Kingdom Maradona: OTRA GENIALIDAD DE EMIR KUSTURICA

Escrito por Gilberto Calderón Romo on Mar 9th, 2009 y archivado en Documental. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

México, D. F. Marzo de 2009. Emir Kusturica (Sarajevo, 1954) es uno de los directores cinematográficos más poderosos, imaginativos, creadores y compulsivos de nuestro tiempo, no en balde es uno de los clientes habituales en las premiaciones de Cannes y de importantes festivales de relieve mundial. Además, es un músico bastante competente y un apasionado futbolista como corresponde a una generación que se ha formado en la adicción del juego, multiplicado por el poder de la televisión. Es apasionado y con una energía interior que proviene de una cultura severamente reprimida en un país que se construyó con la unión artificial de varias repúblicas distintas (La antigua Yugoslavia).

Kusturica filma como si acabara de recuperar la libertad y como si tuviera prisa por hacerlo. Ahora que ha triunfado a nivel mundial, puede darse el lujo de consagrar en el celuloide, el video o el DVD, sus mayores ambiciones artísticas que no son pocas.

Terminó el año pasado el documental de hora y media “Kingdom Maradona” o “Maradona por Kusturica” (2008), una revisión exhaustiva, abarcadora de la personalidad del astro argentino del fútbol, que detona en el espectador emociones trepidantes y da lugar a profundas reflexiones sobre la política, el espíritu, la sicología, las humillaciones y reivindicaciones del subcontinente americano, lastimado una y otra vez por las potencias del Norte. La película es así, aparte de un documento humano de entrañables fibras, una recopilación del sentimiento antiimperialista que recorre el Cono Sur.

Como si fuera a través de los prismas de un diamante, la biografía del futbolista –el más grande de la historia, dicen los enterados- es abordada desde distintas perspectivas. Al triunfo de la cinta ayuda el pietaje disponible desde la temprana edad de Diego Armando (B. Aires, 1960) y la vasta colección de goles espectaculares que se muestran, el incuestionable carisma del astro y la sinceridad con la que aborda los pasajes oscuros de su vida, sumergido en el consumo de alcohol y cocaína.

Las menciones alusivas al culto de la iglesia maradoniana, podrían ser parte del folclore, escenas pintorescas, si no revelaran a la vez la manera en que nuestros países sumidos en la pobreza y en la desesperación, pasan de la idolatría por los caudillos populistas a la de un campeón indiscutible del deporte. Maradona es para los argentinos, lo que la Virgen de Guadalupe para los mexicanos, Sin esas figuras de cohesión espiritual y social, no podrían seguir funcionando nuestras sociedades.

Cuando está aterrizando el jet que lleva a Diego Armando a Belgrado, la capital de Serbia, le preguntan al gigantesco hijo de Kusturica si conoce a Maradona y él dice que no, que ahora va a conocer a Dios, y ese es el talante con el que es tratada la figura del deportista austral.

LA MANO DE DIOS

Con goles de Maradona, Argentina le ganó el campeonato mundial de fútbol a Inglaterra en el evento celebrado en México en 1986, con el Gol del Siglo y con el que se consiguió con “la mano de Dios”. El goleador explica que más que una contienda deportiva, en esa ocasión se trataba de reivindicar a los muertos argentinos, los miles de jóvenes de esa nación que perecieron en la Guerra de las Malvinas (1982), provocada por los dictadores de su país, pero al fin y al cabo, víctimas de la armada británica que dispuso de todos los recursos tecnológicos para hundir la menguada flota de los platenses. Dos veces se insiste en el film que es en el fútbol el único sitio en el que es posible que naciones pequeñas y pobres, venzan a las desarrolladas.

El documental sirve para acercarnos a la deslumbrante contribución que tuvo Maradona al fútbol universal, pero también para conocer un poco del linaje humano del director, el cual, sin duda, gozó haciendo la película y dio rienda suelta a sus convicciones y a su genialidad cinematográfica.

Kusturica arriesga atrevidas hipótesis sicoanalíticas a partir de las tesis de Carl Jung (Suiza, 1875-1961) y Sigmund Freud, (Moravia, 1856-1939), al señalar que “Para Jung el instinto de supervivencia empuja al hombre hacia el alimento, mientras Freud sostiene que el eros es el impulso primordial que a través de la actividad sexual, asegura la reproducción de la especie. Considerando el gol de Maradona más excitante que las bailarinas de Omar –del Club Cocodrilo que se muestran en la pantalla- y que los suntuosos banquetes, me doy cuenta de que Borges tenia razón cuando afirmaba que el tango nació en los burdeles. Que se llame hoy rocanrol o tango es irrelevante. La cosa más importante –continúa el largo monólogo kusturicense- es el descubrimiento de una teoría siquiátrica que se debe añadir al instinto de supervivencia de Jung y a la idea de Freud sobre la reproducción de la especie: La influencia del juego Maradona como tercer instinto primordial que guía a la humanidad”, propuesta hiperbólica que nadie va a discutirle, sobre todo si se plantea en la magia del cine vinculada al fútbol.

