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Tongolele: el cine la descubre

Escrito por Rafael Aviña | 27 de Julio de 2008 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Mexicano, Estuvo en Portada | Tiempo de Lectura: 30m 44s | Leido 232 veces.

Tongolele y el México de noche

“El México de noche”, fue sin duda una de las grandes leyendas del alemanismo, un periodo no sólo rico en vida nocturna, sino en el favorecimiento del capital extranjero, el desarrollo de la industria, el saqueo de recursos naturales, el inicio de la corrupción de los servidores públicos, y a su vez, una época en la que proliferaron los salones de baile, los cabarets, los hoteles de paso y las bailarinas exóticas a ritmo de mambo, danzón y bolero.

Con Miguel Alemán como presidente, llegaban al cabaret y al cine, Los Panchos, Dámaso Pérez Prado, Yolanda Montes Tongolele, Su Mu Kei y otras celebridades que se convertirían en mitos de la cultura popular de aquellos años, al tiempo que se reafirmaba en la pantalla un curioso y peculiar género que trastocó en diosas a exóticas, rumberas, y a prostitutas y cabareteras de ficción. Películas, que en paralelo a una serie de impactantes dramas urbanos y de arrabal se abrían paso más allá de una verdadera industria del deseo y el regocijo nocturno que se extendía del Leda, el Margo y el Tívoli al Waikiki.

Con una vida nocturna estimulante y libre que incluía a su vez, teatros frívolos, salones de dancing, como se les conocía y cerca de 4 mil cabarets, aquellos lugares de esparcimiento no solo darían título a varios de los más memorables filmes del género, sino que formarían parte integral de la trama, una suerte de atmosférico y ruidoso personaje abstracto, testigo de toda clase de épicas cotidianas del barrio.

Desde la gayola del más rascuache teatro frívolo a los lujosos night clubs, las bailarinas exóticas como Kalantán, Naná, Su Mu Key, Brenda Conde y por supuesto Tongolele, movían todo lo movible y coseguían dar el toque de acrobacia sensual a sus estilizadas danzas entrelazando la fantasía erótica con sus orígenes tahitianos y sus movimientos repletos de exotismo. Ellas, las nuevas diosas del espectáculo nocturno del México alemanista, perturbaban a los dichosos espectadores de aquellos años con sus ombligos trastocados en brevísimos objetos del deseo y otras partes desnudas de sus bien formados cuerpos, con sus meneos de cadera y sus lúbricos espasmos mientras rodaban por lo ancho y largo del escenario, para cautivar a un público que pedía a gritos su incursión en el cine.

Sin embargo, de aquellas nuevas divas, la que más éxito alcanzaría en su paso por la pantalla grande fue sin duda Tongolele, mujer-espectáculo en sí mismo, la del mechón blanco y cuerpo de pantera, que incluso muy pronto protagonizaría un filme para lucimiento suyo al lado de David Silva, Han matado a Tongolele de Roberto Gavaldón y al mismo tiempo, acompañaría a grandes personalidades fílmicas como Germán Valdés Tin Tan montando brillantes números coreográficos como los que aparecen en El rey del barrio y Chucho el remendado de Gilberto Martínez Solares y ¡Mátenme porque me muero! de Ismael Rodríguez..

Formando parte integral de la trama o salvando casi siempre los baches de argumentos trillados y repetitivos, los números musicales definieron en buena medida el cine cabaretil y de arrabal, así como varias de las comedias urbanas pletóricas de coreografías, empezando por la convención misma de aceptar que las heroínas o algún otro personaje secundario, dispusiera de amplios espacios escenográficos tanto en cabarets de segundo cachete como en un lujoso club nocturno.

El cabaret como espacio fílmico imaginario ofreció toda clase de fascinantes exotismos como lo muestra aquella hipnótica y a la vez divertida secuencia que une por vez primera a Tongolele y a Tin Tan en El rey del barrio, mientras ella ejecuta una suerte de danza afrocubana animada por un entusiasta grupo de negros que tocan los tambores. Tin Tan se cruza en medio de la pista para probar un pedazo de cielo musical a su lado, al tiempo que besa sus mejillas y sigue sus movimientos agitando las manos hacia arriba como comprobando su cercanía con los dioses, mientras se escuchan las voces del coro clamando: “changooo, changooo….”.

