EL REINADO DE KATY*
Llámese villanas, vampiresas, antiheroínas, mujeres fatales, viudas negras, arpías eróticas, ellas, siempre serán un sinónimo del deseo retorcido,
de la sensualidad prohibida y la tensión sensual. El personaje de la mujer ambiciosa y cruel y a su vez, la devoradora y hembra vanidosa, la despiadada, materialista y sin escrúpulos sexuales: desde la cachondísima Reina malvada de Blanca Nieves a la ambigua asesina que Sharon Stone encarnó en Bajos instintos o la bellísima hembra calculadora Lara Flynn Boyle de Intriga en el rojo oeste.
Por supuesto, el cine mexicano también supo llevar a derroteros increíblemente hormonales a sus villanas nacionales como María Félix en papeles a su medida que encarnó brillantemente en cintas como La devoradora, Doña Diabla o La mujer sin alma. Asimismo, es notorio el giro que María Antonieta Pons ofreció en La insaciable, La bien pagada y La sin ventura, la rubia debilidad de una Emilia Guiú que transtorna a los hombres en Puerto de perdición o Quinto patio, sin faltar Leticia Palma en Hipócrita o En la palma de tu mano y quizá la mezcla de ingenuidad y perversión de una Ninón Sevilla en Sensualidad.
No obstante, en medio de aquellas mujeres intocables, objetos de lujo trastocadas en reinas despiadadas que esclavizan con sus encantos y con sus formidables y sinuosos cuerpos para poner en duda la virilidad del macho, destaca de manera particular Katy Jurado. Actriz y hembra exuberante de mirada lánguida y ojos grandes e incitantes que impresionó a tal grado al Indio Fernández, quien le propuso una parte en La isla de la pasión con la que el Indio debutaba como director en el año de 1941. Por aquel entonces, Katy tenía 14 años y no obtuvo el permiso de sus padres y declinó la oferta hasta 1943 cuando, estando ya casada con el actor Víctor Velázquez, debuta como adolescente fatal en Internado para señoritas.
En efecto, Katy Jurado se convirtió casi de inmediato en la antítesis de las tiernas heroínas femeninas del cine mexicano: la mujer come-hombres, la vampiresa sin escrúpulos que exige joyas, departamento, dinero y noches de pasión, que Katy Jurado dió vida en cintas como No matarás, Nosotros los pobres, Hay lugar para dos, Cárcel de mujeres, El bruto, La mujer del carnicero y más. La hembra que no se detiene ante nada, la pecadora insensible y cachonda por naturaleza. Más que un reprochable mito erótico se convierte en el ángel vengador de las buenas costumbres.
Lo curioso, es que Katy no sólo logró destacar en el ámbito nacional, sino que además traspasó fronteras muy pronto, siendo incluso nominada al Oscar y alternando al lado de figuras de la talla de Marlon Brando, Burt Lancaster, Tony Curtis, Spencer Tracy, Gary Cooper, Grace Kelly, Gina Lollobrigida, Ernest Borgnine y muchas otras estrellas consagradas.
1943.EL AÑO DE SU DEBUT
Katy Jurado entraba por la puerta grande en un año básico para el cine nacional: 1943. El cine nacional alcanzaba una cifra record de producción: 70 películas en un año decisivo que sirvió no sólo para ampliar mercados y afianzar un público nacional, sino para la formación de verdaderos equipos creativos como el integrado por Emilio Fernández-Gabriel Figueroa y Mauricio Magadaleno. 1943 es el año de Doña Bárbara, María Candelaria, Distinto amanecer, El globo de cantolla, La mujer sin alma, México de mis recuerdos o La vida inútil de Pito Pérez.
1943 marca también el debut de Germán Valdés Tin Tan en una pequeña actuación para Hotel de verano, y de Carmen Montejo en Resurrección. Y es justo en ese año, en el que Katy tiene la oportunidad de alternar con futuras estrellas juveniles como Rita Macedo y al lado de la deliciosa y carismática Mapy Cortés y del galán Emilio Tuero en la comedia romántica Internado para señoritas cuya publicidad rezaba: “Señorita: Si Tuero fuera su maestro y usted estuviera enamorada de él; ¿Cómo se le declararía?”…
Dirigida por Gilberto Martínez Solares, futuro realizador de las mejores comedias de Tin Tan, la cinta era un pretexto para el despliegue musical de sus protagonistas y del ballet de Miss Carroll y alumnas; entre ellas, Katy Jurado quien destacaba de entre el conjunto, debido a su inquietante belleza y coquetería. La historia de un tímido profesor de Literatura que trastorna a varias colegialas leyéndoles poemas de amor ya había sido llevada con anterioridad a Hollywood bajo el mismo título y con la dirección de Irving Cummings.
