
This charming girl
México, D. F: Junio de 2009. Yoon Ki Lee (1961- ) es un cineasta surcoreano poco conocido entre nosotros, pese a que su película This Charming Girl (2004) concursó en el Festival de Sundance por el Premio del Gran Jurado (2005), y tiene una esforzada carrera en el cine de su país.
De esta cinta podemos decir que es de esas en las que no pasa nada o casi nada, que son muy comunes en el cine oriental, o por el contrario, que es una obra poética en la que se exalta la soledad interior de una joven urbana moderna, y las dos valoraciones tienen fundamento. Yo voto por la segunda opción.
Según quienes lo conocen. El director Ki Lee es parco en palabras y tiene la tendencia a privilegiar las imágenes en su trabajo, lo cual no extraña si hablamos del arte cinematográfico, y en esta ocasión se ha dedicado a fotografiar durante casi dos horas, a la bellísima y delicada Ji-su Kim (1972- ) que interpreta a la perfección el papel de una chica rara y solitaria.
Se vale el director de repetidos closeups y short shots para explorar la belleza de la joven, a la que inserta en este drama-comedia en la que el paisaje de una ciudad pequeña o un barrio apartado de una gran ciudad, sirven de marco para dar el tono de languidez de la historia.
Podríamos decir que Ki Lee combina largas secuencias con playbacks homeopáticos, que nos proporcionan fugaces pero suficientes explicaciones sobre los antecedentes de la muchachita.
El cauce mayor es el relato reiterado de la rutina diaria de la chica, que trabaja en una oficina de correos, vive sola con un gato, se transporta en autobús y va al supermercado a hacer sus compras, labora y come con sus compañeras y visita a su madre la que poco después muere en un hospital.
Toma el almuerzo con un chico que le sugiere dejar atrás resentimientos y le informa que se casará en breve. Luego podemos inferir que quizá fue él con el que estuvo a punto de casarse, pero abandonó la relación durante la primera noche. Otro flash back sugiere que fue víctima de una violación y hay una escena en la que en su desespero, ella invita a cenar a un joven a su casa, el cual no puede asistir a la cita.
Llama la atención que la joven actriz carece de gestualidad y sin embargo, es expresiva. Nos transmite la intensidad de su vida emocional con la reiteración de su conducta, acaso en una imitación de la vida real en la que casi todos los días solemos repetir los mismos actos del anterior sin sobresaltos. Los cambios que ella aplica, son casi imperceptibles, pero de gran calado.
La película tiene una rareza incomprensible: Cuando ella va a cruzar una calle en ese su eterno deambular por la ciudad, la pieza musical que la acompaña es un fragmento de Farolito de Agustín Lara cantado en español. Uno se pregunta ¿Qué tiene que andar haciendo la obra del músico-poeta mexicano en aquellos lares?
La película es sedante y debieran recetarla para todos aquellos neuróticos que padecen de estrés y requieren de ansiolíticos.
Algunas veces el cine funciona como una deliciosa medicina.