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Una dama sin pudor, en la palma de tu mano…

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 4 de Agosto de 2008 | Categorias: Cine de Siempre en DVD, Comedia | Tiempo de Lectura: 6m 25s | Leido 155 veces.

El desarrollo de la sociedad de masas moderna ha dejado gran cantidad de huecos existenciales para sus individuos, en la sociedad de la abundancia la indefensión de los ancianos es la más notable aunque las maquinarias productivas la hacen pasar desapercibida; es un abandono que crea márgenes sociales donde ocupan sitio actividades necesarias para la función masiva de la sociedad pero contrarían el propósito racional de la vida comunitaria, y de ello trata Una dama sin pudor, de Sam Gorbarski.

Hay una especie de olvido voluntario hacia el valor del individuo aislado, de la soledad real de personas que son arrinconadas por los procesos sociales, para el cine solamente en las antiguas ficciones psicologistas se tomaba en cuenta la angustia individual, esa de la que hablaba Kierkegaard, y siempre era un fenómeno aislado, un problema de percepción del mundo con solución clínica o médica, solamente el cine de autores como Kenneth Loach se ocupó de situar la “enfermedad” como parte del proceso social e histórico, como un residuo de ahí donde las estadísticas y la teoría no funcionan, las mismas áreas que colectivamente generan el crimen., la prostitución y toda forma de sustituto necesario en una sociedad donde se supone que no falta nada.

Pero en la obra de Loach cierto esquema socialista nos hace previsible el fenómeno: sus personajes eminentemente proletarios enfrentan la enajenación y la explotación mediante cierta conciencia de clase que resulta auxiliar contra el esquema clásico del capitalismo, pero en las sociedades globalizadas valen poco los recursos clásicos, el aislamiento es tal que anula virtualmente las posibilidades de conciencia más allá del individuo y a veces también la de éste, solo deja un instinto de sobrevivencia que no admite más sujeto que el involucrado.

Este es el caso de Maggie, una anciana viuda cuyo nieto padece un mal incurable que puede ser tratado lejos, a muy alto costo, pecuniario y personal, una mujer desempleada por tradición que quiere ser útil a los suyos, demostrar su amor a la familia ayudando al hijo subempleado y a la angustiada nuera embarazada; pero no tiene experiencia laboral, carece de seguro de retiro, de propiedades que garanticen un préstamo, de cualquier signo de identidad para la sociedad materialista, y se lanza a la calle a buscar una solución, que encontrará justo en los recovecos que nunca imaginó tuviera su civilización.

Justamente en el recoveco de la vida sexual socializada, en cierta forma de prostitución enraizada en la doble moral que exige anonimato e impersonalidad, en una mecanización del servicio sexual para hacerlo eficiente, anónimo y masivo: la masturbación a través de un muro, casi un resultado de un chiste fílmico desarrollado por el grupo de National Lampoon en la cinta Porky’s como sátira a las obsesiones sexuales de una adolescencia reprimida (la del sur estadounidense) y que en la vida real se ha convertido en una de las convenciones de satisfacción para las masas anónimas de las grandes ciudades desarrolladas. Y Maggie debe aprender a hacerlo anónima, eficientemente y sin vergüenza, al menos asumiendo el trabajo como una labor más donde el objetivo principal es la retribución monetaria, y con ella la solución de sus problemas familiares, o el principio de ellos.

Pero esta no es una labor fácil, asumir el trabajo como tal, especialmente para una mujer enseñada por toda su experiencia vital a darle un significado al sexo, a la relación entre quienes lo practican, y en especial a descartar el hecho de que asumió desde siempre que era una actividad privada, secreta a voces pero de quienes participan exclusivamente, y deberá enfrentar la fama involuntaria, y hasta la absorción de la maquinaria productiva que la convierte en agente para el desplazamiento laboral, justo lo que jamás pensó sucediera en su existencia.

