Che, la guerrilla, o la ideología como romance

Escrito por on feb 28th, 2009 y archivado en Bélico. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

La leyendas nutren la primera etapa de la cultura racional, creer, significan un primer momento de establecer un conjunto de ideas para tener una visión del mundo, una explicación ante todo de la emoción que mueve a las comunidades para continuar unidas, ir a una causa común, poco más o menos de esto trata “Che, la guerrilla”, de Steven Soderberg.

De Ernesto Guevara de la Serna, el “Che”, solo ha quedado la leyenda como un conjunto de ideas y sentimientos encontrados acerca del que llegó a ser emblema de la nueva sociedad ambicionada por la juventud que luchaba contra el autoritarismo en los años sesenta; esta leyenda se nutre fundamentalmente de la imagen del héroe mítico cuyo martirologio inspira a seguir adelante. Aquellos ideales pueden o no ser aceptables en una sociedad posmoderna, pero definitivamente responden a la necesidad de esperanza en lo humano, en una cultura que ha perdido paulatinamente sentido de comunidad y de unidad en el universo.

Desde la perspectiva de lo histórico la cinta tiene algunos avatares, especialmente cuando hasta los documentos de la CIA han revelado la conspiración internacional para eliminar a Guevara del panorama mundial, lo mismo que se han develado las contradicciones entre Guevara y Fidel respecto del establecimiento del socialismo en un solo país o el drama brutal del asesinato del Che utilizando a un “gusano” de Miami para orillar a un nativo boliviano a ser el ejecutor directo del comandante guerrillero.

El problema de llevar a la pantalla esta leyenda consiste en la persistencia de la historia como algo de interés continuo y actual a pesar de las objeciones de la tecnocracia globalizadota, sin embargo el cine no es el sitio indicado para colectar los datos de hechos reales, su función catárquica apunta mejor al fomento o confirmación de emociones valederas en un momento dado, y Soderberg, ayudado por el guión de Terence Malik, logra este efecto sin duda alguna.

Porque la película no es histórica sino bélica, es una de las mejores expresiones de la guerra de guerrillas y sus riesgos aún a despecho de la primera parte, “Che, el argentino”, del propio Soderberg. Una película de guerra exige tres formas fundamentales: el conflicto directo entre hombres armados, la confrontación del ingenio humano contra las desventajas tecnológicas (esto es: táctica y estrategia) y la presencia de un héroe capaz de superar los avatares y sobrevivir; todo esto se encuentra en “Che, la guerrilla”.

En esta ocasión Soderberg sigue muy de cerca el estilo sentimental y algo vacuo de Malik, a lo largo de un relato guerrero insiste en el humanismo de su personaje central que se niega a comprometerse personalmente con la violencia y la brutalidad, cuestiones que en el caso de la primera parte permite comprender la popularidad de Guevara entre los combatientes y el pueblo cubano, pero que aquí funciona como una visión del héroe en plan de ingenuo o idiota ante la realidad ajena del campesinado quechua o aymará que difícilmente lo aceptaría y él se empecina, en la película, en tratar como si fueran niños que tienen que aprender lo básico de la modernidad occidental, y aún más, los extranjeros (el reportero estadunidense -Tom Minder- y Regis Debray –Marc-André Grondin) ase lo advierten y hasta el final se empecina en verlos como un europeo creyente en las ideas de Rousseau, aún en su muerte, o al menos esto parece decirnos Soderberg con su toma en cámara subjetiva.

Y quizá esta es la clave del estilo empleado por Soderberg: el imperio de lo subjetivo en la personalidad de Guevara, pero con una subjetividad demasiado extendida aún hoy, tal vez porque en el fondo todo ser humano tiene el deseo o la esperanza de tratar con iguales y no todo el mundo siente que su lobo interno tiene el imperio sobre su libertad, sobre sus decisiones, y mantiene el tono de principio a fin con lo que logra una imagen de martirologio en Guevara que persiste en la lucha a pesar de que a cada paso, en cada arbusto, van creciendo las amenazas contra su existencia y la de su causa.

Con este tono de viaje iniciático construye (o reedifica) la imagen ideal del Che como héroe digno del mito y la imitación, devuelve un poco la imagen del hombre racional, renacentista, que pretende preservar lo que pugnamos entonces por un mundo que nunca fue, que nos convirtió en subjetividades aisladas, en individuaciones mejor que en individuos, pero consumió lo mejor de los sueños y las fuerzas a más de una generación al final del siglo XX. Quizá por esto no resulta extraño que hayan premiado a la película y a del Toro en Cannes y que prometa mucho entre el público de Europa y Norteamérica, pero ¿Qué tal una mirada al sur?

La idea de Guevara de extender la revolución a todo el continente americano fue infructuosa de inmediato, más bien su actividad funcionó para endurecer al Comando Sur y fomentar el establecimiento de dictaduras militares en paraguay, Argentina y Chile; sin embargo a la larga persistieron diferentes movimientos guerrilleros en Colombia , Perú, Guatemala y México; si bien el camino de jugar a la democracia dio mejores frutos en vene4zuela y Bolivia, donde actualmente siguen su propia búsqueda de un régimen que atienda a toda la sociedad y no solo a algunos de sus componentes.

El método de la guerrilla ha sido descartado por lo prolongado de la lucha y la necesidad de cesar el sacrificio de sangre a los dioses de la violencia, pero tanto Malik como Soderberg se apegan a la visión estadunidense de que el Che fue asesinado por sus coterráneos latinoamericanos y no por las fuerzas de globalización que sentían atorado su mercado por la acción de figuras como Ernesto Guevara de la Serna el guerrillero.
Filmografía:

Che, el argentino. (Che, part one). D. Steven Soderberg. Con: Benicio del Toro, Demian Bichir, Santiago Cabrera. Guión: Meter Buchman y S, Soderberg. EUA. 2008.
Che, la Guerrilla. (Che, part two). D. Steven Soderberg. Con: Benicio del Toro, Demian Bichir, Franca Potente, Joaquim de Almeida. Guión: Terence MAlik, Meter Bucmah, Benjamín A. Van der Veen. EUA. 2008.

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