Música y lágrimas: la biografía fílmica de Glenn Miller

Escrito por on dic 4th, 2008 y archivado en Musical, Que ver en TV. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

La biografía fílmica del famoso arreglista y director de orquesta Glenn Millar “Música y lágrimas” (The Glenn Millar story, 1954) con James Stewart en el rol de Glenn Millar y June Allyson como su esposa Helen, ha sido considerada, con las debidas reservas, como una de los mejores biopics realizados en Hollywood, más que nada por la excelente dirección de Anthony Mann, quién de manera habilidosa logró sortear los “peligros” melodramáticos a que lo sometía la alimbracada visión idílica con que Hollywood presentaba la vida de famosos personajes del ambiente musical en aquellos años, como resultó la biografía de Cole Porter en “Noche y día” (Night and day, 1945), en la cual para no tener líos con la censura, se hizo un absoluto silencio sobre la homosexualidad del compositor, al grado de que poco faltó para que lo presentaran como un mujeriego o, para que hablar de las versiones de las vidas de compositores clásicos como Liszt, Chopin o Wagner, que nunca trascienden la visión de personaje inolvidable, al estilo del Selecciones de Readers Digest..

Claro esta que Mann no pudo sustraerse del todo de la cursilería en “Música y lágrimas”; pero está manejada con tal discreción que una nueva visión de esta película se ve gozosamente como un buen viaje a la nostalgia, sobre todo por la presencia en “Música y lagrimas” de excelentes músicos como Louis Armstrong, Gene Kurpa y Ben Pollack, entre otros, los cuales hacen gala de sus habilidades musicales, en una sensacional secuencia de poco más de ocho minutos de duración, en la cual cada uno de ellos hace una serie de “solos” para beneplácito de los aficionados al jazz.

Gene Krupa, Louis Armnstrong y James Stewart en “Música y lágrimas”

Como es obvio suponer la cinta está salpicada de la música de Glenn Millar pudiendo escuchar piezas como “Tuxedo Junction”; “Collar de Perlas”, “Pennsilvania 6-5000”, “Serenata de plenilunio” y “Jarrito pardo” que hacen las delicias de los melómanos o, por lo menos, de alguna parte de ellos, pues no hay que olvidar que Glenn Millar esta considerado como uno de los “fresas” del jazz “blanco”.

La biografía fílmica se hace eco de esa concepción de Glenn Millar y nos lo presenta siempre como el típico buen ciudadano norteamericano ejemplar, sobre todo en la parte final cuando Millar se alista en el ejército, para llevar entretenimiento a las tropas americanas durante la Segunda Guerra Mundial. Según algunos biógrafos del músico la versión fílmica falsea su idílica relación con su esposa Helen, pero eso forma parte de la leyenda tejida en torno al compositor, pues inclusive también hay una versión de que Millar realmente murió en un burdel alemán, apuñalado por una prostituta. Otros que aceleró su viaje a París, para ir al encuentro de una amante que tenía en esa ciudad, recién liberada, pero nada de esto se toca en el film, que es al final de cuentas, una biografía políticamente correcta. .

“Música y lágrimas” al igual que el 99% de las biografías cae en la trampa de la premonición y desde la primera escena no falta el tipo que esté muy seguro de que Glenn Millar triunfará, llevándose es esto las palmas la abnegada esposa de Miller, quién como toda mujer que se respete, de antes de la liberación femenina, siempre está puesta para apoyar a su marido y jugar el interesante rol de “segunda de a bordo””, pues ya sabemos que detrás de cada gran hombre está una gran mujer, etc.

Por su parte Quim Casas en un amplio ensayo sobre la obra de Anthony Mann titulado “Mann: Itinerarios de violencia y tragedia”, publicado en la revista Dirigido, en tres partes en los números 265, 266 y 267, en el apartado sobre la cinta que nos ocupa, nos señala: “No están entre lo más representativo de Mann sus dos aportaciones al musical de los años cincuenta. En una beneficiada de un personaje agradecido –el compositor, arreglista y trombonista Glenn Millar-, de un actor con el que se entendía –James Stewart-, de un estilo suave, tendente a la comedia y de la política de un estudio en el que Mann se sentía cómodo -Universal- el conjunto ofrecer cierta solidez y se rastrean logros aislados. (…) En “Música y lágrimas” Mann se mostró interesado, según sus propias palabras, en dramatizar un sonido, el de los arreglos de Millar para los instrumentos de viento. La película sobre la vida de Glenn Millar está planteada de forma muy coherente. Los colores apastelados, por ejemplo, son más acordes con la sofisticación melódica del músico que con la época en que se desarrolla el relato. En la imagen inicial del film vemos en primer plano un trombón colocado en el escaparte de una tienda de empeños de Los Angeles; se oyen las notas características de este instrumento, tocado con sordina, y en el exterior, al fondo del encuadre, aparece Millar diwspuesto a desempeñar por enésima vez el instrumento. El trombón se asocia desde entonces a la figura de Millar: nunca lo dejará de tocar en el escenario, aunque sus más íntimos le recomienden que deje de hacerlo para dedicarse exclusivamente a los arreglos”.

June Allyson y James Stewart en “Música y lágrimas”

“Mann consigue filmar ese sonido, como Bergman, Bresson y Duras filmaron el silencio. Adhiere la sonoridad a cada uno de los planos de la película, sea cual sea su valaoración dramática. Los entonces innovadores arreglos de Millar, consistentes en adaptar la partitura a cada instrumento por separado, se convierten en el elemento que hace avanzar el relato. Es lo que le importaba a Mann, más allá incluso de la definición de una época y el dibujo biográfico característico de este tipo de productos. Ahí reside el interés de ‘Música y lágrimas’, film que cuenta también con espléndidas soluciones visuales que contrarrestan sus evidentes convenciones –no puede faltar la ‘jam session’, con Louis Armnstrong, Gene Krupa y el saxo Babe Russin, ni la exaltación del espíritu típicamente americano de la música de Millar, que produce en un militar la sesación de estar como en casa-. Veamos dos ejemplos”.

“1. Helen (June Allyson), futura esposa de Millar, se define al principio como una persona práctica y nada romántica que no puede amar a un nómada como Glenn, ya que ella desea orden y bienestar. Consecuentemente con esta definición del personaje, Mann recoge su descenso por las escaleras cuando suena el teléfono con una panorámica en plano general, y repite exacta ubicación y movimiento en la escena inmediatamente posterior, cuando baja arreglada dispuesta a encontrarse con Glenn: filmación de la rutina. Dos años después, Millar vuelve a llamarla por teléfono desde Nueva Cork para pedirle que se case con él. El encuadre varía, es lateral y mucho más cerrado: filmación de una ruptura en la ordenada vida doméstica de Helen”.

“2. Millar muere en accidente aéreo. Mann tiene el gran detalle de no mostrar un plano de la esposa al recibir la noticia. El general que le comunica la tragedia comenta que quiere llamarla personalmente, y el siguiente plano muestra a Helen y los suyos esperando la emisión de su último concierto por la radio, sabedores ya de la muerte del músico. El momento álgido de dicha emisión, sobre un primer plano de June Allyson, tiene aún más fuerza gracias a la omisión del plano en que la mujer se ha enterado de la tragedia”.

“Música y lágrimas” puede ser considerada ya como todo un clásico de la nostalgia fresa y es posible encontrarla en DVD o bien disfrutar de ella en el canal Retro de televisión, en que será proyectada el próximo sábado 6 a las 11.00 hrs. (tiempo de México) y el jueves 11 a las 10.00 hrs.

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