
La década de los cincuenta inició algo que podríamos calificar como la moda de la ciencia-ficción en el cine, tres películas con pretensiones serias comenzaron un ciclo de producción asesorado por científicos que otorgaron verosimilitud a un género relegado anteriormente a la fantasía más barata; con “De la tierra a la luna”, de Kurt Newman, “Destino la luna”, de Irving Pitchel y “El día que paralizaron la tierra” de Robert Wise Hollywood comenzó una campaña para convencer al público de que el futuro valía la pena; ahora Scott Derrickson presenta una variación de esta última algo extraña y pobre.
En la industria del siglo XXI la ciencia-ficción y la fantasía son los temas que ocupan mayor porcentaje de la producción audiovisual junto al género policiaco, al parecer esto se debe a la necesidad de justificar o tratar de comprender el valor de la tecnología para nuestros contemporáneos tanto como también mostrar el malestar general por el aumento de la violencia cotidiana; la ciencia-ficción de los cincuenta pretendía dar esperanza a la población en aumento que poco a poco iba agotando los recursos naturales que nos habían hecho humanos y la película de Wise pretendía llamar la atención acerca de la soledad cósmica del ser humano y burlarse al mismo tiempo de la vacuidad de creernos superiores a todo en el universo.
Desde luego el nuevo guión, basado en la idea original de Edmund H. Norton, tiene una inspiración ecologista más o menos ingenua, pero ha perdido la autenticidad
que familiarizaba a la película con la ciencia-ficción literaria de la Edad de Oro, a cambio Derrickson y David Scarpa han recurrido a todos los lugares comunes del género posteriores a la Guerra de las Galaxias; para empezar su reparto está formado por personajes que identificamos de inmediato con las películas recientes: Keanu Reeves-Neo-Johnny Mnemonic-Klatoo nos remite de inmediato al mundo tecnologizado de la fantasía cientifizada posterior a los años ochenta; Jennifer Connelly vuelve a representar a la novia de Hulk o a la esposa del matemático loco de “Una mente brillante”, y la secretaria de la defensa yanqui, Regina Jackson-Kathy Bates, se parece demasiado a Condoleezza Rice, y es que la nueva verosimilitud de lo fantástico en el cine vale por sus referencias directas al mundo conocido, especialmente al cómo lo ha transformado la tecnología.
La película se refiere a muchas otras de esta misma época, al sustituir el platillo volador original del guión de North, Scarpa hace un homenaje póstumo a Michael Crichton y su “Esfera”; al establecer en el insólito prólogo la presencia bajo tierra de los extraterrestres hay una referencia muy clara a la versión de Spielberg para “La guerra de los mundos”; y la ominosa misantropía de Klatoo utilizando al resto de la naturaleza para exterminar al ser humano tiene una referencia en tono y tratamiento al tema general de “El fin de los tiempos”, aunque las referencias más específicas son a leyendas estadunidenses del siglo XXI, como el ascenso del poderío chino como amenaza ineludible mediante el diálogo de Klatoo-Reeves con el Sr. Wu (James Hong); igualmente se ubica la crítica al militarismo hipócrita del régimen de los Bush y a la inutilidad práctica de la tecnología “secreta” del pentágono al aplicarla en contra del colosal robot Gorth.
Y por cierto que el nuevo guión despoja al robot del papel fundamental que juega en la película original, lo único que resta de aquel impresionante guerrero mecánico es el brillante ojo ciclópeo; a través del robot Patricia Neal se sumaba al ejército de hermosas heroínas cargadas por el monstruo como antes habían hecho Fay Wray, Maureen O’Hara, Terry Moore y Patsy Ruth Miller, además de que Gorth era el enlace casi mágico de Klatoo con la ciencia y tecnología de su planeta además de ser quien lo sanaba de las heridas que le infringían los soldados.
Tal vez el instante más intenso de la película original es cuando Patricia Neal-Helen Benson le dice las palabras mágicas al robot: Gorth, Klatoo nara dicto y desactiva su respuesta destructiva. Este abracadabra de la ciencia-ficción ha sido el más famoso entre todos los aficionados al género y conciente de eso el guionista Scarpa nos lo espeta de inmediato en la primera aparición del extraterreno Klatoo (¿O será mejor adoptar la españolización actual a Clatú?) cuando lo hieren al salir de su esfera-nave (a propósito una referencia obligada a “Titán A. E.”), con esto cambia y desaparece el rol original del pronunciamiento y lo despoja de su referencia mágica, descontextualiza la referencia mítica propia del género.
