Los Cautivos: The tall T de Boetticher
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 16 de Julio de 2008 | Categorias: Que ver en TV, Western | Tiempo de Lectura: 9m 49s | Leido 129 veces.
El inicio de “Los Cautivos” (The Tall T, 1957) es similar a los de la mayoría de los westerns dirigidos por Budd Boetticher, en que vemos avanzar, desde la lejanía, como un punto imperceptible en el horizonte, algo que se mueve y conforme se acerca descubrimos que se trata de un jinete, cabalgando solitario, a través de un paisaje, por lo regular, escarpado, con poca vegetación, más bien árido, escarpado y rocoso.
Al respecto el director señalaba en una entrevista: La simplicidad es esencial en el western. Mis planos generales al principio de mis películas son importantes porque cuando uno ve a un hombre solo cabalgando por la pradera, entre las rocas, sentimos la enorme longitud de su camino y adivinamos que es un hombre que ha matado. Instantáneamente nos preguntamos quién es, adónde va y por qué. Y así, en pocos segundos, hemos contado la película”.
En el caso de “Los Cautivos” una vez que han terminado los créditos, los cuales han sido insertados en ese plano general, se corta al interior de una casa, viendo sólo una sombra que trae en una de sus manos un rifle, mirando a través de la puerta en la lejanía que se acerca el jinete, al tiempo que un niño –su hijo- le grita, a su padre que está encargado de la posta de las diligencias, que se trata del Sr. Brennan (Randolph Scott), al cual ha logrado distinguirlo por su caballo, dejando el rifle en el pórtico saliendo a recibir al jinete.
Brennan le explica que va camino del pueblo de Contention, al rancho de su antiguo jefe, donde era capataz, antes de decidirse a tener su propia granja, la cual atiende él sólo, para ver si le vende un toro semental. El chiquillo, quién se ha ocupado de darle de beber al caballo del visitante, le encarga unos caramelos de cereza a éste, quién queda de traérselos camino de regreso a su propiedad. Brennan apuesta con su viejo jefe su caballo, a cambio de domar el toro que le interesa, perdiendo la apuesta, por lo cual tiene que volver a pie a su granja.
En el camino Brennan es recogido por la diligencia que conduce su viejo amigo Ed (Arthur Hunnicutt) a pesar de la oposición del antipático Willard (John Hubbard), el contador de una mina, que se ha sacado la lotería al casarse con la solterona Doretta (Maureen O’Sullivan) hija única del dueño del mineral. Al llegar a la posta Brennan y Ed perciben algo extraño en el ambiente, al no salir el chico o el padre a recibirlos. De pronto, desde la casa del encargado, se oye una voz que les ordena arrojar sus armas. Una vez que se han quitado sus cartucheras, vemos aparecer a tres hombres y creyendo Ed que puede sorprenderlos, trata de eliminarlos disparando una escopeta que traía escondida, pero antes el bandido mexicano Chink lo mata.
Los bandidos, al mando de Frank Usher (Richard Boone) suponía que se trataba de la diligencia del correo y no de una en viaje especial, para llevar a Willard y Doretta, en su luna de miel. Willard atemorizado y comportándose como un cobarde, creyendo que podrá salvar su vida, revela la identidad de su esposa, que ha sido enviada al interior de la casa a preparar comida, asegurándole a Usher que su suegro pagará un cuantioso rescate, a cambio de la vida de la mujer. Usher se convence y manda al tercer bandido Billy Jack (Skip Homeier), junto con Willard, con un recado para el padre de la muchacha, pidiéndole cincuenta mil dólares de rescate, quedándose de ver en una mina abandonada que les ha servido de escondite.
Usher, a quién le ha simpatizado Brennan con su laconismo y valor sereno, en contraste con la pusilanimidad de Willard, decide dejarlo, por el momento con vida, pues no sabe si necesitará de su conocimiento del terreno. Brennan le solicita que le deje enterrar a Ed, pero se le ordena que lo arroje al pozo, donde están también los cadáveres del encargado de la posta y su pequeño hijo.