Y Dios creó a Tongolele

Tongolele, nacida en Spokane, Washington, Estados Unidos hacia 1933, es sin duda el mejor ejemplo de esas diosas del espectáculo musical y del cine mexicano de los años 40 y 50: las exuberantes mujeres de caderas anchas y piernas de vértigo, que llevaban el ritmo de la rumba, el mambo y otros ritmos tropicales en la sangre; su forma de vida y la mejor de sus facetas, en esa comunicación íntima entre música y cuerpo llevada a cabo en el santuario del cabaret, el teatro o la pista de baile.

Yolanda Montes Tongolele, brilló intensamente en el escenario musical no sólo por sus espectaculares y bien montados números musicales, sino por su sexualidad animal que descansaba en unas sólidas caderas, fuertes muslos, piernas torneadas y perfectas, enormes ojos, labios inflamados, respingos lascivos y por supuesto su larga y hermosa cabellera adornada con su característico mechón blanco. Un cuerpo espectacular capaz de llenar el escenario y de opacar todo diálogo. No obstante, a diferencia de otras bailarinas exóticas contemporáneas suyas, Tongo como la bautizó el público, consiguió dar el salto a la actuación de manera natural y por encima de ello, su nombre y su estilo se convirtió en una suerte de leyenda en el ámbito cultural y popular de la época.

En su interpretación del tema “La Burrita” escrita por Ventura Romero hacia 1947, Germán Valdés Tin Tan comenta a Marcelo -en medio de la canción e imitando la voz de un chinito-: “Para Tin Tan, Tongolele. Pa Tin Tan Tongolele...-Oye, eso ya no es chino –dice Marcelo- “Entonces que es”; “Es avorazamiento”, responde nuevamente Marcelo. “Es chino: Pa’ Tin Tan Tongolele. -¿Y que quiere decir en chino?- le interroga Marcelo- “Préstame tu contrabajo y pa’ Tongolele Tin Tan.-¿Y eso que quiere decir?-, Toma tu contrabajo” concluye el cómico.

Asimismo, el escritor José Emilio Pacheco habla acerca de Yolanda Montes Tongolele según la narración del protagonista Carlitos en su afamada novela corta, Las batallas en el desierto: “Recordé lo que me pasó una vez en la peluquería mientras esperaba mi turno. Junto a las revistas políticas estaban Vea y Vodevil. Aproveché que el peluquero y su cliente, absortos, hablaban del mal gobierno. Escondí el Vea dentro del Hoy y miré las fotos de Tongolele, Su Mu Key, Kalantán, casi desnudas. Las piernas, los senos, la boca, la cintura, las caderas, el misterioso sexo escondido.
El peluquero –que afeitaba casi diariamente a mi padre y me cortaba el pelo desde que cumplí un año- vio por el espejo la cara que puse. Deja eso, Carlitos. Son cosas para grandes…”… En otro capítulo posterior, José Emilio Pacheco vuelve a insistir en el tópico de Tongolele y escribe: “Sin embargo, a escondidas y con gran asombro del periodiquero, compraba Vea y Vodevil, practicaba los malos tactos sin conseguir el derrame. La imagen de Mariana reaparecía por encima de Tongolele, Kalantán y Su Mu Key. No, no me había curado: el amor es una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio…”.

Por su parte, en una secuencia de Ustedes los ricos (48) luego de que Pedro Infante se ha ido de parranda con Nelly Montiel el día del cumpleaños de “La Chorreada”, “La Guayaba” le comenta a ésta: “A lo mejor se fugó con Tongolele” refiriéndose a la ausencia de “Pepe El Toro”. A su vez, Tin Tan en No me defiendas compadre (49) habla acerca de una curva que inventó durante su paso como pitcher de la prisión a la que bautizó con el nombre de la “Tongolele”.

Para dar una idea del éxito de Tongo, vale la pena reproducir un breve párrafo de las memorias de Salvador Novo, las correspondientes a enero de 1949: “Los expertos hablan de “la cuesta de enero”, y de que la gente no tiene dinero para diversiones en este mes –dato contradicho por la copiosa concurrencia a los toros al fútbol, o a la Tongolele..”. Meses después, refiriéndose a los grandes logros en el escenario de la puesta en escena de Un tranvía llamado deseo, Novo comenta: “…un triunfo teatral que sólo tiene un aproximado precedente en el de Tongolele...”

