Una mujer llamada Greta Garbo

Escrito por on dic 8th, 2008 y archivado en Actores y Actrices, Crítica Perdurable. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

La primera vez que vi a Greta Garbo fue, si no recuerdo mal, en una película titulada “Susan Lenox”. Fue hace unos treinta años; no hacía mucho que había salido yo de la niñez; no me acuerdo de lo que sucedía en la película; pienso que era mala, y casi una ventaja, porque no nos distraía de lo que allí realmente importaba: ver a Greta. Desde entonces, cuántas veces su rostro en la pantalla, hasta que un día dejamos verlo. Hace siete años estaba yo en Los Angeles; en un cine distante de mi casa –quizá como Alcalá de Henares de la Puerta del Sol- proyectaban “Camilla”, es decir “Margarita Gautier”, o sea “La dama de las camelias”. Un viejo amigo y yo preparamos la expedición y acudimos a la cita. Hace un par de años, esta vez en Nueva York, paseé por Central Park un sábado, con una joven amiga americana, con la esperanza de ver a Greta Garbo en persona, que aquel día no apareció. Y ha venido ahora, vestida otra vez de Margarita Gautier, a las pantallas de Madrid. Sin voz, ciertamente, con una ajena, prestada por el doblaje, sólo su imagen; pero no es poca cosa.

Una vez me ha parecido evidente que en el cine nunca ha habido nada comparable. “La única” fue el tópico –verdadero- de sus años de actividad. Pero los tópicos deben meditarse, repensarse. ¿Por qué es “la única”? ¿En que consiste esa unicidad? ¿Es que ha sido la mejor actriz, o el mejor actor sin más restricciones? Es posible, pero no me interesa; nunca he sentido afición por los escalafones. Por lo demás, ha habido en el cine –y sigue habiendo- actores y actrices extraordinarios, tan buenos, que son insustituibles, irrenunciables y en ese sentido, “únicos”. No quiero ahora nombrar a ninguno porque tendría que justificarlo y eso me llevaría lejos.

Greta Garbo es un caso de genialidad. Sí, sin duda, pero quisiera explicarme. La palabra “genialidad”, cuando la uso, no es equivalente de un elogio, menos aún de una hipérbole. Quiere decir algo muy preciso: la capacidad de enriquecer la realidad, de aumentarla con una parcela nueva o con un aspecto desconocido; el genio es el que nos da algo que no teníamos, con lo cual tenemos desde entonces que contar. Greta Garbo –se piensa- es una actriz genial.

Pero no, no es eso. No digo que no sea cierto, pero no es eso lo que quiero decir. Un actor genial es, por ejemplo Charles Chaplin, que nos ha dado una nueva manera de serlo, nos ha hecho donación de un nuevo sentido de esa palabra –a”actor”- usada desde hace tantos siglos. La genialidad de Greta Garbo es muy distinta: es una mujer genial. No afecta a lo que “hace” –películas, representación de papeles dramáticos-, sino a lo que “es”. No es la suya una genialidad profesional, sino “personal”. Por esto nos da casi lo mismo cómo sea la película, qué pase en ella, que actores la acompañen. Si la viéramos durante un par de horas ajetrearse en los menesteres de la casa, vagar por las calles de una ciudad, esperar en una estación, nos produciría el mismo placer. La genialidad de Greta Garbo es una “genialidad de ser”, y lo que es, por supuesto, es una mujer. Es, pues, una forma genial de feminidad.

Esto es más grave de lo que parece. Estamos acostumbrados a entender que un “genio” lo es por alguna destreza o ejercicio: un pintor genial, un escritor genial, un pensador genial, un político genial; es decir, hombres que pintan, escriben o gobiernan genialmente. Pero todo esto es relativamente adjetivo y secundario. ¿Y los hombres que ‘son’ genialmente? Es decir, que son “hombres”, “personas” –varones o mujeres- de una manera genial. Un fondo de “utilitarismo” radical nos ha llevado a olvidar lo que más importa, a hacer recaer nuestra estimación, nuestra admiración, sobre aspectos derivados, todo lo ilustres que se quiera, de la “realidad” humana, desentendiéndonos de ésta misma.

¿Será entonces accidental y sin importancia que Greta Garbo sea una actriz? En modo alguno, porque su condición de tal permite algo esencial y decisivo: “la genialidad manifiesta”. Greta Garbo, mujer genial, gracias a ser tan gran actriz lo es para nosotros, nos es genial, nos hace visible –a todos los millones de espectadores- esa condición que las demás mujeres, aunque la posean, sólo pueden revelar y hacer patente en la intimidad del trato, a algunos pocos individuos. No es sólo claro está, que aparezca en la pantalla, es que su cualidad de actriz significa la capacidad de ‘expresar su genialidad’, de “interpretarla” y así hacerla comunicable. Decía Platón que la belleza es patente y manifiesta como no lo son otras realidades –la inteligencia o la bondad, por ejemplo-,. Y ésta es la función que tiene la belleza de Greta Garbo, sobre la que tanto se ha discutido. Desde el principio me pareció muy alta, aunque no consistente en elementos puramente físicos y, por tanto, “no constante”, no “permanente”; la palabra que se me ocurría cada vez que la veía, y que ahora me ha vuelto al pensamiento es ‘transfiguración’. Y eso es siempre la belleza de la mujer como tal: la mujer se transfigura cada vez que su feminidad se pone de manifiesto, y empieza maravillosamente a irradiar. Esto es íntegramente Greta Garbo.

Lo cual muestra –y vale la pena retenerlo- que lo decisivo es el rostro. Greta es un rostro –persona- en que transparece y se manifiesta quien es, su vida entera, la vida de los personajes que ‘encarna’, aquellos a quienes presta su carne animada para que sean y se hagan visibles ante nosotros. Estamos en una época en que el cuerpo –no todo él, sino del cuello para abajo- ha ocupado el primer plano; tiene evidente interés, y es bueno que no se olvide; pero es urgente restablecer la jerarquía justa y no olvidar que el cuerpo es siempre ‘de alguien’, y ese alguien es, en cuanto lo conocemos, el rostro que expresa su sentido. “La cara –se suele decir es el espejo del alma”. Yo creo que la cara ‘es el alma visible’, el alma manifiesta. Gracias a ese rostro que acaba de asomarse de nuevo a nuestras pantallas, a sonreir, a dudar, a mirar con incredulidad, a desesperar, a amar, a ensimismarse, a morir, podemos asistir, con pretexto de Margarita Gautier, a la vida de esa mujer llamada Greta Garbo.

(Nota. Esta crónica fue publicada originalmente el 16 de junio de 1962 y se encuentra recopilada en el libro “Visto y no visto” de Julián Marías, editado por Guadarrama en 1970. La publicamos en este sitio como parte de los textos de crítica perdurable que consideramos, siguen conservando su vigencia).

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2 comentarios en “Una mujer llamada Greta Garbo”

  1. manu D dice:

    Precioso texto. Desde luego que fue y sigue siendo una actriz única.

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  2. GretaGarbo todo un Icono yo la vi en LaDama de las Camelias sienda yo una niña de apenas 10 años. su imagen quedó grabada en mi alma para siempre.

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