La guerra y el cambiante cine bélico
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 11 de Julio de 2008 | Categorias: Bélico | Tiempo de Lectura: 10m 30s | Leido 178 veces.
Conforme el cine fue dejando de ser una mera atracción de feria, para ser tomado en cuenta como una expresión artística, no faltaron los críticos y los propios productores en establecer categorías genéricas a las películas, siguiendo los modelos de la literatura de Aristóteles y Horacio, en un afán de agruparlas de acuerdo a su forma externa y su temática, así en principio se habló de western, cine bélico, thriller, policiaco, comedia, musical, cine de aventuras, ciencia ficción, peplum y melodrama, a los cuales se les han agregado algunos otros, pero los anteriores son prácticamente el núcleo de los mismos.
Sin embargo los géneros no son estáticos y se mantienen en constante evolución, con modificaciones sustanciales entre los cuales destacan las películas de guerra, tal y como lo va desentrañando de forma aguda Hilario Rodríguez en su interesante y recomendable libro “El Cine Bélico. La Guerra y sus Personajes” editado por Paidós en 2006, en donde de entrada afirma: “Desde mi punto de vista, el cine bélico es uno de los géneros más expuestos a variar su forma, como si la percepción personal pudiese alterarlo, dependiendo de cuestiones como nacionalidad, edad, profesión, sexo… Hay, de hecho, quienes no consideran cine bélico aquel que trata, directa o indirectamente, guerras anteriores al siglo XX. Y no faltan críticos cinematográficos a los que no les parece que la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial puedan entrar en un mismo género. ¿Será por una cuestión de gustos? ¿De amplitud? ¿Número de bajas? ¿Países implicados? No, no lo creo. La diversidad de opiniones tiene que ver con problemas relacionados con nuestra concepción del mundo y del país de origen de cada uno”. Lo último resulta obvio en nuestro caso, cuando a las películas enmarcadas en la Revolución Mexicana, las distinguimos precisamente como “Cine de la Revolución” y no las metemos en el saco del “Cine Bélico”.
Es cierto que la tendencia mayoritaria es solo agrupar a las que se refieren a conflictos armados en el siglo XX y lo que va de este como pertenecientes al cine bélico, pero si uno lee con detenimiento el texto de Hilario Rodríguez, en su repaso de la Prehistoria hasta nuestros días, la perspectiva se abre al asumir que la guerra ha estado, más que como última solución en muchos casos como la única para dirimir las diferencias entre pueblos vecinos y naciones, sobre todo si consideramos que el uso de las películas bélicas, como parte de la propaganda ideológica para sensibilizar al público de un determinado país, su aceptación o rechazo a la guerra, se utilizaron temas del pasado referido a grandes epopeyas de sus ejércitos, como parte de la exaltación de los valores nacionales y la convicción de que si antes de pudo salir airoso ante otras agresiones, en ese momento no se debía temer a lo que les deperaba el futuro. Pongo en este caso como ejemplo las películas inglesas “Lady Hamilton” y “Las Cuatro Plumas” (The four feathers) producidas por Alexander Korda, a finales de los treinta, como parte de esa estrategia de preparar a los británicos a la batalla contra los alemanes; pero en rigor cada cinematografía nos puede proporcionar sus propios ejemplos o acaso no era una de esas la función que tenía “Alexander Nevsky” de Eisenstein, en el contexto histórico de Rusia, a mediados de los años treinta como una alegoría a lo que vendría.
