El espíritu, el diseño y el reto.

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel on Feb 26th, 2009 y archivado en Comic. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Para el cine el cómic o historieta ha sido un reto en la competencia por materializar los sueños, tanto en imágenes como en la concreción de los deseos de ser y tener en la existencia. Su relación como medios expresivos se remonta a los orígenes del siglo XX, primero como fenómeno plástico de influencias mutuas, el expresionismo alemán y el futurismo fueron dos estilos que se transformaron uno al otro a partir, sobre todo, de la pintura de caballete y la tira cómica de periódico, al parecer la llegada del sonido casi destruye esta relación, especialmente cuando aparecen novedades plásticas como el Art-decò y la historieta de Will Eisner, ‘El Spirit’, Que ahora lleva a la pantalla Frank Miller con “El espíritu#.

Con la realización de “Ciudad del Pecado”, Miller demostró que las barreras del papel y la pluma podían ser derribadas por la animación por computadora y sin abandonar la cámara y la película. Al arribar a la realización de “Los 300”, el juego de convergencias alcanzó el clímax con la utilización magistral del formato Imax; sin embargo la visualización de ‘Spirit’ se enfrentó a uno de los más complejos retos: alcanzar la magistralidad del diseño propio de un gran artista insuperado y cuya obra reinventó el sentido de la vista a partir de la pluma y el papel.

En la búsqueda de ver el movimiento y hacer de él una expresión comprensible, Eisner aportó a la óptica del encuadre una gran cantidad de logros; mucho antes de Orson Welles sus emplazamientos del punto de vista desde abajo del sujeto y por encima de él (lo que técnicamente llamamos picado y contrapicado) daban a sus dibujos una ilación narrativa especial por su cualidad de ensamblar linealmente imágenes contrastantes extremas: por ejemplo un acercamiento extremo a los ojos claros del Spirit enmarcados por su delgado antifaz negro, o a los carnosos labios de una rubia o pelirroja que acosaba al personaje. Su virtud era la secuencia cuadro por cuadro haciendo que cada uno de ellos fuera expresivo y valioso per se.

Miller ha probado su cercanía con el diseño avanzado en la capacidad de convertir actores y escenarios fílmicos en clones de la pluma y el pincel, su conocimiento del arte occidental fue patente al tratar la iconicidad de los espartanos, su sentido del escenario y el color responde a la estética de caballete que ha sido adoptada para lo que llamamos “libros ilustrados”, justo la fuente de sus dos películas anteriores, y gracias a todo ello la narración en imágenes pudo hacerla con el ritmo adecuado para un lector que se detiene en cada ilustración individual y además ahorrándole la dificultad de leer los diálogos que fluyen sonoros.

Pero con Eisner es otro el asunto porque su narrativa obedeció al criterio de la literatura por entregas, su estilo de diseño está sujeto a la necesidad de mantener en suspenso la naturaleza profunda de Spirit, cuya historia personal será boceteada brevemente a lo largo de toda la serie, hasta que en la confrontación final con el Pulpo conozcamos por qué si aparente inmortalidad e invulnerabilidad: es un muerto, era la sorpresa final de Eisner para sus lectores. Para llevar la imagen del Spirit Frank Miller resumió en un solo episodio el largo camino de aventuras que hicieron de la historieta una de las favoritas en varias generaciones distantes entre sí, al reunirla como si fuese un “libro ilustrado” le despojó del suspenso fundamental y su película quedó en tan solo un ejercicio de estilo para intentar aproximarse al diseño de Eisner con muy poca eficacia.

Milles no es ajeno al mundo del cómic animado, de hecho su carrera en el cine incluye una ex -exitosa serie animada de nacionalismo charro: “Big Guy” y “Rosti”, las aventuras “americanas” de un exoesqueleto “defendiendo el país de las barras y las estrellas” mientras educa a un robot-niño para que sea el arma principal del pentágono; luego de esta experiencia, que podríamos comparar con hacer películas de propaganda para la CTM o para la secretaría de gobernación entre nosotros, no es extr4año que Miller buscara una expresión más completa y personal filmando libros ilustrados, pero esta vuelta al cómic animado no resulta exitosa y difícilmente va a lograr nuevos adeptos para ‘Spirit’, aunque sí es de esperarse que los viejos aficionados rechacen por completo la cinta que pretende ser nostálgica y comete gran cantidad de anacronismos inexplicables.

El niño Spirit (Johnny Simmons) se viste con la moda de los veinte (gorra de golf enorme, chamarra holgada y oscura, pantalón balón) y sin embargo la niña Sand (Seychelle Gabriel) llega a él en patineta, un aparato inexistente e impensable en esa época; igualmente la limusina blanca donde aparecen las manos con la muñeca adornada de joyas choca al definir el diseño Art-decó del brazalete y el automóvil de los años noventa.

Aunque hay que reconocer que algunos elementos cruciales del Spirit original fueron captados y estupendamente adaptados a la cinta: el gato de callejón, eterno testigo de las normalidades de Spirit, en toda la serie fue el ojo perpetuo de Eisner, de nosotros los espectadores, para guiarnos en las oscuridades y recovecos de la ciudad, era. Al mismo tiempo el espíritu de lo urbano, de aquellas calles de Chicago o Detroit donde Eisner ubicaba la vida del hampa y a su héroe.

Donde se quedó atreás Miller fue en las mujeres, esa reinvención del cuerpo y el encanto femenino con que Eisner crea la antítesis del cadáver caminante-Spirit: todas ellas con fantásticas medias de seda o de maya sujetas por sensuales ligueros, todas sugestivas hasta la agresión pero sin legar al descaro, aquellos grandes acercamientos a labios de carnosidad iridiscente y tentadora, ojosque aprisionaban al hombre del traje azul y la corbata roja (¿de dónde sacaría tantas iguales el Spirit, siempre se la destrozaban o cortaban ellas y los villanos?) y finalmente la ciudad: solo un cúmulo de siluetas en todas las variantes de los paralelepípedos contra el cielo nocturno, una especia de expresionismo estadunidense opuesto a los trazos orgánicos y mixtos del Art-decò que imperaba en su momento, una prolongación del sentido rectilíneo e irregular de la conducta del héroe para darnos visualmente la idea del Spírit como parte integrante de lo urbano (que Miller convierte en diálogos gratuitos del personaje haciendo apología de la ciudad. Y de sí mismo); valga pues como ejercicio para Miller, pero parece que ya regresa a Su Sin City en versiones interminables, su talento es para recordar que zapatero a tus zapatos: hay demasiados temas propios para este talento, pero con los clásicos del diseño, no es lo mismo.

FILMOGRAFÍA:
Espíritu, El. (The Spirit). D. Frank Miller. Con: Gabriel Match, Jaime King, Eva Mendes, Samuel L. Jackson. Guión: F, Miller, basado en la historieta de Will Eisner. EUA. 2008.
Big Guy y Rosty el robot. (Big Guy & Rusty the robot boy). D. Frank Miller y Geofrey Darrow. Animación de dibujos. Con(Voces): Tim Curry y Brian Doyle-Murray. EUA. COLIMBIATV. 1999.

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