Tina viene al mundo en medio del caos de explosiones y abandona la ciudad cuando sus habitantes comienzan a salir de entre las ruinas a que la redujo; este es un final que Tea Von Harbow no se atrevió para la cinta original de Fritz Lang acerca de la ciudad por excelencia, “Metrópolis”.
La versión siglo XXI de este espectáculo de gigantismo y “progreso”, que inevitablemente tiende al fascismo, a la ambición por el poder, solo que muy lejos de las intensiones expresionistas esta obra original de Rintaro se basa en al expresión nueva del Manga japonés, en una historieta del máximo maestro y creador de este estilo a nivel internacional: Osamo Tezuka, obra que una vez modificada para el cine por Katsuhiro Otomo se convierte en el nuevo estilo de ver y expresar el mundo que llegó a América junto con “Final Fantasy, el espíritu en nosotros”.
Entre ambas cintas se inaugura el nuevo estilo de animación cinematográfica que va imperando poco a poco en esta centuria, uno en que la utilización de computadoras crea una realidad fílmica de verosimilitud creciente, aún si lo presentado es imposible, aunque esto, desde luego, es una característica inherente al cine fantástico y especialmente en la ciencia-ficción, solo que para esta “Metrópolis” las exigencias son extraordinarias.
Primero su relación con la obra original de Fritz Lang, película maestra en el futurismo, su estilo característico es la forma en que destaca maquinarias y espacios arquitectónicos como elementos determinantes para la vida de sus personajes; Lang-Von Harbow sitúan las clases sociales en niveles descendentes de la ciudad: en la cumbre los poderosos y en el fondo subterráneo la clase trabajadora, en medio los herederos: el hijo del líder y la mujer-robot-mesías, María-Eva.
En la Metrópolis de Tezuka ya no hay división en clases, el trabajo lo realizan las máquinas, los robots, son ellos los discriminados, los segregados al sótano de la civilización, y el nuevo enlace entre lo niveles de la existencia de nuevo es una robot, hecha por el Dr. Laughton, que llegará a ser el arma crucial para el dominio del mundo, aunque con un estilo menos fascinante que el de la seductora Eva creada por Rotwang.
Para Lang-Von Harbow la robot es todavía esa amenaza latente que preveían los socialistas del siglo XIX: el desplazador de la mano de obra, la máquina, pero Osomo Tezuka tiene otras preocupaciones que expresó ya desde su primer gran éxito, “Astroboy”: el de la evolución de sentimientos en la máquina y la convivencia del ser humano con su creación; en “Astroboy” se establecieron los patrones de diseño para el dibujo característico del manga (los ojos grandes con largas pestañas inspirados en “Bambi” y adaptado a los personajes de Tezuka) y la línea dramática de la competencia entre los robots y los humanos, que “Astroboy” nunca llevará al clímax y aquí Tina representa ese instante decisivo en la convivencia.
Si el mago consejero Rotwang era el instrumento de control y vigilancia para el gobernante de la Metrópolis de Lang, aquí es el Dr. Laughton, nombre que nos remite al creador de monstruos de “La isla de las almas perdidas”, al Moreau de Wells, y es un creador de monstruos en busca del espécimen perfecto que sustituya al ser humano, quién cumplía una voluntad que oscila entre la obsesión estética y el ansia de poder: Tina está lejos de ser traída a la vida con pases mágico-tecnológicos a la manera de Eva. Su nacimiento es similar al del niño-computadora de “La generación de Proteo”, y poseerá la misma belleza y brillo sobrehumanos que en el caso de Tina se refuerza con una inocencia inusitada que en la obra de Tezuka se atribuye a la Inteligencia Artificial, a los robots, como parte de la raza joven que convive con el ser humano.
Y es que en o profundo la película trata de inocencia y corrupción, su marco es una sociedad que repite los errores de la Alemania al filo de nacional socialismo, Metrópolis vive como en la república de Weimar, en abundancia y gloria explosiva por la superficie dominada por los poderosos, pero en sus entrañas el hambre y el desempleo fomentan el racismo y la violencia entre los habitantes, la única esperanza son los jóvenes revolucionarios que comanda Atlas en el segundo nivel subterráneo, los que se preparan para aniquilar al dictatorial partido Marduk encabezado por Rock, con sus camisas pardas y su violencia gratuita, no es accidental que los muchachos sean idénticos a los espartaquistas aniquilados por los pre-nazis ayudados por el estado alemán, y hasta el mismo presidente Bloom de Metrópolis, quien fomenta la rebelión de Atlas, será masacrado por los militares mardukistas, acompañados perennemente por un blues al estilo de Jelly Roll Morton como para que no perdamos de vista la época precisa del hecho.
Todo estará en función de los planes de poder del Duque Red, que también es propietario del Sigurat, la torre central de la ciudad (una referencia directa a las imágenes con que Lang explica el gigantismo de su Metrópolis) que al mismo tiempo es el arma definitiva contra los robots y el trono de Inteligencia Artificial que espera a Tina, quien va a llegar ahí en busca del amado Kenichi.
Pero aquí terminan las semejanzas con la obra de Lang-Von Harbow, porque la historia de amor no es de redención sino de apertura al conocimiento, Tina se transformará en el trono y alcanzará la plena conciencia de sí, del poder de la información, y decide la desaparición de la raza vieja que menosprecia a las máquinas; solamente su relación con Kenichi evita la extinción total.
El DVD emitido por Columbia Tristar en 2001 contiene además una excelente boigrafñia de Osamo Tezuka y su obra, entrevistas con los actores que dieron voz a los personajes y con el músico Tesoyuri Honda y las típicas reseñas detrás de cámaras y los cortos contemporáeos de “Final Fantasy” y la serie de CGI de “Invasión”, de Verhoeven. Para conectarlos, aparte de su proveedor acostumbrado, queda el sitio www.cthe.com, o el consabido Amazon; no se pierda esta edición de dos discos (uno menor que el otro).
FILMOGRAFÍA:
Invasión. (Starship troopers). D. Paul Verhoeven. Con: Casper Van Diem, Diona Meyer, Dense Richards. Guión: Edgard Neumeier y Robert A. Henlein, bsados en la novela de éste. EUA. 1997.
Astroboy. (Shin Tetsuam Atom). D. Noboru Ishiguro y Osamu Tezxuka. DIBUJOS ANIMADOS. Con (Voces): Mari Shimizu (Astroboy). Guión: Osamu Tezuka. JAP. 1963.
Final Fantasy, el espíritu en nosotros. (Final Fantasy, the spirits within). D. Hinorobu Sakaguchi y Moto Sakakibara. ANIMACIÓN POR COMPUTADORA (CGI). Con (Voces): Ming-Na, Alec Baldwin, Ving Rahmes. Guión: Al Reitner y H. Sakabuchi. EUA/JAP. 2001.
Isla de las almas perdidas, La. (Island of the lost souls). D. Erle C. Kenton. Con: Charles Laughton, Richard Arlen, Leila Hyams. Guión: Waldemar Young, basado en la novela de H. G. Wells. EUA. 1932.
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