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El cine, los viajes a la luna y más allá*

Escrito por Juan Jiménez Patiño | 7 de Julio de 2008 | Categorias: Ciencia Ficción, Fantástico | Tiempo de Lectura: 8m 44s | Leido 82 veces.

Comenzando el siglo XXI el cine ha dado un giro extraordinario hacia lo fantástico y en medio de realidades dignas de ficción representa, un giro adelantado de la realidad histórica, que lleva al hombre a la conquista del espacio; más allá del viejo sueño de Kennedy por llegar a la luna, como un desafío de las “democracias” al totalitarismo, la sobrepoblación y el agotamiento de los bienes terrestres empujan a la conquista del entorno terrestre, más allá también de la simple imaginación y el espíritu de aventura.

Si nos ponemos a hacer una relación de las películas que supuestamente hablen de la luna la lista sería interminable, considerando que muchas veces se utiliza al satélite como ejemplo, sinónimo o figura literaria.

Podríamos empezar con las alusiones a la luna como manera de dividir un año en meses, como son las referencias que se hacen en diversas culturas. Así lo hacían los pobladores originales de América ante de la llegada del hombre blanco y terminaríamos en, por ejemplo, Luna Amarga (Bitter Moon) de Roman Polanski.

El primer filme que se asienta en la mayoría de las historias del cine es el Viaje a la Luna ( Voyage dans la Lune, Francia 1902) de Georges Méliès, el mago que le dio al cine carácter de imaginación y espectáculo cuando lo necesitaba, y para esta obra se basó en la novela de su compatriota Jules Verne.

En 1905 Ferdinand Zecca y Gastón Veille filmaron para la casa Pathé El amante de la Luna (L’Amant de la Lune, Francia), fantasía fílmica ajena a la influencia de Méliès. En Inglaterra el inventor William Paul filmó The Motorist, otra fantasía sin influencia de l mago francés.

En 1908 el español Segundo de Chomón filmó para la casa Pathé, de Francia, el Nuevo Viaje a la Luna (Le Nouvel Voyage dans la Lune), y Jack Leight, en 1919 dirige para la Gaumont la cinta Los Primeros en la Luna (The First Men on the Moon), basado en la novela de H. G. Wells; diez años después, en 1929, Fritz Lang realiza La Mujer en la Luna (Die Frau im Mond), para la UFA, primer experimento fílmico con pretensiones de seriedad acerca de los viajes a la vecina de nuestro planeta.

Los rusos o soviéticos no se podían quedar atrás y de ahí que precisamente I. Juravliov filmara en 1936 Krismitchesky Reis, fantasía extraña en una industria de realismo socialista acerca de la conquista lunar, lástima que del título no hemos encontrado traducción o testimonio de su exhibición.

De 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, Joseph Von Beky obtuvo la producción en los estudios de la UFA, en Alemania, para filmar su célebre Aventuras del Barón Muchhaussen (Muchhaussen), despliegue de efectos costosísimos como un canto del cine nazi que solo tenía por objeto fomentar el nacionalismo.

Un salto en el tiempo para la fantasía fílmica abrió de nuevo paso a los viajes a la luna con Destino La Luna(Destination Moon, EE.UU., 1950) de Irving Pitchel, original historia del viaje sideral donde se puso de moda las navecillas de lámina sostenidas con hilos, al igual que los actores John Archer y Warner Anderson en sus caminatas espaciales.

El renacimiento de la ficción fílmica trajo a la pantalla joyas de bizarría cinematográfica como Mujeres Gato de la Luna (Cat Woman of the Moon, E.U.A., 1953), solo como un pretexto para mostrar bikinis espaciales, dirigidos por Arthur Hilton.

El cine mexicano produjo engendros como Viaje a la Luna, de Fernando Cortés, intento de comedia de terror donde el único atractivo era la ex-desnudista Kitty de Hoyos, a más de iniciar el robo de efectos especiales del cine estadunidense desde 1957.

Para 1958 el genio de Byron Haskin intentó adaptar la novela de Julio Verne De la Tierra a la Luna (From the Earth to the Moon, EE.UU. ), pero el lucimiento de Joseph Cotten y George Sanders, además del marco para Debra Paget, arruinaron la cinta y sus efectos especiales.

Italia también emprendió su viaje a la luna con La Morte viene dello Spazio (1958), dirigida por Paolo Heusch.

Los años sesenta también tiene varios títulos significativos : una cinta inglesa de autor anónimo destaca por su título sugerente: Desnudos de la Luna (Nudes of the Moon, 1960), ese mismo año se estrena 12 a la Luna (12 to the Moon, E.U.A., 1960) de David Bradley, con Ken Clark, Michi Kobi y Tom Conway, para la Columbia Pictures.

Man in the Moon fue una película inglesa dirigida por Basil Dearden en 1961. Del mismo año son los filmes Psi Spre Luna, de Rumania, dirigida por Ion Popescu, y el famoso Barón de la Castaña (Baron Presil, 1961) de Karel Zeman, realizada con técnicas mixtas de animación y llevando como actores a Milos Kopecky, Jana Brejchova y Rudolf Telinek, que aun hoy sigue exhibiéndose en funciones dedicadas a niños y adolescentes y en el canal 11 de Tv..

