Párpados azules, ¿Postmodernismo o posmodernizaciòn

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel on nov 13th, 2008 y archivado en Cine Mexicano. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

La soledad vista como aislamiento individual no parece sino un lugar común, sin embargo en manos de Ernesto Contreras se nos entrega como una reflexión de la condición del ser humano en una sociedad de la comodidad y la alienación en la cinta Párpados Azules.

Ante todo la película es un largo Flash Back hacia los resultados de la ociosidad y el aburrimiento como corolarios del triunfo social, del éxito económico y en los negocios, el largo recuerdo imposible de la molicie en la vejez de Lolita (Ana Ofelia Murguía), propietaria de una exitosa empresa e ropa de trabajo, frustración existencial que se transforma en la generosidad indudable de alguien que anhela compartir su fortuna y éxito sin falsos gestos de limosna y hipócrita piedad, sorteando un sueño: el viaje idílico al mar con todas las comodidades, lejos y hacia el exotismo que nutre los sueños de cualquier rutina.

El problema subyacente es que este sueño de facilidad no es el de todos, por desgracia los sueños son completamente subjetivos a menos que se hayan convertido en película, pero la cinta de Contreras es una pesadilla mejor que u sueño, y lo es para alguien cuyo dormir no es más que el cumplimiento de la rutina cotidiana, como le sucede a Marina Farfán (Cecilia Suárez), la empleada que sin pretenderlo gana el premio.

El problema subterráneo que aborda Párpados Azules es la falacia del libre albedrío, de la libertad misma, ese estado manido y pronunciado hasta el agotamiento con la consecuente pérdida de significado ante las realidades de lo cotidiano: la mentira de que los que manipulan la “opinión pública” y deciden qué es lo que desean los demás, pero en realidad solo reflejan frustraciones y caprichos personales que cristalizan en dones de domino, en imposiciones de conducta disfrazadas de generosidad hacia los otros, y es que se trata de una “opinión pública” no medida, que no pertenece al dominio de los Media sino es objeto de manipulación por ellos: el llamado “gusto popular”, una de las más despreciadas y constantes de los cotidiano, aquello que le “gusta” al pueblo o le imponen quienes prestan las oportunidades de gustar o de opinar.

Lo que no llegamos a saber en la cinta de Ernesto Contreras es qué le gusta a Marina Farfán: el ser premiada la desconcierta, la libertad para disfrutar un viaje a playas paradisíacas le reduce sus opciones existenciales (mata su rutina controlada) casi a nada (números telefónicos que suenan inveteradamente sin que alguien conteste, una hermana –Tiarè Scanda- que convierte en motivo de envidia la fortuna, una sonriente empleada que le confirma la intransferibilidad de su “buena sureste”), el sexo y la seducción se le convierten en silenciosas frustraciones; y lo peor de todo es ue tampoco sabemos cuál es el gusto de Víctor Mina (Enrique Arreola), ni de doña Lolita siquiera. Solo sabemos que esto pasa y permanece atascado como el auto de Víctor en el periférico inundado.

Enrique Arreola y Cecilia Suarez

Esta historia de soledad e indecisión es el mejor retrato mexicano del postmodernismo que sí alcanza a una clase media menguante del ámbito urbano en nuestro mundo de procesos modernizadores, ese postmodernismo que significa la frustración universal por no haberse alcanzado las promesas de la racionalidad y el humanismo forjados en la Modernidad, una trama que por debajo de lo inmediato aborda sin sofisticación el mundo absurdo del quietismo letal oculto en la inmediatez de la concepción del mudo burguesa sobre el existir, quizá sin el encanto helado de El año pasado en Marienbad, o sin la irresponsable indiferencia antivalorativa de El ángel exterminador, perro ya hubieran querido Robbe Grillet o Luís Buñuel a esta cecilia Suárez de inexpresividad elocuente para tal sátira de la alienación, especialmente en el instante del beso con que ella (Marina) sella la promesa de perpetuar los valores inútiles al acceder al matrimonio con Víctor, ese desconocido a la medida.

FILMOGRAFÍA:

Párpados azules. D. Ernesto Contreras. Con: Cecilia Suárez, Enrique Arreola, Tiarè Scanda, Ana Ofelia Murguía. Guión: Carlos Contreras. MÉX. 2007.
El año pasado en Marienbad. (L’année derniére a MArienbad). D. Alain Resnais. Con: Delphine Seyrig, Giorgio Albertazzi, Sacha Pitoëff. Guión: Alain Robbe Grillet. FRAN. 1961.
El ángel exterminador. D. Luís Buñuel Con: Silvia Pinal, Enrique Rambal, Claudio Brook. Guión: L. Buñuel. MÉX. 1962.

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