Desde la terraza con Paul Newman

Escrito por on jul 8th, 2009 y archivado en Melodrama, Que ver en TV. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Desde la terraza

Desde la terraza

Si nos olvidamos de su desastroso debut formal en la seudo épica y religiosa “El Cáliz de Plata” y contamos la filmografía de Paul Newman a partir de “El Estigma del Arroyo” (Somebody Up There Likes Me, 1955) resulta fácil encontrar que Hollywood quiso imponerlo o fabricarle una imagen de anti héroe atormentado, ávido de lograr el acenso social y el reconocimiento a cualquier precio, inclusive a costa de perder, si es que los tuvo, sus principios o valores morales por así decirlo, aunque por razones de la censura de la época, sobre todo en sus filme realizados entre finales de la década de los cincuenta y principios de los años sesenta, en los últimos cinco minutos del filme, se encuentre un abrupto final feliz, como sucede en la versión de la novela de John O’Hara “Desde la terraza” (From the terrace) publicada en 1958 y llevada al cine, casi inmediatamente por Mark Robson, llegando a las pantallas en 1960.

John O’Hara fue un exitoso escritor de novelas y cuentos cortos, además de ejercer el oficio de periodista y corresponsal, junto con labores de guionista en Hollywood, que no estaba la modestia entre sus virtudes, si nos atenemos a su propuesta de epitafio que escribió: “En la primera mitad de la Veinteava Centuria, él contó la verdad acerca de su tiempo mejor que cualquier otro. Fue un profesional y escribió verdaderamente bien”.

En eso de escribir bien lo que más destaca en sus novelas y cuentos es su capacidad para el dialogo y en cuanto a lo de contar la verdad de su tiempo, vale apuntar que efectivamente fue un crítico lúcido de su sociedad, al cual se le llegó a atacar de resentido social, debido a que cuando tenía 19 años su padre murió, dejando a la familia en la miseria y a John sin posibilidades de asistir a Yale, por lo cual no era nada comedido en sus retratos de sus personajes pertenecientes a la clase alta, dispuestos a todo con tal de mantener su status económico, en donde sus vicios eran tolerados si los ejercían con discreción, siguiendo ese viejo adagio de “vicios privados, virtudes públicas”.

En “Desde la Terraza” el personaje de David Alfred Eaton, interpretado por Paul Newman, resiente el maltrato y alejamiento de su padre, por ser el hijo preferido de su alcohólica madre Marha (brillantemente interpretada por Myrna Loy), en tanto su hermano mayor, el consentido de su padre, murió joven, al grado de que Samuel Eaton (Leon Ames) le llega a reprochar que no se hubiera muerto en su lugar. Con esos antecedentes, al regresar de la guerra, es fácil darle la razón a David de no querer trabajar para su padre en su fábrica y buscar hacer fortuna con un rico amigo que le invita a participar en un negocio de armado de aviones.

Pronto lo veremos, como parte de su acenso, casado con la bella Mary St. John (Joanne Woodward) y después de un fortuito accidente, en el cual salva de morir ahogado al nieto del rico capitoste Creighton Duffy (Howard Caine), mandamás de un buffete de financieros en Wall Street, David tendrá oportunidad de dar un giro a su vida, al entrar de lleno al mundo del dinero.

En su ambición de llegar a la cima se obsesiona con el trabajo, relegando a su esposa a un segundo plano, la cual pronto busca la comprensión en otros brazos que le den cobijo, como quizás, por las mismas razones, su madre tuvo que buscar amantes, con el disimulo de su padre, siempre y cuando lo hiciera con discreción. A esa misma disyuntiva se verá empujado David, al cual su jefe le exige que soslaye la conducta de su esposa, si pretende mantenerse en la compañía, pues una de sus reglas es no tolerar los escándalos, ni aceptar los divorcios, a pesar de que David, ha logrado encontrar consuelo o una segunda oportunidad para rehacer su vida sentimental con una chica que ha conocido, en uno de sus múltiples viajes fuera de Nueva York.

En la época de su estreno “Desde la Terraza” fue uno más de los melodramas que lograron consolidar a Paul Newman en el ánimo de los espectadores, con todo y su increíble final feliz, que sin embargo en esos días nos lo “tragábamos” bien, por aquello de que el amor lo vence todo. Ahora que lo he vuelto a ver en el canal de cinecanal classics y he leído algunos de los cuentos de John O’Hara y otras de sus novelas, mucho me temo que si llegó a pescar, en alguno de los tiraderos de viejo este texto, que fue un best seller en el momento de su aparición, el desenlace de la historia será otro, más apegado al cinismo y conformismo de que las penas con pan son menos, sobre todo cuando lo que sobra es pan (léase dinero a montones, que permite olvidarse de los principios para disfrutar los finales).

