El hombre y la ardilla: EL FALLIDO ARGUMENTO DE BENJAMÍN BUTTON

Escrito por Gilberto Calderón Romo on Ene 26th, 2009 y archivado en Estrenos. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

México, D. F. Enero de 2009. David Fincher (Denver, 1962) se ha especializado en realizar videos de astros de la música y ahora incursiona en un film de altas pretensiones. Para “El Curioso Caso de Benjamín Buttons” (2008) contrató a las excelsas figuras de Brad Pitt (Benjamín) y Cate Blanchet (Daisy) que han sido nominados para competir por el Óscar de la Academia. El director relata una historia que tiene sus dificultades de filmación porque requiere de locaciones en diversos lugares y épocas y caracterizar además, a los actores con la apariencia y la personalidad de seres en diferentes edades de su vida.

En todo esto hay aciertos considerables, pero ofrezcamos antes de seguir, alguna información sobre la trama y la técnica de la cinta, para que nos podamos entender.

Un relojero ciego recibe el encargo de construir un reloj para una estación de trenes en alguna ciudad del este norteamericano, pero como su hijo muere en la I Guerra Mundial, dispone que dicha máquina marche al revés con la ilusa esperanza de ver si el artificio le devuelve la vida a los jóvenes que la perdieron en aquella contienda bélica.

Acto seguido, una pareja tiene un hijo que sin deberla ni temerla, nace siendo un anciano de 80 años y a partir de aquí comenzará a crecer para atrás, o sea, que se irá haciendo cada vez más joven, mientras los senectos verdaderos con los que convive se irán muriendo progresivamente. Nunca se aclara si hay alguna relación entre el reloj y el viejito recién nacido, algo que se deja a la imaginación del público, que ignora para qué tanto esmero en abrir la peli con el relojero (Elías Koteas) si su labor no incide en el neonato.

La historia está basada en un cuento de F. Scott Fitzgerald, pero el argumento ha sido abordado por la literatura innumerables veces desde los griegos. Un ejemplo notable es “Viaje a la Semilla” de Alejo Carpentier y otro un dibujo de Quino el de Mafalda con el mismo tema. Incluso yo, lo utilicé en algún cuentecito que anda por ahí.

La personificación de Benjamín es un triunfo del maquillaje y del histrionismo de Pitt, desde el anciano hasta el adolescente que se apersona en la escuela de danza de Daisy, con el fin de conocer a la hija que ambos procrearon cuando fueron amantes. La Blanchet se muestra ágil y con solventes registros dramáticos e incluso estéticos, como bailarina de ballet.

Las locaciones están bien logradas en un Nueva York remoto en el tiempo, en Nueva Orleáns y su entorno pantanoso y en París en distintas épocas, y hay hasta un guiño ingenioso para la toma de un barco que se supone navega por los cayos de la Florida y para corroborarlo, al fondo se observa el lanzamiento de un cohete desde lo que se supone que es Cabo Cañaveral o Cabo Kennedy.

Aunque en el cine de ficción todo se vale y el director puede hacer y deshacer a su gusto, incluso sumergirse en la anarquía narrativa o en el surrealismo, en el caso presente, Fincher usa una estratagema con el afán de darle vuelo largo a una historia de amor que haga suspirar a las damas que van a la función del dos por uno los miércoles (si es que esta modalidad de exhibición cinematográfica todavía se estila) con los agasajos del todavía seductor Brad Pitt y la suculenta australiana Cate Blanchet.

Para cumplir ese objetivo de melcocha romanticona, tenemos que chutarnos cuarenta minutos de suspiros los demás, que en buena lógica nos hubiéramos conformado con un producto de una hora y media o dos horas, en bien de la coherencia temática.

La treta radica en que mientras el viejo Benjamín se remoza conforme pasa el tiempo y es de esperarse que lo mismo le ocurra a su cerebro, al contrario, su memoria se mantiene intacta y el tipo recuerda lo que le ha pasado en la vejez, como si estuviera viviendo en el sentido normal. Cabría suponer –y esto lo hago yo- que el cuerpo es un conjunto celular íntegro y en la hipótesis de que se pudieran renovar, lo harían simultáneamente todas las células del organismo y no unas sí y otras no. Ahora, con la renovación de las neuronas, la memoria se iría limpiando como cuando se descarga un disco duro, y se perderían los recuerdos en la evolución inversa, de experiencias que no se han vivido todavía porque ocurrieron cuando se era más viejo. En la cinta rejuvenece el cuerpo, pero no se borran sus recuerdos.

Esta incongruencia, sostiene esa más de media hora que le sobra a la película, dedicada a los arrumacos entre la pareja principal. Seamos explícitos. Benjamín se topa con la niña Daisy cuando él es un anciano. Pasan los años y él se hace más joven y ella crece hasta un momento en el cual más o menos se empatan y se trenzan en un romance del que nace una niña, Carolina, que de grande encarnará la guapa Julia Ormond.

