Cada época ha tenido su propia forma de hacerse presente a pesar del tiempo. Desde las pinturas rupestres que nos cuentan la vida ritual de las comunidades cazadoras, según la versión del abate Breuil, o la alteridad de las experiencias chamánicas conforme ahora nos revela David Lewis Williams; pasando por el descubrimiento de la sonoridad que dio lugar a la música y los idiomas, para abrir paso al dominio del espacio arquitectónico a través de la monumentalidad babilónica y egipcia, hasta el descubrimiento de la palabra y su escritura que forjaron las grandes civilizaciones, abriendo camino al control del movimiento del cine y su narrativa que han culminado en el lenguaje audiovisual donde se funden el movimiento y lo estático del dibujo, la expresión del siglo XXI que testimonian películas como Se busca, de Timur Bekmambetov.
La relación entre la suma de instantes estáticos, dibujados o fotografiados, definen un movimiento (subjetivo) que presta significado a un suceder recreado, su relación con el movimiento le hace susceptible de cierto tipo de lectura que determinará lo que el receptor entienda o interprete, y esta relación se ha convertido en el modo más eficaz de comunicación desde el descubrimiento del montaje por Eisenstein; aunque muchos talentos aplicaron estos principios de selección y alteración de la acción y el tiempo, es hasta la introducción del concepto asiático en China y Japón acerca del cine como extensión de sus propias tradiciones visuales y hacia el cine que en este séptimo arte logran una nueva expresión que cristaliza en obras como Se busca.
Desde la perspectiva de su trama la cinta se emparienta estrechamente con las exploraciones sobre la naturaleza dual humana iniciada por Stevenson en su Dr. Jekyll y el Sr. Hyde, la dualidad que hace a todo humano otro y el mismo en circunstancias extremas, esa especie de juego de la naturaleza que, por azares del balance orgánico, nos mantiene estables hasta que una circunstancia amenazadora desata mecanismos orgánicos que transforman nuestros sistemas en aparatos eficiente de ataque y defensa, cuyo control escapa al estado consiente de nuestra psique; el caso de Wesley Gibson (James McAvoy) es de éstos, pero no por un fenómeno de simple de sobrevivencia o de entrenamiento de conciencia a la manera oriental, sino por su sitio en una conspiración global e histórica.Porque también se engloba su tema en uno cada vez más recurrente en el cine actual: la sospecha de que una conspiración milenaria, desde las esferas del poder o en contra del “sistema”, gravita constantemente sobre nuestra anodina existencia cotidiana, el temor de que todo lo que nos rodea sea controlado por alguien que, ante la ausencia de Dios, se rige por inescrutables voluntades humanas que se organizan a la manera de las cofradías medievales para conservar un conocimiento que libere o de acceso al poder real, y en medio somos las víctimas, los títeres que han de encontrar sus hilos y tomar control de su manejo (lo mismo en Los Expedientes secretos X, que en La teoría de la conspiración o hasta en las versiones recientes de Batman y Hulk y aún en el caso extremo de Matrix).
Y es que también se trata del problema de la libertad desde la perspectiva del albedrío, de la capacidad y la voluntad de y tomar decisiones respecto de sí y del mundo, y más allá de ello imponer esa voluntad a la existencia, incluso en los procesos naturales más inescrutables como la gravedad o la inercia; es el mismo principio de acción que mueve las películas chinas, especialmente las de Jet Li Héroe, y adoptan las formas de manejar la imagen, fija y en movimiento, para establecer las relaciones entre el mundo de la percepción y el externo al sistema nervioso central, un cierto uso de la cámara lenta (extraordinariamente manejada por Michel Amundsen y el especialista en efectos especiales Stefen Tandmeier)que nos indica un cambio en la percepción subjetiva de las cosas y no en la realidad externa a nosotros.
Todo nada más para justificar una trama policíaca con tratamiento oriental que no han acabado de llevar al cine John Wo o Won Kar Wai, pero entre el director y sus escritores Mark Millar y J. G. Jones confluyen a la pantalla para conjuntar una visión del humano y del mundo nueva donde se unen la inocente confianza en la tecnología de los occidentales y la obsesión oriental por el control de la voluntad individual.