Tan sólo un mes después de su debut en Internado para señoritas, Katy Jurado obtenía ya su primer papel de villana antagonista que supo aprovechar al máximo robando cámara y arrebatándole escenas a la sensitiva y vulnerable Carmen Montejo en No matarás de Chano Urueta. Katy hacía el papel de Susana, una jovencita perversa que conduce por el mal camino a la inocente Carmen, quien es seducida por el joven y malvado villano que encarnaba Rafael Baledón.
Clasa Films le otorgó la oportunidad de compartir créditos de nuevo con Emilio Tuero y un reparto que incluía a Carmen, por supuesto y Sara García en un filme tremedista pero divertido que tenía de todo: engaños, chantajes, casas de mala nota y drogas. Katy entraba a la industria con pie derecho, mostrando aptitudes histriónicas y una belleza malévola e inquietante y para más, su debut había sido todo un éxito en taquilla cuando se estrenó en el cine Palacio el 22 de julio de ese año 1943, como lo indica una breve nota aparecida en Cinema Reporter con fecha de Noviembre 27…
“Internado para señoritas da dinero a manos llenas. Lo hemos manifestado repetidas veces: Clasa Films puede hablar de sus éxitos con cifras, porque son éxitos de verdad y no hay en ellos nada de ficticio. Así, por ejemplo, para dar una idea de la acogida que ha tenido Internado para señoritas en los cines del primer circuito bastará con que consignemos la suma recaudada en los tres primeros días de exhibición. Asciende esta suma, en números redondos, a ochenta y tres mil pesos. Esto explica que los exhibidores prefieran siempre programar sus espectáculos con películas del sello Clasa. Son películas de calidad y proporcionan además dinero a manos llenas”.
Si en No matarás había llamado la atención del público, nada comparado con su intervención en Balajú protagonizada por Maria Antonieta Pons, David Silva, Mimí Derba y el Mario Tenorio quien acaba de fallecer, un filme que tardó casi un año en estrenarse y en el que se hacía gala de las bellezas que adornaban una historia de pasiones tropicales con canciones de Pedro Galindo. No obstante, La vida inútil de Pito Pérez filmada a finales de ese 1943, fué el verdadero despegue de una actriz de belleza diferente y de un porte distinto a pesar de llevar una línea similar al de una María Félix o Elsa Aguirre. De hecho, Katy supo hacerse de un estilo propio, de una cadencia especial para recitar sus diálogos y de ofrecer al espectador una sensualidad a medio camino entre la ingenuidad y la perversidad.
La novela del michoacano José Rubén Romero brindaba la oportunidad cinematográfica de su vida al cómico surgido de las carpas, Manuel Medel quien se había hecho célebre en las primeras cintas de Cantinflas. El retrato del vago pueblerino, alcohólico y medio filosófo parecía hecho a la medida de Medel y de su curiosa picardía como lo muestran escenas tan singulares como aquella en la que ponía pies en polvorosa al ser descubierto en plena aventura amorosa con Dolores Tinoco, la libidinosa mujer del boticario. Asimismo, además de su encuentro con Elvia Salcedo, la pueblerina coqueta y co estelar del filme dirigido por Miguel Contreras Torres, Medel destacaba también gracias a la presencia de Katy Jurado como Soledad, la guapa muchacha de la que Pito se enamora pero que acaba en manos de un ricachón en lugar del pobrediablo que encarnaba Medel.
LA JOVEN DE MIRADA SOÑADORA
Arrancaba un nuevo año para Katy Jurado quien, con tan sólo cuatro películas se había echado al bolsillo a público y productores, como Raúl de Anda quien la reclutaba para protagonizar una suerte de secuela de Chucho el Roto (1934) titulada La sombra de Chucho El Roto (1944) con Tito Junco como el joven abogado hijo del héroe Jesús Arriaga acusado injustamente de un crimen. Se trataba de una cinta de suspenso realizada al estilo de los viejos seriales bajo la buena mano de Alejandro Galindo con Katy Jurado como la tentadora heroína y Leopoldo Chato Ortín quien repetía su papel de La Changa, el fiel amigo del bandido generoso.