Y es precisamente en la función ideológica y la percepción a la misma, donde entraña mayores modificaciones sobre la actitud con que tomamos a las diversas muestras de este cine, a partir de nuestra propia situación, tanto como espectadores y pertenecientes a una nación o determinado bloque, al igual que la edad cuenta, pues no es lo mismo el impacto que tenía en nosotros, cuando niños a mediados de los cincuenta, cintas como “Los Puentes de Toko-ri” (The bridges of Toko-ri) y “A Bayoneta Calada” (Fixed bayonets) en tanto cine de propaganda en relación a la guerra de Corea, podía verse con cierta tolerancia o ingenuidad, mientras ahora “Fuimos Heroes” ( We Were Soldiers) ubicada en la guerra de Vietnam o “La Caída del Halcón Negro (Black Hawk Down) en Somalia, fuera de los Estados Unidos resultan irritantes, en la mayoría de los casos en los espectadores, por su carga de justificación a la descarada intervención de los Estados Unidos en conflictos en los países subdesarrollados, sino en el propio causante de los mismos, para justificar sus invasiones. Inclusive el acercamiento actual a cintas bélicas de los años treinta, cuarenta y cincuenta, sin una clara idea del referente al contexto histórico en que se rodaron, nos lleva a conclusiones, sino falsas si distorsionadas de las mismas y su función en el momento de su estreno.
Hilario Rodríguez, igualmente en su interesante libro nos muestra como el género bélico esta interrelacionado con otros géneros, al igual que el interés por este tipo de películas difiere en cada país. Así en Suiza, país tradicionalmente neutral, el género es inexistente; mientras Alemania ha tratado al mínimo su participación en la I y la II Guerra Mundial, después de 1945, encontrando más bien desperdigadas alusiones, alegorías o parábolas al respecto en películas sobre la guerra, pero no estrictamente bélicas; en tanto Estados Unidos las siguió produciendo, en la mayoría de los casos, para vanagloriarse de su victoria, aunque no deja de haber honrosas incursiones críticas, pues como señala el autor: “una experiencia en particular puede producir rechazo hacia cualquier película que trate de forma directa la guerra. O también puede hacer que sólo se trate desde una perspectiva invariable. Así, resulta difícil imaginar a un solo cineasta judío que se decida a rodar una película cómica sobre el Holocausto, porque ese tema le afecta emocionalmente de forma muy profunda, tanto que para hablar sobre él no caben los chistes. No siempre se pueden aceptar todas las variantes que existen para presentar la guerra en el cine. Muy a menudo esto se debe a la particular popularidad de determinados géneros en cada país, a su postura acerca de la guerra, a su experiencia durante el conflicto bélico que se pretende retratar en una película. Las pautas culturales de cada país tienen mucha importancia a la hora de proponer diferentes versiones de la guerra. Pero ante todo es imprescindible no dividir al público a causa de una película, cosa que puede suceder cuando ésta aborda el espinoso tema de una guerra civil, sacándola de contexto o tratándola sin el adecuado distanciamiento u objetividad. (…) Cada cultura, sin embargo, tiene su manera de entender la guerra y cada momento preciso puede hacer cambiar esa manera de entenderla. Quienes más hayan sufrido, menos posibilidades tendrán de ver los aspectos multiformes de un conflicto bélico”.
“El centralismo del cine norteamericano –abunda el autor- y de la política de los géneros han hecho que se tenga una visión muy restringida del género bélico. Una película bélica, tal y como la suelen entender los especialistas en el género, tiene unas invariantes fijas. Siempre se ofrecen batallas o combates; suele haber un protagonismo repartido entre los miembros de un grupo; se narra una misión concreta, rodeada por otros acontecimientos que contribuyen al paisaje general de la historia; hay una o varias muertes que sirven para provocar un impacto emocional en los espectadores, ayudándoles a comprender que la guerra es algo malo… Sin embargo, ese modo de ver el género es excesivamente restrictivo. Ni siquiera se pueden aceptar las viejas divisiones que separan las películas bélicas de autor de las películas bélicas comerciales apelando al supuesto antimiltarismo de las primeras y el supuesto militarismo de las segundas. Todo eso es inexacto. Aun aceptando que casi ninguna película glorifica la guerra, no se puede pretender que le cine bélico sea aquel que se muestra contrario a la guerra. De hecho, la guerra ha sido tratada dentro de muchos géneros cinematográficos, para retratarla en cada uno de una forma en particular, cambiando así a veces su significado o escondiéndolo para que de ese modo la censura no desautorizase una historia que podía encontrar la oposición o el desacuerdo de los poderes fácticos. Los bueno que tienen los distintos géneros y el uso que éstos han hecho de la guerra es que permiten entender mejor, y de manera bastante más aislada, los distintos elementos que caracterizan un conflicto bélico, desde los soldados al armamento, pasando por cuestiones como el fascismo, el individualismo, el heroísmo, la cobardía, el miedo o la moral”.