Para los guionistas Blasband y Herron la historia es una comedia de equivocaciones, para los espectadores es un retrato de realidades que difícilmente enfrentamos por cierto pudor absurdo, propicia risas nerviosas ante una situación que no es del todo ajena (si no que lo digan los miles de vendedores ambulantes que pululan por las calles de todas las ciudades), pero que no tiene la fácil solución humanista que proponen directores como Loach ante los embates de la globalización y la economía posmoderna de la Dama de Hierro (Margaret Thatcher, pues), como el Lluvia de piedras o Vida en familia, pero tampoco puede ser aligerada como sátira puritana a la manera de Porky’s, tiene que ser una presentación de alternativas de existencia en una época donde hasta la vida personal tiende a convertirse en propiedad de alguien más que quien la vive.

Porque Maggie, la Irina Palma del negocio en Soho, es una representante de los valores y la forma de vivir que niega el postmodernismo: sus sentimientos son antiguos y casi atávicos, comprende la relación humana como algo entre humanos y no como utilitaria, propone el pudor no como hipocresía sino en tanto alternativa de perdón y comprensión hacia los otros, hasta a la amiga que le coronó con cuernos con el difunto marido cuando aún eran pareja, la misma que ahora la condena al saber cuál es su trabajo, mismo que le conduce a una nueva relación impensable con el patrón y una solución al aislamiento más allá de las teorías psicologistas: establecer la independencia y vivir su propia vida.

Claro que esta es una tesis novedosa en el cine, porque las alternativas de los ancianos difícilmente son comprensibles en la realidad: rebeliones en asilo, desenfreno y escape, como hacen, por ejemplo, en la mexicana El club de la eutanasia o en la extraña Más allá de la terapia de Robert Altman.

La extraña conducción del mundo a través del empleo de la palma de la mano solo nos recuerda la antigua cinta mexicana de Arturo de Córdova, En la palma de tu mano, que también es una alternativa de destino elegida en los subsuelos de la sociedad, igualmente fuente de fortuna y riqueza, pero sin la hipocresía del personaje de nuestro de Córdova, si alternativa voluntaria para el beneficio, sino tan solo como un rincón donde la sociedad global permite que no se muerta de inanición y anonimato, aunque la propuesta de Garbansky es más humana: el sentimiento como guía para la acción, un destino encontrado en la palma de la mano, aunque no sea lectura de gitana.

Filmografía:
Una dama sin pudor. (Irina palm). (Un disco CLON DVD). D. Sam Garbastky. Con: Marianne Faithful, Miki Manojlovic, Cevin Bishop. Guión: Philippe Blasband y Martin Herron. GB. 2006.
Porky’s. D. Bob Clark. Con: Dan Monahan, Mark Herrier, Wyatt Knight. Guión: D. Monahan. EUA. 1982.
Lluvia de piedras. (Raining Stones). D. Kenneth Loach. Con: Bruce Jones, Julie Brown, Rick Tomlinson. Guión: Jim Allen. GB. 1993.
Vida en familia. (Family Life). D. Kenneth Loach. Con: Sandy Radcliff, Billie Dean. Guión: David Mercer. GB. 1971.
Más allá de la terapia. (Beyond therapy). D. Robert Altman. Con: Julie Hagerty, Jeff Goldblum, Glenda Jackson. Guión: R. Altman y Christopher Durang, basados en una pieza teatral de éste. EUA. 1987.
Club de la eutanasia, El. D. Agustín Oso Tapia. Con: Rosita Quintana, Lorenzo de Rodas, Magda Guzmán, Héctor Gómez, Javier López, Sergio Corona. Guión: A. Oso Tapia. MÉX. HARTOS INDIOS. 2004.
En la palma de tu mano. D. Roberto Gavaldón. Con. Arturo de Córdova, Leticia Palma, Carmen Montejo. Guión: José Revueltas y R. Gavaldón, basados en una historia de Luis Spota. MÉX. 1950.

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