Hace poco le escribí a mi amiga Sandrine Bellan, francesa residente en Barcelona comentándole que acababa de ver la película “La Historia de Adele H”. de Francois Truffaut, y me contestó: “Truffaut e Isabelle Adjani, es una combinación que no puede fallar” Lo mismo podría decirse del director serbio y del campeón argentino: Es una mezcla que garantiza el resultado.

Resalta Kusturica las posiciones antinorteamericanas que están campeando en el Cono Sur, y presenta junto a Maradona al demagogo venezolano Hugo Chávez y al presidente de Bolivia Evo Morales en un acto multitudinario celebrado en Mar del Plata.

El director aprovecha para intercalar fragmentos de sus cintas emblemáticas – “¿Recuerdas a Dolly Bell?” (1981), “El Padre está Fuera en Viaje de Negocios” (1988), “Gato Negro, Gato Blanco” (1998) y “La Vida es un Milagro” (2004)- que tienen que ver con lo que Maradona va contando en un intento por establecer un nexo de coincidencia entre aquél y el ídolo parlante.

Diego Armando se duele repetidamente de lo que perdió por su adicción a la cocaína, tanto por lo que se refiere a que no disfrutó el crecimiento de sus hijas, como a lo que hace a su rendimiento como futbolista. Se pregunta que hasta dónde hubiera podido llegar. Algo parecido le ocurrió al poderoso bateador Mickey Mantle (1931-1995) de los Yankees de Nueva York, uno de los bateadores más portentosos de las grandes ligas que realizó hazañas memorables mientras jugaba ahogado en litros de alcohol.

Pese a que en los créditos se atribuyen los trabajos de fotografía, edición y musicalización a diversos autores, es de suponerse que Kusturica tuvo que ver en todos los detalles. Lo anterior se desprende del amoroso cuidado con el que se pusieron en marcha estas tareas. La labor de dirección implicó no solamente una destreza y una soltura técnica confiables, sino el buen humor, el gusto y el amor que puso el serbio en llevar a cabo esta obra en la que, aparte, invirtió tres años y cuantiosos recursos.

MARADONA EN EL DESTRAMPE

No tuvo el director oportunidad de reconstruir los años que Diego pasó en Cuba al promediar el año 2000. Ahí fue instalado en la clínica de rehabilitación La Pradera, pero continuó con sus placeres y se llegó a hablar de que había procreado a una hija. Eran legendarias sus parrandas y cansado de ello, Fidel Castro decidió darle una lección permitiendo que se publicara en “Granma”, el periódico oficial, un reportaje sobre el choque de su carro con un autobús turístico en la barriada del Cotorro (Septiembre, 2000), cuando conducía en estado de ebriedad, presumiblemente yendo a conseguir droga a medianoche.

En los círculos de extranjeros en La Habana se comentaban las hazañas del che. Poco después de llegar a Cuba, el 25 de enero del 2000, el camarógrafo argentino Alfredo Tedeschi que laboraba para Reuters, lo persiguió en auto y ambos tuvieron un altercado. El asunto se zanjó cuando el deportista le concedió una entrevista exclusiva a su paisano, pero a éste le salió cara la amistad. Casi todas las noches, ya en la madrugada, le llegaba su amigo a su casa, intoxicado y con ganas de ver partidos de fútbol por TV Satélite. A partir de entonces, la familia del periodista gaucho perdió la tranquilidad nocturna.

El documental es una celebración, un uso del cine para mostrar la biografía de un ídolo popular reproduciendo a su alrededor, el entorno político y social en el que se gestan los milagros y la magia del deporte, la adoración de las masas en torno a una figura que comete excesos porque no es “normal”, es un Dios y como ahí se dice: “A los dioses se les perdona todo”,

Tiene Kusturica un rasgo de sinceridad cuando con la voz en off confiesa que “Un día le pregunté a Claudia – la esposa – ¿cómo le había hecho Diego para sobrevivir? Ella me respondió que ninguno le había preguntado cómo lo había hecho ella. Esto demuestra lo limitado que es mi conocimiento sobre las mujeres” concluye el director.

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