Viaje al centro de la tierra 3D, tras las huellas de la ciencia-ficción
Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 25 de Agosto de 2008 | Categorias: Ciencia Ficción | Tiempo de Lectura: 6m 36s | Leido 103 veces.
Primero que todo la fascinación por los volcanes, una emoción comprensible para los que habitamos un país montañoso, una atracción que debe haber motivado a Julio Verne para especular sobre ese mundo plutónico donde se suman todas las fuerzas aún inalcanzables por el hombre, y después el tremendo mundo de la oscuridad en el reino del herrero olímpico: la misteriosa y fascinante oscuridad rica en cristales y metal que conocemos gracias a las minas, y todo ello confluye en la novela del ingeniero francés y en la película de Eric Beving.
Recurrir a los clásicos puede ser una garantía de taquilla. Desde el nacimiento del cine Verne es una promesa de interés público, pero la modalidad de actualizarlo todo ha devenido en empobrecer las adaptaciones de literatura en el cine porque no siempre se puede acomodar a situaciones posmodernas lo escrito por autores de otra época. En lo que se refiere a la ciencia-ficción esto tiene una vertiente doble: o bien se actualizan los temas hasta desfigurarlos mediante el empleo de “efectos especiales” (como el caso de Día de la independencia respecto de La guerra de los mundos) o se revalúa la visión original de las formas y métodos de conocimiento, como en la versión televisiva del mismo Viaje al centro de la Tierra o en la serie de televisión basada en La isla misteriosa; aunque también funciona en términos de nostalgia reconstructiva, como en El dueño del mundo (para Robur el conquistador) y Los primeros hombres en la luna (siguiendo a Wells), pero el caso de esta cinta de Beving lo que se revalúa es la función del género.
El término ciencia-ficción (así, con guión ligando las palabras) fue inventado por un editor estadounidense de origen alemán, Hugo Gernsback, quien tenía claras intenciones didácticas muy de acuerdo con la época de apogeo en investigación tecnológica en el país del norte; él instituyó un género que pretendía educar conforme divertía, sin embargo las exigencias pedagógicas que imponía frenaban el desarrollo literario de los autores, incluso en su propia obra, ya casi olvidada a pesar de su carácter pionero en materia de ciencia y tecnología (fue el primero en describir una máquina y sistema de comunicación que incluía imagen y sonido, la hoy llamada televisión), por lo que su función como editor del género fue demasiado breve, sin embargo no cejó en sus intentos y con el tiempo llegó a producir para televisión programas fantásticos de difusión científica que hoy pocos recordamos (por ejemplo el teatro de ciencia y ficción, de los años cincuenta.
Esta relación entre divertir y adquirir conocimiento ocupa el centro de la película Viaje al centro de la tierra 3D, y salvo una trama que no soportaría ninguna actualización en la época de la tectónica de placas, lo interesante es que los hermanos Weiss como guionistas y Beving como director supieron establecer para el público la distancia adecuada entre lo fantástico (Siempre espectacular –en 3D- y efectista) y la realidad del conocimiento y quienes lo procuran. Buena parte de este mérito residió en la elección de Brendan Frazer para estelarizar al geólogo excéntrico Trevor Anderson que realiza el viaje tras las huellas del Profesor Lindenbrock, aunque el pretexto para realizarlo sea tan baladí como en todas las otras versiones: una búsqueda personal, que ahora no es por el esposo desaparecido tras una quimera, sino del hermano cuyas anotaciones científicas coinciden con estudios computacionales y se localizan en su ejemplar personal de la novela de Julio Verne.
Esto es lo importante de la película: anotar la importancia de un género literario que ha ejercido gran influencia en al formación de científicos, tecnólogos y especialistas a partir de las locuras científicas y tecnológicas que propone; y no es solo una especulación gratuita, buena cantidad de científicos actuales han declarado su afición temprana por el género, en el cine o en la literatura, como el marsólogo ruso más famoso, o como el propio Arthur C. Clarke o Asimov, que además de escritores fueron científicos reconocidos.
