
La guerra y la paz
Guardaba fugaces y descontinuados recuerdos de la cinta “La guerra y la paz” (War and peace, 1956) filmada en 1955 en Italia, por el director King Vidor, bajo los auspicios del productor Dino de Laurentis, puesto que en su estreno tardío en la ciudad de México y en particular en Aguascalientes, a finales de 1960 en el cine Plaza, no pasaron de dos las ocasiones en que tuve oportunidad de verla, al amparo del prejuicio de la época que por tratarse de un filme espectacular y de cara a la taquilla, como solían decir los críticos del momento, debía de tratarse de un mal producto en términos artísticos, a pesar de estar dirigido por King Vidor.
Si bien recordaba que duraba mucho y a momentos resultaba tedioso el romance silencioso y extraviado del pacifista Pierre Bezukhov (Henry Fonda) por la bella Natascha (Audrey Hepburn) a la vez enamorada del Príncipe Andrei (Mel Ferrer) teniendo como trasfondo los acontecimientos de las guerras napoleónicas, entre 1805 y 1812, vistos a través de lo acontecido en Rusia en esos tiempos; resulta que conforme transcurría la proyección en el canal de Cinecanal classic, donde recientemente tuve oportunidad de volver a acercarme a esta cinta basada en la inmortal novela de León Tolstoy, se iba acrecentando la sospecha de que Enrique del Valle, gerente del cine Plaza, como solía pasar en esos años, por su cuenta había ordenado a los “cácaros” escamotearnos unos tres rollos (30 minutos), nada inusual en los cines en esa época en Aguascalientes, para poder cumplir con el acostumbrado programa doble, en que no podía faltar el intermedio, con la loable intención de que los espectadores pudiéramos saciar nuestra sed con una Pepsi (único refresco que se vendía en las salas de los cines) y aprovisionarnos de nuestras “palomitas”, ya que ahora en la tele pasa, afortunadamente, la versión original con sus 208 minutos, aunque en pantalla amplia, por lo cual si queremos disfrutar de la elogiada fotografía de Jack Cardif y Aldo Tonti, con todo y su formato de Vista Vision de la Paramount Pictures, habrá que adquirir un dvd en que se respete, dichas características, que suelen menospreciar los “piratas”, pero que resultan imprescindibles para los cinéfilos.
Alejados ahora de los prejuicios de si la búsqueda de éxito económico conlleva merma en la calidad de un filme, resulta mucho más sencillo encontrar una serie de aciertos en la realización de Vidor de “La guerra y la paz”, aceptando de antemano que adaptar una novela tan extensa, profunda y variada como esa obra cumbre de Leon Tolstoy no permite la síntesis abigarrada presentando una serie de retazos de cada capítulo en aras de respetar el texto literario, sino la búsqueda de una interpretación de la misma, a partir de los diversos ángulos, vertientes y posibilidades que la misma obra con su amplitud provoca, interpretación, en el caso del film que nos ocupa, es válido atribuir en mayor medida al director King Vidor, en cuanto participante en el film desde la concepción del guión, rodaje y acabado, independientemente de los créditos a otros ocho escritores, como se puede deducir al leer el libro “Un árbol es un árbol: una autobiografía” de la autoría del pionero director que se iniciara desde 1916 en el mundo del cine, profesionalmente, como actor primero, luego guionista, asesor técnico, productor y finalmente director en 1919: “A comienzos de 1955, sentado bajo el sol californiano y mientras trabajaba sobre un guión propio que abordaba un tema americano, recibí una llamada telefónica del productor italiano Dino de Laurentis, para preguntarme si me gustaría llevar a la pantalla la gran novela de Leon Tolstoy, ‘Guerra y Paz’. ¡Aquella fue la decisión más rápida que he tomado en mi vida! No dudé ni un solo instante; cuando la leí, me había parecido que ninguna otra obra de ficción se le podría comparar. Tolstoy da en ella al lector todo lo que éste busca pero pocas veces encuentra:; personajes profundos, heroísmo, filosofía. (…) Lo que me gustaba de “Guerra y Paz” era que se trataba de una novela extranjera y que me ofrecía la posibilidad de rodar en Europa, en un país, Italia, donde nunca había trabajado”.
“Para desplazarme desde Nueva York hasta Italia, decidí emprender la ruta más larga posible, la del Atlántico sur, para llegar a través del Mediterráneo y pasando por Gibraltar, Cannes y Génova, a tierras napolitanas. Este trayecto me daría la oportunidad de desarrollar mis ideas sobre el guión y sobre los personajes, sobre la manera de abordar el filme. Cuando llegué a Nápoles, aún me faltaban por escribir unas ciento ochenta páginas, pero pensaba completar esa tarea antes de llegar a Roma”.