Porque de eso se trata el cine fantástico, de mantener vivos y actuantes los mecanismos del mito, su trascendencia más allá de una simple anécdota por muy legendaria que parezca, la persistencia del mito se relaciona con la continuidad de los valores en la cultura humana, por ello la ciencia-ficción mantiene pequeñas ligas con lo mítico a través de referencias cruzadas entre el conocimiento científico y el mágico, y en la película de Wise este espíritu se acentuaba cuando Gorth lleva a la chica al interior Art Nouveau de la nave, que Scott Derrickson deja fuera de la trama actual.
La coincidencia entre ambas cintas se ubica en la denuncia del autoritarismo militarista estadunidense, primero en los cincuenta cuando Wise vio como una amenaza ante la política agresiva de Eisenhower frente a la OTAN y después en la presidencia, mientras que Derrickson denuncia en el Estado-Empresa de los Bush cómo dispone de las libertades ciudadanas arbitrariamente en nombre de la “seguridad nacional”, que este director denuncia como un título de propiedad enarbolado por el gobierno ante todo lo que se oponga a su política de terror.
Por cierto se refleja totalmente en la estructura dramática de “El día que la tierra se detuvo”, en su tratamiento de identificar la realidad actual y la trascendencia tecnológica cotidiana con la misantropía acendrada de Klatoo-Reeves y el autoritarismo militar de Regina Jackson-Kathy Bates crea un complejo de significados que va convenciendo al espectador de que todos los lugares comunes del género responden a la misma campaña de terror mediático que dictan los medios estadunidenses manteniendo la inquietud e incertidumbre en la población, como quien dice le da la razón al especialista italiano que califica a la ciencia-ficción como “un género reaccionario”, aunque esto sea un exceso de marxismo rupestre.
De otra parte queda el centro motor de ambas cintas: la razón de que Klatoo sea una amenaza y después sea disuadido de acabar con la humanidad. Originalmente la visita del extraterrestre obedece a dar un ultimátum a la tierra (título que llevó la película de Wise en España), a demostrar que la humanidad ni está sola en el universo ni puede disponer impunemente de lo que posee, de hecho era un llamado a refrenar el individualismo feroz que se desarrollaba en los años cincuenta; con la cinta nueva ya hay una decisión para castigar al humano por sus abusos, Klatoo solo intenta un diálogo para entender si vale la pena salvarnos, y los instrumentos son la viuda Neal-Connelly, el niño Billy Gray- Jaden Smith, y el científico Barnhard (John Cleese-Sam Jaffe).
Lo que inquieta en ambas películas es la falta de elementos que puedan permitir un juicio acertado acerca de la humanidad, el alegato original de North incluye la seducción de Klatoo-Rennie por Bobby Benson-Billy Gray cuando lo conduce al monumento a Lincoln y el alienígena revive el espíritu libertario original del discurso de Gettysburg, ese que inspiró a que entrasen a la segunda Guerra para expandir la libertad y derrocar al totalitarismo; en cambio Jaden- Jacob Benson no tiene algo así, tan solo la noción de un belicismo supuestamente defensivo que va de acuerdo con la formación mediada por el terrorismo oficial, los juegos de video y la idea de un padre militar muerto, el único recurso que le ocurrió a Scarpa es la pureza inocente del pequeño que cree que el alienígena puede revivir a su padre en el cementerio.
Con John Cleese-Barnhard es un asunto de confundir al personaje caricaturesco de lo británico habitual en Cleese con un científico serio, ciertamente que con Sam Jaffe Wise caricaturizaba la apariencia de Einstein, pero el diálogo de Cleese es impecable, de hecho es el centro de la solución final: frente al abismo cambiamos. Pero la Helen Benson de Patricia Neal establece su vínculo con Klatooo a través de ser el instrumento de su sobrevivencia y la mediadora con Gorth y el poder, la Connellly en cambio es guiada por un sentido del deber y una conciencia científica increíble en un mundo corrupto, finalmente en ambas cintas el alegato termina por ser el amor maternal, un argumento bastante débil en un mundo donde el nuevo liberalismo valora al amor muy pobremente en cualquiera de sus formas, caso que cambia en la más reciente versión del tema filmada este mismo año por C. Thomas Howell (próximamente en esta misma sala)
Filmografía:
El día que la tierra se detuvo. (The day the Earth stood still). D. Scott Derrickson. Con: Keanu Reeves, Jennifer Connelly, Kathy Bates, Jaden Smith, John Cleese. Guión: David Scarpa, basado en el guión original de Edmund H. North. EUA. 2008.
El día que paralizaron la tierra. (The day the Earth stood still). D. Robert Wise, Con: Michael Rennie, Patricia Neal, Sam Jaffe, Billy Gray. Guión: Edmund H. Norton, basado en un relato de Harry Bates. EUA. 1951.
El día que la tierra se detuvo. (The day the Earth stopped). D. C. Thomas Howell. Con: C. Thomas Howell, Judd Nelson, Lynn Beaudoin, Cameron Bender. Guión: Darren Dalton y Carey Van Dyke. EUA. 2008.