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Abducidos; Steven Spielberg y la teoría de la conspiración

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 31 de Julio de 2008 | Categorias: Ciencia Ficción, Estuvo en Portada, Series de televisión | Tiempo de Lectura: 8m 50s | Leido 116 veces.

Uno de los mayores problemas con la ciencia-ficción es su relación con nuestra realidad circundante: su ámbito para desarrollo siempre es una propuesta posible o probable de realidad donde se pondrá a prueba la capacidad humana ante el mundo, su enfrentamiento o construcción de la realidad en que se mueve, como personaje o como ser social en la realidad, puesto que muchas propuestas del género han alcanzado estados de realidad inimaginables antes; al parecer esto es el tema central de toda la obra de Steven Spielberg desde sus primeras películas y ahora abunda profundamente en su serie de televisión Abducidos (Taken).

Ante todo está el título, Abducido en español significa “separado”, es un término médico referido a la separación de un miembro del eje central del cuerpo, en contrario Abducted, en inglés, tiene una significación diferente porque se refiere al hecho de separar los miembros para invadir en cuerpo en una violación o toma sexual forzada, mientras que el término “Taken” se refiere directamente al secuestro, a una toma forzada o no, de algo, en esta ambivalencia Spielberg y su guionista Leslie Borem colocan la situación del tema mismo que tratarán en la miniserie pasada el sábado 26 de julio por la televisión mexicana.

A primera vista la trama de esta serie de televisión, hecha con las técnicas fílmicas que introdujo Spielberg (y su equipo) adoptando tiempos televisivos para la proyección en salas que han cambiado los sistemas de filmación desde los años sesenta, cuando por primera vez introdujo estos modos al cine Richard Lester en sus películas para los Beatles, se refieren a las obsesiones más evidentes de todo el grupo de directores que realizan en torno a Spielberg y George Lucas: es decir la vida inocente en Estados Unidos de los años cincuenta y su trascendencia a nuestros días, y no es una mala lectura, pero va mucho más allá.

El asunto es que la película (o películas, porque sus episodios duran más de tres horas en total) está llena de los lugares comunes que identifican la época: las aficiones por el modelismo de aviones, el descubrimiento de la música popular estadounidense, en especial el rock-and-roll, la afición por las máquinas y la mecánica, y, sobre todo, la curiosidad por la vida extraterrestre, la fiebre de ovnis que abarcó toda una época que el cine dedicó a las invasiones de marcianos y hombrecitos verdes o de monstruos gigantes que destruían el mundo.

La reconstrucción de la época es hecha con un cuidado fenomenal, hasta los antiguos bolígrafos de repuesto metálico y los suéteres hechos en casa que lucían los niños y adolescentes, pero esta vez elude las referencias al terror escolar provocado por los ensayos de defensa antinuclear en las escuelas, se concentra en el miedo que representa la existencia de los extraterrestres en la época, solo que no se queda en ella, sino de pronto nos lleva de la mano por la evolución “desconocida” del departamento de la aviación que se ocupa de su estudio.

Aquí es donde hay que detenerse un poco para entender la trama compleja de esta película-serie-de-televisión: la suma de hechos relacionados con los extraterrestres y su seguimiento a través de los medios (a partir de la película Encuentros cercano del tercer tipo, que se cita en la película sin nombrarla), y primero que todo Roswell, el mito constante del contacto extraterrestre y fuente propicia para el chisme y la especulación (a la que no escaparon ni la serie de televisión del mismo nombre ni en el cine de Roland Emmerich; y a partir de ello la investigación formal-informal que se transformará en la amenaza de abuso contra los ciudadanos, la conspiración contra el individuo, los ocultamientos que la Fuerza Aérea harán para el gobierno (y más tarde provocarán la mejor serie de misterio para la televisión con Expedientes Secretos X y su mejor sátira: Evolución) y detrás de todo la sospecha de abusos contra las libertades ciudadanas.

Y he aquí el trasfondo de todo: el conflicto liberal del ciudadano con el estado, un cambio de régimen político y fiscal que afectó a la “forma de vida americana” que había permitido las grandes fortunas sin restricciones que de pronto con Roosevelt convirtió en villano al gobierno por medrar contra las ganancias de los mayores empresarios (quizá el ejemplo más brutal fuese el de Randolph Hearst, que afectó la “libertad de expresión” que había convertido a los periódicos y al periodismo en un poder movilizador de masas a favor de voluntades personales); u cambio que llegó con el fin de la Segunda Guerra y la conciencia de que el papel del estado era algo más que simple administrador de bienes y servicios.

La experiencia estadounidense en cuanto a la formación de un gobierno adecuado a su avanzada constitución fue profundamente azarosa hasta la invasión a México, una extraña trampa histórica que le demostró posibilidades expansionistas y de riqueza jamás sospechadas por una nación formada por individuos creativos y sin ataduras históricas, cuyo individualismo fructificaba en el concepto de progreso que no implicaba la política como organización sino como un mal necesario. La conquista de territorios cinco veces mayores a su tamaño original fomentó riquezas y aventuras individuales inconcebibles para cualquier ideología de la época, y el gobierno simplemente buscaba equilibrar las fuerzas individuales con las colectivas para crear una historia y una identidad, apenas lograda esta función la guerra europea (1914-18) los adentró en más aventuras y posibilidades que rompieron el saco.