Tongo llega al cine

Su irrupción en el cine se da casi en paralelo a su aparición en los escenarios nacionales allá por 1947 cuando debutaba en suelo mexicano en un espectáculo de variedad en Tijuana, Baja California en el que se presentaban otras estrellas de los shows nocturnos cuyo paso por el cine mexicano fue fundamental: Toña La Negra y Juan Bruno Tarraza. Según apunta Alberto Dallal en su estupendo libro El dancing mexicano: “En un principio, los periódicos, los programas de mano y los anuncios de radio la ubicaron como “tahitiana”, en cuerpo, alma y nacionalidad. Tongolele se dejó querer tal vez porque ella misma no sabía que tipo de danza comenzaba a ejercitar…”.

La fama de Tongolele corrió como reguero de pólvora, por ello, el realizador Emilio Gómez Muriel con el apoyo de Salvador Elizondo productor de Clasa Films, vio con buenos ojos el incluir un número “tahitiano” de la estrella en una de las secuencias de Nocturno de amor filmada el año de la llegada de Yolanda Montes a nuestro país: 1947. Lo curioso, es que la intervención dancística de Tongo poco o nada tenía que ver con el solemne argumento del filme escrito por los estupendos Janet y Luis Alcoriza y protagonizado por la guapa aunque gélida Miroslava y el galán Víctor Junco.
La historia de una pareja de pianistas que se enamoran, al tiempo que compiten palmo a palmo por una beca, que finalmente obtiene Miroslava quien triunfa en el Carnegie Hall interpretando a los clásicos y la posterior crisis de los enamorados, queda en segundo plano, debido a la breve pero inquietante participación de Tongolele, quien mostraba su talento y su perturbadora figura capaz de enrarecer el aire y las miradas en el cine, al lado de Juan Bruno Tarraza, el notable pianista cubano cuya inspiración y presencia animarían en breve infinidad de comedias y dramas cabaretiles.

Tongolele triunfaba en los teatros de revista donde el público asistía fascinado de manera masiva a su espectáculo, al grado que varias organizaciones religiosas y moralistas pusieron el grito en el cielo intentando boicotear sus eróticas danzas. Ello, por el contrario le atrajo más popularidad y el cine la requería una vez más para animar una pequeña intervención musical en La mujer del otro (1948) de Miguel Morayta, protagonizada por los españoles Emilia Guiú, Armando Calvo y José María Linares Rivas. Se trataba de un melodrama cabaretil inscrito en el género policiaco que daba pie a un amplio despliegue musical donde Tongolele aprovechó su voluptuosa presencia bajo el ritmo de estilizados temas afroantillanos.

Estaba claro; con tan sólo dos intervenciones en la pantalla, Yolanda Montes Tongolele estaba preparada para dar el salto al estrellato con un filme realizado para lucir su talento no tanto como actriz, sino como espectacular bailarina capaz de erotizar el ambiente con su ritmo, sensualidad y peculiar movimiento de caderas. Así, tan sólo cinco meses después de filmar La mujer del otro, Tongo era llamada para estelarizar un filme que incluso llevaba su nombre: Han matado a Tongolele (1948).

Han matado a Tongolele

Dirigida por Roberto Gavaldón en poco menos de tres semanas debido a la amenaza de huelga por parte del sindicato y escrita por Ramón Obón, la trama se desarrollaba justo en el ambiente ideal para la bailarina: el teatro Follies en medio de un ambiente musical y de suspenso policiaco que incluía como galán de la Tongo al gran actor David Silva quien venía de filmar un par de dramas de pasiones cabaretiles y criminales: Lazos de fuego con Meche Barba y Revancha con Ninón Sevilla en ese mismo año de 1948.
En Han matado a Tongolele abundan los números musicales y bailables con la participación de: Silvestre Méndez, Los Tex Mex, Huesca y sus Costeños y Los Diablos del ritmo, más la presencia del estupendo director teatral Seki Sano en su única aparición cinematográfica en el papel de un mago chino al estilo de Fu Man Chu, enamorado de la atractiva Tongolele, prometida del periodista que encarna David Silva; de hecho, es precisamente la anunciada boda entre ambos lo que provoca una serie de intentos de asesinato y un crimen perpetrado contra otra belleza que interpreta Lilia Prado en el doble papel de una corista drogadicta y su hermana gemela.
Aquí, Tongolele baila al compás de los ritmos afroantillanos del cubano Silvestre Méndez y Antonio Díaz Conde. A su vez, rodeada de bongoceros –entre ellos, José Luis Aguirre Trotsky- y escenarios tropicales que adornan el espacio del afamado Teatro Follies, ejecuta sus célebres movimientos de cadera y luce un cuerpo perfecto. Más curioso aún son sus escenas románticas con Silva que provoca los celos de varios personajes, como Julián de Meriche y José Baviera, y sobre todo, los actos de ilusionismo de ambiente oriental, en los cuales, un leopardo se transforma en la mismísima Tongolele, a quien el felino intenta asesinar poco después.

