EL CHE GUEVARA DE SODERBERGH: El Argentino Y Guerrilla

Escrito por on nov 17th, 2008 y archivado en Directores. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Una película descafeinada

EL CHE GUEVARA DE SODERBERGH

Las películas El Argentino y Guerrilla forman una duología que Steven Soderbergh (1963- ) dedico a las hazañas del doctor Ernesto Che Guevara de la Serna a partir de su participación en la Revolución cubana. La primera de ellas decepciona por razones imputables al público, a la cinta y al director.

Por lo que hace a lo primero, aceptemos que el nombre del Che Guevara concita en los diversos auditorios, los prejuicios y las expectativas más variadas. Habrá quienes acudan a ver el filme con le esperanza de que en la pantalla se les sirva un platillo aderezado con las salsas del héroe muy en el estilo de las biopics usuales en Hollywood: El guerrillero inmortal que cantan las canciones, el guapo con su puro y sus volutas de humo, su mirada extraviada en la eternidad; el personaje que tenía los libros del poeta León Felipe en la cabecera de su cama o en la hamaca, o el soñador romántico que desafió a la Unión Soviética y escribió el texto El Socialismo y el Hombre en Cuba, en el que planteaba con detalle la tesis de la creación del Hombre Nuevo.

En el lado contrario de la cancha, los antagonistas esperarían que en el filme apareciera el Che en su oficina de la fortaleza de La Cabaña, mientras entra por la ventana el estampido de las ráfagas con las que eran fusilados decenas de cubanos por órdenes del comandante, sin mayor formalidad jurídica, al tiempo que ante él humeaba una vasija de yerba mate.

El Che Guevara y Benicio del Toro

En lo que respecta a la segunda hipótesis, a las responsabilidades atribuibles al filme y a su creador, hay que reconocer que es realmente difícil atreverse con un tema tan controvertido. Soderbergh optó por un camino cuidadoso en el par de trabajos que le dedicó al personaje (El Argentino y Guerrilla) que le valieron el Palmarés a Benicio del Toro en Cannes y al director la nominación para el premio, que finalmente no obtuvo. En busca del justo medio –como Aristóteles- extravió el sendero y vino a quedar mal con tirios y troyanos, ofreciéndonos un producto que –cuando menos en su primera parte- se queda en un relato inocuo de las andanzas del comunista gaucho en la Revolución Cubana.

La lucha guerrillera de Guevara de la Serna -1956-1959- en El Argentino, transcurre cronológicamente a color, interrumpida brevemente por flashbacks y flashforwards en blanco y negro, en los que se muestran escenas de los preparativos de los futuros combatientes en México y de las intervenciones del Che, convertido en representante del gobierno fidelista en los foros de la Organización de las Naciones Unidas y de la Organización de los Estados Americanos.

Las escenas bélicas y los paisajes rurales –con locaciones en España y Puerto Rico- están bien realizadas y llega uno a preguntarse si la película no se hizo en Cuba. Demián Bichir logra un aceptable Fidel Castro y Del Toro convence con su Che.

Hay un cuidado de los guionistas por respetar la historia, patente en la insistencia por retratar la muerte de Roberto Rodríguez El Vaquerito, un joven guerrillero que fue célebre por utilizar botas vaqueras en la Sierra y que se asomó imprudentemente al fuego enemigo en Santa Clara, un día antes del triunfo revolucionario, así como la descripción de otros episodios reales. Curiosamente, al final de la primera película, aparece Rogelio Acevedo que se ha robado un convertible en Las Villas para ir a La Habana a celebrar el triunfo de la Revolución. El Che le ordena detenerse y regresar el auto a sus propietarios. Es posible que con esta anécdota, Soderbergh quiso poner de manifiesto la honradez del argentino, pero a la vez, puso en la picota a Acevedo que ahora es el presidente del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba, un cuadro que entre 1966 y 1968 dirigió campos de concentración (UMAPS) y es un consentido de Fidel y de Raúl Castro.

Demián Bichir como Fidel Castro

Steven Soderbergh tiene una carrera cinematográfica irregular. Deslumbró al mundo en 1989 a los 26 años de edad, con su Sex, Lies and Videotapes, un triángulo amoroso formado por dos hermanas (Andy MacDowell y Laura San Giacomo) y un marido infiel y burgués (James Spader), el cual es roto por la intervención de un tipo (Peter Gallagher) que tenía la manía de filmar las confesiones de damas dispuestas a los relatos sórdidos, garlito en el que caen las dos parientes. Poco después (2000), el director logró un Óscar para Julia Roberts en Erin Brockhovich y realizó Traffic, un aceptable narcodrama, para embarrancarse ulteriormente con la saga de Ocean Eleven que bien podría merecerle el galardón de Los Churros más Abominables.

Con la primera de las dos cintas sobre el Che Guevara, Soderbergh cumplió discretamente presentándonos una serie de actos que concluyen con el triunfo de la Revolución en Cuba. No se atrevió a explicar el contexto nacional o internacional de los hechos en que Guevara intervino, ni intentó valorar el papel del argentino en ellos. De ahí que se requiera ser un experto en el tema para ubicarlos y que el espectador vaya sacando conclusiones por su cuenta. De lo contrario, se limitará a ver transcurrir una sucesión caótica de acontecimientos.

