Batman: “La señal…la señal…la señal”

Escrito por Claudio H. Vargas on Abr 29th, 2009 y archivado en Fantástico. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Al final de la esplendida película “Batman. El Caballero de la noche” (2008) de Christopher Nolan, Batman recibe precisamente el grado de Caballero de la noche. Es el Comisionado Gordon quien realiza el nombramiento y, al parecer, nadie podrá objetarlo en parte porque se trata de una investidura casi secreta, dicha al oído, como un murmullo nocturno, sin fanfarrias y sin testigos. Es un título que no otorga privilegios pero si impone obligaciones y costos. Entre las primeras esta la de ser el vigilante nocturno de Ciudad Gótica, capital del Siglo XXI. Entre los segundos la estigmatización e incomprensión pero, sobre todo, la soledad y la pérdida del amor posible: Batman será siempre un caballero sin dama, un Quijote nocturno sin su Dulcinea diurna. Con ello Batman renuncia a la oportunidad de volver a ser sólo Bruce Wayne, un simple ciudadano de Ciudad Gótica cuya única distinción sería el llevar el estilo de vida que le permite el ser un multimillonario un tanto excéntrico. Pero no esta en la condición de los héroes el evadir su destino, sino el de cumplirlo cualquiera que sean las consecuencias. Y esto es lo que hace Batman.

En esta ocasión la triple alianza entre Batman, Gordon y el nuevo fiscal de distrito Harvey Dent están logrando contener las actividades del crimen organizado y desorganizado en Ciudad Gótica. La mafia en particular esta perdiendo terreno al grado de que aún los bancos que controla están en riesgo ya sea de ser robados o de ser intervenidos por las autoridades. Y no saben realmente que hacer para recuperar el negocio. Pero todo empieza a cambiar cuando el Guazón aparece en escena. El Guazón no tiene un plan – de hecho odia los planes, lo previsible – pero entiende desde un principio que si las cosas han de volver a ser como antes – cuando Ciudad Gótica estaba dominada por el crimen – no sólo hay que detener a Batman sino, sobre todo, hay que hacer que el temor, el miedo y la desconfianza se apoderen del alma de la ciudad y sus habitantes. El Guazón es un nihilista avant le lettre: más que entusiasmarse por el dinero, que menosprecia con igual desenfado que al poder político, lo que el Guazón encuentra realmente vivificante es el terror y su mayor euforia es ver arder la ciudad. Su mayor astucia y su toque de distinción no reside, sin embargo, en sembrar el terror por el terror sino en algo no menos inquietante: en generar dilemas morales entre la gente que esta prefiere no admitir o que incluso ignoraban que tenían pero que, ante situaciones extremas de sobrevivencia, tiene que asumir del todo, despojándose de cualquier falsedad o fingimiento. En cierto modo el reclamo que el Guazón hace a Batman de que se despoje de su máscara y deje de ocultar su verdadero rostro es un reclamo que traslada a la sociedad. El resultado puede finalmente decepcionar al Guazón, -su rostro y sus humores no serán necesariamente los de los ciudadanos -pero la irrupción violenta que éste ejerce no deja de marcar la sensibilidad moral de la gente. Así, cada palabra, cada crimen, cada acción que emprende el Guazón esta impulsada por ese ánimo de desestabilizar, de crear el caos y de inducir a la gente a cruzar la ligera y permeable frontera que hay entre la locura y la cordura, entre el odio y la empatía, entre la verdad y la mentira. Este es, quizás, el mayor peligro que representa el Guazón. En este sentido, el Guazón es el villano que se merece Ciudad Gótica.

Pero Ciudad Gótica también tiene los héroes que se merece. Los ciudadanos aspiran contar con un héroe a la altura de sus buenas intenciones, un héroe claro, inteligible, con un rostro fresco y límpido como el del fiscal Dente, pero habrán de conformarse, Alfred Pennyworth dixi, con un héroe como Batman, oscuro, enigmático, un poco sádico y que oculta su rostro. Tanto Batman y Dent se ven así desafiados por la astucia y crueldad del Guazón pero también por los requerimientos emocionales de la ciudad y la idea que ellos tienen de si mismos. Por ello, y a diferencia del Guazón que es imperturbable en su delirio y en su caída vertical hacía los abismos de la locura, Batman como Dente van cambiando, van transitando –en sentido horizontal- por senderos diferentes a los que en un principio se sentían llamados. Batman deja de ser el héroe ejemplar y deviene en el Caballero de la Noche, el caballero oscuro mientras que Dente deja de ser el funcionario civil ejemplar y se convierte en un nuevo villano, Dos Caras. Al cumplirse este transformación Batman y Dente serán más afines entre si pero también más semejantes que nunca al propio Guazón. El destino de cada uno no será sino el puntal y justo cumplimiento de una profecía que recorre toda la película: “O mueres como héroe o vives lo suficiente para convertirte en un villano”. Para Batman este desenlace no es sino un destino inevitable dada su vocación justiciera, pero para Dente el resultado del azar, el resultado de un volado que no ofrece sino cara o cruz Por su parte el destino de Ciudad Gótica parece sino luminoso si más despejado y más sujeto al libre albedrío de sus ciudadanos que, en el momento crítico, supieron ver más allá de sus temores. En todo caso, sabemos que Batman permanecerá en vigilia permanente.

Con esta película Christopher Nolan le ha dado a Batman una dimensión y una profundidad del que carecían sus anteriores versiones. El talento invertido en la película, más que los 100 millones de dólares de producción, esta detrás de ello. La dirección, el guión, la fotografía, el montaje, la música el diseño de arte y un conjunto de soberbias y muy solventes actuaciones (Christian Bale como Batman, Heath Ledger y Michael Caine como Alfred entre las primeras, Morgan Freeman como Lucius Fox, Aaron Eckart como Dent y Maggie Gyllenhaal como Rachel entre las segundas) se han conjuntado para darnos no sólo una película de gran entretenimiento sino que, por inesperado que les parezca a muchos, también una película que es, como afirma Manohla Darigs en las páginas del New York Times, plenamente “relevante para nuestro tiempo”. Nos habla, con el vigor y la lúcida ambigüedad que es propia de una gran obra, de nuestros temores, ansiedades y esperanzas y que, podemos decirlo con seguridad, son las mismas que inquietan desde hace años a Batman, el Guazón y compañía. No en vano el Guazón puede afirmar que, en realidad, él es un adelantado, un anticipo de lo que los demás pueden llegarán a ser si viven lo suficiente.

Debemos a José Carlos Becerra, el poeta tabasqueño que falleció hace 38 años en Italia, un memorable poema sobre Batman. Becerra, que se tenía ganado el derecho de tutearse con el caballero de la noche y con muchos otros héroes, imaginó a Batman esperando en vano toda la noche a que apareciera la batiseñal “solicitando tu presencia salvadora en el sitio del amor/o en el sitio del crimen […] requiriendo tu rostro amaestrado por el esfuerzo de parecerse a alguien/que acaso fuiste tu mismo”. Pero “La señal…la señal…la señal…”, como los bárbaros de Konstatinos Kavafis, nunca llega y la noche, entonces, se vuelve amenazante ya que va develando un sin fin de ansiedades, de dudas que se acumulan angustiosamente y de respuestas que no terminan nunca de llegar hasta que el amanecer, indiferente a todo ello, restablece la claridad del día y “se deja llevar por su marea ascendente”. Ahora que Batman es Caballero de la Noche es probable que cedan por fin algunas de sus angustias y sea llamado con el mismo afán con que él vigila la ciudad.

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