Wall-E, Ensayo de génesis
Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 28 de Julio de 2008 | Categorias: Animación, Ciencia Ficción | Tiempo de Lectura: 9m 18s | Leido 118 veces.
Los robots y la ficción tienen una relación complicada a pesar de que el género es su nicho natural, en la mayoría de los casos resulta ser una entidad ambivalente porque pasa de herramienta a inteligencia monstruosa, y además tiende a ser antropomorfa y por lo tanto mucho más temible en tanto reflejo indeseado de nosotros; en el caso de PIXAR es más práctico hablar de objetos humanizados, desde su lamparita titular hasta el sucedáneo de Johnny 5 creado para la película Wall-E.
El término robot es relativamente nuevo en nuestro idioma, se utiliza por primera vez en los años veinte a partir del estreno de la obra teatral R.U.R. de los hermanos Capek, donde se propone una industria que construye trabajadores mecánicos que sustituyan al proletariado y sus pretensiones de poder (tan en boga entonces por la revolución rusa) creando una nueva raza que desplaza a los humanos de la existencia y después cae en los mismos errores del hombre y desaparece. A partir de entonces el robot, como hombre artificial y mecánico, se convierte en un sirviente que amenaza de continuo a nuestra especie.
En cine los primeros hombres mecánicos aparecen con Georges Meliès (Guguste el autómata y la muñeca Copelia) o con el hombre-maniquí de Ben Turpin, pasa que la pantalla exhibe este tipo de fenómenos, sin embargo los que le darán carácter de amenaza ambivalente serán la primera versión del Golem y la Vida sin alma de Searle Dawley para Edison, pero como hombres mecánicos (resultados del ingenio industrial y científico) urgirán hasta la consagración de la ciencia-ficción con Metrópolis y Flash Gordon: la bellísima Eva de Fritz lang y los hombres mecánicos de Ming.
Claro que en este tono debemos tomar en cuenta la existencia de seres hijos de la ciencia que reproducen artificialmente lo humano, como el Hombre sin alma de Otto Ripper, que junto con el Golem forma parte de una tradición mística de horror y moralidad muy antiguas en occidente. Wall-E encaja en la mayoría de estas categorías, solo que con un enfoque muy del siglo XXI.
Primero que todo el nombre del nuevo autómata parece referido directamente a la caída del muro de Berlín en 1989, sin embargo está muy lejos de serlo, se trata solamente de un robot de la compañía que formará un muro con los desperdicios procesados (un Waste allocatido) dándoles una nueva ubicación, tarea en la que encontramos al robotito compresor al inicio de la cinta.
La apariencia del mecanismo protagonista (¡¿?!) es resultado de un funcionalismo claramente utilitario: solamente es un compactador de metales en tamaño reducido, con inteligencia suficiente para recogerla, procesarla, y luego acomodarla formando muros que despejen y delimiten la ciudad abandonada donde “reside”; lo terrible es que lo encontramos con tan solo un ser orgánico por compañía: una cucaracha, hasta que el descubrimiento de una planta verde trastorna todo el panorama.
Los robots son seres paradójicos en la fantasía: por una parte representan la concepción más acabada de la inteligencia humana por cuanto su creación y por el uso que hacen de procesos mentales para realizar su trabajo de sirviente, trabajo que, indefectiblemente le llevará a la rebelión, quizá porque ninguna inteligencia puede ser esclava, según ha establecido ya Norbert Wiener, inventor de la Cibernética, y sin embargo Wall-E rompe la regla, pero al mismo tiempo la continúa.
El corolario de R.U.R. (Robots Universales Rossum) es la nueva creación del ser humano a partir de procesos orgánicos por la elite de la sociedad robótica, también será el corolario del relato La civilización oxidada, y ahí es donde Wall-E se ubica, no como un nuevo Creador místico, sino como el motivo principal del rescate del planeta para que regresen los humanos, y siento mucho vender la trama de la película, pero para evaluarla adecuadamente es indispensable.
