Juego limpio: Bunny Lake ha desaparecido

Escrito por on ene 23rd, 2009 y archivado en Crítica Perdurable, Que ver en TV, Thriller. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

La extremada pericia y el talento de Otto Preminger son sobradamente notorios. A lo largo de muchos años nos ha ido dando películas siempre inspiradas, siempre interesantes, realizadas con una técnica de extremada perfección; películas, por eso, elegantes. Desde “Laura” hasta “Buenos Días Tristeza” o “El Cardenal”, apenas habrá una decepción y esto en raros momentos de la carrera de Preminger. Pienso que esta última película , “Bunny Lake is Missing” (“Bunny Lake ha desaparecido” es su título en México y “El rapto de Bunny Lake” en España”), representa todavía una depuración, una intensificación de sus mejores cualidades.

Es una película sencilla en blanco y negro, discreta, sosegada, casi calmosa. Rehúye toda espectacularidad, todo “torbellino” y desconcierto; huye como del demonio del melodramatismo, a pesar de ser, en alguna medida, un “thriller”, una película de misterio y policiaca. No es absolutamente pedante, a pesar de que su tema es en buena parte la anormalidad mental.

La historia esquemáticamente es muy simple. Ann Lake (Carol Lynley) americana que ha llegado a Londres con su hermano Steve Lake (Keir Dullea), el cual trabaja en una revista literaria, se instala en una nueva casa; deja en una escuela para niños pequeños a su hija Bunny, de cuatro años; por un azar, porque ha llegado un poco tarde, porque una de las maestras ha ido al dentista, deja confiada a la niña a la cocinera del colegio; mejore dicho la ha dejado en la clase de su edad, y la cocinera queda enterada de ello. El espectador no ha visto a la niña, sino solo a la madre. Resulta que, cuando Ann va a buscar a Bunny, ésta no aparece, nadie la ha visto, la cocinera se ha marchado y, cuando la policía la encuentra, no sabe nada. Bunny Lake, a quién nadie ha visto, ha desaparecido. La película consiste en la historia de esa desaparición. Las gentes de la escuela, sobre todo una vieja maestra jubilada (Martita Hunt) que estudia la imaginación de los niños; el superintendente de policía (Laurence Olivier); el casero de Ann Lake (Noel Coward); el hermano, sobre todo, son personajes de fuerte relieve, a pesar de su deliberada falta de estridencia. Hasta los personajes muy secundarios –el ayudante del policía, el viejo que repara muñecas, los hombres de la mudanza- tienen singular realidad, pero al mismo tiempo están enteramente subordinados a la realidad que lo domina todo: la película misma. Nadie se insubordina contra ella: ni los actores, ni el músico, ni el director, que está allí, dirigiendo, pero sin imponernos toscamente su personalidad, sino haciendo que la reconozcamos por sus frutos, es decir, por el resultado.

El tiempo está manejado con suma destreza. La película es una angustiosa espera, el tiempo se distiende y dilata, pero sin ningún género de truco; pasan cosas, las que deben pasar; Preminger no consigue su propósito produciendo un vacío, introduciendo el tedio. La tensión o suspensión que llena toda la historia está lograda con medios lícitos, no con músicas lúgubres, anuncios y premoniciones. De lo más admirable de la película es todo lo que antecede a la desaparición de Bunny: vemos a Carola Lynley, muy bella, sobria, sencilla, directa y a la vez con una “recámara” bien perceptible, ir y venir, hablar con la cocinera, ir de compras triviales, ordenar la casa, volver al colegio, mezclarse con las jóvenes madres que esperan a los niños, con la salida de éstos; no pasa nada, todo es normal, nada ominoso está presente, pero hay una expectativa que llena de tensión cada plano, cada frase; el espectador lo va absorbiendo todo –es una película que se ve muy bien, que se domina y posee como pocas, gracias a una tácita invitación del director-, lo va reteniendo; yo diría que se ve obligado a “tomar en serio” todo lo que se le presenta, sin demorarse, sin perder la fluencia, pero sin resbalar sobre ello distraídamente.

Cuanto más sencillas, más admirables son las escenas: así, la del “pub” londinense donde Laurence Olivier hace que Carol Lynley se serene, coma unos sándwiches y bea un poco de coñac. O el sótano del taller de reparación de muñecas, tan expuesto a la exageración, donde Preminger conserva su serenidad y buen gusto.

Las cosas son tan intricadas en su sencillez, que el policía viene a dudar… de que Bunny Lake exista. Y el espectador también lo duda. Y ello por buenos motivos; pero esa sospecha no hace que se pierda el interés, y se siente que, a pesar de todo, es muy probable que Bunny exista y haya sido raptada o haya desaparecido de algún modo. Rara vez he visto en un cine una perplejidad menos convencional, más reducida a sus justos límites, por eso más efectiva. Los actores, admirablemente dirigidos, no pecan ni por carta de más ni por carta de menos, conservan un equilibrio dificilísimo a lo largo de toda la película, del primer plano al último.

Es lástima que las exigencias de este género literario o cinematográfico no permitan contar con algún detalle el argumento y como se desenvuelve, porque al hacerlo se justificaría de verdad lo que acabo de decir. Basta recordar dos aspectos que prueban la elegancia el “fair play” de Preminger. Uno es el uso constante de la “distensión” a lo largo de la película; quiero decir que cuando la expectativa y la emoción llegan al máximo, sobreviene –por exigencias de la historia- una calma, un aflojamiento de la tensión, y se produce un “respiro” –tal y como sucede en la realidad-; con ello, al renunciar a un efectismo trivial del cual el espectador se siente luego un poco avergonzado, se consigue que de verdad “entre” en la historia. El otro es la infrecuente elegancia de su desenlace: frente a la tradición del “climax” en que suena exasperadamente toda la orquesta, Preminger elige, para terminar, un remanso; todavía conmovidos, pero ya serenos, con ojos de espectador, nos paramos a contemplar el final de la historia.

(Nota del Editor: esta crítica del filósofo y crítico Julián Marías fue publicada originalmente el 15 de Octubre de 1966 y se encuentra recopilada en el libro “Visto y no visto” tomo 2, de Editorial Guadarrama. La película esta programada en el canal de televisión por cable “Retro” para ser proyectada el próximo domingo 25 a las 18.00 hrs. (tiempo de México) y el miércoles 4 de febrero a las 21.00 hrs. anunciada con su título que tuvo en Argentina: “El Misterio de Bunny Lake”).

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2 comentarios en “Juego limpio: Bunny Lake ha desaparecido”

  1. [...] Way (PRIMERA VICTORIA) Int.- John Wayne, Kirk Douglas, Patricia Neal, Tom Tryon, Dana Andrews 1965.- Bunny Lake Is Missing (BUNNY LAKE HA DESAPARECIDO) Int.- Carol Lynley, Keir Dullea, Laurence … 1967.- Hurry Sundown (LO QUE TRAE EL MAÑANA) Int.- Michael Caine, Jane Fonda, Diannah Carroll, [...]

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