Mientras la ciudad duerme: The asphalt jungle
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 25 de Julio de 2008 | Categorias: Policíaco, Que ver en TV | Tiempo de Lectura: 14m 47s | Leido 103 veces.
“El crimen no es más que una forma torcida del esfuerzo humano”.
Louis Calhern (Alonzo D Emmerich)
Tenía muchos años de haber visto “Mientras la ciudad duerme” (The asphalt jungle, 1950), en aquellas matinees de los años cincuenta, en el cine Colonial, para solo conservar fugaces imágenes de ella, sobre todo, en particular, la secuencia final cuando el delincuente Dix Handley, regresa a su granja natal en Kentucky, para sólo ir a morir en sus verdes pastos, así que este martes dispuse todo para poderla ver, aunque fuera doblada al español, en el canal de TCM classic Hollywood.
El reencuentro fue harto afortunado pues la cinta se mantiene vigente como una de las clásicas del cine negro, al mantenernos interesados, más que en la planeación del robo a la joyería, en el estudio de los caracteres de los diversos personajes que conforman la trama, lo cual dió pábulo, en el momento de su estreno, a considerarla, por algunos, de inmoral al estar humanizando a los criminales, al grado de que los espectadores llegaban, sino a simpatizar o identificarse con ellos, por lo menos a entenderlos en sus motivaciones, tal y como lo expresa la frase usada de epígrafe y que resume el sentido de la historia, al presentar a una galería de personajes, buscando el éxito económico que les permitirá satisfacer sus sueños de una vida feliz, independiente de los métodos para conseguirlo.
Marilyn Monroe lleva el décimo primer crédito en “Mientras la ciudad duerme”, dirigida por John Huston, basada en la novela “The asphalt jungla” de W. R. Burnett. Fue la octava cinta en que aparecía Marilyn en pequeños papeles, pero sus tres escenas en el rol de la “sobrina”Angela del abogado corrupto Emmerich (Louis Calhren), llamaron la atención del magnate Darryl F. Zanuck quién ordenó se le renovara su contrato de exclusividad con la Fox, la cual estaba a punto de deshacerse de ella. Hoy en día ya es un lugar común señalar que fue el rol que la catapultó al estrellato.
Raymonde Borde y Etienne Chaumeton en su ya clásico libro “Panorama del Cine Negro” se refieren a la cinta en los siguientes términos: “en ‘Mientras la ciudad duerme’, John Huston se interesa en destruir ciertos prejuicios. Sus bandidos sutilmente delineados, no son anormales sedientos de muerte y de pillaje, sino gente común. La organización de su casta apenas difiere de la de la sociedad legal. Son éstos, hombres de negocios corrompidos u honestos. Como expertos, intervienen intelectuales al lado de jornaleros; pequeños comparsas, con frecuencia casados y buenos padres de familia. En sus covachas, por encima de miserables lechos de hierro, penden crucifijos. En su mayor parte hacen este oficio, a falta de otro mejor, para vivir –a excepción de Doc Riedenschneider (Sam Jaffe), el jefe de la banda y del abogado corrompido, Emmerich que trabajan para sus ‘vicios’. El final pesimista no tiene nada de convencional. La mayor parte de las obras de Huston tienen sus escenas, minuciosamente dosificadas, de turbia sensualidad. Aquí es la aparición de Angela, la amante de Emmerich, muñeca devoradora y lasciva, cuyo cuerpo parece hecho para el contacto de mullidos canapés y almohadones de seda. Es también la picante Bobby-Soxer (Helene Stanley) que a cambio de algunas fichas para el pick-up automático, se entrega a una furiosa danza que sacude sus jóvenes senos ante el rostro obscenamente inmóvil de Doc. En fin, fuera de la agitación de un universo obstinadamente cerrado, y por primera vez en Huston, una bocanada de aire campestre circula en las últimas secuencias. El asesino, Handley (Sterling Hayden), hijo desarraigado de cuidadores de caballos, mirá a morir sobre la espesa hierba de su Kentucky natal. Houston hace funcionar la cinta con una terminación glacial, debida a un control de extremo rigor, desenvolviéndose la acción con precisión de relojería”.
