Dos cines en la vida de Puebla en el siglo XX

Escrito por on Ago 8th, 2009 y archivado en Actores y Actrices. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Cine Variedades en Puebla, Pue.

Cine Variedades en Puebla, Pue.

Pathé, Parisián, Lux, Edén, Venecia, Hidalgo, Palacio, Popular, Rívoli, Salón Rojo, Olimpia y Salón Imperio fueron los nombres de los primeros cines que hubo en la ciudad de Puebla a partir de 1906 cuando el Ing. Salvador Toscano instaló la primera sala en la calle de Mercaderes. Todos eran muy pequeños y ninguno sobrevivió a la década de los treinta cuando el cine silente pasó a la historia y nació y tomó auge el hablado.

A principios del siglo XX había en Puebla un par de teatros de regular tamaño, el Guerrero y el Constantino, en tanto que el más grande, antiguo e importante, el Principal, se hallaba en ruinas destruido por un incendio en 1902. Fue entonces que el doctor Ernesto Espinosa Bravo, ex presidente municipal de Puebla, erigió el Gran Teatro de Variedades, un teatro elegante, moderno y con el mayor cupo de los del país.

Poco más de dos años tardó su construcción en la calle Portería de Santa Catarina (hoy 2 Poniente) en el mismo sitio que por tres siglos fue parte del Convento de las monjas dominicas. Espinosa Bravo dividió el inmueble en dos grandes lotes, uno para el teatro y otro para una hospedería, el Hotel del Mercado, donde treinta años después se construiría el cine Coliseo.

El Gran Teatro de Variedades tuvo un costo de aproximadamente un cuarto de millón de pesos. Su fachada presentaba siete arcos esbeltos en la planta baja e igual número de balcones en los pisos altos. Muy amplio era su palco escénico y en el foso frente al proscenio cabía holgadamente una orquesta de 45 miembros. El aforo total de público era de unas 2,500 personas distribuidas en las tres localidades: lunetas, plateas y balcones.

Se inauguró con una función de ópera (La Bohemia de Puccini) el sábado 31 de octubre de 1908. El programa indica que la función fue dedicada al gobernador del Estado y al cónsul español en Puebla.

Artistas de la talla de Virginia Fábregas, Mimí Derba, María Conesa y la gran bailarina rusa Ana Pavlova se presentaron en el Variedades, donde los poblanos podían disfrutar funciones de ópera, zarzuela, opereta, revista musical, teatro y la que con el correr de los años sería su primordial y casi única actividad: el cine.

Trece años después de su inauguración fue destruido por un incendio que por fortuna estalló cuando el teatro se encontraba vacío. Ante cuatro paredones ennegrecidos encerrando un enorme montón de escombros, el doctor Espinosa Bravo calculó las pérdidas en unos 200 mil pesos, incluyendo un taller de imprenta que funcionaba en el sótano del teatro donde se elaboraban los carteles y programas de las representaciones teatrales y exhibiciones de películas.

Las autoridades policíacas señalaron que se trató de un incendio casual, ocasionado por una colilla de cigarro, pero entre la gente comenzó a circular la sospecha de que una mano criminal fue la autora del siniestro. Se recordaba que Espinosa Bravo había sido un político activo y adversario del gobernador de Puebla en los comicios efectuados poco tiempo atrás. Algunas personas aseguraban que en la azotea del hotel contiguo al teatro se encontraron trozos de estopa impregnados de petróleo, y agregaban que otros iguales habían sido arrojados al interior del Variedades.

Sin embargo, el doctor Espinosa ordenó desalojar los escombros para proceder a la reconstrucción, la que tardó un año y costó aproximadamente 300 mil pesos. Tocó al nuevo gobernador, Froylán Manjarrez, inaugurar el nuevo Variedades el 8 de febrero de 1923.