También Walt Disney entró en la producción de cintas sobre la conquista lunar y realizó Moon Pilot(1962), con Tom Tyron, Brian Keith y Edmund O’Brian.

En 1964 se filmó en Inglaterra Los Primeros Hombres en la Luna (Firs Men on The Moon), bajo la dirección de Nathan Juran, con Howard Judd, Martha Hyer y Leonel Jeffries, afortunada adaptación de Wells. Dos años después la misma cinematografía produjo Esos Fantásticos Locos Voladores (Jules Verne’s Rocket to the Moon), dirigidas por Don Sharp, exhibida en México hasta los años setenta.

Los ingleses tuvieron un éxito aceptable de taquilla con su cinta Rugido de Ratón ( The Mouse That Roared) dirigida por Jack Arnold, y actuada por Peter Selers, pero esa combinación no se repitió para la secuela, la mediocre Un Ratón en la Luna (Mouse in the Moon),de Richard Lester, tan solo una entrada a la moda.

Otra producción inglesa de Roy Ward aprovechó el auge del espacio provocado por la obra de Stanley Kubrick y sirvió de campo de entrenamiento para la realización de efectos especiales (y espaciales) en la cinta Luna Cero-Dos(Moon Zero Two, 1969), producida por la Hammer, y en tanto John Sturges realizó Abandonados en el Espacio (Marooned, 1969), una cinta pretenciosa que intentaba llamar la atención sobre los peligros de las fallas en misiones espaciales.

Resultó significativa la realización de la película Operación Capricornio Uno (Capricorn One, 1978), de Peter Hayes, cinta que inicia el subgénero de la conspiración espacial presentando la llegada del hombre a la luna como un fraude filmado en secreto.

La naturaleza fantástica de la ciencia-ficción fue siempre un obstáculo para la producción de películas con el tema, y solo el talento de Stanley Kubrick dio sitio al género en la industria al probar que el público era suficientemente inteligente para comprenderlo y en 2001, Odisea del espacio(1968), quedó consagrado el género para la posteridad y no solo para la experimentación creativa de imagen, sino rentable por el costo de los efectos especiales, particularmente buenos en manos de Douglas Trubull, que impuso la necesidad de verosimilitud en la actividad espacial.

Respecto de la conquista de la luna solamente han valido la pena tres versiones fílmicas: las diferentes del viaje a la luna de Verne, que en la visión de Don Sharp, con Troy Donahue y Burl Ives respeta la iconografía y el texto del francés, mientras que por otro lado la novela de Wells Los Primeros Hombres en la Luna alcanza su mejor versión en la cinta de Nathan Juran, y en el terreno de la fantasía sin inhibiciones todas las versiones del Barón Muchhaussen compiten por calidad, especialmente con la visión satírica de Karel Zeman acerca de las hazañas estadunidenses en el espacio, y la riqueza de alegorías y despliegue de producción que realiza Terry Gillian en 1989, y ya forman parte de la inmortalidad fílmica mundial.

La ciencia-ficción como género buscó su sitio desde el inicio del arte y la industria, ni siquiera la solemnidad del cine soviético escapó a su influjo y se crearon obras inmortales como Aelita (1924) de Protazanov y El Planeta de las Tormentas (Pavell Klushantsev, 1962) o Solaris (Andrei Tarkovski, 1972); la conquista del espacio creó iconos del siglo pasado como Flash Gordon y Buck Rogers desde los años treinta y en los cincuenta a ochenta dieron obras cruciales como La conquista del espacio (The conquest of Space, Byron Haskin, 1955) o El Planeta Desconocido (Forbidden Planet, Fred M. Wilcox, 1956), donde la posibilidad de que el hombre se adaptara a nuevas condiciones de vacío y a otros ecosistemas se exploraba con sentido de anticipación, el que llegó al clímax con Kubrick al recurrir al consejo científico para la verosimilitud de la producción.

Más allá de 2001…, en cintas como Misión a Marte (Mission to Mars, Brian de Palma, 2000) o El Planeta Rojo (The Red Planet, Anthony Hoffman, 2000), la verosimilitud es fundamental, aunque sus temas giren mejor en la fantasía más alocada y hasta incongruente(como el origen extraterrestre de la humanidad en Misión a Marte) o desaten la fantasía en la animación en maravillas como en Titán A. E., de Don Bluth(2000).

El cine del espacio, más allá de la conquista de la luna, está apenas en sus inicios, aunque hay que volver la vista atrás a cintas de pretensiones históricas como Elegidos para la Gloria (The Right Stuff, Phil Kauffman, 1983), una crónica de los primeros astronautas que culmina con la ficción maravillosa y de homenaje que realizara Clint Eastwood con Jinetes Espaciales (Space Cowboys, 2000) y el género apenas si entrará al arte, tan pronto y los efectos especiales sean tan solo un recurso y no la estrella, como ya probó que es posible Clint Eastwood.

(El texto fue publicado originalmente en Revista de Revistas, en marzo de 2001, cuando era dirigida por el maestro del periodismo Enrique Loubet Jr., siendo escrito al alimón por Juan Jiménez Patiño y Héctor Enrique Espinosa Rangel.)

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