Los géneros en que suele mezclarse o yuxtaponerse el bélico con mayor frecuencia, conforme a la visión de Hilario Rodríguez son las: comedias, melodramas, thrillers, cine de aventuras, documentales, ciencia ficción y el biopic, de los cuales da ejemplos al detalle, teniendo el cuidado de hacer un apartado llamado “otros géneros”, para decir que también, entre otros, en el musical y en el western, llegamos a encontrar el género bélico, pues como bien señala el autor: “No hay límites fijos para el cine bélico, aunque en realidad no hay límites fijos para que asimismo cualquier otro género tenga cabida en una película de guerra. Al fin y al cabo, la guerra no es un invento del siglo XX, pues ya existía mucho antes, desde la aparición del hombre sobre la faz de la tierra. Puede decirse por tanto, que la guerra ha tenido un reflejo en todo tipo de circunstancias, culturas y países, en mitad de charlas entre amigos, desfiles, días de sol o lluvia, dentro y fuera de los hogares”.
En su capítulo “Protagonistas de la guerra” hace un recuento de toda la múltiple gama de personajes que llegan a poblar o más bien a centrarse en ellos determinadas películas como son: soldados; oficiales; suboficiales; desertores; mercenarios; prisioneros; la resistencia; niños; héroes; enemigos; civiles; revolucionarios; reporteros de guerra; espías; curas y los traidores; lo cual le lleva a un repaso amplio de una serie de filmes bélicos a lo largo de la historia de la cinematografía, en particular la norteamericana, en que de manera natural vemos la evolución del género.
Indudablemente resulta interesante y recomendable la lectura del libro “El Cine Bélico: la Guerra y sus Personajes” de Hilario J. Rodríguez en que parte de su epílogo con su conclusión nos abre puertas para continuar la discusión sobre la influencia de este género en los espectadores, al señalar: “Creemos tener una idea amplia del mundo, pero sin embargo, limitamos la imagen de algunas de las cosas que ocurren en él, como si solo pudiesen ser de un modo concreto. La guerra es una de esas cosas. Nos hemos acostumbrado a ver películas bélicas norteamericanas, hasta tal punto que hemos creado un género a partir de ellas. Ni siquiera hemos preguntado si alguna otra industria cinematográfica del mundo también podía ofrecernos su visión de la guerra. Y no sólo eso, sino que además hemos creado una imagen concreta de la guerra en la realidad a partir de todas esas películas bélicas norteamericanas. Eso ha desembocado en que ya no existen guerras de verdad, ahora en su lugar hay conflictos en donde la realidad y la fantasía se mezclan. Las películas que al principio pretendían plasmar de forma objetiva lo que sucedía en los frentes de batalla han acabado imprimiendo su sello en las guerras actuales, donde a los soldados se les pide que se comporten como John Wayne o como Silvestre Stallone”.
“Al final, la confusión ha acabado imponiéndose sin que nadie rechiste, sin protestas. Realmente lo que sucede es que quienes provocan guerras o participan en ellas no quieren que nadie pueda llegar a verlas de verdad. Tampoco quienes hacen películas bélicas quieren que la gente llegue a ver una guerra auténtica jamás, porque eso destruiría su monopolio”. Hilario J. Rodríguez nos ofrece un interesante acercamiento al cine bélico, en el cual el recuento filmográfico se aleja del estéril enciclopedismo, para servir de apoyo en el entendimiento, más que de una forma de hacer cine en la manera de concebir la guerra y sus consecuencias, al ser el género más al servicio de las ideologías, independientemente de la conciencia que de ello tuvieran sus creadores o realizadores.
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