Y efectivamente “Mientras la ciudad duerme” se va desarrollando con una gran precsión, sin puntos muertos o escenas innecesarias que no se justifiquen, pues todos los elementos que se ponen en juego, van a servir para la ulterior comprensión del conjunto y comprensión del desenlace fatal, pues independientemente de que en la época funcionaba la rígida censura de que el crimen no paga, Huston nos mantiene al pendiente de la trama, en los porqués del fracaso del “robo perfecto”, que como bien lo explica, en algún momento, Doc, se fueron juntando una serie de “accidentes fortuitos”, para darle al traste a su brillante plan, elaborado durante largo tiempo.
En una interesante entrevista realizada por Antonio Castro a John Huston, sobre su carrera, publicada en la revista Dirigido de abril 2005, aunque la misma se llevó a cabo en 1971, cuando el director fue a España a participar, en calidad de actor en el western de Richard C. Sarafian “Furia salvaje” (Man in the wilderness) en el punto en relación a “Mientras la ciudad duerme”, conocida en España por el título de “La jungla de asfalto”, nos encontramos lo siguiente:
“La jungla de asfalto’ me parece una película espléndida”.
“-Eso se debe en gran parte a la excelente novela de Burnett. Su capacidad para describir y comprender determinados personajes es inigualable. Y si esos personajes pertenecen al mundo del hampa, entonces es prácticamente imbatible, no hay nadie que pueda compararse con él”.
“-¿Trabajo con él durante el guión? No aparece acreditado en la película.”
“-No en esa ocasión. Lo hice antes, en mi época de guionista cuando escribimos juntos “Su último refugio”. Fue una delicia trabajar con él. Además de un gran novelista comprobé que era una maravillosa persona. Con respecto a ‘La jungla de asfalto’, el guión lo escribí con Ben Maddow, y en algunas ocasiones consulté algunos extremos con Burnett, pero no intervino formalmente en el guión. Por eso no está acreditado”.
“-Se ha acusado a la película a estar a favor de la banda de los fuera de la ley…”
“-El abogado corrupto que interpreta Louis Calhern dice algo que resume bastante bien mi posición con respecto a este tema: ‘el crimen supone una forma equivocada del esfuerzo humano’. Yo lo que hago es relatar la historia de la preparación de un atraco, la vida cotidiana de los componentes de la banda, etc. Si la gente, después de presenciar el filme, se asusta de lo que sienten, porque prefieren que la policía no detenga a los atracadores, eso ya no es un problema mío sino de ellos. De lo que la película despierta en ellos no me pueden hacer responsable”.
“-Pero en mi opinión la película toma partido. El ser más deleznable de todos es el policía corrupto, los atracadores tienen un código de honor cien veces más decente que el de la sociedad, el comisario le dice que Dix es un hombre con instintos de fiera, sin entrañas ni corazón, mientras vemos que se está desangrando y que trata de volver a la tierra en la que nació…”
“-Por supuesto, pero el mundo es así; así estaba en la novela, no he sido yo el que se lo inventó, se corresponde fielmente con la realidad. El problema es que esa realidad casi nunca se reconoce y choca frontalmente con la verdad oficial que nos habla de dos bandos diferentes: por un lado están los policías buenos y en el bando opuesto están los atracadores. Pero eso no es verdad. El mundo es más complejo y la ‘gente de orden’ trata de simplificar y falsear todo porque conviene a sus intereses. Y todo aquel que no participa de sus mismos planteamientos se convierte automáticamente en alguien sospechoso”.
“-Junto al sargento Dietrich, el ser más despreciable moralmente es el abogado Emmerich, y ambos, en teoría, se encuentran en el bando de las personas respetables.”
“-Desde luego, no hay nada más rastrero que un defensor de la ley que cobra de aquellos a los que se supone que tiene que combatir, o a un profesional del Derecho que financia los atracos, deja que los demás se arriesguen mientras él no corre el menor peligro, y finalmente decide traicionarlos para quedarse con todo el botín”.
“-En el extremos contrario tenemos además de Dix, a Doc y Guss Minsk, el dueño del bar –un personaje maravilloso-.”
“-Personalmente el personaje con el que más simpatizo es el de Guss, el amante de los gatos. Posee un código moral donde la amistad ocupa un lugar prioritario y está dispuesto a mantenerlo por encima de todo. Incluso arriesga su vida en defensa de lo que cree. Siempre me ha parecido admirable alguien que posee un código moral y lo cumple sean cuales sean las circunstancias. Es el caso de Guss y es el caso de Ahab en ‘Moby Dick’.”