La relación dura un buen tiempo y sus integrantes recorren las locaciones citadas. En buena lógica, si Benjamín conoce a la dama y cada día es más joven, quiere decir que al día siguiente del encuentro inicial ya no se acordará de ella debido a que su memoria también reverdeció y por ende, no registraría lo que vivió el día que ha dejado de existir, del mismo modo que en sentido inverso, a medida que envejecemos en la vida real, recordamos las nuevas experiencias que tuvimos un día antes.

Si esto es así, si la memoria de Benjamín se renovara, podría hacer lo que le alcanzara el tiempo para realizar en el momento en que estuvo junto a Daisy. La jornada siguiente, ella tendrá presente la experiencia, pero él la habría olvidado, inclusive no sabría ni quien es ella puesto que no la ha conocido.

Es precisamente esta función de ir borrando la memoria lo que hace interesante el experimento del rejuvenecimiento. Si se elude esta circunstancia, el script se ve privado de un elemento sustancial. Sólo al final de la farragosa película, cuando Benjamín se ha convertido en un niño deja de recordar lo que ha vivido, hasta entonces se le limpia el disco duro, porque nadie le toleraría al director que el nene tuviera todavía en las neuronas los retozos sexuales que tuvo con la que ahora lo cuida como si fuera su mamá. Sería el colmo que el infante, ataviado con sus pantalones cortos y jugando con su Nintendo, intempestivamente se le quedara viendo a la madura Blanchet, le guiñara un ojo y le pidiera que se echaran otro brinco.

Claro que si Benjamín fuera perdiendo la memoria conforme se hace más joven su cerebro, entonces el idilio habría sido imposible y la película hubiera sido apta sólo para los chamacos aficionados a la fantasía científica, pero no para las damas soñadoras.

Entre realizar una cinta con un ser que evoluciona hacia el origen con todas las implicaciones de orden fisiológico y sicológico, y una comedia de cortejos, el director optó por esto último y nos recetó el chorizo de marras, al cual le hizo falta urgentemente, una tijera.

Ignoro si en el cuento original de Fitzgerald se plantea el idilio y la culpa de la incoherencia es suya. No importa, el director David Finch la ha asumido y hecho propia y aquí comentamos el filme y no el texto. Por otra parte, no soy adversario de las películas de amor. En su momento disfruté de dos de ellas que en la práctica son la misma: “Love Store” (1970, Ali McGraw) y “Dulce Noviembre”, (2001, Charlize Theron) pero lo que señalo es que no hay mutilar la coherencia de un argumento interesante para montarle encima un pietaje de sentimentalismo, por más plausible que en sí sea.

Bien la actuación de los dos principales actores, pero la hicieron en un drama que cojea palmariamente, y premiar su trabajo en este bache –como ahora se pretende- sería tanto como ponerlos a protagonizar algo tan absurdo como el romance de un hombre y una ardilla… y darles un reconocimiento por el despropósito.

VN:F [1.8.1_1037]
Rating: 0.0/10 (0 votes cast)
VN:F [1.8.1_1037]
Rating: 0 (from 0 votes)

2 comentarios en “El hombre y la ardilla: EL FALLIDO ARGUMENTO DE BENJAMÍN BUTTON”

  1. FEDERICO GARCIA dice:

    Uno, a Cate Blanchett, con dos haches, no la nominó la Academia, y su actuación resulta, incluso, más “premiable”, si se quiere, que la del protagonista. Ya su madre biológica (en la cinta) recibiría el honor de ser nominada como actriz de reparto, dejando a un lado, sin consideración y sin mención siquiera, a la maravillosa Tilda Swinton.
    Dos, y no menos importante: el director de videos (nada menos que de Madonna, George Michael, Aerosmith, Michael Jackson y Paula Abdul), lo ha sido también de Seven y The Fight Club (también con Pitt) y, entre otras, Panic Room y Alien 3…
    Tres, estamos en Hollywood y el idilio es una (casi) necesidad para su reprducción. El andamiaje literario viene a cuento, porque además del folletón, intenta darnos algunas pinceladas (el barco,el idilio en Rusia, incluso la ubicación del relato en el lugar donde azotará Katrina) para justificar el asunto, no menor, de las superproduxciones que llegan a la playa de los óscares. Más que a Love Story, bastaba con recordar Titanic…

    UN:F [1.8.1_1037]
    Rating: 0.0/5 (0 votes cast)
    UN:F [1.8.1_1037]
    Rating: 0 (from 0 votes)
  2. FEDERICO GARCIA dice:

    es Blanchett, con dos tés “t”, perdón. Lo demás, si va…

    UN:F [1.8.1_1037]
    Rating: 0.0/5 (0 votes cast)
    UN:F [1.8.1_1037]
    Rating: 0 (from 0 votes)

Dejar una respuesta

Anunciante 250x250 ad code to be displayed on the inner pages