Han matado a Tongolele se estrenó con éxito en el cine Mariscala y pasaría casi un año para que la atractiva bailarina “exótica” regresara a las pantallas realizando una estupenda intervención musical al lado de un brillante cómico que admiraba su estilo y con el que había tenido la oportunidad de alternar juntos en algunos de sus shows en teatro de revista. En efecto, Tin Tan era un fanático de la Tongo y ella de él, es por ello quizá que ambos consiguen elevarse a niveles insospechados cuando se cruzan en el escenario de un cabaret donde ha ido a parar la ingenua jovencita que encarna Silvia Pinal en la extraordinaria comedia de Germán Valdés Tin Tan, El Rey del barrio (1949).

Tin Tan y Tongolele

No es casual que se trate de la primer gran obra maestra de Gilberto Martínez Solares, con Germán Valdés Tin Tan, al lado de su brillante equipo base como lo serían: su carnal Marcelo Chávez, en un divertido papel de policía que bajo lo efectos del alcohol, le da permiso para robar, Famie Kaufmann Vitola como “La Nena”, una riquilla estudiante de ópera que tiene con Germán Valdés una escena antológica mientras ella canta “Siempre Libera” para terminar cacareando y bailando un mambo con su supuesto maestro italiano, Juan García “El Peralvillo” como un miembro de su banda y estupendo guionista, sin faltar por supuesto, su hermano, Ramón Valdés, José Ortega “El Sapo” y Joaquín García “Borolas” como sus torpes cómplices; el enano “Tun Tun” y el chiquillo Ismael Pérez “Poncianito” quien pasa como hijo de esa suerte de Robin Hood del arrabal.

Esta excelente comedia dio a Tin Tan ocasión de desplegar sus dotes histriónicas y musicales. A partir de su papel de supuesto ferrocarrilero jefe de una banda de torpes ladrones, se desdobla en múltiples personajes ideales (un cantante andaluz, un pintor francés, un maestro de música y un gángster de Chicago, Illinois) aunque detrás de cada uno de ellos permanece intacta su carisma y su frescura. Vale la pena apuntar, que en la secuencia donde baila Tongolele, uno de los bongoceros –quizá Tabaquito o Silvestre Méndez- tira accidentalmente su tambor y voltea hacia la cámara para que se percaten del error. Con seguridad, Martínez Solares le indicó que siguiera como si nada; no obstante, queda ahí esa falla en la gran secuencia con Tongo y Tin Tan. Por supuesto, pasa inadvertido debido a la sensualidad y la gracia de Yolanda Montes cuya presencia en El rey del barrio resulta inolvidable.

Para el año siguiente, Tongo es de nuevo requerida en un melodrama boxístico que resultaba una mezcla de Campeón sin corona de Galindo y El luchador, cinta de cine negro estadunidense dirigida por Robert Wise con Robert Ryan, acerca de un pugilista que se niega a vender su triunfo, pero aderezada con la receta del melodrama truculento nacional. Se trata de El amor no es ciego (1950) de Alfonso Patiño Gómez, con David Silva como Pancho Kid, boxeador de barrio enamorado de una joven ciega vendedora de lotería que encarna Silvia Pinal, que cae sin embargo en los brazos de una ambiciosa cantante de teatro de variedad interpretada por Nelly Montiel.

Abundan aquí las escenas curiosas como aquella interpretación musical del tema “La loca” en la que tres actrices encarnan al cine mexicano, español y estadunidense respectivamente. Otra más, donde se muestran los primeros aparatos estereofónicos con grabadora doméstica incluida, al exorbitante precio para la época de 2 mil ochocientos pesos y en la que se graban los comentarios de Silva y de su cuate Fernando Soto Mantequilla ante la mirada furiosa de Montiel. En una más, Jose Luis Aguirre Trotsky luce sus dotes dancísticas en una fiesta y no falta la presencia de un joven Paco Malgesto como locutor de la pelea en la que Silva puede quedar ciego debido a un mal golpe en los ojos.

En El amor no es ciego, Tongolele irrumpe en el escenario del Teatro Río muy guapa ella, con traje de rumbera y una coqueta gargantilla bailando al son de “Que rico mambo” de Pérez Prado bajo la dirección de Luis Arcaraz y Orquesta y acompañada de Tabaquito y Silvestre Méndez en un escenario pletórico de palmeras. Ella da rienda suelta a su gracia y hermosura mostrando su habilidad para el mambo abandonando sus frenéticas contorsiones que la hicieran célebre con ritmos de origen tahitiano.

