Planeta desconocido, Shakespeare en el espacio

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel on Ene 17th, 2009 y archivado en Ciencia Ficción. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Al iniciarse los años sesenta las escuelas mexicanas comenzaban a sufrir una crisis, la cual culminaría en el cambio radical en los programas de estudio, al cambiar por completo la Educación Cívica, desapareciendo el empleo de los “aburridos” libros como “El hombre y la sociedad” y “El hombre y la economía”, que al parecer no estaban conformes a la nueva sociedad que exigía mayor eficiencia tecnológica y menos preocupación humanista. En la escuela a que asistía, dirigida por el poeta estridentista Arqueles Vela, se nos dio un regalo a los que salíamos ya rumbo al bachillerato: la proyección de la película “El planeta desconocido”, de Fred McLeod Wilcox.

Aquella cinta tenía diez años de haber sido estrenada y era muy difícil que la conociéramos miembros de mi generación porque las copias, extrañamente mutiladas para ilustrar programas de televisión, ya no pasaban ni en tercera o cuarta corrida, ni siquiera en las matinés dominicales, aunque el recuerdo de su personaje mas destacado, el robot Robbie, representaba el sueño más acariciado del futuro y el símbolo del progreso ansiado por la época: la automatización.

Era la historia del crucero C-57-D, de los Planetas Unidos, en busca de los sobrevivientes de la nave expedicionaria Belerofonte en un planeta de Altair IV, a más de un año de viaje a la velocidad de la luz, y su intento de rescatar al filólogo erudito Edgard Morbius (Walter Pidgeon) y a su hija Alrtaira (Anne Francis) de un desastre que acabó con todos los otros tripulantes y pone en peligro la vida de los del C-57-D.

Desde luego el atractivo mayor era el platillo volador que constituía la nave de los Planetas Unidos (ya no solo Naciones), que tenía el primer sistema de navegación en tercera dimensión que aparecía en el cine; los efectos especiales de Arnold Guillespie combinaban ingenio, dibujos animados y el cuidadoso diseño escenográfico de Cedric Gibbons, pero detrás de todo este espectáculo superficial se ocultaba la intensión humanista de Arqueles Vela que nos introducía subrepticiamente lo mejor de Shakespeare: su crítica al iluminismo y el predominio de la tecnología en el conocimiento.

Robbie y la excitante Anne Francis en "El planeta desconocido"

Porque finalmente la historia escrita por Irving Rock y Allen Adler tan solo es una reducción actualizante de “La Tempestad”, la paradoja entre el conocimiento, su práctica y la naturaleza de la mente humana que había escrito el Cisne de Avon en el filo de la Ilustración, su primer gran crítica al camino que emprendía el conocimiento humano en su siglo XVI hacia la modernidad que dejaba atrás la búsqueda de conocer al hombre mismo para tratar de dominar el mundo material.

Próspero, auténtico Duque de Milán, expatriado por su hermano Antonio, desde una isla occidental, Desconocida, rumia su ira mientras explora las artes mágicas para controlar los elementos y utilizarlos para recuperar su posición, lo hace a través de dos espíritus: el etéreo Ariel y el oscuro y terrestre Calibán, con ellos domina el mundo en torno suyo y llega a manipular las acciones humanas orillando el naufragio del barco en que viajan el hijo del Rey de Nápoles y la corte en que se incluye el hermano infiel; mediante la actividad de sus dos esclavos y utilizando el dominio de los textos antiguos recupera su estatus pero pierde el amor de su hija Miranda y sufre la rebelión del espíritu terrestre Calibán.

En la versión de Rock y Adler se ubica una época paralela del futuro en donde se supone el hombre ha rebasado la modernidad y con el dominio de la tecnología se ha establecido en plenitud el dominio de la razón. Se presupone una sociedad planetaria extendida en el cosmos y aún en expansión que deja adivinar un gobierno unificado de los humanos en más de un planeta, el erudito Morbius (Walter Pidgeon) indica un educación refinada y racionalista además de un nuevo interés por el conocimiento del pasado, igual que el Próspero de Shakespeare Morbius es revisor de textos y descubre una sabiduría que juzga excesiva para la humanidad, a cambio la utiliza a discreción angustiado por lo inalcanzable del saber, como muy bien desarrolla Peter Greenaway en “Los libros de Próspero”.

La obra de Shakespeare aparece en plena efervescencia de la filología europea, la que impulsó el enciclopedismo francés, el liberalismo político y el culto por el método experimental en las ciencias; a través de “La Tempestad” el Bardo testifica el alejamiento de los eruditos de la preocupación acerca del interior humano, el proceso de laicización del conocimiento que al abandonar la religión escasamente recupera la moral y los valores y deja de lado lo profundo de la mente en forma tal que la inequidad fomenta la explotación del hombre por el hombre, convierte al conocimiento en arma que tarde o temprano se vuelve contra del usuario como Ariel queda inerme ante la maldad y Calibán exacerba su salvajismo.

En la exploración del conocimiento antiguo de los Krell, Morbius da vìa libre al subconsciente, a la inexplicable irracionalidad de los más profundo que se materializa para cumplir los deseos inexpresados (y hasta ignorados) del filólogo y en consecuencia destruye todo lo que amenace su individualidad profunda sus egoísmos infantiles, primitivos y asesina cada vez con mayor poder y eficacia, hasta el punto de sofocar su ataque contra la propia hija Altaira cuando declara su amor por el comandante Adams (Leslie Nlsen).

De esta forma adaptan libremente el texto del cisne de Avon pero sin pervertir la intensión original de criticar la avaricia profunda por el conocimiento entre los eruditos a principios del modernismo. La cinta se convierte en una no cristalizada masacre sangrienta, gracias a que la censura y los recursos de la época no lo permitían, pero los diálogos bastan para provocarle horror ante los destrozos del “Monstruo del Id” que surge del inconsciente de Morbius, y en contraste con Próspero que recupera su domino quedándose en la isla como rey, Pidgeon muere con el planeta prohibido, mientras los otros, los sobrevivientes (Robbie y Altaira incluídos) se alejan hacia la tierra en busca de una nueva racionalidad (o una nueva contradicción, según comentario de entonces por parte del maestro Arquéles).

En DVD la edición no es fácil, la película es muy vieja, pero busquen en el catálogo http://cid-79b5cd9a13fce928. Spaces.live.com, y seguramente obtendrán una respuesta para ver esta joya casi olvidada de la ciencia ficción fílmica.

Filmografía:

Planeta desconocido, El (Forbidden planet). D. Fred McLeod Wilcox. Con: Walter Pidgeon, Anne Francis, Leslie Nilssen, Warren Stevens. Guión. Cyril Hume, basado en una historia de Irving Rock y Allen Adler. EUA. COLECTIONM.G.M. 19542002.

Los libros de Próspero. (Prospero’s books). D. Peter Greenaway Con: John Guielgud, Michael Clark, Michel Blanc. Guión: Meter Greenaway, basado en la pieza de W. Shakespeare. GB/HOL/JAP/ITAL/FRAN. 1991.

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