Con una gran eficacia narrativa en imágenes y diálogos precisos, sin caer en artificios, se va desarrollando “Los Cautivos”, sobre todo en la manera de irnos dando a conocer la personalidad y motivaciones de los villanos, pues el personaje de Scott, como bien lo señala Boetticher, desde el inicio, con su forma de presentarlo nos ha dicho ya todo lo que se necesita decir para entender a ese solitario.
“Los Cautivos” fue el segundo de los siete westerns que realizó Boetticher, llevando de protagonista a Randolph Scott (para un mayor detalle de todo el ciclo ver en este mismo blog de www.cineforever.com los textos sobre la biofilmografías de Randolph Scott y Budd Boetticher). Aunque en el caso de “Los Cautivos” la motivación del personaje para enfrentarse a los maleantes es exclusivamente el de sobrevivir y no la venganza de la muerte de su esposa, pues a pesar de la categórica afirmación del director en sus entrevistas en que señalaba “todos los films con Randy Scott cuentan más o menos la misma historia con variantes. Un hombre al que le han matado la esposa busca al asesino. Eso me permitía mostrar relaciones bastante sutiles entre un héroe que se obstina equivocadamente en la venganza y una serie de forajidos que, contrariamente, intentan romper con su pasado”, no sucede así en “Los Cautivos”, al igual que en “Patrulla de Audaces” (Westbound), pero como lo señala Quim Casas en su “Estudio de Budd Boetticher”, publicado en la revista Dirigido de enero de 2002: “en las otras películas en las que Scout no busca saciar su venganza, las características del personaje son similares, sobre todo en su relación esquiva con las mujeres que por una u otra razón, casadas, viudas o solteras, se cruzan en su opaco itinerario. El personaje, además, parece definitivamente adherido a los alucinantes escenarios naturales que le buscó Boetticher, a la peculiar geografía rocosa y calcinada, de grietas hondas y pasos laberínticos, de un lugar llamado Long Pine”.
Si bien en términos industriales y sobre todo por haber realizado el grueso de su obra, en los años cincuenta, cuando todavía existía la llamada producción de serie B, es indudable que las películas de Boettichear pertenecen a ese universo, dado el coste de las mismas y que no pasaban de ser rodadas en un máximo de tres semanas; pero si nos atenemos a sus resultados artísticos, es indudable que debemos coincidir con el director quién afirmaba: “para mí no existen las películas de serie B o A, sólo hay películas buenas o malas”.
Vaya como manera de definir a un personaje el siguiente entre Brennan y Usher:
Usher: “¿Está usted casado?”.
Brennan: “No”.
Usher: “No es bueno vivir solo”.
Brennan: “Eso dicen”.
Usher: “No, no es bueno. Se termina hablando de mujeres y de alcohol, y eso es malo, incluso para un hombre con tan pocos escrúpulos como yo… ¿De que vive usted?”.
Brennan: Tengo un rancho”.
Usher: “Algún día tendré yo uno”.
Brennan: “Matando”.
Usher: A veces no es posible elegir”.
Respuesta que también lleva implícita su aceptación en cuanto a que sus compinches Chink y Billy Jack no son la mejor compañía, sobre todo Chink quién demuestra un gran placer en matar, el cual no dudo en acatar la orden de Usher de eliminar a Willard, una vez que llevó el mensaje a su suegro y estaba dispuesto a dejar a su esposa en manos de los malhechores, con tal de salvar él su vida. Cuando Brennan le cuestiona su proceder Usher se limita, entonces, a señalarle que le repugnaba su cobardía. Brennan no se queda contento con la respuesta, reclamándole que se autoproclame juez supremo, Usher le replica: “si no entiende la diferencia, no se la puedo explicar”. Lo cual, simple y llanamente, significa que con toda y su frialdad, de alguna manera Usher responde a un código de honor, a una forma de comportamiento que se espera de un hombre y Willard, no supo serlo.
