román Polanski

Román Polanski

Cuando en agosto de 1969, su esposa Sharon Tate, embarazada de ocho meses, fue asesinada junto con cuatro amigos de una manera brutal por una pandilla de bestias, Román Polanski pudo reconocer de inmediato el rostro del infierno que había conocido en su infancia cuando otra pandilla de bestias, en este caso los nazis, invadieron Polonia y se llevaron a sus padres a un campo de concentración donde su madre, a la sazón también embarazada, moriría. La simetría no podría ser más trágica, más desesperanzadora: en el momento en que, estando en Londres, Polanski tuvo conocimiento de las hechos ocurridos en Los Ángeles, el cineasta comenzó a gritar con desesperación“¿Porque…otra vez?, ¿porque…otra vez?”

Pero en ese verano trágico Polanski también pudo empezar a conocer las manías persecutorias del sistema de administración de justica americano quien, contra toda evidencia, no desaprovecho la oportunidad de señalarlo como sospechoso de la muerte de su esposa. Después de todo, como sugiere ChristopherSandford en su biografía del cineasta, (Polanski. Una biografía, 2009, T&B editores), la policía de Los Ángeles parecía preguntarse si los asesinatos“¿Tenían algo que ver con sus películas, la más famosa de las cuales (“El bebé de Rosemary”, 1968) se refería al horrendo maltrato infligido a una mujer embarazada?”

En todo caso, y ante la captura de los verdaderos asesinos, la policía de Los Ángeles tendría una segunda y hasta una tercera oportunidad de ofrecer sus servicios de hospedaje a Polanski.

En 1977 Polanski, como editor invitado de la edición francesa de Vogue, decidió incluir una serie de fotografías de Samantha Geimer, entonces una adolecente de 13 años, un año más, por cierto, que la Lo-Li-Ta de Humbert Humberty ligeramente mayor que Alicia la modelo y musa de Lewis Carroll. Después de algunas copas de champagne, de una dosis de Quaalude y un baño poco amigable en el jacuzzi, la sesión fotográfica dio un giro inesperado, inesperado al menos para Geimer, y concluyó con una sesión de sexo no consentido que incluyó varios agravantes.

Polanski fue acusado y detenido e ingreso a la cárcel donde permaneció 90 días y que abandono después de someterse a un test psicológico, de aceptar del todo su responsabilidad y, sobre todo, de llegar a un acuerdo, un plea bargin que, entre otras cosas, le concedió un permiso para estar fuera de prisión por 90 días, permiso que daría, de nuevo, un giro inesperado a los acontecimientos ya que Polanski decidió hacerlo valido por tres décadas. . .


Como se sabe Polanski, ante el temor de no tener un juicio justo –temor del todo justificado según se aprecia en el documental de Marina Zenovich “Roman Polanski: Wanted and Desired”, 2008- huyó de los Estados Unidos. Se va a Francia no sólo por ser ciudadano francés sino, además, porque sabía que el acuerdo de extradición vigente entre Francia y Estados Unidos no obliga a ninguna de las dos naciones a extraditar a sus propios ciudadanos.

Desde entonces, Polanski se convirtió en un prófugo de la justicia americana. Como casi todo en su vida, se trata de un prófugo un tanto inusual ya que en los treinta años que han pasado después de los hechos no ha hecho nada por ocultarse, ni ha negado nunca su responsabilidad (véase, por ejemplo, las páginas que le dedica al tema en sus memorias Roman by Polanski, 1985) ni, en fin, ha reincidido.

Pero, parafraseando a J.M Cain, el cartero puede llamar más de dos veces y el destino le dio una tercera oportunidad a la policía angelina y en el momento y lugar menos esperado, al menos para Polanski, logra capturar al cineasta,lejos sí del condado de Los Ángeles pero no tan lejos como para obtener la colaboración de la policía suiza.

Hoy, a los 76 años, con una trayectoria cinematográfica más que notable que incluye al menos tres obras maestras, con un matrimonio estable, con dos hijos y una película, “The Ghost”, por estrenar en febrero del 2010, Polanski se encuentra preso en Zúrich en espera de que un dictamen jurídico o una maniobra diplomática que lo devuelva o bien al purgatorio de la cárcel o bien al paraíso de la libertad.

El arresto, por supuesto, ha incitado las reacciones más diversas que van desde los aplausos hacia la perseverancia de la policía hasta manifiestos de apoyo incondicional al cineasta de parte de sus colegas y amigos de varios países del mundo. Curiosamente lo que parece animar la mayor parte de estas reacciones no es tanto la surte próxima de una persona llamada Román o para el caso la defensa de la justica o del arte, sino el destino de una celebridad conocida como Polanski, es decir en tanto un personaje creado tanto por las fobias y afectoscomo por los temores y admiraciones de todos nosotros los consumidores–sacrificadores de corazones de hoy.


Samantha Geimer.

Samantha Geimer.

Por ello no es de extrañar la escasa atención que en este asunto ha tenido quien más dignidad y sensatez ha aportado a esta historia: Samantha Geimer.

Geimer no sólo perdonó a su agresor en 1997 sino que cuando tuvo oportunidad de manifestar públicamente su perdón y sus sentimientos en relación a Polanski lo hizo con honestidad y dignidad. Ante las posibilidades de que Polanski viese frustradas sus expectativas de recibir un Oscar por su trabajo de dirección en “El Pianista” (2002) debido a lo ocurrido en 1977, Geimer escribió un artículo para Los Ángeles Times expresando, entre otras cosas, su convicción de que “…el Sr. Polanski y sus películas deben ser distinguidos de acuerdo a la calidad de su trabajo. Lo que él hace para vivir y cuan bueno es haciéndolo no tiene nada que ver conmigo o con lo que él me hiciese. No creo que sería justo tomar eventos pasado en consideración.” (“Judge the Movie, Not the Man”, Los Angeles Times, febrero 23 de 2003).

La señora Geimer fue más allá de esta petición de justicia artística. Geimer nos recuerda que el primero en no honrar los acuerdos alcanzados entre la víctima, el agresor y el juez fue precisamente eljuez y no duda en manifestar su comprensión ante los temores y posterior fuga de Polanskiya que, escribe- “era claro que el juez estaba más interesado en su propia reputación que en una sentencia justa o incluso en el bienestar de la víctima.”

Llama la atención, finalmente, que el mayor agravio que siente Geimer se deba más al tratamiento de la prensa dio a su persona. “Honestamente –dice – la publicidad circundante fue tantraumática que lo que él (Polanski) me hizo a mi palidece en comparación…Los medios hicieron de ese año un inferno viviente y he estado tratando de dejarlo atrás desde entonces

Geimer concluye: “Estaré feliz si él (Polanski) resolviera sus problemas. Espero que eso signifique que nunca tenga que volver a hablar de esto de nuevo. Algunas veces siento que ambos conseguimos una sentencia de vida.”Seis años después Geimer y Polanski pueden ver que, efectivamente, esa sentencia los acompañara aún muchos años.

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1 comentario en “Roman Polanski: entre el infierno, el purgatorio y el paraíso.”

  1. Irisnegro dice:

    Muy buen artículo. Aleccionador de la fama como paraiso e infierno

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