“Como la recuerdo en ‘El extraño amor de Martha Ivers’, donde atrapa a Kirk Douglas y sufre, como casi siempre, un castigo que es ejemplar porque ella es la pasión, el amor que mata pero dura más allá de la muerte”.
Guillermo Cabrera Infante
Entre las asignaturas pendientes de conocer todas las películas clásicas del género “film noir”, estaba “El extraño caso de Martha Ivers” (The strange love of Martha Ivers, 1946) dirigida por Lewis Milestone, con Barbara Stanwyck, Van Heflin, Kirk Douglas y Lizabeth Scott, basada en un guión de Robert Rossen inspirado en un cuento de Jack Patrick, por fin recientemente la pude ver en Cine Canal Classic, para corroborar que una de las grandes “femme fatale” del cine es sin duda alguna Barbara Stanwyck. (En México paso como “El Extraño Caso de Martha Ivers”, en tanto en España es conocida como “El Extraño Amor de Martha Ivers” y en Argentina “El Extraño Crimen de Martha Ivers”
Vale la pena recordar que Javier Coma define a la “mujer fatal” en su “Diccionario del Cine Negro” como: “Tipo de personaje que, catalogado según la expresión francófonoa ‘femme fatale’ y a tono con la americana ‘spider woman’ (’mujer araña’), supuso especialmente la prepotencia sexualizante de una bella fémina para, en función de instintos criminales propios, arrastrar al delito y a la destrucción al hombre que caía en sus fascinadoras redes. No está dse más precisar que el apelativo ‘femme fatale’ no pasa de ser una esquemática convención de lenguaje y que admite plasmaciones muy diversas a lo ancho y a lo largo de una gama extendida desde la delincuencia circunstancial hasta el categórico ‘angel de maldad”.
Siendo pubertos, en 1928 en el pueblo de Iverstown, Martha (Barbara Stanwyck) Walter O’Neil (Kirk Douglas) y Sam (Van Helfin) forman un trío de inseparables amigos, a los cuales la rica tía solterona de Martha, Mrs. Ivers (Judith Anderson) trata de separar, al tiempo que siempre le recrimina a Martha ser hija de un pobre diablo que con engaños sedujo a su hermana. Una noche en que la huérfana de Martha ha sido regresada a su casa, después de uno de sus típicos intentos de escapar de la tutela de su tía con Sam, tienen una agria discusión ambas mujeres a la mitad de la escalera y en el forcejo Martha hace que caiga la tía muriendo esta. Momentos antes Sam ha escapado de la casa sin saber del suceso. Sólo es testigo Walter, pero su padre encargado de los negocios de la tía y que se encontraba en la biblioteca, acepta la explicación de Martha que un extraño se introdujo en la casa y que al ser descubierto arrojó a la tía. Mr. O’Neill cobra la factura del favor convirtiéndose en el albacea de Martha, al tiempo que condenan a un inocente por la muerte de la avara tía, cuando ya Walter es fiscal y se ha casado con Martha. .
Lo anterior es realmente el prologo de la trama, la cual en rigor inicia en tiempo presente cuando Sam regresa a su pueblo natal, dieciocho años más tarde, recién desempacado de la guerra. A causa de sufrir un accidente en la carretera se ve obligado a dejar su coche en reparación en un taller, allí se entera de que su viejo amigo Walter es el fiscal, al tiempo que establece relación con una chica, de nombre Toni (Lizabeth Scott) en dificultades con la policía, razón que lleva a Sam a ir a buscar a Walter para pedirle ayuda a que dejen libre a Toni. Walter que siempre ha creído que Sam sabe la verdad de lo que realmente pasó la noche en que rodó por las escaleras la tía, toma como pretexto lo de la ayuda a Tony, como una manera de volver a establecer relación con él y Martha, sospechando que en realidad busca chantajearlos. A su vez, Martha, que siempre ha estado enamorada de Sam, busca su ayuda para deshacerse de Walter. A la postre los malos no resultan tan malos y los buenos ciudadanos no son tan buenos como parece en un principio y el interés por el desarrollo de esta historia va creciendo merced a una hábil dirección de Lewis Milestone, aunado a la presencia de una intrigante Lizabeth Scott que nunca logró realmente consolidarse como “femme fatale”, pero que siempre despierta la atención del público en sus intervenciones. Kirk Douglas que debutó en el cine en este film logra convencer en su rol del fiscal alcohólico atormentado por su pasado, en tanto Van Heflin muestra su sobria capacidad como sólido actor, pero quién se lleva las palmas es Barbara Stanwyck que después de su rol de calculadora esposa que planea la muerte de su esposo en “Pacto de Sangre”, se consolido en su papel de Martha Ivers como una de las grandes malvadas del “cine negro”.