En relación a la concepción de la batalla de Borodino, el director, en el citado libro autobiográfico nos relata una interesante anécdota: “Cuando, siendo adolescente, había filmado la gran marcha de las tropas americanas desde Galveston hasta Houston, que luego se revelaría tan productiva en “El gran desfile”, no dudaba de que un día sería como Napoleón, uno de los grandes estrategas de la historia universal. Para la puesta en escena de la batalla de Borodino, contamos con seis mil hombres del ejército italiano. Sin embargo, necesitaba una buena introducción a la batalla. Recuerden: mientras el primer golpe de cañón suena en el campo de batalla, Pierre se siente intrigado por una flor, una extraña flor que crece en la zona, impulsado por pensamientos contradictorios, atormentado por conflictos internos, va en busca, a través de los bosques y los campos, del lugar donde se desarrolla la batalla. Entonces es cuando se fija en esa flor, en esa única flor salvaje, de un color y una forma peculiares. Cuando inventé aquella imagen, me pareció que Tolstoy hubiera aprobado ese ‘toque’. Después la cámara se desplaza con Pierre cuando sale del bosque y, a su lado, asiste por primera vez a la batalla. Las escenas espectaculares suelen ser más efectivas cuando se las ve a través de los ojos de alguien que nos resulta familiar. El impacto de la batalla de Borodino era aún mayor debido al papel que desempeña en el camino y en el desarrollo de Pierre”.
“Tenemos, en primer plano, a un hombre con una flor, y al fondo a seis mil hombres precipitándose unos contra otros en una cruenta lucha. En aquel momento, una persona que había sido invitada al rodaje me dijo que tenía razón para considerarme a mí mismo como un Napoleón. Le respondí que el propio Napoleón sólo había tenido el placer de dirigir a uno de los bandos enfrentados, ¡mientras que yo dirigía a los dos!”.
“Para aquella escena, contrariado por las experiencias que había tenido con algunos de los atrezistas, decidí que lo mejor era que recogiéramos nosotros mismos las flores que el personaje necesitaba. Un día llegué al rodaje y, de pronto, vi que mi coche y mi chofer traspasaban las puertas del estudio. Grité. ‘Detengan ese coche’.
“Conseguí encontrar las famosas flores, y las recogí con gran cuidado. Entonces me topé con un periodista italiano: ‘¿Dirige usted siempre con una flor en la mano?’. Sonreí: ‘No, no siempre…”.
“Cuál no sería mi sorpresa al descubrir en los periódicos del día siguiente esta noticia, escrita en grandes titulares: ‘¡El director de cine King Vidor dirige con una flor en la mano!”.
Más allá de la exageración del periodista, lo cierto es que al desarrollo del personaje del ensimismado de Pierre le va bien el detalle de la flor, en tanto nos lo muestra en un estado todavía alejado de tomar plena conciencia del impacto de la guerra, sobre la cual aún discute en términos abstractos, visualizándola como algo ajeno a él, pero una vez que se adentra en la batalla y ve caer a su alrededor, a un sin número de soldados de ambos bandos, en plena flor de la vida, su comportamiento y falta de compromiso tendrá un cambio, dejándole una profunda huella, que culminará con su amistad con el prisionero Platon (John Mills) y su larga marcha, al lado de los soldados franceses, hasta ser rescatado por Dolokhov (Helmut Dantine), siendo, efectivamente, transformado, sin poder ya eludir su compromiso de clase y en última instancia como ser humano, ante la barbarie de la guerra y sus efectos, no solamente en los combatientes, sino en toda la población rusa, que tendrá que aprender a levantarse de los escombros de un Moscú en ruinas, dejado por los Napoleón, en su inútil afán de conquistar al mundo.
Evidentemente la selección desde un principio de Audrey Hepburn para el rol de Natasha fue un acierto, en virtud de que en esos tiempos era la actriz ideal para dar el cambio, con convicción de una adolescente a una mujer que los años de crisis y guerra, entre 1805 y 1812 la van a convertir en un ser maduro, capaz de poder sacar adelante a su familia, después de la pérdida de su amante y de su hogar, mirando con optimismo el futuro, merced a su fortaleza espiritual. La inclusión del solvente, pero un tanto inexpresivo, Mel Ferrer en el personaje del príncipe Andrei Bolkonsky debe de verse como una concesión a la actriz principal y estrella del momento, la cual estaba recién casada con Ferrer y parece ser que Audrey no quería permanecer demasiado tiempo lejos de su esposo, sobre todo tratándose de un rodaje que se llevaría varios meses. No es tanto que Mel esté mal, pero lo cierto es que salvo por su rol en la popular comedia musical “Lilí”, al lado de Leslie Caron y como el oponente de Stewart Granger en “Scaramouche”, realmente es poco lo que se recuerda de él en el cine.
