La Zona, o los peligros de la sociedad civil

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel on dic 9th, 2008 y archivado en Ciencia Ficción, Cine Mexicano. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Hacia el final del siglo XX, al impulso del liberalismo, evolucionaron muchos conceptos de la convivencia humana. A los especialistas les ocupa sobre todo el ascenso del “empoderamiento” femenino (un neologismo que poco más o menos hace sinonimia con apoderarse, pero pretende reducir la parte agresiva –masculina- del término) y la creciente presencia de la llamada sociedad civil, un fenómeno de movilización social y política por parte de los sectores de población que luchan por sus derechos sin formalizar necesariamente su relación con las organizaciones tradicionales como los partidos políticos o las instituciones gubernamentales, con la película “La Zona”, de Rodrigo Pla, se manifiesta la preocupación porque estos movimientos tienden al mismo objetivo que el movimiento femenino y se aproximan peligrosamente al fascismo.
Esta película fue exhibida sin pena ni gloria en la ciudad de México y es que su estilo es un cuño novedoso de la ciencia-ficción al estilo de la lengua española; el género nacido en el seno de las culturas Gala y sajona, cobijado por Julio Verne y H. G. Wells, ha sido poco afortunado en nuestro idioma y también dentro de nuestro cine, sin embargo adoptó un carácter propio menos interesado que entre los pioneros por acentuar lo tecnológico o en la apología del progreso, y más preocupado por los efectos que sus cambios provocan en la conducta humana.
El relato, y guión, de Laura Santullo relata una situación creciente en las ciudades del siglo XXI: la búsqueda de privilegios por parte de grupos de la sociedad que se organizan para autodefensa ante las ineficiencias cada vez mayores del estado-gobierno. Parcialmente es una denuncia liberaloide acerca del agotamiento de la institución gubernamental ante el desmesurado crecimiento de las necesidades sociales, en un mundo en proceso de globalizarse, donde las individualidades y las minorías se convierten abiertamente en víctimas del mercado y la acción masiva de entidades trasnacionales que afectan los límites de la nacionalidad o del estado-nación.
Para los habitantes de Neblumotitlan (alias el D.F.) el fenómeno de exclusivización sectorial resulta familiar desde la aparición de zonas habitacionales interiores a la gran urbe, que son como áreas separadas del resto de la ciudad, con reglas y características propias que se transforman en comunidades dentro de la comunidad; desde la aparición de Ciudad Tlatelolco, en los años cincuenta, la evolución de las llamadas Unidades Habitacionales ha pasado de ser un conjunto multifamiliar (como las ya desaparecidas Juárez y 20 de Noviembre) a los desarrollos Urbanos de la periferia dentro de la Zona Metropolitana, todos ellos sitios de convivencia masiva donde la urbanización fragmenta con violencia la unidad de la capital de México, y al mismo tiempo forma características comunitarias de conducta que antes correspondían al desarrollo de los barrios.
Algunas de estas partes del urbanismo, especialmente las organizadas para sectores económicamente privilegiados, han llegado a desarrollar sistemas de autogestión y vigilancia ajenos a las instituciones, aunque supuestamente son complementarios, por ejemplo instauran sistemas de televisión en circuito cerrado tecnológicamente avanzados y mediante la instalación de sitios y personal para retención (cárcel) preventiva con policía privada independiente y bien armada con una visión extrema de este modelo se hace la trama de “La Zona”.
Una zona habitacional de corte suburbano sufre la invasión de un trío de habitantes de su periferia lumpen, son tres adolescentes que aprovechando la anulación del muro limítrofe por la caída de un anuncio gigantesco penetran a robar en una de las casas y, eventualmente, asesinan a la proletaria; consecuentemente son perseguidos y dos de ellos mueren, el destino del último da pie al tema de la cinta.
El drama sustancial consiste en qué hacer con los muertos, en el desnudamiento de la naturaleza de “La Zona” como sitio de privilegio desentroncado del estatus gubernamental, sometido a un régimen autónomo que protege exclusivamente a los habitantes del lugar exentándolos de los deberes y derechos del resto de la ciudad y la nación mediante un recurso de amparo que secunda el derecho de los condóminos a la autodefensa y la excensión de confrontarse con la autoridad gubernamental a favor de la defensa de la propiedad privada; así pues los condóminos asesinan y disponen tanto de los ladrones como de uno de los guardianes, victimado en la lucha, sin permitir la intervención de la policía.
El problema se plantea en el plano moral, en la confrontación de la conciencia individual ante los intereses del conjunto limitado de los condóminos y contra la reglamentación exterior ante la que se han amparado (mediante la intervención de un anónimo senador de la república) para no involucrarse con una administración que califican repetidamente de anómala, corrupta e ineficiente, reflejo de la paranoia actual por la seguridad pública.
Como remedio ante la Ley general la tribu condómite establece las leyes de su propia convivencia mediante reuniones que favorecen su extraterritorialidad, forman el reflejo de la paranoia social del mundo globalizado que despoja la identidad individual y debilita las instituciones de tal forma que solo queda la adhesión neurótica a un grupo o conjunto, al Fasces (haz de flechas rodeando un hacha que era símbolo del grupo militar romano)que sirvió de leit motiv a Benito Musolini y al nazismo alemán; en consecuencia la sobrevivencia se transforma en un espíritu de exclusividad y superioridad necesarias del grupo que hace automáticamente enemigo a todo externo.
El proceso se hace transparente en la reunión de condóminos donde acuerdan suprimir las pruebas de crimen para conservar la Paz de su comunidad y enfrentar, engañándolas, a las autoridades e incluso castigar al personaje de Claudio Obregón por su pusilanimidad luego de disparar contra uno de sus propios guardias privados. El proceso del fascismo está abierto, las cosas se sucederán incontrolablemente y el asesinato se convertirá en colectivo por la fuerza del instinto grupal de conservación, por el dominio de la animalidad de la violencia reaccionaria, y el colmo llegará cuando el Comandante Rigoberto (Mario Zaragoza) insista en realizar una investigación y hacer cumplir la ley.
La ley no está hecha para ellos, es parte de la clase dominante que los ha protegido y continuará haciéndolo para conservar su estatus de control, así que la ley, el policía y aún el adolescente aterrorizado serán instrumentos tan solo de un poder que se acepta aunque no necesariamente se desea, como manifiestan en su momento Daniel (Daniel Giménez Cacho) y Marian (Maribel Verdú), que, curiosamente son representantes de la cultura criolla e hispánica ante las víctimas, todos ellos mestizos y representantes de la población mexicana. Hay mucho hilo por seguir en esta película, pero lo mejor sería verla y tratar de explicarse por qué tan breve tiempo en taquilla justo cuando el gobierno federal (que ya no nacional) promueve la aceptación de fondos estadunidenses para la seguridad pública.
Filmografía:
La Zona. D. Rodrigo Pla. Con: Daniel Giménez Cacho, Maribel Verdú, Daniel Tovar, Mariana de Tavira, Claudio Obregón. Guión: R. Pla y Laura Santullo basados en un relato hom{onimo de ella. MÉX. 2007.

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