Che, el argentino, ¿Por qué verla?

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel on feb 20th, 2009 y archivado en Cine Norteamericano. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

La figura de Ernesto Guevara de la Serna ha sido una de las peor tratadas por el cine, a pesar de que en otros medios permanece como uno de los personajes verdaderamente a la altura del arte, independientemente de su relación con los más Caros mitos del siglo XX; sin embargo en manos de Steven Soderbergh “Che, el argentino”, es una película que pasará a la historia, aunque sea como un testimonio de que ella no ha muerto a pesar de los escritores posmodernos.

Con “Ché!” de Richard Fleischer Hollywood parecía tratar de engancharse a la corriente mítica que desató la figura de Guevara tras su asesinato en Bolivia, con la personificación de Omar Sharif como el revolucionario argentino, se intentaba engarzar en el Star System a la figura carismática difundida por el gobierno cubano, gracias a las fotografías de Capa y la personalidad cautivante creada por la televisión estadunidense en torno a Ernesto durante su visita a la ONU en los años sesenta. Desgraciadamente jamás se acercaron al mito porque estaba, y está, estrechamente ligado a una noción de revolución que la meca del Cine tiene fuera de su alcance, al menos hasta ahora.

Steven Soderbergh sabe claramente la función de los medios en la formación de los mitos de nuestro tiempo y utiliza sus formas para entregarnos la construcción de un héroe internacional a través del espectáculo televisivo, al que utiliza selectivamente fragmentado en su película para ilustrar el ascenso de Guevara hacia la internacionalidad.

Fleischer intentó una película con el tema de la guerrilla, pero partió de premisas militares clásicas y equivocadas para comprender y expresar el fenómeno del combate en la selva, y, desde luego, jamás acudió al libro del propio Guevara, ni sus guionistas Sy Bartlett y David Kapp, así que su guerrita de pantalla parece tan solo otra percusión selvática de las que acostumbraba el Hollywood de entonces (y Cachirulo en México): la misma mata o árbol tomado desde diferentes ángulos mientras los personajes pasaban una y otra vez ante ellos; y por lo que toca a sus personajes lo único rescatable era la imagen de Sharif tratando de parecerse a la foto de Capa, porque el Fidel de Jack Palance quedaba demasiado cercano al Atila que recién había llevado a la pantalla (¿sería involuntario?).

Con Soderbergh la situación en un clima y paisaje parecidos al de Cuba (las selvas del estado de Campeche y algunas de Florida) ubican fácilmente el despliegue de las acciones descritas por Guevara en sus escritos, además Soderbergh es heredero ya de los encuentros fílmicos de Spielberg, los descubiertos en “Rescatando al soldado Ryan”, y se nos hace fácil comprender que las balas no son el tableteo o el tronido, sino un zumbido y un golpe que antecede al dolor y la sangre; la visión del director acerca de la guerra de guerrillas es la de un crimen, la de todo combate que acaba con vidas humanas: dolor, sangre, desesperación, y sobre todo miedo y valor alternándose indiscriminadamente, en especial en torno a la actitud que Guevara-Del Toro asumen hacia ello como médico y como revolucionario.

En esa acción en la selva es donde mejor se comprende el ascenso de Guevara hacia el verdadero revolucionario que deja la ensoñación para comprender la verdadera dimensión de la guerra y su significado liberador o enajenante. Con al tratamiento semidocumental de reconstrucciones cuidadosas y diálogos claramente definidos, Soderbergh traza un retrato del argentino que lo hace asequible al espectador y al formas de sentimiento no bizcarles ni enajenadas, sino humanamente reconocidas y reconocibles en el personaje y en nosotros mismos. Valga decir que desde el punto de vista de su estilo la película no explora la sensiblería y falsa ideología que ensalzan al héroe hasta el fastidio, simplemente parece una aproximación al hombre histórico y la construcción de su leyenda.

Valga sobre todo la interpretación del boricua Benicio del Toro, su estudiada presentación de Ernesto Guevara como un ser real, pero más que eso, como si en cada toma del propio Soderbergh (como Peter Andrews) volviésemos a ver las fotos de Capa y de todos los fascinados fotógrafos y camarógrafos de los años sesenta que dejaron una extensa documentación sobre gestos, actitudes y todo lo que atañe a la imagen visual del revolucionario durante y después de la revolución cubana, y del Toro parece haber grabado cada una de esas fotos en su propio rostro, hasta en la transformación de su voz del caribeño al porteño y de nuevo a la cubanización del uso hispánico de la lengua.

La cinta se estrenó fuera de los circuitos comerciales en la UNAM, apenas la segunda semana de enero de 2009 y llenó la sala de la Filmoteca de la UNAM con un público heterogéneo que iba de estudiantes hasta miembros de la comunidad fílmica como los parientes de Demián Bichir, a quien todos queríamos ver como Fidel Castro, y casi nos decepcionamos porque había en su presencia mucho Fidel y poco Bichir.

Poco más hay por decir de la película, vale mejor recomendar su vista, para los que no conocieron el furor de adorar al revolucionario por excelencia la cinta les informa de cómo se hizo y se llegó al concepto de idolatría para el revolucionario, para los que vivimos su época el recuerdo no traiciona ni se refuerza en las partes soñadoras, quizá porque la segunda parte habrá de ser más compleja, en ésta primera Soderbergh nos prepara al conflicto Fidel-Che, a la diferencia entre el estadista y el soñador, pero esto es quemar cartuchos que no hemos comprado, véanla para ver si exagero.
Filmografía:

Che, el argentino. (Che, part one). D. Steven Soderbergh. Con: Benicio del Toro, Demian Bicher, Julia Ormond, Santiago Cabrera. Guión: Peter Buchman, basado en las Memorias de la guerra revolucionaria de Cuba, de Ernesto Guevara. EUA/ESPÑ/FRAN. 2008.
Ché!. D. Richard Fleischer. Con: Omar Shariff, Jack Palance, Cesar Danova. Guión: Sy Bartlette, Ray Matell y David Kapp. EUA. 1969.

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1 comentario en “Che, el argentino, ¿Por qué verla?”

  1. Andrea López dice:

    Pues yo la fui a ver y, a decir verdad, no me gustó nada. El guión es absolutamente plano, no hay dialéctica ni conflicto. Es sòlo una anumeración de eventos.

    La actuación de Del Toro también me pareció muy mala: parecía más preocupado por hablar cubano que por actuar. Los diálogos se me hicieron absolutamente sentenciantes y declamatorios. En fin, la peli evidentemente se hizo para estrenarla a propósito de los cincuenta años de la Revolución Cubana y para pasarla eventualmente en alguna escuela con la finalidad de que los chicos aprendan quièn fue el Ché en un momento determinado de su vida. Pero no hay dibujo del personaje ni trama.

    La actuación de Bichir sí me gustó mucho…

    Saludos, A.

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