Es el diseño visual básico para la creación del personaje Johnny 5 de Corto circuito, para John Badham: un ingenio utilitario como herramienta útil para el combate, es decir: un soldado mecánico (o cibernético si se prefiere), pero con tal flexibilidad visual que la disposición de sus oculares (anteojos de larga vista con protectores de sol) actúan como simulacros de cejas para la expresión, y posee sistemas de desplazamiento (orugas) que le capacitan para cualquier tipo de terreno además de dotarlo de un cuerpo-fábrica que es el centro de su existencia: procesar y compactar basura, solo que su inteligencia lo dota de una capacidad extra: la de auto repararse, que lo convierte en casi inmortal.
Esta será una característica fundamental de las máquinas inteligentes en la fantasía moderna: su ausencia de muerte: Lo mismo si se trata del robot Exterminador de James Cameron, que de la Matrix de los Warchowski, su carácter de salvadores de la humanidad exige una existencia perenne, una tal que permita mantener su relación con los seres humanos mucho más allá de lo que cada individuo puede vivir cuando menos, y esta es una herencia de la literatura, donde los robots han sido destinados a guardianes de nuestra especie, incluso, bajo la tutela de Isaac Asimov fueron reducidos a la esclavitud mediante la programación preventiva (lo que él llamó las Tres leyes de la robótica: que se expresan muy bien en el Hombre bicentenario de Chris Columbus y del propio Asimov), pero se liberan de ellas gracias a la New Thing y la obra de Philip K. Dick.
Estas Leyes son instrucciones incrustadas de origen en las máquinas pensantes para evitar su rebelión y que sean una amenaza para los humanos, son un seguro dentro de la moral occidental para asegurar que una rebelión inteligente no transgreda las instrucciones dadas a un mecanismo cuya función es servir al hombre, sin embargo esta función de servicio parece no tener sentido en una máquina cuyo servicio no es directamente al ser humano sino al planeta donde ya no está más. O al menos eso creemos hasta que aparece la luz roja que preludia la llegada de EVA, una presencia que impone la brutalidad del poderío femenino acompañado de la atracción irresistible por el encanto externo, una versión de la atracción femenina que cada vez es más familiar en el cine actual la mujer como factor de violencia y como remedio a la misma simultáneamente.
Un atractivo mayor de la película es su ausencia de diálogos, un recurso que aprovecha las posibilidades de lo visual para establecer de mejor manera, o al menos más directa, la relación entre los personajes y las situaciones, y el manejo de éstas por los genios de PIXAR recuerda mucho los primeros trabajos de George Lucas, especialmente la sociedad de THX-1138, y presenta una utopía conmovedora por lo cercana a la tendencia mundial reconsumo y convivencia individuada: seres humanos incapaces de mirarse por la facilitación de la electrónica, desinteresados de todo el entorno que cuidan las máquinas hasta el extremo de sustituir completamente toda movilidad y acción por la tutela mecánica y de la administración gubernamental (en este caso del capitán, único humano con una tarea definida: vigilar que las máquinas hagan el trabajo hasta que la humanidad pueda “regresar a casa”), una utopía que creíamos superada por la ciencia-ficción actual, pero que desde Matrix ha sido restaurada en las pantallas por la desconfianza hacia las máquinas y hacia la autoridad que, de todas formas aparece como necesaria en cualquier pretensión de mundo global, pero sobre todo lo que aparece como necesario, y justamente el conflicto de máquinas presente en Wall-E lo evidencia, es la voluntad humana como rectora de las acciones de la especie (a través de esta visión se hace evidente la amenaza de las máquinas no como agentes del mal sino del error humano en pretender controlar el futuro utilizándolas hasta convertirlas en el factor necesario de falla).
