México, D. F. Mayo de 2009. Me gusta comparar al director Oliver Stone (N York 1946- ) con su paisano Norman Rockwell (1894- 1978), quien entre 1916 y 1963 realizó las portadas de la revista Saturday Evening Post. La colección de los trabajos de éste es un clásico de la cultura norteamericana, porque aparte de su maestría como ilustrador, reflejó en ella tipos comunes y paradigmáticos de la vida cotidiana de esa Nación.
Hay en el cine de Stone un afán documentalista por reconstruir episodios y personajes clave de su generación, aportando en ello una crítica que surge desde la tradición del pensamiento liberal, cercana a algunos segmentos del Partido Demócrata.
La filmografía de Stone se debate entre la obra de arte, la perfección lograda en la dirección, en los temas y en sus secuelas, y el afán por dejar consignados los elementos claves de una situación aunque en ello se pierda la soltura del relato y el drama desfallezca ante el sopor.
El retrato de Jim Morrison (1943-1971) y los Doors (1991) es magnífico con Val Kilmer (1959- ) en el papel de aquél y una todavía joven Meg Ryan (1961- ) que la hace de su compañera Pamela Courson (1946-1974), mientras que en Nacido el 4 de Julio (1989), Tom Cruise (1962- ) personifica a un héroe de la Guerra de Vietnam que regresa mutilado a la vida civil, en donde le ocurren una larga serie de vicisitudes. Stone manejó aquí varios desenlaces posibles hasta culminar con el involucramiento del herido en las protestas.-ya legendarias- de la sociedad civil norteamericana en contra de aquella carnicería.
Stone se atrevió con la indagatoria sobre el asesinato de John F. Kennedy- JFK, (1991)- La personalidad de Nixon (1995), la guerra de Vietnam –Pelotón (1986) y Entre el Cielo y la Tierra (1993)- y con un par de asesinos seriales -Natural Born Killers (1994).
Los planteamientos político-ideológicos de Oliver Stone y sus ácidas críticas contra la parte más oscura del establishment yanqui, provocan amplias fajas de simpatía entre los públicos latinoamericanos, pero lo que ofende a éstos, es su rara fascinación por caudillos populistas y figuras legendarias de la región. En el ámbito norteamericano promueve causas liberales y en Latinoamérica se fascina con las dictaduras populistas. Esta afición lo ha llevado a emprender controversiales proyectos, tales como Comandante (2003) un retrato apologético de Fidel Castro en el que se ve al director neoyorquino feliz de la vida por compartir paseos con el caudillo caribeño. Cuando la cinta estuvo lista para estrenarse en Estados Unidos en la primavera de aquel año, ocurrió el fusilamiento intempestivo de tres jóvenes negros habaneros que se habían robado una lancha para irse a Miami, y el secuestro de un par de avioncitos soviéticos que hacen el servicio aéreo en rutas del interior de la isla. Además, en un extremo de rigor, Fidel ordenó el encarcelamiento de 75 opositores y periodistas.
Estos episodios significaron un ascenso repentino de la represión del régimen castrista y levantaron una ola de indignación en la comunidad cubanoamericana de Miami y en los sectores liberales enemigos de las dictaduras, que son precisamente, los devotos del cine de Stone.
El director no se atrevió a estrenar su film y entonces, regresó a la isla para enmendar sus excesos. Realizó entonces otro “documental” denominado Looking for Fidel (2004) en el que pretendió mostrarse medio imparcial. Hay ahí una entrevista colectiva entre miembros del gobierno cubano y los secuestradores de los avioncitos. Éstos reconocen su culpa y piden con humildad que los condenen a cadena perpetua. Fidel da una explicación política de sus rigores y después –fuera de la cinta- se dieron a conocer las sentencias: Efectivamente, fueron de cadena perpetua, con lo cual se demostró que la generosidad de los jueces cubanos, no tiene límites.