“-Existen algunas modificaciones de la novela, sobre todo el final, y me parece mucho mejor el de la película”.
“-El final de ‘La jungla de asfalto’ es probablemente con el de ‘El tesoro de la Sierra Madre’ y ‘Reflejos en un ojo dorado’, los que más redondos resultan. Pero en los dos primeros hice cambios que creo mejoran los finales de las respectivas novelas, y en el último lo único que hice fue tratar de buscar un equivalente de la situación final del libro de Carson mMcCullers. En la novela, Dix moría en la cama de la casa familiar entre delirios sobre un caballo que había criado su padre. Yo coloqué su delirio durante el viaje y situé la muerte de Dix entre caballos, al aire libre, donde siempre debería haber vivido y donde finalmente descansaría en paz”.
Por cierto que Antonio Castro antes de publicar la citada entrevista, ya había realizado un amplio estudio sobre la carrera del guionista-director titulado “John Huston: un cineasta aventurero”, publicado en la revista Dirigido, en tres partes, en los números 152, 153 y 154 respectivamente y abundando sobre “Mientras la ciudad duerme” nos comenta: “Huston siempre ha mantenido que sus películas se limitan a mostrar y que no juzgan, dejando que sea el espectador el que se enfrente con sus responsabilidades, y decida qué es lo que considera justo y lo que no, pero esto no es más que una verdad a medias, y la propia película se encarga de demostrarlo. La forma en que los hechos son presentados en la pantalla condiciona inexorablemente la opinión del espectador, y Huston al presentarnos a los personajes del film nos está dando muy claramente su opinión sobre ellos. Otra cosa distinta son las razones que Huston pueda tener para preferir a los integrantes del mundo del hampa, por encima de los representantes de la sociedad. Primeramente Huston nos muestra cómo el mundo de los atracadores no se diferencia apenas del de los integrantes de la sociedad, e incluso que el sentido del honor está en ellos más desarrollado –Dix (Sterling Hayden) abandonando el local de Cobby (Marc Lawrence) y tratando por todos los medios de encontrar el dinero porque le ha insultado-. Pero creo que será preciso un análisis detenido de todos los personajes para que lo que trato de decir quede suficientemente claro”.
“Los personajes que aparecen en el film podemos dividirlos en tres categorías perfectamente diferenciadas. 1) Los representantes del orden establecido, los que encarnan el mundo normal, que son los policías; por un lado el comisario Hardy (John McIntire), y por otro lado el teniente Dietrich (Barry Kelley). 2) Los fuera de la ley puros, que son primeramente Doc Riedenschneider (Sam Jaffe), el cerebro del grupo que acaba de salir de la cárcel y está dispuesto a poner en práctica el plan que su última detención hizo aplazar durante siete largos años. Ciavelli (Anthony Caruso), encargado de abrir cajas fuertes, siempre preocupado por la salud de su hijo. Guss Minisi (James Whitmore), el dueño del bar, amante de los gatos, para él que la amistad siempre ocupará el primer lugar en la escala de valores, y Dix Handley el pistolero de poca monta que es considerado un paria entre los de su propio grupo, pero que es preciso contar con él, porque es un mal necesario. Sin embargo, su amistad con Guss ya nos indica el tipo de persona de que se trata, y Doc, el más inteligente, comprenderá que es un hombre leal del que uno siempre se puede fiar. 3) Los que están a la vez en los dos mundos, el corredor de apuestas Cobby, y el abogado arruinado que mantiene a una jovencita, Alonzo Emmerich. El teniente Dietrich es probablemente el personaje más corrupto de todos los que aparecen en la pantalla. Recibe dinero de Cobby, y únicamente cuando es apretado por el comisario se pondrá en acción, únicamente para poder salvar su propio pellejo. No duda en maltratar a Cobby para que hable, y será defendido indirectamente por su propio jefe, al final de la película”.