En el libro referencia obligada cuando de este género se habla o sea “Panorama del cine negro” de R. Borde y R. Chaumeton nos señalan: “El Extraño Caso de Martha Ivers’ de Lewis Milestone, se trata quizás de la obra maestra de una carrera que cuenta con muchas realizaciones muy aceptables, con frecuencia olvidadas en exclusivo provecho de ‘All Quiet in teh Western Front’ (Sin Novedad en el Frente). Próxima a la psicología criminal pura, este estudio complejo y corrosivo de las costumbres provincianas, se organiza en torno a una pareja indudablemente ‘negra’: el fiscal O’Neill y su mujer. Última rama de una dinastía de industriales respetables. Walter, abúlico, alcohólico y celoso se ha casado, por amor y espíritu de familia, con Martha, que le detesta pero que continúa ligada a él por un grave secreto (el falso testimonio que los dos hicieron y por el que se condenó a un inocente). Tuvo ella una juventud agitada de huérfana amiga de escaparse de la casa, siempre en conflicto con una tía que morirá en condiciones dramáticas. Su pérfida sangre fría no le impide sentirse atraída, aún en el presente, por Sam, un amigo de la infancia y cuya existencia vagabunda significó siempre para ella el ideal de una vida sin ley. Un día ella le sugiere en vano asesinar a su marido, que borracho sin sentido ha caído al pie de la escalera. Por su parte Walter trata de caber matar a éste por intermedio de sus inspectores. Pero Sam destruye todas esas esperanzas y escupe su desprecio al rostro de la pareja, que ante esta situación sin salida termina suicidándose”.
“De esta obra sustancial destacaremos aquí únicamente tres escenas. En primer término el episodio erótico-sádico del paseo por el bosque y en el que Martha, convencida por su esposo de que Sam quiere denunciarles, comienza por representar la comedia del amor. Ella toma con presteza, de un fuego de leños, un gran tizón que esconde tras sí mientras le ofrece sus labios. Sin desconfiar, Sam se acerca, ella le ataca, él logra esquivarla por un pelo, la inmoviliza obligándola a capitular. Cambia entonces ella de rostro y en vano trata de disimular su íntima confusión. Algunos días después cae Sam en la trampa de O’Neill. Furiosamente golpeado por especialistas, se le abandona inanimado al borde la carretera. Una conmovedora imagen muestra su cara manchada a golpes emergiendo de un talud. Y es precisamente en tal estado – las ropas desgarradas y manchadas- como se presentará ante los O’Neill, en su propia casa. Después de desatarse en imprecaciones sale, y desde las rejas del jardín, en la tarde mugiente, asiste al doble suicidio que se realiza detrás de una ventana iluminada. Martha, a través de las cortinas ha contemplado pensativa como huían con Sam sus últimas esperanzas. Revólver en mano, Walter se acerca. Ella toma entre sus manos el cañón del arma y con ademán aquiescente lo aplica a su vientre. Resuna un tiro, luego otro. Desde lejos, Sam percibe dos sombras chinescas desplomándose una tras otra, en una especie de ridícula reverencia”.
Cabe agregar que el guión de “El Extraño Caso de Martha Ivers” fue examinado con lupa por los macarthystas, dadas las connotaciones de lucha de clases que imprimió en el mismo Robert Rossen y fue de los factores para que estuviera en la famosa lista negra que no existía, quién ingresó a las filas de la dirección después de haber escrito “El Extraño Caso de Martha Ivers” a petición de su amigo Lewis Milestone, con quién ya había colaborado, en calidad de guionista, en otros de los filmes de este director, quién fuera contratado por Hal B. Wallis para realizar una película en la Warner, tal y como nos los narra José Antonio Jiménez de las Heras en su estudio “Robert Rossen: experiencia vital y compromiso ideológico”, publicado en la revista “Dirigido” de marzo de 2006: “Wallis le ofreció seis proyectos diferentes para que eligiera. De todos ellos Milestone escogerá una historia titulada ‘Bleeding heart’, cuya trama gira alrededor de unos niños testigos de un asesinato. Milestone, al que no le gustaba el titulo, recurrió a Rossen –convertido ya en uno de sus guionistas favoritos-, aconsejándole éste que conservasen tan sólo el prólogo de la historia original, obra de John Patrick, modificándolo ligeramente y desechando el resto –Rossen también le pedirá que no le cuente nada a Wallis sobre esta decisión y que sólo le confirmará que ‘vas a hacer la película y que me quieres a mí para escribirla’-. De esta forma Wallis, a petición de Milestone, contratará a Rossen como guionista; algo que probablemente el productor hiciera con absoluta conformidad, pues se conocían perfectamente de la época de la Warner, retomando una relación que se va a prolongar (de manera tormentosa) hasta casi mediados de los cincuenta”.