Oliver Stone visitó en Chiapas al Subcomandante Marcos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, pero finalmente no realizó ninguna película con él. A cambio, sí se ha lanzado a hacer un documental sobre el tiranuelo venezolano Chávez (2009) y otro sobre la mítica figura de Pablo Escobar (2009) en Colombia.
W. (2008) (que en México pasa como “Hijo de Bush”) su última cinta terminada, constituye un temerario abordaje de la personalidad de George W. Bush (1946- ) el 46 presidente de los EUA, conocido por sus abundantes dosis de ignorancia y torpeza, hijo de otro presidente George H. W. Bush (1924- ).
Es el caso de que en esta cinta el director privilegia el trasunto documental sobre el relato cinematográfico, dando por resultado un producto denso que fracasa en el propósito de entretener a públicos convencionales.
En tanto tal, la película tiene méritos abundantes. Las caracterizaciones de los dos Bush –padre e hijo- son estupendas y convincentes y los retratos logrados de las esposas de ambos, aunque breves, son plausibles. Josh Brolin (1968- ) y James Cromwell (1940- ) tienen trabajos meritorios.
La personalidad de George W resulta bien lograda con sus variados matices. La vida íntima de la familia con los conflictos padre e hijo, consigue aportarnos elementos de la personalidad de estos ejemplos de la clase empresarial y política de los Estados Unidos. En este sentido, del retrato sicológico que Stone parece haber trabajado con esmero, se completa con los escasos elementos narrativos que lo constituyen.
El George W. Bush que contemplamos tiene una borrascosa juventud de tragos y aventuras, de empresas laborales y estudiantiles abandonadas, hasta que escucha la palabra de Dios y se lanza a la política para encontrar en ella la salvación del alma. Es un hombre de pocas ideas que repite con fanatismo, conciente de que los Estados Unidos tienen la misión de salvar a la humanidad y diseminar la democracia por el mundo musulmán.
Sobrecoge cómo el tipo no alcanza a desmenuzar los argumentos de geopolítica de sus asesores, y asume decisiones bélicas a partir de silogismos elementales, y también, la escena cuando una vez invadido Irak, ninguno de sus colaboradores acepta la responsabilidad de encontrar las amas nucleares que dijeron Saddam Hussein (1937-2006) supuestamente poseía.
De manera extraña, la crisis del 11 de Septiembre de 2001, que fue un momento crucial en la presidencia de George W. no aparece en el relato, tal vez porque no se trataba de hacer la historia de la administración, sino pincelar al personaje y para ello, no hizo falta.
Aunque ya sabíamos que el señor Bush era un tipo muy limitado de neuronas, espanta comprobarlo y verlo tomando decisiones que llevan a la guerra espantosa de Irak, sin argumentos sólidos que lo justifiquen y simplemente porque ha de obedecer a sus prejuicios y la verdad, lo fatigan las reuniones con gente que habla de cuestiones complicadas como el control del petróleo y la política mundial. Se revela además, la torpeza de la gente del gobierno, su incapacidad de controlar los daños, la falta de escenarios para salir de la crisis, en fin, la improvisación total.
A los mexicanos, Bush nos recuerda irremediablemente a Vicente Fox, otro tipo con escasas dos ideas bailándole en el coco, pero con la ventaja o desventaja, de que el mexicano es muy voraz y tiene una esposa igual de taruga, pero eso sí, ambos muy folclóricos.
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Este comentario es un fusil disimulado del artículo de Silvestre Villegas Revueltas en El Sol de México, al menos evitar que sea tan cercano el hecho de publicar a poco del original, o que ¿no debemos cierta honestidad a la página de cineforever?
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No leí el artículo del señor Silvestre Villegas de quien jamás había oído hablar. No tengo necesidad de fusilarme a nadie para publicar en Cineforever ni en ninguna otra parte. Celebro coincidir con otras personas y me parece temerario acusar a a alguien de falta de “honestidad” sin ninguna prueba empírica. Suele suceder que alguien yerre el juicio cuando escribe bajo el influjo de sustancias que lo alteran.
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