“El comisario Hardy no es el policía corrupto que encarna Dietrich sino un policía puro, un policía típico. Pero la película nos lo muestra como un fanático religioso, que está dispuesto a vulnerar la ley para acabar con lo que él considera sus enemigos –‘encarcela al testigo, asústale’-, ordena a Dietrich cuando éste afirma que los testigos tienen miedo de denunciar a Dix como responsable de los atracos; ‘arranca los teléfonos, machaca los muebles’, le grita cuando dice que ha cerrado los garitos de apuestas, pero que han vuelto a abrirlos-, que aprovecha lo que sabe de la corrupción de su subordinado para conseguir resolver el caso, y que hace una defensa de la policía al final –cuando apaga todas las emisoras- que es toda una declaración de principios. Este hombre dice que Dix es ‘un hombre con instinto de fiera, sin entrañas ni corazón’, a la vez que el director nos muestra a Sterling Hayden gravemente herido, que está a punto de desangrarse totalmente, y cuando el espectador tiene conciencia de que sólo ha disparado contra Bob Branon (Brad Dexter porque no le quedaba otra oportunidad, y que no es más que un pobre hombre indefenso que, al límite de sus fuerzas, intenta llegar a su Kentucky natal”.
“En el otro bando Doc es un cerebro lúcido, un inteligente y tranquilo alemán al que su pasión por las jovencitas –la ninfeta Jenny del bar dónde se para a las afueras de la ciudad, le costará la prisión-, que es capaz de conocer rápidamente si un hombre es fiable o no, un enamorado de la precisión, ‘que trabaja para sus vicios’ y que desde el primer momento tiene simpatía por Dix, puesto que comparte su orgulloso gesto ante el mezquino Cobby”.
“Guss es quizás el personaje más entrañable, pese a que el film apenas le dedica tiempo, y su discusión con el camionero perseguidor de gatos lo define, de igual manera que su concepto de la amistad hace de él un personaje admirable. Ciavelli es la clara demostración de que es perfectamente posible compaginar un trabajo al margen de la ley, con el tipo de vida propio de un amante padre de familia”.
“Los integrantes del tercer grupo son los aprovechados, los traidores, los que, pretendiendo estar en los dos bando, traicionan a ambos en su exclusivo beneficio. Emmerich es el abogado prestigioso que, para mantener a Angela, no sólo es capaz de entrar a un atraco, sino de traicionar a sus compañeros tratando de quedarse con el botín, y utilizando al detective privado Branon para acabar con Dix y con Doc. Su suicidio tiene una cierta grandeza –‘yo no haría un buen preso’ había anunciado un poco antes-, y revela menos inteligencia de la que se le supone –es una estupidez, afirma Doc, al referirse a su muerte, ‘no le hubieran salido más de dos años’-“.
“Cobby, finalmente, es un ser mezquino al que la sola vista del dinero hace sudar, que traicionará a sus compañeros a la primera bofetada y que, como Emmerich, forma parte de ese grupo de gente que trata de obtener el máximo beneficio, con el mínimo riesgo personal, para lo cual se aprovechan del riesgo corrido por los demás. Ante este panorma es lógico que el público tome partido por los fuera de la ley porque son los que poseen el código moral más dign o de todos los que la película nos presenta y Huston –quizá involuntariamente-, ‘que pesados son estos moralistas, pero me temo que yo soy uno de ellos’ confesaba Welles- es un moralista”.
“Su opinión sobre la policía está contenida en la divertida frase de Doc: ‘La experiencia enseña a no confiar en un policía. Cuando menos se piensa se ponen al lado de la ley’, y por boca de Emmerich sabemos que ‘el crimen es una forma equivocada del esfuerzo humano’ –aunque en la versión española se diga que ‘es la consecuencia de un concepto equivocado de la vida’- y es precisamente este esfuerzo lo que interesa a Huston, donde el director una y otra vez pondrá el acento”.
Cabe destacar que el conjunto de los actores cumplen a cabalidad con su cometido, siendo una de las razones para que la cinta se mantenga equilibrada, incluso Jean Hagen que luciría esplendida en “Cantando Bajo la Lluvia” como la tonta diva del cine mudo, en “Mientras la ciudad duerme”, hace un aceptable papel como la chica Doll Canovas enamorada de Dix, sobriamente interpretado por Sterling Hayden, en tanto Sam Jaffe como Doc merecidamente recibió una nominación al Oscar de Mejor Actor Secundario, brillando al igual que Louis Calhern, en uno de sus roles de villano más recordado. Ni duda cabe que “Mientras la ciudad duerme” se mantiene como una sólida muestra del “cine negro”, pues no por nada es toda una clásica.










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