La leyenda de Excalibur, una fuerza de los símbolos

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel on Jul 21st, 2008 y archivado en Aventuras, Cine Norteamericano, Destacado, Epico. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

En el siglo XII Geoffrey de Monmouth y Chrétien de Troyes crearon el poema de mayor trascendencia política y social después del libro de la ley iniciado por el rey judío David; parte leyenda galante y parte recuperación folclórica, la leyenda de Arturo Pendragón se extiende en la fantasía y la historia como ningún otro mito, y es de lo que se ocupa en forma novedosa la película de Doug Lefler La leyenda de Excalibur, el comienzo.

La obra del bardo francés se escribe durante el aterrador tiempo de las guerras eduardianas para la expansión inglesa en la isla, de alguna forma fue la repuesta a la solicitud de Eduardo I por un documento histórico que justificara la soberanía inglesa, aunque la mayor parte de esta historia ya ha sido contada por Mel Gibson, cuando menos en lo referente al martirologio de William Wallace, en Corazón Valiente.

El relato de Arturo y sus caballeros, consagrados todos por el poder de la espada Excalibur y por el santo grial, ha propiciado el mito unificador más poderoso después del cristianismo, y sus avatares: la espada y la copa de la última cena, son los símbolos más omnipotentes y el motivo principal de toda investigación y fantasía referidas a la naturaleza primordial de la historia de occidente: la historia del poder y la libertad democrática.

Jorge Luis Borges se ha ocupado ya de relatarnos la importante relación que existía entre la noción del poder y las espadas, en los antiguos pueblos germánicos, así que la leyenda de Excalibur se refiere directamente al origen místico de la espada que será entregada a Arturo por la Dama del Lago, pero de esta parte es de la que más se ha ocupado el arte y especialmente el cine: las relaciones entre los habitantes de Avalon y los primitivos habitantes de Britania, los celtas, cuya lengua y cultura fueron el principal motivo de guerra por parte de Eduardo y el recate legendario realizado por Monmouth y Troyes, igualmente será el centro narrativo de películas como Excalibur, de John Boorman, y Merlín, de Steve Barron.

El origen maravilloso de Excalibur frecuentemente choca con el racionalismo materialista de los ingleses modernos, que, curiosamente, aparece con Roger Bacon en la misma época de Eduardo, así que Lefler se remite a cierto tipo de interpretación historicista de la leyenda y de pronto encontramos que Excalibur no es otra que la espada de Julio César, forjada, según esta nueva versión, por los propios británicos a partir del metal de un meteorito, lo que nos remite de inmediato a la nueva versión de Los Nibelungos por Uli Edel, donde la modernización del mito germano se racionaliza mediante la humanización de sus personajes reduciéndolos a hechos carnales y verosímiles que justifiquen la sucesión de acontecimientos que llevarán a la tragedia posteriormente (lo que en el original de Fritz Lang será La venganza de Krimilda).

Hasta aquí resulta comprensible la continuidad entre mitos hermanos (Excalibur y el oro del Rhin), pero resulta que esto se plantea en una tradición muy lejana al Mediterráneo, a la concepción marcial del mundo que propusieron los romanos durante su imperio, así es como se involucra el trabajo de escritores italianos como el novelista Valerio Massimo Manfredi, en cuya novela de aventuras se basa parcialmente el guión de Jez y Tom Butterworth, cuyo carácter aventurero nos manda por muchos motivos a la narrativa de Emilio Salgari.

En la equivalencia fílmica del retrato de la guerrera asiática, el papel de Mira por la india Aishwarya Rai, irrumpe en esta nueva manifestación épica para darle al héroe secundario, el comandante Aurelio (Colin Firth), la dimensión heroica que necesita el salvador del futuro Utter Pendragón, padre de Arturo y base de la corona británica que, en esta versión, devendrá directamente de la sangre de Julio César, y se da así la extraña liga que logran el director Lefler (tal vez Lafleur originalmente) y los guionistas que adaptaron a Massimo Manfredi; como sea el personaje femenino ocupa todo el sitio de su género cuya única contraparte será la Ygraine, todavía niña, que será madre de Arturo.

Concebida como una “película de acción”, esta cinta de pretensiones históricas tiende a seguir el camino de la corrección de la mirada histórica sobre nuestra actualidad, sobre nuestros mitos, pero siempre dentro de la misma vieja intención de Eduardo I de consagrar con documentos la validez del poderío británico, aunque ahora haya pasado a las “colonias”, a los Estados Unidos, pero sigue el modelo de justificar una mentalidad de poder y sobreponerla cambiando simbólicamente los datos de la historia para que no sea el desarrollo paulatino de las relaciones entre britanos, celtas, sajones y normandos lo que constituye el sustrato del presente angloparlante, sino una soñada estirpe conquistadora procedente del primer régimen político civilizado: el romano, todavía un modelo insuperado de la modernidad que se pretende alcanzar por medios posmodernos de negación de la historia.

Pero más allá de toda esta intención evidente queda el recurso de reconstruir el relato del mito a partir de nuevas falsas pruebas: mientras la arqueología y la filología modernas han encontrado que Merlín procede de un culto celta a los elementos femeninos y lunares (que ya había explicado Robert Graves en su Diosa blanca), esta nueva visión convierte al mago medieval en un antiguo druida celta que funge como paideuta del heredero del imperio romano y después se convierte en el buscador de la espada de César para dar unidad a los ingleses, un Ben Kingsley digno de una cinta de fantasía heroica que deja muy atrás la narrativa clásica y tradicional del mito, que forma una leyenda posmoderna a la manera de las series de televisión de Oceanía y tiene muy poco que ver con la historia, la permanencia del lenguaje y del mito, pero prefigura la refabricación de la idea de hombre a partir de modelos reestablecidos por un pensamiento vacío que rompe con el pasado, sin más motivo que cierto descontento por la decepción de no ser lo que se quiere que sea, y para ello recurre al símbolo permanente entre los pueblos germánicos: la espada, restablece un significado recurriendo a otro que no ha perdido su efecto en la cultura de la cual proviene, pero difícilmente corresponde a las otras manifestaciones de la cultura a que se dirige el nuevo mercado del cine.

Filmografía:

Leyenda de Excalibur, La; el comienzo. (The last legion). D. Doug Lefler. Con: Colin Firth, Ben Kingsley, Aishwarya Rai, Thomas Sangster. Guión: Jez y Tom Butterworth, basados en la novela de Valerio Massimo Manfredi. EUA/ITAL/FRAN/ESLOV. 2008.
Anillo de los Nibelungos, El. D. Uli Edel. Con; Brunno Fûrmann, Alicia Witt, Kristianna Loken, Julian Sands, Samuel West, Max Von Sydow. Guión: Diane Duane, Peter Worwood, Uli Edel. Prod. Albrecht Konrad. Fotografía: Elmèr Rogèly. ALEM/GB. TANDEM/CHANNEL 4/CTHE.
Excalibur. D. John Boorman. Con: Nicol Williamson, Nigel Terry, Helen Mirren. Guión: Rospo Pallenberg. EUA/GB. 1981.
Merlin. D. Steve Barron. Con: Sam Neill, Helena Bonham Carter, Miranbda Richardson. Guión: Edgard Khmara y David Stevens. EUA/GB. 1998.
Venganza de Krimilda, La. (Die Nibelungen II. Teil Krimilds Rache) D. Fritz Lang. Con: Margarethe Schön, Rudolph Kleon-Rogge, Hans Adalbert Schettow. ALEM. DECLA-BIOSCOP. 1924.

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