
Foto promocional de Vicky Barcelona
El turismo como industria es un invento de la sociedad consumista avanzada, especialmente el turismo en masa, que para nosotros está asociado regularmente a las manadas de ancianos estadunidenses y japoneses ambulando por playas y sitios arqueológicos; en Europa esta imagen corresponde a los alemanes y orientales haciendo más o menos lo mismo ; pero hay otro tipo de turismo menos ruidoso y apresurado: el de los que residen largas temporadas en algún sitio para aprender algo (pintura en parís o Florencia, arquitectura en Roma o Barcelona), y a éste tipo de viajeros se asocia generalmente aventuras románticas o libros de viajes juveniles, como en “Los amantes deben aprender”, “Tuya en septiembre” o, esta vez, en “Vicky Barcelona”, de Woody Allen.
Este género de obras se asocia siempre al misterio de encontrar una cultura nueva o diferente, de una visión del mundo que suele transformar al partícipe; en el cine esto puede llevar a aventuras extraordinarias como la de Liam Neeson en “Búsqueda implacable”, o al tedio globalizado de Woody Allen.
Para este no-aprendiz de jazzista (condición que ha probado en Canadá, según escuchamos el año pasado gracias a Radio Horizonte) y en sus celebrados conciertos en España, que solo sufrieron los gachupines, el hecho es que para él parece que la sociedad humana es una e indivisible: se compone de comunidades de snob’s cuya existencia vacía solamente sirve para crear y observar expresiones artísticas (música, escultura, pintura, páginas escritas) que rellenan su mundo vacío y sus conversaciones y como única alternativa tienen llegar al “acostón”, generalmente decepcionante; al menos esto es lo que vemos suceder a Vicky (Rebeca Hall) y a Cristina (Scarlett Johanson) en un verano reciente.
En este mundo singular de Allen los demás son tan solo escenografía, o por el arte de la invención se integran al “intelectualismo” forzadamente, como el caso del campesino catalán que por ser padre de Juan Antonio (Javier Bardem), resulta un poeta que “ha escrito las más bellas palabras en lengua española”, aunque los catalanes no tienen a esta lengua como su matriz cultural; además la idea de los otros como cultura alternativa, resulta solamente en un lugar común y el clisé de cierta idea preconcebida sobre lo “latino” o lo hispano: Juan Antonio es un macho de poderoso atractivo sexual y María Elena (Penélope Cruz) una explosiva hembra de pelo en pecho capaz de sacar de su marasmo sexual a cualquier gringuita y despertarle pasiones inconfesables que le lleven a la autorrealización.
El resto del planteamiento dramático no excede a la serie de comedias hechas por Hollywood acerca de cómo los jóvenes estadunidenses descubrieron el mundo a partir, por ejemplo, de los años cincuenta, con la excepción honrosa de “El sol sale para todos”, basada en “París era una fiesta”, de Hemingway; la Hall y la Johansson apenas difieren de Sandra Dee o Susanne Pleshette en que a través de “Los amantes deben aprender” pueden convertirse en “tuya en septiembre”, la juventud fuera de los estados Unidos no está bajo la cúpula translúcida del American Way of Living y hay mucho más que ver fuera de la perspectiva de una vida suburbana y la condena a llegar al hastío deseando siempre salid de este pequeño mundo, como atestiguaría ahora mismo Leonardo Di Caprio en “Solo un sueño”..
La diferencia seria es el tipo de humor con que se presenta el problema, si bien Delmer Daves y Robert Mulligan aceptaron con dificultad burlarse de las pretensiones metropolitanas de sus adolescentes sesenteros, Allen parece insistir en que la burbuja de la cultura estadunidense es tan densa que solamente los talentos de Pedro Almodóvar y Bigas Luna pueden atravesarla mediante su propia burla suicida, en el mejor de los casos el neoyorquino parece adoptar la seguridad de que sus compatriotas son tan cerrados al exterior que no se convierten a clisés de sí mismos y solamente otros clisés pueden romper su marasmo.
Lo extraño es el papel que Bardem y la Cruz han adoptado como caricaturas eternas de lo español, según el modelo premiado por Hollywood a través del cine de Almodóvar y sus colegas, un estereotipo cuya función ha sido impulsar una conciencia cultural acerca de viejos problemas de formación cultural hispana(años y años de represión sexual y cultural en la tradición católica heredados de la santa Inquisición) y ahora prolongan esto a través de la mirada de un director que hace lo mismo hacia su cultura (aunque su “inquisición” no fuese católica) pero en función de las formulas probadas de la meca del Cine, unas que son garantía reconservación de statu quo americano: provocar la risa sin más trascendencia porque si lo americano es malo es mucho peor lo extranjero. Una buena manera de justificar la guerra preventiva promovida desde Eisenhower y llevada a su máxima expresión por George Bush, a quien la Oliver Stone dedicó una parrafada visual recientemente.
FILMOGRAFÍA:
Amantes deben aprender, los. (Lovers must learn, or Rome adventure). D. Delmer Daves. Con: Susanne Pleshette, Troy Donahue, Rossano Brazzi, Anfgier Dickinson. Guión: Irving Finneman y D. Daves. EUA . 1962.
Solo un sueño. /Revolutionary Road). D. Sam Mendes. Con: Leonardo DiCaprio, Kate Winsley, Michael Shannon. Guión: Justin Hayte y Richard Yates, basados enla novela de éste último. EUA./GB. 2008.
Tuya en septiembre. (Come september). D. Robert Mulligan. Con: Rock Hudson, Gina Lollobrigida, Sandra dee, Bobby Darin. Guión: Stanley Shapiro y Maurice Richlin. EUA. 19161.
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Vicky Barcelona. (Vicky Cristina Barcelona). D, Woody Allen. Con: AScarlett Johansson, Rebecca Hall, Javier BArdem, Penélope Cruz. Guión: W. Allen. EUA/ESPÑ. 2008.
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