Cuando yo Vuelva o Rumbo a Tokio o, Destination Tokyo

Escrito por Gustavo Arturo de Alba on Jul 12th, 2008 y archivado en Bélico, Cine Norteamericano, Que ver en TV. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

En los ya lejanos años cincuenta, en el pleno disfrute de las matinees dominicales, destacaba, entre las películas bélicas y en particular las del sub tema de la guerra en los submarinos la conocida aquí en México como “Cuando Yo Vuelva”, con título original en inglés “Destination Tokyo, 1943) y que más tarde, al pasar en los años setenta en la televisión le pusieron el de “Submarino a Tokio” y que ahora TCM nos la presenta como “Rumbo a Tokio”, pero independientemente de las modificaciones o el uso de diferentes títulos en español, la cinta conserva buena parte de sus virtudes de film de acción y sus defectos de propaganda bélica, aunque ahora parte de ella resulta una curiosidad, por sus contenidos.

Pero como diría Jack el Destripador “vayámonos por partes”. A pesar del título de “Cuando Yo Vuelva”, más propio para un “culebrón”, lo cierto es que el romance o el posible desasosiego de la Sra. Cassiday (Faye Emerson) por la suerte que le pueda deparar el destino a su esposo, el capitán Cassiday (Cary Grant), en una misión peligrosa, se ve más como un pegoste, por necesidades de complacer al público femenino, en la inclusión de una mujer, en una trama que podía prescindir de ella, sin quitar un ápice de interés o suspenso, a lo que les sucede a los miembros de la tripulación del submarino, aunque como filme de propaganda, realizado en plena Segunda Guerra Mundial, lo de la mujer podía tener el propósito de hacer énfasis en que sus hombres tenían que marchar a la guerra, en el extranjero, para preservar su hogar en su tierra natal.

El título de “Submarino a Tokio” o “Rumbo a Tokio” son más claros en los alcances de la historia, ya que precisamente se trata de la arriesgada misión del primer submarino –el Copperfin- que tiene como objetivo llegar hasta la bahía de Tokio, para explorarla y establecer una estación de comunicación, desde la cual enviar información al Alto Mando en los Estados Unidos, para poder enviar aviones a bombardear a Tokio, por primera ocasión, que en aquellos momentos tenía más justificación propagandística que estratégica, para la población de los Estados Unidos, que aun estaba desmoralizada por el ataque a Peral Harbor y el que se pudiera bombardear Tokio, tenía el valor de mandar el mensaje que los Estados Unidos también podían “profanar” suelo japonés.

Lo anterior nos da cuenta del argumento en tono documental de “Rumbo a Tokio”, antes que el tratar de hacer una obra de ficción. Y precisamente a que originalmente el guión que se le solicitó a Delmer Daves, era el de un documental sobre esa misión es que se le dio la oportunidad de debutar como director. Daves tenía más de catorce años de guionista, la mayoría de ellos en la Warner Bros y cuando se lanzó a la tarea de escribir “Destination Tokyo” no estaba en su mira el dirigirla, pero dejemos hablar al propio Daves al respecto, en una entrevista que Paul Mayersberg le hizo para su libro “Hollywood: la casa encantada”: “En calidad de guionista había estado embarcado en un submarino para documentarme y escribir ‘Destinatyon Tokyo’, en 1943. Warner me dijo que le gustaba mucho el guión y que los detalles técnicos le habían fascinado. Le molestaba, sin embargo, verse obligado a enviar a un director, sea el que fuere, a alta mar para asimilar tales detalles satisfactoriamente. Me preguntó entonces si me gustaría dirigir la película. De hecho no lo deseaba realmente, aunque cuando empecé en el cine como copista pensé a veces en convertirme en director. Pero en aquel momento ya llevaba catorce años como guionista y me sentía tan satisfecho de mi trabajo que no me interesaba cambiar. Warner insistió: ‘Hágalo’. Y ése fue el principio de mi carrera como realizador, aunque la cosa no se reducía simplemente a que Warner me contratara para dirigir la película. Tuve que obtener el visto bueno de la estrella que era Cary Grant. El productor era Jerry Wald. Bien, Cary Grant telefoneó para decir que aceptaba el guión. Preguntó quién iba a ser el director y Wald, temblando de miedo, porque sabía que Cary poseía el privilegio de aceptar o rechazar a un director, le contestó que Delmer Daves. Cary vaciló un instante, lo pensó y dijo: ‘¿Por qué no? Sí, Delmer podría ser un buen director’. Cuando preguntó quién iba a ser el operador-jefe y le contestaron que Bert Glennon, un hombre con quién ya había trabajado, repuso: ‘Exclente. Haré con mucho gusto esta película’.