La extrema abundancia y la confianza excesiva redundaron en abusos y explotación que no concordaban con el desarrollo democrático, el estado de derecho y la estabilidad gubernamental, para acabarla de amolar el triunfo en la Segunda Guerra Mundial confirmó al país como árbitro y modelo de sociedad productiva, solo que su participación en los juicios contra alemanes y japoneses despertó una nueva concepción del estado como rector no solo de la vida económica y jurídica, sino también moral: la confrontación con los totalitarismos demostró la necesidad de los Secretos de Estado y de una organización monolítica donde confluyeran todas las fuerzas sociales, que fueron reunidas en torno de las triunfantes fuerzas armadas que encabezaba Dwight D. Eisenhower.

Y ésta última etapa de ascenso militar con golpe de estado es la que ubica Abducidos, solo que no tiene pretensiones históricas sino de justificación para la función de los medios de comunicación, aunque no habla de ellos directamente la imagen que nos muestra remite a las docenas de películas sobre extraterrestres que acentuaban la fiebre de amenaza con que se disfrazaba el miedo a la guerra nuclear por la naciente Guerra fría y a la muy clara la referencia a la debilidad del régimen civil de John F. Kennedy y cómo afectó a los militares, que se perpetúan provocando incluso la caída de Nixon, todo implicando la existencia de una conspiración de corte totalitario y militarista que, curiosamente, nada parece relacionarle con el expansionismo de las grandes empresas, sino fruto de miedos atávicos de algunos militares víctimas de lo encuentros cercanos.

Para esta serie los ciudadanos son simplemente pacientes que sufren la actividad de sus representantes elegidos, sugiere la falacia total de la democracia estadounidense, y mucho de ella parece atribuido a la incursión de alemanes en las esferas profundas de la burocracia (también por la televisión sabemos ahora que Werner Von Braun y su personal técnico fueron asimilados ha fuerza en el “American Way”, pero se mantuvo en secreto su filiación nazista), asunto que ya ha sido satirizado por Philip Kauffman en Nacidos para la gloria y por Kubrick en Doctor Insólito…; y el asunto de los medios se hace transparente cuando el periodista atacante de la milicia se convierte en agente democratizador que defiende el derecho del público a conoce “la verdad” sobre los extraterrestres.

El final decepcionante resulta un extracto de Encuentros cercanos del tercer tipo; parece que finalmente Spielberg y su gente no creen tampoco en la razón de la gente, a la postre nos deja con la impresión de que la única alternativa es un populismo amorfo; la única incógnita valiosa cosiste en que el experto exobiólogo a cargo de los estudios gubernamentales, dice que los seres tienen el mismo programa genético que los humanos, asunto que ya ha tratado magistralmente en el cine Brian De Palma con Misión a Marte y ha sido lugar común en numerosas películas de serie “b” y de televisión.

No cabe duda que desde la emisión en 1938 de La guerra de los mundos a través de la radio por Orson Wells el pueblo estadunidense no se ha repuesto del trauma de identidad que significa creerse indemne ante cualquier invasión, que Spielberg y los suyos explotan este sentimiento amorfo del pueblo de los Estados Unidos para inculcar cada vez más una visión catastrofista de la realidad manipulando la idea de que nuestra visión de la misma ha sido manipulada, solo que él no dice que se ha hecho a través de los medios, sino lo atribuye al enemigo de su cuenta bancaria: el fisco.

Fimografia
Misión a Marte. (Misión to mars). D, Brian De palma. Con. Gary Sinisse, Tim Robbins, Don Cheadle, Connie Nielsen. Guión> Loweell Cannin y Jim Thomas. EUA. 2000.
Doctor Insólito, o cómo aprendí a no preocuparme y reír de la bomba.(Doctor Strangelove or How I learn to stop worrying and love the bomb) D: Stanley Kubrick, Con: Peter Sellers, Geroge C. Scott, Sterling Hayden, GB. 1963.
Expedientes Secretos X. (The X files). D. Bonb Rowman. Con Gillian Anderson, David Duchovny, Mitch Pileggi. Guión. Chris Carter y Frank spotnikz. EUA. 1998.
Evolución. (Evolution). D. Ivan Reitman. Con: David Duchovny, Julianne Moore, Orlando Ones, Seann William Scott. Guiòn: David diamond y Don Jakocby. EUA. 2001.
Encuentros cercanos del tercer tipo. (Close encounters of the third kind). D. Steven Spielberg. Con: Richard Dreyfus, Francois Truffaut, teri Gari. Guiòn : S. Spielberg. EUA. 1977.
Roswell. D. (Entre otros): Patrick R. Norris, Paul Shapiro, Jonathan Frakes. Con: Shiri Appleby, Jason Behr, Katherine Heigl, Brendan Fehr. Guiòn: Jason Katims, Ronald R. Moore, Thania St. John (entre otros). EUA. 1999.
Abducidos (Taken). D. Leslie Bohem. Con: Dakota Faning, Heather Donahue, Guión: Leslie Bohem con base en su relato. EUA. 2002.

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