Efectivamente tanto Boetticher como su guionista Burt Kennedy, nos trasmiten y esbozan sus ideas, con una gran economía de lenguaje, buscando no ser reiterativos o cayendo en abundantes explicaciones psicológicas, pues como dice Carlos F. Heredero en relación al personaje de Scott y por extensión al estilo de Boetticher: “su severa, intransigente y circunspecta expresión verbal trasmite, al mismo tiempo, una rudeza primigenia, una autenticidad rural y una sofisticación compleja. Es una imagen seca, despojada de todo circunloquio dramático, sumamente estilizada pero no desprovista de ironía ni de amargura”.
Es posible argüir que las limitaciones económicas obligaban a Boetticher a ingeniárselas, para que con pocos emplazamientos de cámara y mínimos decorados, lograr comunicar con gran intensidad, la soledad o mezquindad, así como la soterrada violencia de los pocos personajes que componen sus historias y en particular “Los Cautivos”, con tal sobriedad de elementos; pero todo ello solamente habla del enorme talento del director para trascender sus limitaciones, a las que también estuvieron expuestos una infinidad de directores, pertenecientes a la llamada serie B, que nunca pudieron levantar o descollar en Hollywood, como lo logró Boetticher, sobre todo con el ciclo protagonizado por Randolph Scott.
Sobre esta maestría del director cabe volver a citar a Quim Casas: “estas películas resultan enormemente realistas pese a que el director, con razón, dijera que lo único poco creíble era la edad del personaje central, cerca de los cincuenta años, cuando las gentes que se ganaban la vida con el manejo del revólver acostumbraban a morir mucho más jóvenes. El realismo impregna especialmente la forma de mostrar la violencia. ‘The Tall T (Los Cautivos) es impecable en este sentido. Scott pelea con un forajido dentro de una mina abandonada. El individuo tiene una escopeta. Scott consigue doblegar el arma hasta que el cañon del fusil queda junto al cuello de su enemigo. Boetticher desciende entonces en breve panorámica hasta mostrar el gatillo a punto de ser pulsado por Scott, y pasa a un plano medio de la mujer, Maureen O’Sullivan, que cierra los ojos y grita al escucharse la detonación. Poco después Scott se arroja al suelo para esquivar las balas disparadas por el jefe de la banda, Richard Boone, que se acerca al galope. Scott dispara a su vez y el caballo cae junto al tronco en el que se ha parapetado el protagonista (suponiendo que Scott sea más protagonista que Boone, algo que no casa mucho con la lógica y la ética de estas películas). El forajido se levanta entre una nube de polvo, cubriéndose con las manos el rostro ensangrentado”.
El plano final de “Los Cautivos” nos muestra a Scott abrazado de Maureen O’Sullivan, la cual ha aceptado romper los lazos emotivos con el pasado al comprender que su marido intentó huir dejándola a merced de los forajidos, pero Scott, en su función de catalizador, más que de provocador o centro de la acción, le ayudó a enfrentarse a su realidad y es quizás por ello, a la vez que es la única en que el personaje de este ciclo, termina, aparentemente, quedándose con la chica, posiblemente por no estar la acción motivada en la búsqueda de los asesinos de su esposa.
No es necesario conocer las siete películas que componen el llamado ciclo Boetticher-Scott, para poder disfrutar de manera asilada de una de ellas, pues cada una tiene su existencia por si mismas, aunque no dejen de estar entrelazadas y permitan una mayor comprensión o entendimiento del personaje en su crecimiento o manera de enfrentarse a su deseo de venganza, con ligeras variantes, que son precisamente las que hacen interesante a cada una de ellas, por lo que es posible disfrutar de esta joya del western que es “Los Cautivos”, ahora que será proyectada en el canal de TCM Classic Hollywood este jueves 17 a partir de las 23.55 hrs. (tiempo de México).










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