En su segunda época el Variedades ofrecía funciones de cine con dos o tres películas mudas que un pianista musicalizaba con una pianola, tocando algo cuyo ritmo fuese de acuerdo con la acción que se desarrollaba en la pantalla. En ocasiones las películas se combinaban con obras de teatro, zarzuelas, y la actuación de cantantes, actores cómicos e incluso artistas circenses. Así, por el amplio escenario de este teatro pasaron Esperanza Iris, Agustín Lara, María Tereza Montoya, Juan Arvizu, Joaquín Pardavé, Toña la Negra, Manuel Medel, Pedro Vargas, Roberto Soto, Jorge Negrete, “Palillo”, Manolita Saval, Berta Singerman, Margarita Xirgu, Lupe Rivas Cacho, Pepita Embil y Plácido Domingo, por sólo mencionar algunos.

En la historia del cine mexicano silente figura el Teatro Variedades como el único lugar donde se exhibió la película documental Alas de gloria, filmada probablemente en 1929 e interpretada por los aviadores Pablo L. Sidar y Carlos Rovirosa.

Una curiosa y espectacular promoción tuvo el estreno de la cinta estadounidense El escuadrón de la muerte el primer día del año 1931. Entre las personas que compraron boletos antes de esa fecha se rifaron 15 pasajes para volar diez minutos sobre la ciudad en un avión piloteado por el destacado aviador mexicano Roberto Fierro.

El cantante de jazz, la histórica película inaugural del cine sonoro estrenada en Nueva York en 1927, llegó a Puebla dos años después a la pantalla del Variedades, pero quizás mayor asombro y emoción provocó en el público poblano Sombras de gloria, una de las primeras películas habladas en español que produjo Hollywood en 1929. El 16 de marzo de 1930 se abarrotó el Teatro Variedades para el estreno de esta cinta cuyos protagonistas eran la actriz mexicana Mona Rico y el actor argentino-alemán José Bohr.

Dos semanas después falleció don Ernesto Espinosa Bravo, el médico, abogado, político, empresario y promotor cultural que creó y reconstruyó el Gran Teatro de Variedades. A su muerte, sus hijos Ernesto, Manuel y Luis se hicieron cargo tanto de este cine-teatro como del Constantino, adquirido por su padre el año anterior.

Estas dos salas junto con el Palacio (por poco tiempo), el Royal (de vida efímera) y el Guerrero (que se quemó en 1909 y fue reconstruido en 1931) fueron los cines que funcionaron en Puebla en la década de los treinta. El elenco se amplió con la erección en 1939 del Reforma y el Coliseo así como del Colonial en 1941.

En el Variedades alcanzó gran popularidad el grupo musical “Los Bombines Negros” que tocaba media hora antes de la primera función, la de las cuatro de la tarde, y durante los intermedios.

Con el antecedente de las funciones de lucha greco-romana que solía haber en los primeros años del primer Variedades, en 1934 los sábados al terminar la primera función de cine se instalaba un ring en el amplio foro del teatro para que a las nueve de la noche el cine se convirtiera en arena de lucha libre. Así, por el precio de un peso con veinticinco centavos en luneta, setenta y cinco centavos en anfiteatro y cincuenta en galería, los aficionados disfrutaban las “llaves” y maromas de Firpo Segura, Jack O’Brien, Charro Aguayo, Gorila Macías y otros pioneros de la lucha libre mexicana. Sin embargo, en pocos meses este espectáculo cambió de domicilio ubicándose en el teatro Constantino donde se quedó por muchos años.

En 1939, año del comienzo de la segunda guerra mundial, había en la ciudad de Puebla 140 mil habitantes aproximadamente y tanto la ciudad como el estado eran gobernados por los hermanos Rafael y Maximino Ávila Camacho, respectivamente. Fue entonces cuando se edificaron dos muy grandes y elegantes cines: el Reforma, inaugurado el 11 de agosto, y el Coliseo, que abrió sus puertas el 14 de septiembre.