Claro que para representar a este tipo especial de hombres de ciencia que admitían el valor de la imaginación como factor positivo para su actividad se necesita cierta imagen excéntrica, justo al que ha creado a lo largo de su carrera Frazer, desde su personaje de Adam Webster en Mi novio atómico, como sobreviviente de la locura sesentera por la bomba atómica, o como personaje que compite con historietas animadas por el espacio vital (cosa que apenas pudieron hacer Gene Kelly con Tom y Jerry o Bob Hoskins con Roger Rabbit) y ahora como tío-padre sustituto forzado de Josh Hutchenson encarna al idealista inspirador de la indiferencia juvenil.
Este tipo de personaje ha sido el centro de atención del género en el cine, desde los científicos locos de Meliès hasta el fantástico Henry Frankenstein de Wahle el cine ha creado la idea del científico en tanto creador casi involuntario de monstruos o de fenómenos incontrolables, pero siempre es el centro de un heroísmo desapercibido por la sociedad, especialmente cuando, como en el caso del Dr. Anderdson de Brendan Frazer, que tiene la certificación de que todas sus teorías científicas son falsas y no es así con las especulaciones fantásticas de un escritor ochocentista.
La película en realidad es divertida, su carnosaurio subterráneo tiene el toque cómico que ya había dado a este tipo de animación Ray Harryhausen para la película El Cavernícola, pero la secuencia del mar interno con sus plesiosaurios devorando peces pelágicos saltarines resulta de una fantasía emocionante e ingenua sin legar a la estupidez, porque jamás pretende un viso de realidad, la cinta se presenta como una fantasía que podría ser fruto simplemente de la relación entre tío y sobrino, de una recuperación emocional de los lazos familiares y humanos, una aventura compartida e incomunicable, que, por otra parte, tiene verificación por las piedras preciosas que rescata el niño, aunque no sea importante si son o no parte de un mundo en el centro e la tierra. En fín, que el valor de ir al cine no es necesariamente informarnos, sino vivir una emoción gratificante, y en una época de vacío existencial y aburrimiento bien vale la pena sustituir la montaña rusa con carritos de minero que no llevan a sitios angustiosos como lo hacen en las películas pretenciosas de Spielberg.
Filmografía:
Viaje al centro de la tierra. (Journey to the center of the Heart). D. T. J. Scott. Con: Rick Schroeder, Victoria Pratt, Peter Fonda. Guión: Thomas Brown y William Gray, basados en la novela de Julio Verne. EUA. TV. 2008.
Viaje al centro de la tierra 3D. (Journey to the center of the Heart 3D). D. Eric Beving. Con: Brendan Frazer, Josh Hutchenson, Anita Briem. Guión: Michael Weiss y Michael D. Weiss, Jennifer Flackett y Mark Levin, basados en la obra de Julio Verne. UA. 2008.(fotografía de CHUCK Schuman)
Viaje al centro de la tierra. (Jules Verne’s Journey to the center of the Heart). D. Henry Levin., Con: James Mason, Pat Boone, Arlene Dahl. Guión: Walter Reisch, basado en el libro de Julio Verne. EUA. 1959.
Mi novio atómico o Explosión del pasado. (Blas from the past). D.Hugh Wilson. Con: Brendan Frazer, Alicia Silverstone, Christopher Walken. Guión: Bill Kwelly. EUA. 1999.
Looney toones Back in action. D. Joe Dante. C on: Brendan Frazer, Jenna elfman, Steve Martin. Guión : Larry Doyle. EUA. 2003.
Cavernícola, El.(The caveman). D. Carl Gottlieb. Con: Ringo Star, Dennis Quaid, Shelley long, Barbara bach. Guión: C. Gottlieb y Rudy de Luca. EUA/MÉX. 1981.










Cineforever
Crisol Plural
El Electoral
Juega-ya
PsicoloBlog
Trozos de Código