El año de 1951 había arrancado de maravilla para el equipo integrado por Germán Valdés Tin Tan, Gilberto Martínez Solares y Juan García, habían conseguido con El revoltoso, una memorable comedia unida por una serie de exorbitantes y explosivas viñetas en las que el cómico conseguía no sólo parodiarse a sí mismo, sino superar las convenciones del género debido a sus deliciosos excesos. El éxito de Tin Tan y su tremenda energía parecía no tener límite, quizá por ello aceptó la oferta de Producciones Rodríguez para estelarizar ¡Mátenme porque me muero! (1951) al lado de la atractiva Tongolele en un papel protagónico más allá de sus intervenciones dancísticas que resultan notables.

De hecho, lo mejor de esta comedia que encajonaba a Tin Tan en diálogos y chistes acartonados y un humor almidonado que proveía de la pluma del español Enrique Jardiel Poncela, es justamente la espontaneidad del cómico y su irresistible presencia al igual que las coreografías montadas por la Tongo quien no había podido superar el obstáculo que representaba su acento agringado.

Desde los créditos mismos el filme toma un rumbo excesivo que Tin Tan tendrá que equilibrar con su capacidad para evitar las situaciones absurdas como el hecho de que todo mundo intente asesinarlo para quedarse con un supuesto cheque de 5 millones de pesos. Su desgracia comienza al quedar obsesionado con ese mangazo que encarna Tongo, la bailarina “Satanela” estrella máxima del Follies enamorada del avorazado Riverita (Tito Novaro) y cuyo ambicioso padre (Marcelo Chávez) le pone obstáculos a Tin Tan quien le dice “Déjeme tentarla a ver si es de a deveras”.

Tongolele abre con un número “Afrocubano” compuesto por Silvestre Méndez quien aparece al lado de otros notables músicos cubanos. Ella con el cabello muy largo, guantes hasta los codos y una suerte de taparrabo que pone el toque sensual a sus piernas hace lo suyo con gracia en medio de enormes caras de demonios de cuyas bocas sale lumbre y humo. Tongolele entra de nuevo al escenario con un número “Tahitiano” compuesto por Chucho Rodríguez y emprende un dulce, suave y delicioso movimiento de cadera –“Vea como las mueve, como las agita”, dice la voz del narrador en doble sentido refiriéndose a las manos de Tongo-.

El filme cuenta además con la presencia de varios personajes famosos como Ezequiel Carrasco quien parodia su papel de “El monje loco”, el “Dr. IQ” quien ironiza sobre su célebre programa de preguntas y Oscar Pulido como el zafado “Dr. Sulfatialuna”, más un grupo de actores ligados a los filmes de Ismael Rodríguez como Miguel Manzano, Pedro de Uirdimalas, Nicolás Rodríguez o Abel Cureño. Vale la pena destacar la presencia del enano “Tun Tun” como el achichincle de Tin Tan en un filme con el que Tongo remata con el sabroso “Mambo de la Muerte” compuesto por Chucho Rodríguez.
En medio de ataúdes donde puede leerse: Swing, Boogie y Charleston, Tongo aparece de entre un denso humo ataviada como una suerte de Diablesa o Vampiresa con todo y capa que muestra en la espalda la imagen de una calavera con unos huesos cruzados y cuyo traje hace resaltar su increíble figura mientras un grupo de calacas bailan al ritmo de mambo y otras tocan las tubas y las trompetas. Al final, ella desiste de envenenar al cómico y termina declarándole su amor.

Casi sin descanso, Tin Tan regresaba a los foros para protagonizar la que sería otra de sus obras maestras: El Ceniciento filmada al mismo tiempo que Chucho el remendado (1951) continuación de ésta. En ella, Germán Valdés tuvo la oportunidad de reunirse en una breve intervención musical con Tongolele. Tin Tan se ha casado ya con Magdalenita (Alicia Caro) y tienen un hijo, Sin embargo, Tin Tan se convierte en el “Ladrón fantasma” para atracar a las amistades de su mujer con el fin de colaborar en la reconstrucción de la iglesia de su pueblo.