El medio tono tiene empero, una virtud: El que sean cineastas extranjeros los que aborden el tópico, lo esteriliza de tentaciones partidarias y propagandísticas. El Che aparece no como el gigante histórico que sus fans han consagrado en millones de afiches y camisetas, ni tampoco es el ser dubitativo y frustrado que con frecuencia surge de sus diarios en Cuba o en Bolivia, ni encarna al maligno que es para los radicales de Miami. Es más, quien vea la película tampoco se explicará cómo es que ese greñudo de la boina llegó a convertirse en un paradigma de la revolución mundial.

La ausencia de un asunto pasional, acerca a El Argentino al formato de un documental. De haber seguido los cánones de la industria, Soderbergh pudo haber aprovechado el flechazo entre el guerrillero y Aleida Marsh que ocurrió en Las Villas en octubre de 1958, para trazar el drama clásico. La dama en la película cumple más bien un papel decorativo y si aparece es porque no era posible excluirla. Soderbergh elude el tema ya que además, cuando el barbudo conoce a Aleida,-.como el mismo lo dice- está casado con la peruana Hilda Gadea con la que tiene una hija del mismo nombre.

Lo que en definitiva, Soderbergh nos ha presentado – cuando menos por lo que se refiere a la primera parte de la duología- es una película descafeinada, light, insípida, cuya filmación pudo haberse ahorrado sin que alguien hubiera resultado perjudicado, salvo claro, los que devengaron un salario por hacerla.

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7 comentarios en “EL CHE GUEVARA DE SODERBERGH: El Argentino Y Guerrilla”

  1. gabriela Balkey dice:

    excelete pelicula. Lo unico que me parece que falta es el aspecto lirico, poetico del Che. No hay alusion a sus cartas, a las frase hermosas y lapidarias de su diario. Es mas una vision historicista que humana. En Guerrilla aparece algo mas la catadura del personaje sin por ello presentar toda la poesia que dio a luz. Frases como la tan recordada “hay que endurecerse sin perder la ternura jamas” estan fuera de los filmes y es que no parecen encajar en ellos justamente por la ausencia de lirismo con la que esta tratado el presonaje.
    Fuera de ello, una excepcional muestra de buen cine.

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  2. Gilberto Calderón Romo dice:

    Con respecto al comentario de Gabriela Balkey. En efecto, cuando menos en la primera parte de la duología de Soderbergh no hay menciones a la faceta lírica del Che, como tampoco las hay a aspectos controvertidos de su personalidad. Espero a ver la segunda parte para opinar al respecto, pero de antemano hay que tomar en cuenta, que de por sí en casi cinco horas de cine, no se pudo abarcar todo. Probablemente a Soderbergh no le interesa incluir facetas polémicas del personaje, y por eso su film es “descafeinado”, light, una lección de historiografía, una serie de acontecimientos ¡y ya!. Corresponde al auditorio desprender sus propias conclusiones.

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  3. No hay que olvidar que querámoslo o no, Soderbergh y sus parámetros estéticos y profrsionales siguen estando, apuntndo a Hollywood. Es agradecible, sin embargo, que junto con sus patrocinadores y productores, el director haya buscado alejarse, por lo menos, de los reflectores y los referentes de la industria tradicional, con el fin (ese sí muy agradecible) de bajar del pedestal de la estampita y el mito (la fotografía y la camiseta ad nauseam) al hombre de carne y hueso que luchó por ver arrancar, inciarse una revolución que ahí sigue, con sus imperfecciones y desatinos. Agradecible, hasta la victoria, que se nos permita acercarnos, si se quiere en la reconstrucción histórica o historicista, a algunos momentos que nos han dado realidad, a fin de cuentas, como latinoamericanos y como mexicanos. Light, o descafeinada, es acaso nada más una presentación acorde con los mercadotécnicos tiempos de ahora. En todo caso, es rescatable el hecho de que las escenas bélicas nos dejan cer que hay algo m´s que la sucesión plástica de explosiones que vemos a diestra y siniestra en el cine made in USA (o Hecho en la Globalización, para el caso), políticamente correcto o no, y que no nos transmiten, o dejan sentir, que, a veces, la violencia y las armas pueden ser justificadas.

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  4. Gilberto Calderón Romo dice:

    Acertados los comentarios de Federico García. Es de esperarse que en la segunda parte no se puedan abordar múltiples aspectos de la vida del Che, ni su humanismo patente en su ensayo sobre El Socialismo y el Hombre en Cuba y en múltiples iniciativas que pretendió instaurar en la Isla, así como su papel en los fusilamentos en la fortaleza de La Cabaña, el abatimiento de los revolucionarios de corte liberal durante los primeros años, la temprana adhesión y posterior ruptura
    con la Unión Soviética, sus fracasos guerrilleros en el Congo y Bolivia, su distanciamiento de Fidel y la coherencia de su vida y obra. Una existencia de claroscuros -siempre autocrítica- imposible de agotar en una película, tarea que por demás, probablmente no se impuso el director.

    Gracias

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  5. Anndy dice:

    En cuanto al comentario en algunas cosas no estoy de acuerdo ya que al Ché siempre lo han satanizado como un guerrilero asesino y asi es como lo han querido ver asi, pero en esta pelicula muestran lo que otros no hacen, a un Ché disciplinado, recto a sus convicciones y a lo que estaba pasando, un hombre con una vision con una Utopía que hoy día respiramos!

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