México, D. F. Noviembre de 2008. Los cómics comenzaron siendo fuente de inspiración para series de televisión en los años cincuenta, y continuaron con éxito durante los 60. Un segmento importante se apoyó en dos elementos fundamentales: la ciencia ficción o la simple fantasía, pese a que entonces, los efectos especiales eran muy rudimentarios y nadie les daba crédito. Por ejemplo, cuando el joven Supermán tenía que volar, era sustituido por un dibujo animado o por un montaje de muy precaria manifactura. En estas notas, dejaremos de lado las series de aventuras que tuvieron un corte realista como: Lassie, las series de vaqueros, Tarzán, etc.
Los cómics llenaron los aparadores de los puestos de periódicos y muy pronto fue natural encontrarlos junto a los diarios. Los hubo con matriz en los Estados Unidos, junto a decenas de títulos nacionales que pronto fueron robustecidos con las fotonovelas que abordaban tanto tópicos sentimentales como crímenes espeluznantes. Habría que destacar dentro de la producción nacional, sagas tan entrañables como las de los personajes de la lucha libre, Chanoc, los gráficos de Yolanda Vargas Dulché o la Familia Burrón, pero esos son harina de otro costal.
Con el paso de los años y dada su persistencia, los cómics fueron elevados a la categoría de productos culturales y capturaron la atención de los medios académicos y científicos, que comenzaron a hacerlos objetos de estudio. Así, se les atribuyeron intenciones ideológicas de reforzamiento del capitalismo, se les encontraron patrones sicológicos a sus personajes y, en tal virtud, fueron sicoanalizados, a la vez que otro segmento de analistas derivó en la formación de una o varias especialidades autónomas, que se proponen el análisis a partir de categorías específicas y propias del medio.
Al margen de estos afanes, el común de la gente los seguimos disfrutando como simples medios de entretenimiento.

George Reeves como Superman
Los cómics fantásticos se beneficiaron con los avances tecnológicos en el cine y los cineastas partidarios del género, se entusiasmaron con las posibilidades que este coctel les ofrecía. Flash Gordón que ya había conocido una versión en 1936, tuvo en 1980 una reelaboración desarrollada por Mike Hodges en la que participaron Ornella Mutti, Max von Sidow, Topol y un muy joven Timothy Dalton. En esta cinta se hace un derroche de colorido, un vestuario de fantasía, se luce la belleza de la Mutti y hay escenas heredadas de las películas de monstruos, pero se conserva en toda su pureza la narrativa original de las aventuras en papel. La banda acústica, por cierto, se debió al grupo Queen.
En esa época empezó la muy deslumbrante serie Star Wars de George Lucas, pero esta fue cinematográfica desde el principio.
En 1978 se estrenó Supermán de Richard Donner con un reparto de lujo integrado por Marlon Brando, Gene Hackman, Christopher Reeve y Glenn Ford, que vendría a fijar algunos de los paradigmas del género recogiendo los elementos fundamentales de la historieta de papel. El público se asombraba viendo en la pantalla y enriquecidos con un enorme arsenal de imágenes y efectos especiales, los datos que antes había recogido en los cuadritos de la revista. Donner rescató y desplegó un elemento que habría de prevalecer en algunas de las películas iniciales del género: la picardía, el buen humor y la simpatía de los héroes. La sonrisa de Christopher Reeve fue en elemento inolvidable que sus fans intentaron superponer a su rostro dolorido, después del accidente hípico que le costó la parálisis y la vida años después.

Ornella Mutti en "Flash Gordon"
Mientras Brando es un Jor- El monumental, Gene Hackman logra un Luthor malvado y pícaro que dota al cómic original de una ensalada de humor que se inmortaliza en la cinta.
Ya para cuando se anunció el estreno de Batman (Tim Burton) en 1989, habían transcurrido varios Supermanes y el público esperaba con ansía esta nueva versión de un tópico que ya había rodado varios años en la TV y de lo cual lo más rescatable fue la expresión gráfica de las onomatopeyas que aparecían en medio de los combates a mano limpia: ¡ZAC! ¡POW! ¡CRASH!, etc.
En este primer Batman se lucieron Michael Keaton (Pese a su corta estatura), Jack Nicholson y Kim Bassinger. La historia conserva los elementos bizarros del original magnificados por la superpantalla, el sonido digital y los efectos especiales.
Los mismos ingredientes se repitieron recargados en Batman Returns (1992), otra vez con Tim Burton en el megáfono y Michael Keaton bajo la capa y la armadura del Hombre Murciélago, acompañados esta vez por Danny de Vito, Michelle Pfeiffer (Una deliciosa Gatúbela) y Christopher Walken en el papel de un villano estereotipado pero simpático al fin y al cabo, dentro de su maldad de cómic.
Joel Schumacher en Batman Forever (1995) respetó los ingredientes del género con Val Kilmer, Tommy Lee Jones, Jim Carrey, Nicole Kidman y Chriss O´Donell, si bien se permitió introducir aquí el elemento de la seducción y el romance haciendo que Batman cayera en los brazos de una gélida Nicole Kidman
El mismo Joel Schumacher en Batman y Robin (1997) repitió la fórmula al dirigir en el mismo ritmo de aventuras dinámicas a George Clooney, Chris O’Donell, Uma Thurman y la jovial Alicia Silverstone.
En todas estas cintas prevaleció el regocijo por deslumbrar al auditorio con escenas cada vez más atrevidas, con personajes que competían en ingenio por plantear los enigmas más enrevesados conforme a su especialidad, y por ingresar a los fines de entretenimiento los avances de la ciencia cinematográfica, además de actores reconocidos que exhibían su masculinidad y su belleza en el caso de las damas, frente al talante grotesco de sus antagonistas.