Sin duda, uno de losbuenos momentos del filme es justamente la aparición de la guapa Tongolele en un cabaret ataviada con un vestido de cola y gasas vaporosas, quien se mueve sabroso al lado de cuatro bailarines que portan fracs blancos –el bailarín principal es El Güero Castro-, bajo los acordes de Luis Hernández Bretón. Pronto, Tongo cambia su vestuario por uno más minúsculo y provocativo ante la mirada de Tin Tan quien pasa de una serie de gestos de molestia debido a los aplausos del público a unos de asombro ante el despliegue de erotismo y sensualidad de Yolanda Montes.
En ese instante suena el piano del estupendo Juan Bruno Tarraza y Tabaquito canta una canción que dice: “Que rico baila la rumba…Tongolele, Tongolele…” mientras ella baila a su mismo ritmo moviendo con gran sensualidad sus caderas, sus piernas y sus senos. Tin Tan le aplaude frenético y le envía besos para cerrar a así la breve pero deliciosa intervención de Tongolele en Chucho el remendado, en la que se aclara al final que todo ha sido una farsa montada por la propia esposa para ayudar a su marido Valentín.

Tongo y Baledón

De nuevo Yolanda Montes era requerida un año después para participar en un par de películas filmadas al unísono por Fernando Méndez para lucimiento de la pareja formada por Rafael Baledón y Lilia Michel. Había una vez un marido y su continuación: Sí…mi vida –ambas de 1952-. Matrimonio en la vida real de aquel entonces Baledón y Michel representan su relación marital en un argumento en el que él se cree el asesino de una joven y ella es una embarazada muy peculiar cuyos antojos se extienden a lo insospechado: ¡un policía! Como es de suponer, todas las acusaciones son producto de malentendidos y hermanas gemelas que a fin de cuentas cantan la verdad. Para proseguir con los enojos de Michel cuando Baledón es elegido como el profesor ideal y el más atractivo de México en la segunda parte.

Acompañada de primerísimas figuras como María Victoria, Pedro Infante, Pedro Vargas, Tony Aguilar, Herminio Kenny, o Los Churumbeles de España, Tongolele dio rienda suelta a su sensualidad explorando las posibilidades de los ritmos tropicales y exóticos como sólo ella era capaz debido a su talento y su arrastre popular. En la primera arranca suspiros con un tema afrocubano compuesto por Manuel Esperón y en la continuación su aparición es tan breve que parecería que hubiese sido cortada en la sala de montaje. Actor inquieto y perfeccionista, Baledón había conseguido en paralelo realizar una serie de cortos para la televisión dirigiendo a varios de sus compañeros como Infante, María Victoria, Tony Aguilar y la propia Tongolele. Luego de esa experiencia, Baledón tiene la oportunidad de debutar en el largometraje con Amor de locura (1952)

Parodia de la vida de Juana La Loca y Felipe el Hermoso, se trataba de una comedia que arrancaba en época actual para dar el salto en la Historia al año 1506, protagonizada por Oscar Pulido, Niní Marshall Catita, Tony Aguilar y la mismísima Tongolele como la bailarina exótica “Aldara” de la que se enamora el millonario Pulido que sólo espera la muerte de su mujer, mientras Tongo le da cuerda sólo para darle celos al ahijado de aquel, su celoso pretendiente. La cinta arranca con la consabida mansión siniestra con gritos, relámpagos y toda la cosa para dar el salto al cabaret donde surge Tongolele en medio de las tubas y las trompetas.

Se le ve con un tocado de flores rodeada de chicas y boys para dar una lección de erotismo con el movimiento de sus caderas. Más tarde Tongo se besa con Aguilar y luego lo abofetea y él le paga con la misma moneda cuando la acción se traslada al pasado, donde ella ejecuta una danza a medio camino entre lo árabe y lo tropical. Al final, luego de una ridícula y curiosa interpretación que hace un grupo de “sheriffes” del tema “Dos horas de balazos”, Aguilar le canta un tango a la Tongo y las parejas originales se reúnen.

Más acción para Tongolele

Tan sólo cuatro mese después Yolanda Montes entraba de nuevo en actividad fílmica haciendo lo suyo: bailar en dos intervenciones musicales para las cintas El mensaje de la muerte y El misterio del carro express (1952) dirigidas por Zacarías Gómez Urquiza y protagonizadas por Miguel Torruco como el hábil detective Valente Quintana, un notable policía e investigador que existió realmente y que llevó a buenos términos infinidad de casos famosos como el de León Toral.

En la primera, Valente, apoyado por su novia periodista que encarna Rebeca Iturbide consigue liberar a un millonario secuestrado y en la segunda, captura a los responsable de un asalto al tren de Veracruz, en un par de argumentos inspirados en hechos reales. En ambas aparece el mismo cabaret que es el lugar donde Tongolele demuestra sus dotes dancísticas y comparte el escenario con otras figuras como Matilde Sánchez “La Torcacita” y The Nicholas Brothers.