De cualquier manera como melodrama, con todo y las objeciones apuntadas líneas arriba, se trata de un filme visible y entretenido, aunque Michael Kerbel en su libro sobre el actor titulado sencillamente “Paul Newman” y editado en 1977 nos comenta: “Desde la Terraza’ (1960) era una elección poco menos que sorprendente para un actor liberado de los estudios, pues en definitiva pertenecía al mismo tipo de films que tanto había odiado hacer Newman en la Warner. Pese a estar basado en una novela de John O’Hara, se trata de otro ‘Angustia de un Pasado’: un melodrama sentimental y lacrimoso, que transcurre en un ambiente de finales de los años cuarenta trasladado a finales de los cincuenta, y con un Newman que interpreta el papel de un joven airado y oportunista de Filadelfia. Es un personaje que desprecia la moral (si bien no le es del todo indiferente) y cuyo deseo de riqueza y poder corrompe la inocencia y el amor. Todas sus motivaciones son similares, aunque predomina una en particular: su padre le odia. En un momento dado le grita a éste, un hombre frío y cruel (Leon Ames): ‘¡Lo único que yo deseaba era ser amigo tuyo!’, mientras vuelve la espalda con gesto desafiante a la fábrica de acero sobre la que se basa la riqueza de la familia. Su ambición tiene horizontes más lejanos: quiere haber acumulado cinco millones de dólares antes de cumplir los cuarenta años, para mejorar el record de su padre”.

“Su cínica escalada hacia la cima de Wall Street le hace olvidar su matrimonio y empujar a la que otrora fuera su encantadora esposa (Joanne Woodward) a la perdición y al lecho de un antiguo enamorado. Se mata trabajando para llegar a ser un gran financiero, pero al final se da cuenta de la vacuidad de su vida; y, contrariamente a Tony Lawrence, la abnadona por completo y para siempre, desiste de intentar salvar su matrimonio fallido y trunca su prometedora carrera en los negocios para casarse con una saludable provinciana”.

Newman lucha valientemente contra los elementos adversos de este increíble melodrama, lleno de crisis y ampulosos diálogos; pero sucumbe. Donde peor está es en las escenas con la saludable y decente muchacha (Ina Balin), pues sí su relación es más que improbable y sus diálogos amorosos francamente circunspectos, él ni siquiera logra convencer en su papel de tímido y gentil enamorado. (Newman se manifestó desde un principio, en su carrera, como particularmente apto para dar vida a personajes sexualmente agresivos y seguros de sí; en cambio, su capacidad para expresar ternura siempre ah sido más bien escasa). Pero en las escenas iniciales está muy bien, sobre todo cuando exterioriza su amargura en relación a su padre mediante intensa y contenidas expresiones faciales, llenas de desprecio, si bien abusa de su tendencia a subrayar la tensión y el embelesamiento desviando la mirada o fijándola en el infinito durante los diálogos”.

“No obstante, cuando está presente Joanne Woodward tanto él como el filme cobran vida. En las primeras escenas del filme, como cuando él la corteja con insistencia y ella se resiste, ambos manifiestan un antagonismo teñido de ansiosa sexualidad. Más tarde, cuando ya están casados, los papeles se invierten: él se sumerge de lleno en el mundo de los negocios y ella se convierte en una frustrada sexual, lo que crea en su relación una tensión constante. Una escena muy bien interpretada, hacia el final, es aquella en que ella le muestra ostentosa y patéticamente su sexualidad, al igual que Maggie la gata, mientras él permanece sentado y la mira con ojos cansados. Irónicamente la interpretación que Woodward (y en gran medida el mismo guión) hace de esta esposa es tan vital y patética que resulta difícil considerarla una zorra, y por ello el desenlace –donde el hecho de que él la deje debería tener un valor catártico- resulta poco comprensible”.

No esperen ver la gran película, pero tampoco es tan mala, pues resulta un pasable e intenso melodrama que en este julio lo han programado en cinecanal classic para ser proyectado el sábado 11 de julio a las 22.15 hrs.(tiempo de México), miércoles 15 a las 10.30 hrs., miércoles 23 a las 3.00 hrs. y viernes 25 a las 6.00 hrs.

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