En el predio contiguo al Variedades, donde estuvo un hotel, la viuda de Espinosa Bravo, doña Guadalupe Yglesias, y el segundo de sus hijos, Manuel, construyeron el cine Coliseo, con capacidad para 2,500 personas, una de las pantallas más grandes del país luminosamente enmarcada por tres arcos de cristales esmerilados dentro de los cuales había miles de focos multicolores y tres monumentales columnas de luz, modernos aparatos de proyección importados al igual que las 1,700 butacas del lunetario, planta de luz propia y clima artificial.

Fueron tantas las personas que querían conocer el nuevo cine que la venta de boletos tuvo que suspenderse desde temprana hora en la tarde del 14 de septiembre pues ya no cabía una persona más en ninguna localidad y las filas a lo largo de la 2 Poniente abarcaban varias calles. En la función inaugural actuaron entre otros la soprano Mercedes Caraza y el tenor Pedro Vargas acompañados por la orquesta del maestro Juan S. Garrido y se exhibió la película americana Andy Hardy millonario, con Mickey Rooney y Lewis Stone.

De inmediato se convirtió este cine en el más prestigioso de la ciudad. Los domingos, empleados del Coliseo elegantemente vestidos con saco y camisa blancos obsequiaban a las damas claveles con discretas cintas enrolladas de colores varios en las que venía el anuncio de los próximos estrenos. Y una camioneta panel que circulaba por la ciudad pregonaba mediante dos potentes bocinas los próximos “cañonazos cinematográficos”, cuyos carteles colgaban a ambos lados del vehículo.

Por esos años de mediados del siglo XX los cines se abarrotaban los domingos ya que eran la principal diversión que había en la ciudad y la gente asistía luciendo sus mejores ropas.

En tanto que el Coliseo, el Variedades y el Constantino eran administrados por los hermanos Espinosa Yglesias, los otros cines, Reforma, Guerrero y Colonial, formaban la “Cadena de Oro”, propiedad del poderoso empresario estadounidense y ex cónsul en Puebla, William Jenkins y su socio Gabriel Alarcón.

Al producirse la unión de los dos grupos se constituyó un monopolio que no sólo controlaba todos los cines de Puebla sino que fue adquiriendo y construyendo salas en muchas ciudades de la república. Con el nombre de “Compañía Operadora de Teatros, S.A.”, el monopolio Jenkins-Espinosa-Alarcón llegó a tener el manejo del 80 por ciento de los cines del país, así como el control de la mayor parte de las películas mexicanas ya que también financiaba en buena medida la producción cinematográfica.

El monopolio pasó a ser propiedad del Estado en el sexenio del presidente López Mateos, quien dispuso la compra de la Operadora de Teatros y de los Estudios Churubusco.

No estuvieron exentos el Variedades y el Coliseo de episodios violentos, algunos trágicos como el ocurrido el domingo 20 de julio de 1947 durante la matinée en el primero de ellos. Sucedió que a un muchacho que vendía paletas en el cine se le ocurrió gritar: “¡Fuego, el cine se quema!”, y en el tumulto que se formó al correr hacia la salida los asustados espectadores se produjo la muerte de dos niños y quince personas fueron heridas. La empresa del cine se hizo cargo de los gastos funerarios y los de curación de las personas heridas. Por cierto que cuando la gente se dio cuenta de que no había ningún incendio regresó a la sala para terminar de ver la película.

Sobre la fachada del Coliseo llovieron piedras durante la tarde de un viernes de julio de 1954 luego de que un grupo de estudiantes preparatorianos de la Universidad intentó, sin éxito, entrar sin pagar boleto. Tomando las piedras de una obra en construcción frente al Variedades, los muchachos destrozaron los cristales de las oficinas del cine, situadas en la parte alta, el anuncio de gas neón del Coliseo y los cristales de las carteleras. Ocho estudiantes fueron detenidos, acusados de daño en propiedad ajena, pero sólo permanecieron unas horas en la cárcel municipal porque la empresa quejosa se desistió, no obstante haber estimado los daños en unos tres mil pesos.

El 19 de abril de 1953 actuaban en el Variedades el famoso ventrílocuo Paco Miller y su “caravana de estrellas” cuando un espectador en un balcón dio el grito de ¡fuego!, provocando el pánico colectivo. Sin embargo, rápidamente se encendieron las luces y el propio Paco Miller tomó el micrófono para tranquilizar al público, indicando que no había fuego y que se sentaran porque la función iba a continuar.