De ahí, Katy dió un salto aun curioso thriller serie B para lucimiento de las estupendas dotes histriónicas del habilidoso David T. Bamberg Fu Man Chu en otra de sus insólitas aventuras; en este caso El museo del crimen (1944). En ella, se reproducen con acierto todos los ingredientes del cine policiaco y de suspenso, incluyendo algunas inquietantes escenas de horror. Katy se convierte a los ojos de la policía en sospechosa de envenenamiento contra su propia hermana en esta disfrutable y ligera cinta de misterio.
De nuevo, al lado de Contreras Torres y Manuel Medel, Katy encarnaba a una manicurista capitalina que se entusiasmaba con el protagonista en una de las viñetas de Bartolo toca la flauta; una suerte de aburrida prolongación de Pito Pérez con un trasfondo de fábula muy mal resuelta por el director y su protragonista. Bartolo es un timorato y pobre diablo al que sólo le interesa tocar la flauta para evadir responsabilidades y peleas. Ni la belleza de sus estrellas femeninas: Hilda Kruger, Esther Luquín y por supuesto Katy Jurado salvaba esta tragicomedia con intenciones cívicas.
En las postrimerías de ese 1944, Katy Jurado aún alcanzó a filmar un drama de suspenso y pasiones desatadas de ambiente tropical: Rosa del Caribe protagonizado por María Elena Marqués y Víctor Junco. En este relato plagado de canciones afines como la que da título al filme -compuesta por Pedro Galindo-, chantajes y movimientos sensuales y ardientes de sus protagonistas femeninas, Katy Jurado tuvo la oportunidad de lucir por vez primera sus dotes de villana despechada; de hembra devoradora que derrite a los hombres con sus canciones en el espacio del cabaret y que pierde ante la virginidad de la heroina precisamente por esa tendencia a encontrar placer en el pecado.
Apenas arrancaba 1945 cuando justo el 2 de enero Katy tenía llamado en los Estudios Azteca para participar en la comedia Soltera y con gemelos estelarizada por Pepe Cibrián en su papel de atrabancado bohemio de corazón y Amanda Ledesma, chica romántica fanática de los tangos, más la presencia de un severo profesor que encarnaba Angel Garasa. En esta película, Katy Jurado alternaba también por vez primera con don Andrés Soler, extraordinario actor de apoyo con quien realizaría pocos años después uno de sus mejores fimes: EL bruto bajo la mano maestra de Luis Buñuel.
Como una suerte de adelanto de comedias con mensaje político como “Pito Pérez se va de bracero”, o “Primero soy mexicano”, el equipo de Raúl de Anda como director-productor y Luis Aguilar como protagonista, llevaban a cabo un filme curioso por su abierta burla al gringo y al mexicano pocho deslumbrado por el dólar y el inglés en “Guadalajara pues” (1945). Aquí, no sólo se mostraban las virtudes campiranas, sino las del propio estado de Jalisco en un filme donde Katy dejaba momentáneamente los papeles de hembra perversa para concentrarse en el de una atractiva tapatía que se empeña en conquistar al héroe.
La trama, simplona en apariencia, que hablaba con humor de un serio problema social y en la que se interpretaban temas de Pepe Guízar y Cuco Sánchez, entre otros, narraba un relato de enredos amorosos con Agustín Isunza muy divertido en su papel del agringado ex bracero Joe Flowers o sea José Flores, cuyos patrones, los jóvenes rubios Joan Page y Clifford Carr deslumbraban a la pareja de hermanos que encarnaban Luis Aguilar y Amanda del Llano, a quienes Miguel Inclán, un rico alfarero de la región, les ha echado el ojo para casarlos con sus hijos Rosa y Donato interpretados por Katy Jurado y Raúl Guerrero.
En una de las escenas de “Guadalajara pues” Katy, muy entrona le dice a la rubia Page: “a los mexicanos les gustamos las morenas, no las güeras desabridas como usted…”; con todo, a fin de cuentas Katy terminaba perdiendo en esta suerte de metáfora sobre las fantasías del macho que sólo podía dominar al país del norte en la cuestión sexual. Luego de un papel de apoyo en La viuda celosa (1945) con un guión de Max Aub que adaptaba una obra de Lope de Vega en época actual y estelarizada por los argentinos Luis Aldás y Amanda Ledesma, Katy Jurado esperó un año para regresar a los foros fílmicos de nuevo al lado de Luis Aguilar en un drama de aventuras patrióticas ambientado durante la intervención francesa: “El último chinaco” (1947).