Pero este bello mundo en el estilo Disneylandia no pudo durar. Tuvo que venir el siniestro inglés Christopher Nolan para darle un viraje a la saga, convirtiéndola en un objeto de sicoanálisis, en un muestrario de traumas esquizofrénicos y en una espiral de violencia en el que los buenos se pervierten y ceden su lugar a enemigos que dejan atrás el humor para quedarse como depositarios de cargas acumuladas de maldad, así sea que se pinten el rostro de payasos.
Nolan quiere en Batman Begins (2005) con Christian Bale, Michael Caine, Liam Neeson, Katie Holmes y Gary Oldman, explicarnos el origen del Hombre Murciélago y las secuelas que la muerte violenta de sus padres le dejaron y en este afán sicoanalista, sacrificó en aras del academicismo, los valores de buen humor y de simple relato de aventuras, que tuvieron sus antecedentes.
El mismo Nolan continuó con el retorcimiento en The Dark Knight (2008). Christian Bale repite en el papel de Batman con Michael Caine como Alfredo. Heath Ledger (+) hace su último papel como el Joker, y también actúan Aaron Eckhart, Gary Oldman y Morgan Freeman. Renglón aparte merece Maggie Gylenhaal que desempeña el rol de dama joven enamorada ambiguamente de Batman y del Fiscal. Su singularidad radica en que por primera vez, le asignan el papel femenino principal a una muchacha que ha batallado en el cine demostrando facilidad dramática, pero que está lejos de cubrir los parámetros de belleza que el cine de Hollywood suele privilegiar.
En el filme, el director Nolan se muestra confiado en que tiene todas las canicas a su alcance y disfruta de la confianza de los productores, para estirar hasta el imposible, las artimañas del Jocker que llevan al heroico fiscal a convertirse en un villano mutilado (Dos Caras) y al antes nobilísimo Batman, a ejercitar actos de violencia y a pensar en el retiro.
La insanía mental, la esquizofrenia, sustituyen de plano al pudoroso sentido del honor y del humor de las cintas iniciales, y nos entregan (a) un cúmulo de enfermos que nos ofrecen la gala de sus deformaciones. Quizá se nos quiere decir que formamos parte de una comunidad que ha perdido los asideros con la salud o se pretende prevenirnos de su pronto arribo, o bien, simplemente, el director y guionista Christopher Nolan es en realidad otro de los perversos enemigos de la Batmanía, que se ha apoderado del script y nos trata de inducir en un nuevo culto, el opuesto al candor que Batman llegó a representar en un principio.
Que tal Don Gilberto.
Fíjese que no concuerdo del todo con su apreciación sobre Batman, sobre todo la que se rescata en las últimas líneas. Si bien es cierto que, como un personaje que ha pasado de mano en mano desde hace más de 60 años, Batman ha tenido diversas interpretaciones, el superhéroe del candor y la nobleza es por mucho la menos consistente en su historia como personaje. Batman nace como un detective del pulp, con la connotación que los gringos le dan a la palabra “vigilante”, y como tal tenía más cercanía con la Araña y la Sombra que con Supermán, ese sí, el símbolo de lo bueno y lo noble donde lo haya. Fuera del período “camp”, propiciado principalmente por el código de los cómics y “la seducción del inocente” del Dr. Wertham, Batman siempre ha sido proclive a la violencia y a la intimidación (por eso eligió ser un murciélago) y sus villanos siempre han destacado por su inestabilidad mental. Supermán batalla contra los megalómanos, Flash contra los ladrones callejeros (con superpoderes, claro), Linterna Verde contra alienígenas invasores, Batman contra los psicópatas.
Así que el tono violento y depresivo del caballero oscuro de Nolan, es bastante fiel a la representación del personaje del cómic, sobre todo si tomamos como referencia su historia desde los años 80 a la fecha, con los trabajos de Alan Moore (el de V de Vendetta), Frank Miller (el de Sin City) y en cierta medida de Denny O’Neil.
Saludos.
Muy distinguido don Darío:
Reconozco su erudición en la materia, algo notable y que se agradece. Desde luego no estoy capacitado para intentar un análisis tan dedicado y documentado como el suyo. Mi comparación pretende remitirse a las primeras películas de Batman con las dos últimas. Si bien los enemigos de Batman aún en éstas acusan rasgos sicopáticos, a mi me recordaron más a las grotescas figuras que salieron en el Dick Tracy de Warren Beaty y a su agilidad narrativa sin mayores pretensiones y al toque incentón del Cómic. Escarbar en cintas como SIn City, los dos últimos Batmanes, en el cine de Tarantino y su “pérfido” seguidor Robert Rodríguez o su equivalente femenino Asia Argento, es entrar en pantanos más oscuros que la Baticueva.
Independientemente de las razones profundas que subyacen en el personaje -terreno en el que no me aventuro- desde su larga genealogía, que desconozco y limitándome a estos cinco filmes, me parece que las primeras tienen cierto candor y que las dos últimas, parecen ideadas por los adversarios del murciélago. En todo caso, las primeras fueron ideadas en mi concepto para el disfrute de un público juvenil e infantil y las dos últimas para auditorios más entrenados en la siquiatría y sus vericuetos.
En última instancia, las películas tienen la virtud de que cada uno ve una película distinta y en ello cuenta la información preliminar, los gustos, la capacidad perceptiva, los prejuicios y las taras mentales de cada espectador. Eso es lo hermoso de esta forma de comunicación y de disfrute. Le agradezco sus instructivos comentarios y le seguiré leyendo en las hospitalarias páginas del inefable don Gus.
Muchas gracias
G