Pedro Infante: el misterio de su permanencia

Escrito por on dic 8th, 2008 y archivado en Actores y Actrices. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

México, D. F. Diciembre de 2008. Hace unos años, en una tarde de copas un amigo mío, profesionista y funcionario público responsable y sensato, me platicó que durante un viaje a Lima, Perú, conoció a un anciano con el que entabló una interesante conversación. El viejo, arrugado y taciturno, le platicó que él era Pedro Infante (1917-1957), que había sobrevivido al accidente aéreo del 15 de abril de 1957 en la ciudad de Mérida, pero que como quedó tan desfigurado por las quemaduras en el cuerpo, prefirió ocultarse del público que lo idolatraba.

Fueron inútiles los reparos y argumentaciones que le opusimos a esta versión tan descabellada, el testimoniante insistió una y otra vez en la veracidad de su relato. Para él su interlocutor en la capital andina era sin duda alguna, el prócer mexicano amargado y solitario. Cabe agregar que mi amigo no estaba borracho y que al momento de la charla, se conservaba lúcido y como dicen los notarios, en pleno goce de sus facultades mentales.

Lo contradice otro amigo mío, ya muy mayor de edad que fue íntimo amigo del sinaloense y residía entonces y hoy en la isla de Cozumel y estaba entonces, muy vinculado al mundo de la aviación. Fue de los primeros en enterarse de la tragedia por encontrarse por esos días en Mérida y es más, el día anterior a la tragedia comió o cenó –no me acuerdo- con el difunto artista. Nos platicó, hace un par de años, que después del accidente, al entrar a las instalaciones de una dependencia oficial, en un patio estaba un bulto y sus huéspedes le declararon que esos eran los restos de Infante. Se trataba de la caja del tórax, que fue lo único más o menos completo que quedó de los restos del fornido artista mexicano. Esta versión contradice la fábula relatada en los párrafos anteriores.

Durante mi infancia y adolescencia, el cine y los discos de Pedro Infante fueron parte de nuestra formación cultural ya que aparecía con frecuencia en la radio y en la incipiente televisión. Recuerdo que con motivo de un huracán que arrasó Tampico, Infante protagonizó un maratón televisivo –el primero que hubo- por el que se recaudaron fondos para reparar los estragos del meteoro. Ignoro si en aquél puerto tamaulipeco hay algún monumento o placa que recuerde este acto filantrópico, lanzado de una manera auténtica y desinteresada.

El caso es que recuerdo con nitidez que aquél 15 de abril de 1957, a bordo del autobús que me trasladaba de la escuela secundaria a mi casa, varios pasajeros leían con avidez la prensa de mediodía que daba cuenta con grandes titulares y alguna foto en gran formato, del accidente en el que había perdido la vida el ídolo oriundo de Mazatlán. A partir de ese momento, el radio y los pocos canales de televisión se encadenaron de manera permanente para dar cuenta tanto del accidente, como de las incidencias relacionadas con el largo funeral. Los restos fueron trasladados de Yucatán a la ciudad de México, hubo guardias solemnes en el teatro de la ANDA. Miles de personas humildes desfilaron ante el féretro junto a artistas y figuras conocidas – Canrtinflas, María Félix, etc. El cortejo fúnebre salió al panteón Jardín con una descubierta de motociclistas de la Dirección de Tránsito, en donde lo veneraban después de la filmación de dos películas (“ATM” y “¿Qué te ha dado esa Mujer?”)en las que interpretó junto a Luis Aguilar, a un agente de la corporación tripulando él mismo su motocicleta en la que realizó acrobacias arriesgadas.

Después del duelo, la prensa continuó alimentando el morbo popular con los entresijos de los problemas entre sus múltiples viudas, la herencia y otros escándalos por el estilo.

Durante los años sucesivos, con frecuencia aparecían reales o supuestos hijos del desaparecido que incursionaban con suerte desigual en el ámbito de la farándula artística. También cada cierto tiempo se publicaba algún periódico con un alarmista titular: “PEDRO INFANTE VIVE” para continuar la nota en la parte inferior de la plana o en los interiores, con la muletilla: “En el corazón de los mexicanos”.

LA VENERACIÓN DE LOS JOVENES

Mucho después, me sorprendí al advertir que Alberto, el menor de mis hermanos, crecido en la era del rocanrol y sus derivaciones, ya en plena década de los años 70 del siglo pasado, fuera un fanático exacerbado de Pedro Infante y que tuviera una abundante colección de sus discos cuyas canciones se sabía y entonaba con frecuencia. Luego advertí que muchos otros jóvenes de esa generación y de las posteriores, también veneraban de alguna forma a una figura desaparecida mucho tiempo antes de que ellos nacieran.