“Rossen, tal y como había aconsejado a Milestone, conservará tan sólo el prólogo de la historia sobre la que se basan, introduciendo en el mismo al personaje de Sam como supuesto testigo del asesinato de la tía de Martha a manos de ésta. La película pasara a titularse definitivamente ‘The strange love of Martha Ivers’ y se convertirá en la última y muy fructífera colaboración entre Rossen y Milestone. El film, a pesar de la intervenciones de Wallis, representa una de las obras cumbres dentro del Cine Negro de posguerra y, además supone una de las películas de más evidente contenido marxista hechas dentro del género. La contraposición entre la pareja formada por Walter O’Neill (Kirk Douglas) y Martha Ivers (Barbara Stanwyck), y la compuesta por Sam (Van Heflin) y Toni (Lizabeth Scott), así como el discurso acerca del poder casi absoluto de los primeros –la ciudad en la que viven, Iverstown, toma el nombre del apellido familiar de Martha-, frente a la indefensión de los segundos, ambos de extracción proletaria, anclan la historia sobre el conflicto o lucha de clases. En ese sentido, el final de la pareja formada por Walter y Martha es uno de los más combativos de toda la carrera de Rossen como guionista: Martha será rechazada por Sam, del cual no consigue que mate a su marido y ocupe su puesto (en un intento de corrupción fallido). Tras la marcha de Sam, será Walter quien empuñe la pistola que su mujer no ha podido disparar contra aquel y, con la colaboración de Martha, que apoya el cañón del arma en su propio costado, le disparará sobre ella volviendo luego el cañón hacía él, matándose también –en un claro doble suicidio- Rossen (y con él Milestone) apuesta así por la autodestrucción de una clase dominante, genéticamente corrompida, como un necesario paso previo a la liberación de aquellos que se sitúan bajo su tiranía –parece como si Martha heredara con su apellido todo el peso de la corrupción y despotismo del que hacía gala su tía-.”
“No podemos dejar de señalar la magnífica utilización del sonido en la escena del suicidio, cuando tras disparar Walter contra Martha se oye el ruido de un tren en marcha, confundiéndose con una letanía que repite ‘Ivers, Ivers…’ (un evidente sonido mental que solo tiene lugar en la cabeza de la protagonista). Ante esto Martha, antes de expirar, renunciará a ese apellido (y a toda la corrupción que supone) diciendo ‘no, Smith’; sólo con la muerte podrá reivindicar su autentica identidad (liberándose del peso de la corrupción y el crimen) de la misma forma que lo hacía ante su tía, la cual le obliga a renunciar al apellido paterno por ser el de ‘un obrero que lo mejor que hizo fue morirse’. El sonido del tren unido a la muerte de Martha marca una esperanza, pues únicamente a través de su muerte puede recuperar la ocasión perdida de su infancia de escapar al peso familiar de la corrupción. Un planteamiento que no puede dejar de sorprender y admirar por su radicalismo”.
“El Extraño Caso de Martha Ivers” logra mantener aún hoy día su atmósfera fascinante de un estudio de corrupción, ambición y de torcidas relaciones sexuales que debido a la censura imperante de la época tuvieron que ser sugeridas, antes que mostradas, aunque la manera en que la Stanwyck se coloca la pistola en la escena culminante del pacto suicida es fácil deducir el sentido fálico de la misma. Una historia sórdida que es posible admirar en alguna de sus diferentes proyecciones programadas en Cinecanal Classic en este mes, como sería el jueves 5 a las 12.20 hrs. (tiempo de México), domingo 8 a las 20.05 hrs. viernes 20 a las 18.00 hrs, domingo 22 a las 9.55 hrs. y jueves 26 a las 6.15 hrs.
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En el caso del Extraño Amor de Martha Ivers:
Uno. La discusión no es agria. Es nada más la consecuencia del descubrimiento del maltrato, y muerte (puede suponerse) del gato d e Martha.
Dos. Para la parte final, Sam no llega con la ropa rota y desgarrada. Ha llegado a la casa de Ivers y O’Neill para arreglar, de manera civilizada, si se puede, el equívoco, la confusa situación.
Tres. ¿Hubo realmente un intentomde corrupción fallido? Matha Ivers siempre está convencida de que superó, con trabajo, más que con malos sentimientos, la tarea y el imperio económicomde la tía. Ella, además, siempre quiso ser, simplemente Martha Smith.
Cuatro. Acaso más que a McCarthy, habría que apuntar las baterías críticas a la mujer de Lot, o a la mujer de Sam, a la que se refiere Sam, casi al final del film, cuando deja, junto con Toni, Iverstown.
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