La concepción actual de lo que llamamos realidad está ligada estrechamente al concepto de “ser en el mundo” (Dasein) del filósofo Heidegger: la certeza de que todo es comprensible a partir de que lo es por alguien (nosotros mismos) y es la única manera de comprenderla porque nadie más en el mundo del ser humano es capaz de hacerlo, con Espejos siniestros de Alexandre Aja y el coreano Kin Sung Ho parecen contradecir esta idea.
El mundo visto a través de un espejo es algo desconcertante por cuanto para quien lo mira es el mismo en que está situado el observador, incluyéndolo a él mismo; al parecer el humano es el único ser capaz de comprender la otredad del reflejo como una entidad separada de la realidad, los animales reaccionan violentamente ante cualquier espejo, aunque su reflejo en el agua no funcione igual (coloque si no ante un espejo a cualquier cachorro o a un pez peleador de Siam y espere), pero los humanos no estamos exentos de la fascinación de los espejos y para muestra basta la obra de Lewis Carroll.
De la misma forma en que Carrol puso en crisis el sentido común de la sociedad victoriana, Sung Ho se aproxima a la noción de salud y enfermedad que impera en el sentido actual de realidad y gracias a la fantasía confronta las nociones de lo objetivo y su comunicabilidad de sujeto a sujeto, la incapacidad experiencial de establecer clara y unívocamente los límites entre lo saludable y lo enfermo, entre una percepción “correcta” y una anómala, y lo que es peor a través de la interpretación de Kieffer Sutherland (Ben Carson) nos enfrenta a experiencias intransmisibles pero (gracias a la dirección de Aja y los efectos especiales de Charles Adcock) verosímiles aunque increíbles.

Kieffer Sutherland en "Espejos siniestros"
Y es que lo visto en el espejo es materia de interpretación que nos remite nuevamente a quien mira y su percepción mediante el método Gestalt es una forma de que alguien con sospechas de anormalidad en sí se confronte con su propia imagen y al evaluarla establezca concordancia con el mundo en torno, es decir que el reverso de su realidad se transforma en la comprensión de la misma a través de comprender la correcta relación con la conciencia del sujeto.
Poco más o menos es ésta la terapia del Doctor Cane para tratar la esquizofrenia de Anna Esseker (Mary Beth Peil), aunque la forma específica parece exagerada: el reflejo múltiple que se repite hasta muchos infinitos al volver cada vez sobre sí en diferentes ángulos dentro de la caja de espejos, no parece un remedio sino el multiplicador de la enfermedad.
Sin embargo esta parece una referencia a El retrato de Dorian Gray, que en la realidad del seductor victoriano acumula lo negativo de su vida mientras el original mantiene inalterado su exterior, aunque en lo profundo (su psique o su alma, como se prefiera) la corrupción impera; igualmente las imágenes de los espejos asociados al hospital del Dr. Cane (convertido en el centro Comercial Mayflower), solamente que al contrario de cómo sucede con el óleo victoriano el espejo en sí es indestructible, quizá por la infinitud de la imagen que ha recibido, que la confrontación con el sujeto original (Anna Esseker) redunde en la recomposición de la enfermedad para dejar de ser un Mal que sale hacia los demás en cualquier superficie reflejante.
Esta cualidad de lo maligno ofrece al director Aja la oportunidad de convertir en pesadilla el seno del hogar familiar y al desperdicio del agua en una amenaza para la existencia cotidiana, y también una oportunidad para establecer el vínculo de comunicación de lo subjetivo entre Carson y su esposa Amy (Paula Patton), con una extraordinaria secuencia de rescate del hijo en la increíble lisura de un charco en el piso.

Paula Patton en "Espejos siniestros"
Sería deseable ver la cinta coreana original, a ver que tan fiel es el Gore estadunidense, especialmente porque desde el principio parece contradictorio acentuar el interés de la cinta en lo sanguinario y el desmembramiento como mensaje principal en vez de en el terror abstracto de los espejos, es posible que en el orden del mercado del cine de terror la fórmula de Hollywood esté ya tan alejada del miedo irracional verdadero que solamente quede el asco y la repulsión ante la falta de imaginación no solo de su público, sino de los propios sujetos que simulan la ficción fílmica, ya se debe haber perdido el horizonte de miedo en el cine que tanto costó crear a la Universal en los años treinta.
El final es afortunado en tanto recupera esta posibilidad metafísica del miedo cuando Ben Carson descubre que se mueve en el mundo a la inversa de la realidad, que ha tenido que pagar a su Dasein el precio de la conciencia ajena a la voluntad metafísica de una realidad comprendida solamente mediante el desafío a las fuerzas de la integración gestalt, quedando como parte de la otredad que no sabemos si es o no una forma de muerte, pero si de abandonar el aquí por la alteridad.
FILMOGRAFÍA:
Espejos siniestros. (Mirrors). D. Alexander Aja. Con: Kieffer Sutherland, Paula Patton, Cameron Boyce, Mary Beth Peil. Guión: A. Aja y Gréory Levasseur, basados en la película coreana Into the mirror. EUA. 2008.
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YO SOLO QUIERO LA FOTO DE ANA ESSEKER
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