Para la mayoría el siglo XVIII es un importante punto hacia el mundo que hoy vivimos: el establecimiento del estado moderno, el del concepto de libertad y la construcción de la modernidad y del mundo intelectual del racionalismo, pero también del descubrimiento del valor del sexo y acerca de esto trata “La duquesa”, de Saul Dibb.
En la Inglaterra del décimo séptimo siglo de la cristiandad se definió casi todo lo que hoy consideramos británico, incluso la famosa “flema” que distancia su individualismo de cualquier otro, es también la época de primera gran decadencia de la nobleza gobernante y con ella la aparición de la forma de erotismo que hoy conocemos como pornografía, aunque no necesariamente como obscenidad.
A través de William (Ralph Fiennes), duque de Devonshire y su vida marital con una adolescente, Dibb nos leva a través de la forma en que el racionalismo de la ilustración penetra las esferas reinantes en Europa y transforma paulatinamente la concepción del mundo dando lugar al romanticismo en busca de algo mejor que no llega; esta será la experiencia de Georgiana (Keira Knightley), la joven duquesa cuyo deber femenino se trastoca por el contacto con la política y la pasión por Charles Gray (Dominic Cooper).
Hay una afinidad cercana entre el drama de esta duquesa de Devonshire y el de la Ana Karenina de Tolstoi, aunque la novela de Amanda Foreman, “Georgiana, duquesa de Devonshire”, está muy lejos del estilo trágico a que le orilla el romanticismo ochocentista en el caso ruso, pero se aproxima muy poco a la festividad de los autores del siglo XVIII británico, como John Cleland y Henry Fielding y los satíricos que hicieron la crónica contemporánea de la decadencia que desbocó en el desenfreno sexual de la nobleza que, en la Francia ilustrada, desbocó en la denuncia moral de los privilegiados que presidió a la gran revolución liberal de 1789.
En realidad la novela y la película sobre Georgiana de Devonshire trata de los privilegios, de ese estado por encima de la ley que repugnó a la soberanía del Estado Moderno, es acerca de la libertad como un concepto absoluto (cuando Gray dice que el voto se persigue como una “libertad limitada” Georgina responde que la libertad es o no, que no se está un poco embarazada ni un poco libre) que se anuncia como dominante en el pensamiento de la época, que ya afecta directamente a la nobleza que busca desesperadamente conservar su estatus, es la razón por la que Devonshire-Fiennes apura tener un heredero.
También es una revisión del ascenso de la conciencia femenina acerca de su papel en la sociedad, la trama nos muestra la convivencia de los nobles con los parlamentarios en busca de mantener su papel en la política que se renueva, pero las nuevas ideas sobre el hombre y el voto son ajenas (aburridas, dirá Devonshire) al privilegio en sí, no atribuyen perspectiva a los sueños idealistas de la ilustración procedente de Cambridge u otra academia, su única realidad es la subjetiva, el sostenimiento de un estatus amenazado de por sí por la carta Magna, por el movimiento del vulgo en la vecina Francia; porque para la nobleza la única libertad es la inconsciencia de los niños, como añora Devonshire-Fiennes mientras georgiana descubre que para ella y para Lady Bess Foster (Hayley Atwell) será una larga escalada hacia deberes desconocidos, siempre detrás de alguien (un marido, un amante, un político adulador), pero no necesariamente sometidas.
Al mismo tiempo es el testimonio de los fracasos de la racionalidad y el autoritarismo, el germen de lo inacabado de la modernidad por la imposibilidad de someter totalmente a la naturaleza a pesar de la voluntad humana promulgada por Bacon y Descartes: la genética será la condena de la nobleza, la necesidad del primogénito no puede ser satisfecha con la simple salud y juventud de la cónyuge cual si fuese una parte de ganado selecto, la organización de la elite tampoco es un control suficiente, tan solo promueve la indiferencia culpable y el aislamiento individualista así como una ceguera ante “el otro” de la mujer, lo que obliga a que ella encuentre su propio camino.
El panorama histórico y social de la película, y la novela, es la caída libre hacia la revolución total, la francesa, en la corte británica se refleja en la efervescencia de los Tory adelantándose al populismo de los laboristas, la aceleración de un parlamentarismo que terminará por aislar hasta su desaparición a los privilegiados (aunque esto llegue mucho después con el régimen de Tony Blair).
Ralph Fiennes tan actor como siempre, con ese rostro cuya inexpresividad suele decir más que cualquier espasmo (recordar las extraordinarias caracterizaciones en “Telarañas”, de Cronenberg o en “El jardinero fiel”, de Fernando Meirelles), pero la contraparte de Keira Knightley resulta la talla exacta, se nos entrega como una mente abierta y apta a los cambios que se vienen encima con el racionalismo y azorada al mismo tiempo ante las limitaciones del mundo natural y social que rige las conductas humanas, y sin embargo con un nivel de conciencia de sí y de su condición que solo se explica en el personaje a partir de la matriarca Lady Spencer (Charlotte Rampling), que parece salida de una narración de “Fanny Hill” o “Tom Jones”; tan solo la lentitud en el desarrollo del drama nos remite al siglo XVIII, al mismo ambiente de Barry Lyndon y Tom Jones y de la música barroca que tan solo utiliza en una secuencia Dibb como fondo para despojar de cualquier parecido festivo que empariente su narración con el alegre erotismo literario de la misma época.
Filmografía:
Duquesa, La. (The Duchess). D. Saul Dibb. Con: Ralph Fiennes, Keira Knightley, Charlotte Rampling, Dominique Cooper, Hayley Atwill. Guión: Henry Hatcher y Anders Thomas Jensen, basados en la novella de Amanda Foreman. G./ITAL/FRAN. 2008.
Tom Jones. D. Tony Richardson. Con: Albert Finney, Susanah York, Hugh Grifith. Guión: John Osborne, basado en la novela de Henry Fielding. GB. 1963.
Telarañas. (Spider): D. David Cronenberg. Con: Ralph Fiennes, Miranda Richardson, Gabriel Byrne. Guión : Pattrick Mc Grath y D. Cronemberg basados en la novela homónima del primero. GB/CAN. 2002.
Jardinero Fiel, El. (The constant Gardener). D. Fernando Meirelles. Con: Ralph fiennes, Rachel Weisz, Hubert Koundé. Guión. Jeffrey Caine, basado en la novela de John Le carré. GB/ALEM. 2005.
Barry Lyndon. D. Stanley Kubrick. Con: Ryan O’Neal, Marissa berensson, Patrick McGee. Guión: Stanley Kubrick, bsado en la novela de William Makepeace Tackeray. GB. 1975.
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