Todavía a fines de ese prolífico año de 1952, Tongolele, tiene una nueva intervención en una curiosa película de Gilberto Martínez Solares al estilo de las de Tin Tan pero sin la mágica presencia de éste lo que da al traste con esta suerte de exuberante comedia repleta de grandes cómicos y figuras del espectáculo empezando por Lilia del Valle, Clavillazo, Manolín y Schillisnky, Mantequilla, Verónica Loyo y buena parte del equipo de Germán Valdés: el enano Tun Tun –un criminal apodado “El pequeño César”-, Juan García co autor del argumento y por supuesto la guapa Yolanda Montes.

No obstante, Tongo se luce con el tema “Mambo tambo” en esta comedia de enredos policiacos animada con las canciones de Chava Flores y la participación de otras figuras no menos célebres como Piporro, el Chel López, Amparito Arozamena, Celia Viveros, el Mariachi Vargas, Los Sherifffes con su consabida interpretación de “Dos horas de balazos” y el Trío Latino con un muy joven Gaspar Henaine Capulina. Vale la pena aclarar que en ese mismo año, el tristemente célebre regente de la ciudad, Ernesto Uruchurtu, inicia un clima de terror moral que alcanza también al cine cabaretil de la época, quizá por ello, Yolanda Montes se alejó del cine por cuatro años.

Tongo: la comedia musical y el suspenso

Para 1956 Tongo regresaba con la primer película de ese año: Pensión de artistas de Adolfo Fernández Bustamente, interpretándose a sí misma al igual que otras figuras del cabaret y el cine como lo eran, María Victoria, Lola Beltrán, Pedro Vargas, Delia Magaña, Oscar Pulido y la orquesta de Pablo Beltrán Ruiz, entre otros. Es la historia de un grupo de actores itinerantes que viven juntos y pasan por varios apuros económicos mientras intentan triunfar hasta que lo logran, luego de convencer a un millonario para que proporcione el dinero con el que piensan llevar adelante su espectáculo.

Ese mismo año participa en una curiosa comedia carente de argumento y armada por una larga serie de intervenciones musicales a cargo de populares figuras del cine, la radio, la TV y el teatro Música de siempre. Tongolele monta un número titulado “Fantasía hawaiana” rodeada de varios bailarines para dejar muy claro porque era la mayor figura de la danza exótica en México. Vale la pena mencionar a algunas de las personalidades de este filme que se desarrolla en un teatro de variedad: Riz Ortolani, el organista Ernesto Hill Olvera capaz de sacarle “voces” a su instrumento, Toña La Negra, Miguel Aceves Mejía, Resortes, Agustín Lara, Edith Piaf, Libertad Lamarque, las hermanitas Julián y el mismísimo Germán Valdés Tin Tan que coincidió con ella de esta manera.

Los malabares sensuales y eróticos, su capacidad improvisadora y al mismo tiempo su peculiar técnica y sobre todo su estilo como sello personal habían convertido a Tongolele en un mito viviente. Una mujer de cuerpo impresionante y presencia fascinante incluso a la fecha. Era tan requerida en teatro, televisión y en plazas internacionales que Tongolele dejó el cine coincidiendo con la caída de la llamada época de oro y la etapa de transición de la industria fílmica nacional, sin contar la muerte de figuras como Pardavé, Miroslava, Negrete, Infante, Armendáriz, entre otros. Así casi diez años después, Yolanda Montes regresaba a los foros con un filme de suspenso policiaco.

En La muerte es puntual (1965) de Sergio Véjar, en la que alternaban figuras juveniles como Maricruz Olivier, Alfredo Leal, Héctor Lechuga y Ana Martín con otras de la vieja guardia (Gloria Marín, Tito Junco, Evita Muñoz, Fanny Schiller) y aparecían personalidades del ámbito cultural como José Luis Cuevas, José Estrada, René Rebetez, se sumaba la presencia siempre grata de Yolanda Montes Tongolele. Aquí, un donjuanesco camionero se ve implicado en los negocios sucios de un asaltante y traficante de drogas.