Lo interesante es cómo el lenguaje visual puede ser manipulado para expresar emociones y para provocarlas sin que ellas tengan que ver con el concepto de emoción, con la imagen que transmitimos con palabras sobro lo que son, sino una suma de conductas y actitudes ambivalentes que solamente la linealidad narrativa puede acomodar para reconocerlas y compartirlas, aunque estas emociones se sitúen en un ser tan alejado de lo humano como un robot, o varios robots, y que desde la perspectiva de estas máquinas de pronto Andrew Stanton nos hace una parábola sobre el trabajo, la organización laboral y el sentido de las tareas que emprende el ser humano, aunque sea a través de instrumentos como Wall-E y la EVA.
Lo curioso es cómo la evolución de la ciencia-ficción ha rizado su rizo y regresa a propuestas fundamentales como la re convertir a las criaturas del ser humano en los creadores del mismo: igual que en la civilización oxidada, Wall-E será, a la manera de Matrix, un rescatador de la humanidad mediante el procedimiento de reinventarla, de volverla a hacer a la imagen de su creador, que, habremos de aceptarlo, sigue siendo la imagen creada por Miguel ángel en la capilla sixtina, un don de la propia voluntad de ser y hacer, aunque hay que alabar a los creadores de Wall-E por tomar por modelo los cuerpos del colombiano Botero.
Filmografía:
Copelia, o la muñeca animada. (Copelia o la Poupée Animée). D. Georges Méliès. Con: Johanne D’Alcy. FRAN. 1900.
Corto circuito. (Short circuit). D. John Badham. Con: Ally Shedi, Steve Gutemberg, Fisher Stevens. EUA. 1986.
Frankenstein. (Life without Soul). D. J. Searle Dawley (Joseph W. Smiley). Con: Charles Ogle, Augustus Philips, Mary Fuller. Guión: Jesse J. Goldburg, basadp en la `piza teatral de Peggy Werling, basada en la obra de María Shelley. EUA. OCEANFILMS/EDISON. 1910.
Golem, El. (Der Golem). D. Henrik Galeen y Paul Wegener. Con: Paul Wegener, Rudolf Blumner y Robert A. Dietrich. ALEM. BIOSCOPE./DBgmb H.1915.
Guguste, el autómata (Guguste l’automate). D. Georges Méliès. Con: G. Méliès y autómatas eléctricos. FRAN. 1896.
Hombre Bicentenario, El. (Bicentenial Man). D. Chris Columbus. Con: Robin Williams, Sam Neil, Embeth Davidhtz, Stephen Root. Guión: Michael Kazan, basado en los relatos de Isaac asimov y Robert Silverberg.. EUA. Disney. 2000.
Hombre sin alma, El, o El Hombre Artificial. (Homunculus, the Leader). (Serial en seis partes). D. Otto Ripper. Con: Olaf Fönss, Friederich Küne, Theodore Loos, Maria Carmi. Guión: Robert Reiner ALEM. BIOSCOP. 1916.
Invasión de Mongo, La (Flash Gordon) (Episodios) D. Frederick Steffany. Con: Buster Crabbe, Jean Rogers, Charles Middleton. EUA. UNIV.1936.
Maniquí Inteligente, El. (The clever dummy). D. H. Raymaker, Ferris Hartman, Elgin Lessley y Robert Kerry. Con: Ben Turpin, Chester Conklin, Wallace Berry. Guión: Mack Sennet.EUA. Triangle/Keystone. 1917.
Metrópolis. D. Fritz Lang. Con Brigitte Helm, Gustav Frohlich, Alfred Abel. ALEM. UFA. 1927.
THX-1138. D. George Lucas. Con: Robert Duval, Donald Pleasence, Maggie McOmie. Guión: G. Lucas. EUA. 1971.
Wall-E. D. Andrew Stanton. ANIMACION POR COMPUTADORA. Con(Voces): Ben Burt, Elissa Knight, Jeff Garlin. Guión: A: Stanton y Peter Docter.EUA. 2008.










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