Por primera vez se daba un hecho singular. Nosotros, en los años 50, no nos habíamos contagiado con el Can-Can, el Mambo o el Cha-Cha-Cha que tuvieron su mejor momento antes de nuestra época, mientras que los jóvenes posteriores a nosotros podían asimilar el gusto por los Beatles o los Rolling Stones, con una devoción hacia Pedro Infante, su música ranchera o urbana y sus películas.

Es cierto que en Infante concurrieron una serie de atributos personales que encontraron en los medios de comunicación: cine, radio y televisión, los vehículos adecuados para impactar a millones de seres con los que llegó a entrar en un entendimiento profundo, por medio de ese algo inasible que llamamos carisma.

Pero para entender a Infante tenemos que ubicarlo en su época, en el México de la Segunda Guerra Mundial y de la posguerra que es en la que surge. Son los tiempos de la llamada Época de Oro del Cine Mexicano, una era por cierto, que se dio en las primeras décadas de vida del cine, cuando ciertamente, llegó a convertirse en una de las fuentes principales de exportación de la economía nacional.

Como en los accidentes de aviación, en los fenómenos sociales concurren siempre en un mismo momento, diversas cadenas de hechos y acontecimientos en los que también cuenta el azar, así, en esa época coincidieron una serie de factores que dieron el resultado que todos conocemos.

LA ÉPOCA DE ORO

En primer lugar, por esos años habían llegado a México numerosos intelectuales republicanos españoles que venían huyendo de la llamada Guerra Civil de su país. Fueron rechazados por un obtuso nacionalismo que les cerró las puertas de las instituciones académicas cubanas y vinieron a nutrir las de un México que todavía se debatía entre un abundante grupo de población campesina y miserable consumidora de pulque, y unas ciudades que apenas comenzaban a despertar.

Algunos de estos inmigrantes, encontraron cobijo en el cine que despuntaba para el que adaptaron muchas obras del teatro español y las convirtieron en libretos de películas mexicanas, incorporándoles suficientes toques nacionales que ocultaran su singular origen.

Por otra parte, los Estados Unidos, a partir del invierno de 1941 se involucraron en la Segunda Guerra Mundial y su industria fílmica tuvo que comprometerse en labores de propaganda bélica, de tal suerte que dejaron sin atender al público de habla hispana que habitaba en su territorio, como al que pertenecía a América Latina y España, los cuales pronto se convirtieron en mercados cautivos de la pujante cinematográfica mexicana.

Adicionalmente, alentados por la ya boyante XEW, miles de provincianos y capitalinos se congregaron en el Distrito Federal con ansias de darse a conocer por medio de la radio, y fue así que entre las filas de esos artistas en ciernes, destacaron muchos – cantantes y actores serios y cómicos- que pronto mostrarían su talento natural por medio del cine. Ello se dio con un coincidente surgimiento de músicos que encontraron rápida fama en la radio, el cine y luego en la televisión.

En este auge de los medios masivos de comunicación dedicados al entretenimiento, se dio la aparición de Pedro Infante, un tipo ignorante, simpático, histriónico y con un poderoso carisma, que encontró la manera de interpretar una gran diversidad de tipos mexicanos con entusiasta acogida en el gusto popular. Su personalidad sencilla y sus desplantes populacheros, le ganaron inmensa simpatía en los públicos del subcontinente, particularmente entre el elemento femenino.

En lo personal, ganaba mucho dinero y así lo derrochaba. A sus mujeres consentidas les compraba casas y él usaba carros de lujo. Era tal su prisa por obtener dinero, que pactó con su disquera que le pagaran cifras elevadas fijas por cada grabación, cediéndole los derechos de intérprete a la empresa –la Peerles- la cual –se decía- mucho tiempo se sostuvo con los ingresos que se derivaron de ese contrato cuando ya se había retirado del negocio de la grabación

INFANTE EN LA MAREA DEL TRÁNSITO CAMPO-CIUDAD

Infante transitó con igual fortuna en la comedia ranchera o en el melodrama urbano, interpretando a uno de los rancheros ‘Tres García’ o al legendario ‘Pepe el Toro’, el más relevante de los lúmpens, a infortunados desempleados víctimas de las circunstancias, a un mecánico ligador como en “El Inocente”, al compositor Juventino Rosas –“Sobre las Olas”- y hasta a un burgués con bisoñé en “Escuela de Rateros”.

Entre mediados de los años 30 y los 50s, se operó en México un proceso de intensa urbanización durante la cual el campo comenzó a despoblarse y las periferias urbanas se poblaron con millones de inmigrantes marginados. En este tránsito pervivieron simultáneamente en la gran ciudad, que se ruralizaba, la nostalgia por el campo –el paraíso perdido- y la ciudad pecaminosa que se tragaba la inocencia de los buenos campiranos. La identidad de esta población en movimiento se encontraba extraviada: Los padres tradicionales y conservadores, veían con azoro cómo sus hijas jóvenes y adolescentes empezaban a frecuentar centros nocturnos, salían con pachucos envaselinados –muchos de ellos villanos que las embarazaban y abandonaban; se convertían en cabareteras para sostener a los hermanos menores que eran estudiantes pobres.