Estrenada en el cine Savoy, el filme producido por Raúl de Anda, resultó más bien lento y rutinario aunque Katy destaca en su papel de hembra hermosa enamorada del héroe, un bandido generoso que libera a varios hombres explotados en una zona minera de Guanajuato y termina casándose con la protagonita interpretada por Marga López.
LA QUE SE LEVANTA TARDE
Con todo, la carrera de Katy Jurado parecía no avanzar a pesar de que el público y productores sabían que detrás de esa inquietante belleza podrían salir personajes insólitos e incluso anómalos explotando esa su especial manera de convertirse en la otra; la hembra devoradora e inescrupulosa. Es estonces cuando llega una buena oportunidad de la mano de Ismael Rodríguez quien le asigna uno de sus mejores roles de apoyo en la que sería quizá una de los grandes películas de culto del cine mexicano.
En Nosotros los pobres (1947) Pedro Infante y Blanca Estela Pavón se convirtieron en la más emotiva pareja del cine mexicano mediante sus respectivos papeles: ella es la Chorreada, novia del noble carpintero Torito en un barrio proletario de la ciudad de México, donde circula entre otras, “La que se levanta tarde” -ya se imaginarán porqué-, una cachondísima coqueta que encarnó Katy Jurado de manera deliciosa, debido sobre todo a que evitó convertir a su personaje en la típica cualquiera. En efecto, su personaje es el de la joven que se sabe hermosa y que puede conseguir lo que sea con su cuerpo, pero al mismo tiempo, sabe ser amiga y mostrar ternura, con todo y su chiclote o el cigarrillo entre los labios.
Desde su primera aparición Katy Jurado llena la pantalla. Se le ve hermosa y radiante atravezando una calle hasta donde se encuentra “El Torito” en su carpintería y ella le envía un beso. No obstante, la mejor escena que tiene con Pedro, es aquella en la que mantiene un breve intercambio de frases y fricciones corporales. “¡Ah!, me corres. Ta’ suave”, le dice ella, “Tienes miedo de que te peguen”…”Yo no pierdo nada con hablar contigo, soy hombre”, responde Infante en una genial dialogo machista imaginado por Pedro de Urdimalas.
Después, Katy intenta ponerle una medallita y aprovecha para colocar la cara de Infante entre sus pechos, escena que es contemplada por la pequeña Evita Muñoz Chachita quien acaba corriéndola de ahí con una escoba. Otras escenas curiosas con Katy Jurado la muestran acariciando a un invidente: “Hoy no traigo nada cieguito”… “Es usted señorita” -le responde éste-… “Gracias de todas maneras” (por lo de señorita, se entiende).
Nosotros los pobres fue todo un muestrario del dolor y la pasión de barrio: Una mujer de la vida airada, agresiva y coqueta (Katy), una usurera asesinada a cuchilladas (Conchita Gentil Arcos), una hermana prostituta y tísica que encarnó de manera excepcional Carmen Montejo, una niña que no encuentra la tumba de su madre, una anciana paralítica muerta a golpes por un marihuano -el genial Miguel Inclán vs María Gentil Arcos-. Y como climax brutal, una pelea a muerte en una bartolina de Lecumberri en la que Infante deja tuerto al notable actor secundario Jorge Arriaga…
HAY LUGAR PARA DOS
Katy había acabado con gran éxito 1947 y empezaba el nuevo año con un extraodinario filme que intentaba mostrar con sencillez los problemas de la urbe alemanista. Su papel era el de la típica cualquiera que vive de su cuerpo y su belleza y de esa, su manera tan peculiar para poner a los hombres a sus pies. Katy no sólo lo explotó al máximo, sino que aprovechó para mostrar su gran calidad histriónica; no se trataba de repetir un estereotipo, por el contrario, la actriz le encontró matices, lo hizo creíble y humano: un personaje que pudiera gozar, divertirse y al mismo tiempo enfrentar con dolor y horror la tragedia de su irresponsabilidad.