“Así que Jerry Wald llamó a Warner para decirle que Cary me había aceptado como realizador. Cinco o diez minutos más tarde sonó el teléfono. Era el agente de Cary. Dijo que le habían notificado que Cary deseaba protagonizar ‘Destination Tokyo’ y preguntó quién era el director. Pero esta ocasión, en vez de entusiasmo, la reacción fue de sorpresa y horror. Gritó: ‘¡Delmer Daves no ha hecho una sola película en su vida! ¿Qué pretende dar a entender con eso que dirigirá a Cary Grant? ¡Que practique con alguien antes de trabajar con mi estrella!’. Wald balbuceó: ‘¿Ha hablado usted con Cary?. Y el agente vociferó: ‘¡Me importa un bledo lo que diga Cary! Me dedicó a llevarsus asuntos y me opongo a que un debutante, que nunca ha hecho nada antes, le dirija’. Jerry murmuró ‘De acuerdo’. Y telefoneó a Warner para darle cuenta de la actitud del agente. Parecía que así iban a quedar las cosas. Pero entonces el agente llamó otra vez para explicar que había hablado con Cary y éste había decidido que no haría la película con otra persona que no fuera Delmer Daves”.

“Mas tarde le pregunté a Cary Grant el motivo que le había inspirado tan definitiva aprobación. Me explicó que al telefonear el agente para reprocharle por arriesgarse con un debutante, le recordó que en cierta ocasión Mae West le señalo con el dedo y dijo:‘Me agrada este joven. Creo que será mi nuevo galán’. Y así había iniciado su carrera. Cary que me conocía como amigo y apreciaba muchas de las películas que yo había escrito, opinaba que podía ser un buen director. Por qué entonces no ser el primero en decir: ‘Tengo fe en Delmer Daves’. Así fue como empezó todo. La fe combinada de Cary Grant, Jerry Wald y Jack Warner”.

Al final de cuentas la apuesta a favor de Daves rindió frutos y la combinación del tono documental con una historia de relativa ficción, en la cual se nos dan pormenores de la vida cotidiana en un submarino, al grado que varias visiones de la cinta, nos pueden dejar la impresión de que ya conocemos, al detalle, por dentro este tipo de naves, tanto en el aspecto técnico, como en el de las labores de la tripulación. La virtud de Daves estriba en que logra hacernos entretenida esta historia, en la que no dejan de haber sus excelentes momentos de acción, en este retrato de la vida en un submarino

Si hacemos caso omiso del papel de Cary Grant como agente de contraespionaje en “Tuyo es mi corazón” (Notorious, 1946) de Alfred Hitchcock y en las comedias “El Beso del Adios” (Kiss them for me, 1958) de Stanley Donen; “Sirenas y Tiburones” (Operation Petticoat” de Blake Edwards y “Papa Ganso” (Father gosse, 1964)de Ralph Nelson, quedaría su participación en “Submarino a Tokio” como el único personaje de película bélica que realizara el actor. Por lo menos si es el único dramático y que se rodó en pleno desarrollo de la guerra y con claros e inconfundibles tintes propagandísticos.

Decíamos al principio de la nota que los rasgos de propaganda, pueden resultar ahora, por lo menos curiosos, sino que irritantes al escuchar en labios de Cary Grant, diálogos como los siguientes: “Los japoneses no conocen el amor, ni siquiera tienen una palabra para él en su diccionario”; “Más patines y menos cuchillos para los japoneses”, aunque las palmas se las lleva el que pronuncia antes de que inicie el bombardeo sobre Tokio: “No dicen que los japoneses son felices muriendo por su Emperador. ¡Pues hoy van a ser muy felices!”. Dichos diálogos se conservaban en las copias que vimos en cine en los cincuenta, al igual que cuando pasó por televisión en los setenta y entrados los noventa en el Canal 11 de México, no he visto la copia que se proyecta en TCM y que está programada para volver a pasar este lunes 14 a las 22.05 hrs. en que parece se respeta su duración original de 133 minutos, pero ignoro si en el doblaje de la misma, no sufrieron censura dichos diálogos.

En todo caso no debemos de olvidar que estamos ante una obra realizada en 1943, cuando aún no era claro quién ganaría la guerra y se buscaba ser exultantes en la motivación del patriotismo en los espectadores, para que contribuyeran al esfuerzo bélico, no solamente de manera moral, sino económica, pues aún en muchas copias de películas de aquellos años, podemos ver al final que se conserva su “cola”, con el mensaje de que se pueden comprar “bonos de la guerra”, a la salida del cine.

Precisamente, en las muestras de acendrado heroísmo por parte de los protagonistas, en varias de las secuencias de acción, podríamos encontrar ahora, algunas objeciones, al desbordamiento de “homenaje a los caídos” que campea en “Submarino a Tokio”, basada en una historia de Steve Fisher, cuyo guión se debió casi en su totalidad a Delmer Daves, pues Albert Maltz también intervino en la fase final de su confección. Tal y como sería después a lo largo de su carrera de director, Daves cuida la fotografía de la misma con su característica búsqueda estilista de cierta cadencia pictórica, que en el caso de “Submarino a Tokio” a cargo de Bert Glennon, el uso de los claroscuros, con el juego de sombras indirectas, sobre todo en las secuencias de mayor tensión, en el interior del submarino, nos dan claramente la atmósfera de claustrofobia que se debe de respirar o mejor dicho sentir en esas naves, cuando están siendo atacadas. De cualquier manera, más allá de sus momentos panfletarios, son mayores las virtudes que conserva esta cinta, para conservarse vigente y poder disfrutar con su visión, en la cual también destacan, junto con Cary Grant, en su actuación John Garfield, Dane Clark, John Ridgely, Alan Hale y el casi debutante John Forsythe.

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