Era el clímax de las películas de gángsters y cabareteras –Amalia Aguilar, Meche Barba, las cubanas María Antonieta Pons, Ninón Sevilla y Rosita Fornés- y también de los aristócratas que encabezaba don Fernando Soler con sus mansiones en las Lomas de Chapultepec, y del ridículo ranchero provinciano don Joaquín Pardavé.

Mientras Jorge Negrete fue siempre el Charro Cantor, el registro de Pedro Infante fue mucho más amplio, porque lo mismo encarnó tipos rurales como en la serie de “Los Tres García”, como el amplio repertorio urbano que lo inmortalizó. Su faceta de cantante vino a reforzar – o viceversa- su presencia cinematográfica.

Si la muerte de Jorge Negrete por enfermedad, ocurrida el 5 de diciembre de 1953 fue una conmoción, sobre todo por sus tormentosos amores con Gloria Marín y con María Félix, la de Pedro Infante derivada de un accidente de aviación, fue todo un golpe de orfandad que mutiló los asideros espirituales de la gran masa, que se encontraba en medio del tránsito de la marginalidad hacia la clase media, y desprendiéndose de sus pieles campesinas para vestir el traje de habitante citadino.

LA PERSISTENCIA DEL MISTERIO

A la luz de estos antecedentes, es fácil intuir la correspondencia entre las calidades histriónicas de Infante y la sociedad agrariourbana de su tiempo y la profundidad con la que su figura penetró en lo que ahora se llama el imaginario colectivo. Se entiende entonces, la devoción e idolatría con las que los diversos públicos lo veneraron, pero lo que no resulta claro es por qué este culto se mantiene hasta nuestros días cuando el campo ha perdido toda relevancia y el grueso de la población se inserta en las modas impuestas por la globalización, los jóvenes viven apasionados por el fútbol y la música de Madonna.

Y es que tal vez, Pedro Infante como producto cultural, con sus canciones y su simpatía – “amorcito corazón, turururú”- su sonrisa franca y su camiseta rayada y sus múltiples sombreros, rozó alguna vibra del profundo y permanente espíritu de lo mexicano, y ello explica su permanencia a los largo de los años.

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Pedro Infante: el misterio de su permanencia, 9.7 out of 10 based on 3 ratings

6 comentarios en “Pedro Infante: el misterio de su permanencia”

  1. FEDERICO MARRON dice:

    NO ME SORPRENDE LA EXCELENCIA DEL REPORTAJE, LO QUE ME SORPRENDE ES QUE NOS HAYA PRIVADO DE ESTAS ILUSTRACIONES Y DE ANÉCDOTAS QUE HAN SIDO OBJETO DE LA FINA, SARCÁSTICA Y HUMORÍSTICA PLUMA DE DON GILBERTO CALDERÓN. EN ESPERA DE LO QUE SIGUE.SALUDOS

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  2. ZAMORANO dice:

    Hola muy agradable lo escrito anteriormente aqui para los que no conociamos la historia de nuestro artista Pedro Infante, me agrada que todavía se recuerde una leyenda de esta categoria y que redacten su historia, anecdotas etc., soy de Pánuco, Veracruz FELICIDADES por esta nota interesante un saludo cordial para Usted que lo escribió.

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  3. Gilberto Calderón Romo dice:

    Doña Olivia Zamorano: Muchas gracias por sus letras. En este portal hay más artículos sobre don Pedro Infante. Saludos G.

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  4. de maria venezuela dice:

    ojala dios le hubiece permitido vivir hasta este tiempo como a otros artistas ej, enesto alonso tony aguilar y demas, por que entonces si es verdad que de 92 años que tuvira seguiria siendo el idolo de todos los tiempos jamas habra alguien como el. MI gran pedro infante

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  5. Gilberto Calderón Romo dice:

    Un factor que engandece a los ídolos es su muerte prematura. En ocasiones,
    el dolor de la ausencia y el recuerdo doloroso -la nostalgia- contibuyen a inmortalizarlos, aunque, claro está, es difíficl explicarse su vigencia en épocas posteriores a la suya cuando ya no tienen un aparato publicitario a su servicio. Ese es un enigma.
    G.

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  6. erika fuentes dice:

    Como pedro infante nunca habra otro se rompio su molde al nacer afortunadas las personas que vivieron esas epocas por oirlo cantar para mi es y sera un idolo muy especial

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