Kirk Douglas: Estrella por sí mismo

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel on Oct 21st, 2008 y archivado en Libros de Cine. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

La autobiografía es una modalidad de literatura que inevitablemente lleva al narcisismo, basta con recordar la Crónica de la conquista de las Galias, por Julio César, que en estricto rigor no tenía intención de ser una auto-revisión de la propia vida del actor en esa guerra, sino una crónica de la historia romana a partir del testimonio de uno de sus actores. Valga esta parrafada larga porque Kirk Douglas hizo algo similar con su autobiografía.

Valga la lectura extemporánea de este libro porque en efecto sigue el modelo de Julio César en cuanto evaluación de uno de los actores de una época de crisis en el cine y en los Estados Unidos, y éste astro inolvidable hace tanto una crónica de toda su historia social y personal como una evaluación del momento crucial madurada por la edad, la reflexión y el psicoanálisis.

La visión de sí como parte de una cultura, presente en los recuerdos familiares y las ataduras de la enseñanza patriarcal y religiosa, forman el centro analógico respecto de César: Kirk Douglas cuenta el nacimiento, formación y reevaluación de Issur Danielovitch, el hijo de un ruso inmigrante dedicado a trapero después de ser campesino de Pogromo en la vieja patria ural, y nos lleva desde la leyenda del nacimiento en una caja de oro hasta la reconciliación con el rico y exitoso astro de Hollywood que dejó atrás las sucias calles de Albany.

Eleanor Parker y Kirk Douglas en "La Antesala del Infierno"

Buena parte de la narración está dedicada a la evaluación de la cultura que rodeó su existencia en Estados Unidos, principalmente la de los anglosajones blancos que siempre dejaron de lado a los judíos siguiendo la vieja tradición británica a la manera estadunidense, es una parte amarga que va explicando su llegada a la convicción de ser parte del judaísmo a partir de las enseñanzas ortodoxas de su familia, y sin embargo no puede ir más allá de la admiración por un pueblo, el israelí, con el que comparte el complejo ritual pero no aspiraciones existenciales, y poco a poco hace comprensible el desarrollo de una vida laica sin abandonar la comodidad de la religión de Moisés.

Otro asunto es la evolución del actor, desde los escarceos con Broadway y el desprecio por el mundo de la pantalla, pasando por la asunción de formalidades engorrosas como conseguir representante y, finalmente, optar por Hollywood ante las dificultades del foro teatral y la poderosa crítica neoyorquina.

Desde La antesala del infierno y Cadenas de roca, con William Wyler y Billy Wilder, el rápido ascenso hacia la popularidad como rudo y aventurero, la creación del épico Kirk Douglas en vez del tímido Issur Danielovitch, nos ofrece una muy completa metodología de lo que es vencer los prejuicios profesionales y raciales para escalar un sitio en la Meca del cine, y al mismo tiempo ser víctima de sus espejismos.

Porque esa es la parte más interesante que motiva el libro: la obligatoria vida erótica del éxito, y esparcido a lo largo del texto está descrito el “martirologio” de las mujeres que buscan el sexo con la fama, y algunas veces con el hombre, lo que finalmente orillará al aventurero Douglas y al timorato Issur a confrontar su existencia con el psicoanalista y dar como fruto ésta autobiografía, que seguramente pretendía ser liberadora, pero al parecer fue más lejos.

En "Patrulla Infernal"

En la parte medular de las reflexiones maduras, Douglas nos entrega una evaluación del momento más crítico en la vida de los Estados Unidos, los años ochenta, cunado su economía se convierte en una ficción financiera que exige y obtiene dinero en cantidades absurdas para establecer una forma de vida despegada por completo de la realidad material del trabajo y sus frutos, centrada en mantener a “la gente alejada de la realidad(…), donde pueden ganarse cantidades increíbles de dinero con números en ordenadores y conversaciones telefónicas, sin crear puestos de trabajo ni manufacturar un producto”; también evalúa la estancia de un actor como presidente y el desenvolvimiento de una política basada en el exterior, en la pura apariencia; sin pretensión aluna de conocimientos de política hace, a mediados de la década de endeudamiento estadunidense, un juicio que hoy tiene más valor que nunca, en vista de la debacle económica y laboral de la nación norteña.

Lo más sabroso del libro es el humor que inserta Douglas al comentar su propia existencia. Los aficionados a Woody Allen seguramente lo disfrutarán mucho, puesto que sus chistes se destinan fundamentalmente al ser de los judíos, a la parte cómica de sus rutinas y ceremonias que convierten en aburrida su posibilidad de emerger. Pero ante todo el retrato del Hollywood que no conocemos: sus intrigas tras bambalinas, las divergencias entre los mismos grandes empresarios que lo fundaron y sostienen, anécdotas de las huelgas en los años de la guerra, la utilización de esquiroles, y, finalmente la parte más humana del libro es la narración del encuentro de Issur con Douglas, de sus confrontaciones ante el lecho paterno, ante el muro de lamentaciones, su desconcierto ante su propia concepción de Lo Judío, la práctica de esa nacionalidad por los israelíes y la práctica privada oculta por las vergüenzas que provoca la discriminación.

Y, aunque es en realidad la parte físicamente central del libro, la narración casi marginal de las relaciones entre el actor-productor Douglas y el “novato” Stanley Kubrick, el triunfo de Patrulla infernal y la debacle personal y financiera de Espartaco, algo que debe ser entendido a partir de la visión de una estrella que se ha asumido como tal (el encuentro de Issur y Kirk en acción de gracias) y enjuicia honestamente a alguien que no comprende, aunque su relación personal y profesional fue prolongada y de mutuo beneficio, pero, en conclusión creo que el libro nos enseña que sigue siendo válida la premisa del ciudadano Kane: todo hombre es un misterio, aunque él mismo intente desvelarlo.

Kirk Douglas, el hijo del trapero; autobiografía, (The Ragman’s son). Por Kirk Douglas, Editorial PRIMER PLANO, Ediciones B, S.A., México, 1988; 384 pp.

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