50 películas provenientes de América Latina o la península iberoamericana conformaron el ciclo Historias en Común que se llevó a cabo en Cineteca Nacional, dentro del marco del Primer Congreso de la Cultura Iberoamericana. Cincuentena de filmes que nos remiten a la evolución del cine, tanto a nivel temático como formal.
Largometrajes de ficción y algunos documentales conformaron este ciclo, el cual incluyó interesantes filmes como de Argentina, “Este es el romance del Aniceto y la francesa, de cómo se quedó trunco” (1966) dirigido por el cantautor Leonardo Favio, el cual narra el encuentro amoroso entre un hombre introvertido con una chica humilde la cual se emplea como sirvienta, y que es considerado por la critica como una de las mejores películas argentinas de todos los tiempos.
De Adolfo Aristarian se incluyó “Tiempo de revancha” (1981), película que refleja los conflictos sociales y laborales con una magistral interpretación de Federico Luppi y de fechas más recientes se pudo ver “La Ciénaga”(2000) de Lucrecia Martell, la cual a través de una atmósfera sumamente asfixiante da cuenta del retrato de una sociedad sumergida en la desesperación y el tedio existencial. Este filme se hizo acreedor al Premio Alfredo Bauer en el Festival de Cine de Berlín.
Del Brasil fueron seleccionadas entre otras. “Vidas secas”( 1969) del maestro Nelson Pererira la que a través de un gran rigor narrativo hace referencia a la tragedia cotidiana de una familia en el gran sertao. Así como la emblemática “Tierra en trance” (1967) de Glauber Rocha, la cual destaca por sus imágenes poderosas, su narración con carácter fragmentario, y sus diálogos rabiosos la hacen una película de ser vista.
Y de fechas más recientes “Estación central” (1998) de Walter Salles que narra el viaje de un niño en búsqueda de su padre con un tono neorrealista y una atmósfera muy emotiva. Por su parte, Colombia estuvo presente con “La estrategia del caracol” (1993) de Sergio Cabrera una comedia con tintes fársicos que se refiere la problemática de los inquilinos de un viejo edificio. De Cuba es necesario destacar una de sus películas más sobresalientes “Memorias del subdesarrollo” (1968) dirigida por Tomás Gutiérrez Alea, en base a la novela homónima de Edmundo Desnoes. La cual relata la vivencia de un hombre burgués que decide quedarse en Cuba, a pesar que Fidel Castro tomó el poder.
Filme que sabe trazar con gran sutileza los cambios políticos y el como éstos afectan la vida de un hombre. De Chile, es imposible dejar de mencionar “La luna en el espejo” (1990), una cinta de presupuesto mínimo de Silvio Caozzi, que se introduce en la cotidianidad del “Gordo”, quien cuida de su padre enfermo, al tiempo que coquetea con una vecina mayor que él.
Por su parte España estuvo presente con “La caza” (1965), el tercer largometraje de Carlos Saura que es una metáfora del franquismo a partir de un grupo de hombres que se van de caza y “El desencanto” (1976) de Jaime Chavarri, un inquietante trabajo documental en torno a la familia del poeta falangista Leopoldo Panero.
Desnudarse ante las cámaras, decirse a los otros, desentrañar ese entretejido de hilos oscuros que une al clan familiar es la pretensión de Chavarri, una familia que a cada momento amenaza con desintegrarse, un documental melodrama o un melodrama documental, como lo calificó el propio cineasta durante su presentación en Cineteca Nacional.
“El desencanto” es una cinta interesante que fue producida por Elías Querejeta, en torno a la familia de Panero, muerto en Astorga su ciudad natal en 1962, una familia franquista resquebrajada ante sus neurosis encontradas, una familia donde cada uno de sus integrantes se imponía el uno al otro para manejar el poder.
Felicidad Blanc la madre es una mujer que fue la sombra de su marido y se rebela a la hora de su muerte, celosa de su marido por su amistad entrañable con el también poeta Luís Rosales, encantadora y manipuladora a un mismo tiempo, en tanto sus hijos Juan Luís, divaga entre la poesía, el alcohol, así como sus actividades políticas con la izquierda.
Por su parte, Michi, el más débil de los tres y el más vivaz Leopoldo, homónimo de su padre que opta por vivir en manicomios por hallar en ellos mayor tranquilidad y libertad de movimiento.
Una latente violencia emocional transita el trabajo de Chavarri, con una fotografía austera de Teo Escamilla y algunos fragmentos musicales de Schubert, en suma un trabajo inquietante de una familia disfuncional.
Cabe destacar que en “Historias en común” también proyectaron películas de Costa Rica, México, Honduras, y Guatemala entre otros países.