Otro incidente desagradable, que no pasó a mayores, ocurrió a fines de septiembre de 1949. Durante la función en el Variedades un grupo de universitarios presentes en la sala armó gran alboroto protestando por la exhibición de una película, hasta lograr que se detuviera la proyección y la empresa accediera a cambiar el programa. La cinta era Kit Carson, una película americana en la que se desprestigiaba a los soldados mexicanos y se trataba de justificar el despojo de la Alta California y Texas en la guerra de 1847.

El filme fue retirado de las carteleras en todo el país por órdenes de la Secretaría de Gobernación, y a raíz del incidente el Ayuntamiento de Puebla decidió crear una comisión para supervisar las películas a ser exhibidas en los cines de la ciudad. Integrada por un padre de familia, un profesor y un representante de la autoridad, la comisión vigilaría si una película “es lesiva a la moral o denigrante para nuestras costumbres y el país”. Se desconoce si alguna vez utilizó las tijeras esta comisión censora que, como tantas otras, desapareció sin pena ni gloria.

Así como alojó alguna vez a la Orquesta Sinfónica Nacional, el amplio escenario del Variedades también fue pista de baile cuando, con motivo del estreno de la película Baile mi rey con Adalberto Martínez “Resortes” y Silvia Derbez, se organizó un concurso de mambo. Cuatro días seguidos muchas parejas danzaron la sabrosa música de Pérez Prado y hubo relojes libros, zapatos, ropa y jabones además de 500 pesos como premios para los ganadores.

El sábado 8 de agosto de 1959 tuvo lugar por primera vez en la ciudad de Puebla el llamado “cine de medianoche” con la exhibición en el Coliseo de la película Sed de amor, con Silvana Pampanini, Pedro Armendáriz y Ana Luisa Peluffo. La función comenzó a las doce de la noche. Desde una hora antes ya había largas filas de caballeros en la 2 Poniente esperando entrar al cine. Se advirtió al numeroso público que la película no era pornográfica, “pues de serlo no la exhibiríamos en este Cine”. La cinta mostraba apenas un ligero desnudo de la Pampanini, pero semanas después ya fue exhibida en funciones normales de tarde y noche.

Durante la década de los cincuenta, el número de cines en Puebla creció a ocho tras la inauguración en 1954 y 1955 de dos muy grandes salas, el México y el Puebla, pertenecientes a la empresa “Impulsora de Cines Independientes”, cuyo Consejo de Administración presidía el ex presidente de México, General Abelardo L. Rodríguez.

Casi siete años permaneció cerrado el Variedades durante la década de los sesentas. Dado que tanto el piso como la butaquería eran de madera, estaba latente el peligro de un incendio; además, había dejado de ser un cine de primera clase. Se decidió remozarlo para devolverle su antiguo esplendor.

Ya convertido en el cine más lujoso de la ciudad, con una sola localidad escalonada, con proyección en dimensión “D-150”, que era 75 por ciento mayor que la ordinaria y 35 por ciento más grande que el cinemascopio, con sonido de ocho canales magnéticos mediante 45 bocinas distribuidas en el foro y toda la sala, cuyo piso era de mármol, volvió a abrir sus puertas el miércoles 19 de marzo de 1969 a las ocho de la noche con una premier de lujo a beneficio de la Cruz Roja. Los boletos costaron cien pesos.

Tras el protocolo de la reinauguración por el presidente municipal Carlos Arruti y el representante del gobernador Rafael Moreno Valle, se exhibió la película Grand Prix. Al día siguiente, al comenzar las funciones normales, una a las cuatro de la tarde y otra a las ocho de la noche, el Variedades se convirtió en el primer cine en Puebla que cobró la entrada a doce pesos y que prohibió la permanencia voluntaria. En los demás cines los precios fluctuaban entre tres y cinco pesos.