Para 1966 la modernidad juvenil había invadido el cine, la TV y la radio y de ahí una cinta como Amor a ritmo a go-gó de Miguel M. Delgado, con Javier Solís y Eleazar García “Chelelo” fuera de onda si se compara a la guapa Rosa María Vázquez moviendo la cintura dentro de una jaula al estilo de Discoteca Orfeón a Go Go en un filme que incluía canciones como “Watusi go go” y “Bule Bule”. Incluso, la propia Tongolele, se sumaba a los nuevos exotismos con una coreografía moderna sin abandonar sus orígenes afroantillanos y compartía el escenario con figuras de la chaviza como The Rocking Devils y Los Hooligans.

Horror y lucha libre

Tan sólo una semana después de su breve intervención en aquella, no sólo se aprovecharon las dotes bailables de Tongolele, sino su estilizado cuerpo elástico y felino para co protagonizar un relato de acción, suspenso y elementos de horror y lucha libre: Las mujeres pantera (1966) de René Cardona. Ella, encarna a “Tongo” novia de Genaro Moreno y bailarina exótica que pertenece a una siniestra secta criminal comandada por la gran diosa del Mal, “Satanasa” protagonizada por la actriz de extracción teatral María Douglas. “Tongo” se enfrenta a las luchadoras “Rubí” y “Loreta” (Elizabeth Campbell y Ariadna Welter, respectivamente). De hecho, resulta curiosa la participación de Tongolele como villana que adquiere no sólo garras, sino la brutal fuerza de la pantera durante sus sanguinarios ataques.

Los 60 y el regreso al cine

Más tarde, se suma al reparto de El crepúsculo de un Dios (1968) inquietante cinta de Emilio “El Indio” Fernández en la que intentaba dar un punto de vista sobre su propia condición de realizador incomprendido. La protagonista es Sonia Amelio, una crotalista que huye de la justicia estadunidense, enamorada de un actor enfermo y venido a menos (Guillermo Murray) y perseguida por el detective texano que encarna Wolf Ruvinskis, quien es detenido momentáneamente por la siempre atractiva Ana Luisa Peluffo con la que juega un strip poker; de hecho, las imágenes de ella perdiendo la ropa se alternan con la exhibición dancística de Tongolele quien 20 años después de su debut seguía mostrando no sólo un cuerpo bellísimo, sino una gran habilidad para erotizar el escenario, acompañada de su esposo Joaquín.

Ese mismo año, Yolanda Montes tiene la oportunidad de actuar en la coproducción méxico-estadunidense, La muerte viviente/ The Snake People (1968) de Juan Ibáñez y Jack Hill, protagonizada por el veterano Boris Karloff y la joven Julissa, filmada casi en su totalidad en la ciudad de Los Angeles, California. La Tongo encarna a “Kalhea”, la atractiva y misteriosa sirvienta del anciano Karloff en la exótica isla de Korbai; ella tiene extraños poderes y forma parte de una secta criminal que convierte en zombies a guapas doncellas. A su vez, Tongolele tiene la oportunidad de bailar una danza erótica donde manipula a su antojo a una serpiente en este filme de horror de bajo presupuesto dirigida por el responsable de Los caifanes ¿qué cosas, no?

La llegada del cine echeverrista con sus relatos de crítica social cuyas intenciones eran las de mostrar los vicios del sistema daban fin en buena medida al cine que marcó la pauta a seguir por Tongolele en su faceta de actriz y bailarina exótica. No obstante el final del sexenio lopezportillista que recuperó el cine de ficheras y de cabaret logró atraer de nuevo a la hermosa Yolanda Montes quien cierra su carera fílmica con Las fabulosas del reventón y secuela filmadas en 1981 y 82 respectivamente por Fernando Durán Rojas y protagonizadas en ambas por Jaime Moreno, Yolanda Liévana, Ana Luisa Peluffo y Alberto Rojas “El Caballo”, entre otras figuras del cine de las llamadas sexy-comedias y por supuesto Tongolele quien funge como un verdadero mito del espectáculo.

Así, por ejemplo, en su última película –hasta el momento-, se interpreta a sí misma como bailarina y empresaria que está a punto de inaugurar el cabaret “Los infiernos” luego de que el “King Kong” en Acapulco a sido cerrado y el personal le pide trabajo en su nuevo teatro. En medio de los albures y chistes de rigor relacionados con el sexo, así como los números musicales de relleno Tongolele tiene aún cuerda para rato mostrando su talento, su estilo y su figura; la misma que desató una de las más grandes locuras populares desde su llegada a México en 1947 para convertirse desde entonces en el mito del exotismo y la sensualidad.

(Publicado originalmente en el número especial de SOMOS dedicado a Yolanda Montes Tongolele)

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