Para el dubitativo y nihilista Pierre Bezukhov la primera selección de King Vidor era Peter Ustinov, que seguramente hubiera estado muy bien el papel, pero al no tener la categoría de estrella, se explica el rechazó de Dino de Laurentis en contratarlo, pues al tratarse de una producción de alto coste había que garantizar el atractivo del reparto, para que los espectadores tuvieran interés en ver “La guerra y la paz”. Pero dejemos que sea el propio director, en su citado libro “Un árbol es un árbol” quién nos cuente los avatares para encontrar al actor que encarnaría a tan importante personaje en el film: “Para el personaje de Pierre, nos costó más encontrar al actor ideal, a pesar de que yo podía sentirme perfectamente identificado con el personaje, con sus motivaciones, con su búsqueda de lo real y de la verdad; podía imaginarme en su piel, insatisfecho con la idea de pasarse la vida actuando como un libertino, malgastando su fortuna; un hombre que renunciaba a perderse en los placeres inútiles que llevaban a la aristocracia a la decadencia, un hombre profundo, un alma con inquietudes, interesado en las razones y las explicaciones de los porqués, y que, si bien no había participado como soldado en la batalla de Borodino, se había expuesto a sus peligros para tratar de descubrir qué es, después de la batalla, un hombre con todos los riesgos que eso conlleva. En ese personaje se condensaba todo lo que yo mismo, desde mis inicios, había tratado de transmitir en el cine, durante toda mi vida. Ahora llegaba a una edad en la que era capaz de formular con mayor precisión mis pensamientos, de captar lo que el personaje de mi primer largometraje ‘The Turn in the Road’, buscaba tras la muerte de su mujer, vagando por el mundo. Pero aquélla era la primera vez que encontraba reflejada en la obra de otro autor mis propias aspiraciones y mi propia evolución espiritual”.
“En la novela, Pierre entra en la francmasonería. Yo, aunque no soy masón, pertenezco a la Ciencia Cristiana, y existen ciertas analogías entre ambas creencias. Siempre he tenido la sensación que a lo largo de mi vida he tenido que superar una serie de iniciaciones, de que he tenido que enfrentarme a diversas pruebas”.
“En Pierre reconocí a un ‘hermano’, y quería que Peter Ustinov, que me parecía animado por esa vida interior que yo buscaba, encarnara el personaje. Pero los productores se opusieron, hablando de la falta de credibilidad que tendrían las pseudoescenas de amor entre Pierre y Natasha. Me dijeron que el contraste entre la delgadez de Audrey y la gordura de Peter Ustinov no sería ‘comprendido’ por el público. Traté desesperadamente de conseguir a Marlon Brando, que estaba trabajando entonces en ‘Ellos y ellas” (Guys and dolls, 55), de Mankiewicz, pero no tuve éxito. Después contactamos con Paul Scofield, que creo que podía haber interpretado a un Pierre muy interesante. Pero, por desgracia, estaba trabajando en una obra de teatro, lo que nos obligaba a retrasar el inicio del rodaje durante varias semanas. Dino de Laurentis se encontraba en Hollywood, donde había conocido a Henry Fonda. Nos envió un telegrama diciéndonos que, si no conseguíamos que Scofield pudiera empezar a rodar ya, contrataría a Henry Fonda. Y eso fue lo que ‘hizo’. Con el paso de los años, he seguido pensando que Peter Ustinov hubiera realizado la encarnación más sugestiva del personaje. Fonda era muy bueno, tenía muchas cualidades, pero quizás carecía de la fuerza espiritual que yo pensaba tenía Ustinov. También pensaba que el hecho de Ustinov no resultara tan seductor como Fonda era sumamente interesante, y que su enfoque, más espiritual, hubiera podido otorgarle otra dimensión al personaje de Pierre, a sus relaciones con los demás”.
Conociendo, aunque sea un poco la novela, es fácil coincidir con el director y que en un plano ideal, sin que interfieran en los castings las exigencias de la “taquilla”, la selección de Ustinov, vista a la distancia no sería equivocada, sobre todo que desde el inicio del filme, cuando Pierre está viendo el desfile de las tropas rusas en la casa de los Rostov, se percibe la atracción y simpatía que guarda hacia Natasha, por lo cual uno se explica que el “seductor” Fonda no pueda declararle su amor a Audrey y se pasen más de 180 minutos para que se den cuenta que están hechos el uno para el otro. Siendo este el principal fallo de la selección de Fonda, al cual no le “creemos” sus dudas y tormentos que le causa ser el hijo bastardo de un hombre importante, el cual sólo en su lecho de muerte le reconoce, haciéndolo heredero de sus títulos y cuantiosa fortuna, lo cual lo convierte dada su poca experiencia con las mujeres, ser atrapado por la ambiciosa Helene Kuragin, interpretada por Anita Ekberg, en uno de sus primeras apariciones importantes en el cine. Pero a pesar del hándicap del parecernos un poco incomodo en el rol de Pierre el actor Henry Fonda, la excelente puesta en escena de King Vidor se logra imponer, para que podamos disfrutar de una excelente interpretación de la obra cumbre de Tolstoy, la cual está siendo proyectada en el canal de televisión Cinecanal classic, siendo su próxima exibición el 13 de julio a las 20.59 (hora de México), aunque si se trata de disfrutar de todo su atractivo visual, les recomendamos buscar el dvd en su versión de formato original en Vista Vision.