La anécdota de un contador rutinario (Gibson) transformado en guerrero solamente es un pretexto para llevarnos por el jardín de los senderos que se bifurcan que es la existencia individual, también para retratar las obsesiones del hombre civilizado a través del ansia de poder sobre el propio hombre y su historia con Sloan (Morgan Freeman), o el hambre y sed de justicia usando a la venganza de Fox (Angelina Jolie), pero sobre todo es una análisis indirecto de la realidad de un “libre albedrío” condicionado por las limitaciones orgánicas y de conciencia y cuya libertad no depende de la voluntad sino de fuerzas externas al ser humano que están profundamente enraizadas en él mismo, por ello el indeseable parricidio del personaje, el abandono de los sentimientos y la asunción del aislamiento y la autocomplacencia en el posible equívoco de ello pero como inevitable u casi ontológico.
James McAvoy
Hay que señalar que el estilo del director y del mismo libro gráfico original es profundamente posmoderno, en él hay mucho devenido del cuento chino del arquero que alcanzó tal perfección en su arte que desconoció el arco y la flecha porque dominaba el objetivo del disparo, y también de las guías semánticas de la mejor obra de Jorge Luis Borges, y algunas otras derivaciones literarias que atañen mejor al análisis del libro gráfico, pero también están las referencias fílmicas a asuntos disímbolos como el seductor personaje de Perwarsky (Terence Stamp) claramente derivado del seductor impersonal de Teorema y del obcecado secuestrador de El coleccionista; Fox no podría concebirse sin Lara Croft ni Sloan sin el primer presidente negro de los Estados Unidos en el cine (Impacto profundo) como un epítome del conocimiento del poder y sus consecuencias responsables.
Detrás de toda esta complicada lectura la película es un dechado de acción y misterio dentro de las mejores tradiciones narrativas y resulta difícil reducir su percepción a los límites avaros del lenguaje escrito o verbal, sin embargo la suma de imagen, sonido y tramas hacen referencia a una racionalidad rediviva tan vieja como el humano mismo y cada vez más imbricada en el cine y los medios audiovisuales del siglo XXI, pero con ese desprecio pos modernista por la propiedad privada de los otros (o la menos del hombre común) y la ausencia de preocupaciones económicas que hacen inverosímiles muchas de las acciones, pero que son, después de todo, los signos de la posmodernidad, esta en la que no buscamos en el cine tan solo historias contadas sino una nueva racionalidad más allá de lo verbal que nos guíe en la percepción del mundo, aunque el director finalmente se ría de nosotros al dejar a Gibson en el filo de la inevitabilidad de los principios de indeterminación de Eisenberg.
Filmografía:
Batman inicia. (Batman begins). D. Christopher Nolan. Con: Chhristian bale, Michael Caine, Liam Neeson. Guiòn: David S. Goyer, basado en las ideas de Bob Kane. EUA. 2005.
El coleccionista. D. William Wyler. Con: Terence Stamp, Samantha Eggar, Mona Washbourne. Guión: John Fowles y Stanley Man, basados en la novela del primero: El coleccionista de mariposas. EUA/GB. 1965.
Héroe.( Ying Xiong). D. Yimou Zang. Con : Jet Li, Tony Leung Chui Wai, maggie Cheung. Guión: Feng Li y Bin Wang. HK/CHIN. 2002.
Hulk, el hombre verde. (The Hulk). D. Ang Lee. Con: Eric Bana, Jennifer Connelly, Sam Elliot. Guiòn: Stan Lee y Jack Kirby. EUA. 2003.
Impacto profundo. D. Mimi Leder. Con: Robert Duval, Téa Leoni, Elijah Wood, Vanesa Redgrave. Guión: Bruce Joel Rubin y Michael Tolkin.EUA. 1998.
La teoría de la conspiración. (Conspiracy Theory). D. Richard Donner. Con: Mel Gibson, Julia Roberts, Patrick Stewart. Guiòn: Brian Helgeland. EUA. 1997.
Los Expedientes secretos X. D. Rob Bowman. Con: Gillian Anderson, David Duchovny, John Neville. Guiòn: Chris Carter y Frank Spotnitz. EUA/CAN. 1998.
Matrix. D. Hnos Warchowski. Con: Keanu Reeves, Carrie-Ann Moss, Lawrence Fishburn. Guión: Andy y Larry Warchowski. EUA. 1999.
Se busca. (Wanted). D. Timur Bekmambetov. Con: James McAvoy, Morgan Freeman, Terence Stamp, Angelina Jolie. Guión: Michel Brandt, Derek Haas y Chris Morgan, basados en el libro gráfico de Mark Millar y J. G. Jones. Fotografía de Mitchell Amundsen. FX. Stefen Tandmeier. EUA/ALEM. 2008.
Teorema. D. Pier Paolo Pasolini. Con: Silvana Mangano, Terence Stamp, Massimo Girotti. Guión: P. P. Pasolini. ITAL. 1968.