Luego, en 1973, el cine Guerrero fue objeto de una remodelación similar a la que tuvo el Variedades, pero realizada en unos cuantos meses. En esos años setenta se edificaron nuevas salas, ya no sólo en el centro sino en zonas periféricas de la ciudad, y aparecieron los “multicinemas”.

Un acontecimiento fílmico tuvo lugar en el Variedades el 12 de diciembre de 1975 al llevarse a cabo, simultáneamente con el Teatro Roble de la ciudad de México, el estreno nacional de Canoa (memoria de un hecho vergonzoso), la excelente película de Felipe Cazals basada en el linchamiento de un grupo de trabajadores de la Universidad Autónoma de Puebla por la multitud enardecida del pueblo de Canoa, ocurrido en septiembre de 1968.

Tres sobrevivientes de la tragedia, Miguel Flores, Roberto Rojano y Julián González, así como los actores Enrique Lucero, Salvador Sánchez y Ernesto Gómez Cruz, protagonistas de la película, estuvieron presentes en el estreno de Canoa. El filme se mantuvo en cartelera siete semanas consecutivas.

El precio de doce pesos del Variedades, que se veía y se sentía muy elevado, pasó a la historia cuando el país empezó a vivir –y sufrir- la época de devaluaciones e inflaciones mientras aprendía a “administrar la abundancia”. Durante el sexenio de Miguel de la Madrid las cifras de inflación alcanzaron su máximo histórico y aquellos boletos de doce pesos en el Variedades y de cuatro o cinco en los otros cines pasaron a costar más de mil.

A principios de 1988, cuando en la ciudad de Puebla había veintisiete salas cinematográficas para casi un millón de habitantes, se extinguió la vida de los cines Variedades y Coliseo. El domingo 21 de febrero fue el día de la última función. Las puertas de las dos salas que por décadas formaron parte de la vida de varias generaciones de poblanos permanecieron cerradas el lunes 22. Tiempo atrás el gobierno había anunciado que los dos cines serían transformados, el Variedades en el “Teatro de la Ciudad”, y el Coliseo en el “Centro de Convenciones”. La Fundación Mary Street Jenkins había ofrecido financiar las obras.

Sin embargo, pasaron los años y lo único que se hizo fue desmantelar las pantallas y las butaquerías de luneta y demoler los vestíbulos y parte del muro que dividía a los dos cines, para que en diciembre de 1997 el gran local fuera rentado a una empresa comercializadora de telas, que lo ocupa hasta la fecha conservando tanto las fachadas como las marquesinas de los dos cines. Así se le puso el punto final a la historia de casi medio siglo del Coliseo y de ochenta años del Variedades.

(El  texto es un resumen de mi libro del mismo nombre editado por el H. Ayuntamiento de Puebla en febrero de 2007. Consta de 75 páginas y contiene 14 fotografías y 15 carteles)

Comentarios


4 comentarios en “Dos cines en la vida de Puebla en el siglo XX”

  1. Felicidades, Oscar. Un excelente trabajo. Dan ganas de leer más sobre el asunto, por lo que te pregunto ¿cómo puedo conseguir tu libro? Espero tu respuesta. Saludos. Arturo Garmendia

  2. Estimado Isaac,
    En primer lugar le envío una enorme felicitación pero el texto. También me gustaría saber dónde puedo conseguir el libro. En segundo lugar, quiero invitarlo a participar en nuestra edición del mes de septiembre dedicada a la industria del entretenimiento. En caso de interesarle agradecería me enviara un correo electrónico para yo poder detallarle los lineamiento de la que sería su colaboración y explicarle un poco más a fondo lo que hacemos en El Arte de los Negocios (www.elartedelosnegocios.com). Muchas gracias.

  3. samuel lira dice:

    Yo soy poblano me encanto saber sobre la historia de este hermoso estado
    Gracias por todo el trabajo y esfuerzo dedicado

  4. Camilo dice:

    ¿Dónde puedo conseguir el libro? Mi correo es stance-punks@hotmail.com

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