Alejandro Galindo había conseguido un notable clásico instantáneo de nuestro cine con ¡Esquina bajan! y su secuela, Hay lugar para…dos -realizadas en 1948- en la que había desarrollado un papel ni mandado hacer para Katy. En ambas, resultan inolvidables las actuaciones de David Silva, Fernando Soto Mantequilla, Delia Magaña, Miguel Manzano, Olga Jiménez y la propia Katy. En las dos, se cuentan las aventuras urbanas de Gregorio Del Prado chófer de la línea de camiones “Zócalo-Xochicalco y Anexas” y de su cobrador “Regalito” por las calles de la otrora región más transparente.
Atrabancado y peleonero, Del Prado se entusiasma con la pasajera Cholita (la preciosa Olga Jiménez), quien forma parte de un ardid para arrebatar la concesión de la línea donde Gregorio trabaja, sin embargo, ambos se enamoran en la primeras parte. La continuación: Hay lugar para…dos resulta más amarga y no desmerece de la anterior; la pareja, ya casada y con un hijo sufren la separación cuando Gregorio se deja arrastrar por la sensual destruye hogares Kitty que interpreta magistralmente Katy Jurado y ello provoca una tragedia en su absurdo intento por ganarle el paso al tren con su autobús.
Alejandro Galindo es sin duda el maestro del cine urbano y un gran retratista de personajes solidarios y marginados. Ambos filmes no son sólo un increíble y estupendo muestrario del “esplendor” alemanista y los problemas de una ciudad que crecía a pasos agigantados. Se trata de una suerte de documento emotivo y divertido a la vez, sobre una clase socialmente afectada en vías de crecimiento. El cine social en su mejor momento con la obra de Galindo y en particular al lado de su actor de cabecera David Silva y su sabroso machismo como parte fundamental del retrato de una época.
Con un vestido entallado de amplio escote y abierto a un costado para mostrar las piernas Katy hace su entrada triunfal en una fiesta del sindicato donde se celebra el triunfo del equipo de beisbol de los choferes: “No me va a presentar a su pitcher estrella” le dice a Angel Infante, su pareja ocasional ante un deslumbrado David Silva y su esposa Cholita quien no puede ocultar su molestia, más aún cuando la coqueta Kitty le dice: “Si yo fuera usted lo cuidaría mucho porque parece muy simpático…”
En el baile, mientras se tocan sabrosos danzones, Kitty y Gregorio se comen con la mirada. Este se escabulle para bailar con ella el célebre “Nereidas” y llevarla a un rincón apartado…”¿A dónde me lleva Don Gregorio…” “¡Usted no se preocupe, que aquí está rete oscuro”… -de hecho, se trata de una escena cargada de gran sensualidad y al mismo tiempo divertida que tiene lugar en el interior de uno de los camiones de la línea…-”Estése sosiego, que no puede hablar con las manos quietas…” a lo que Gregorio responde: “Ah como será usted díscola…”; la escena se corta y oscurece aunque todos sabemos que han hecho el amor en el interior del camión.
Otras escenas memorables de Hay lugar para…dos, muestran a Katy Jurado quien ha transtornado completamente a Del Prado, al grado que éste arroja al suelo el puesto de tacos de “Regalito” y en los Boliches América, Katy aparece con un hermoso vestido de satín fumando en la penumbra y su sinuoso cuerpo se refleja en un espejo para mostrarla excitante y sensual…”No hay pena que el amor no mate…” le dice al atribulado y furioso Gregorio Del Prado quien ha roto con su mujer. No obstante, más sorprendente aún, resulta la escena del hospital donde Kitty o Amalia R. Legazpi convalece después de la trágica colisión que provocó Del Prado y ella misma al tratar de ganarle el paso al tren entre chistes y risotadas.
“Me desgraciaste la cara…todita la cara…ahora de que voy a vivir…” le reclama la desfigurada Kitty al tiempo que le rasguña el rostro a ese hombre derrotado que se debate entre la prisión y el perdón de las autoridades y de su mujer. Hay lugar para…dos fue el único filme que Katy Jurado filmó en 1948 pero con ese, bastó para dar a conocer al público sus extraordinarias aptitudes. Al año siguiente, su primer trabajo lo obtiene al lado de Pedro Infante, Silvia Derbez, un extrtaordinario Fernando Soto Mantequilla -al grado que se come en varias ocasiones al protagonista- y María Eugenia Llamas Tucita en El seminarista (1949).
Aquí, Roberto Rodríguez, más moderado que su hermano Ismael, intentó mostrar la cara buena de Infante que, como seminarista solemne y sin bigotes, desprecia todo aquello que él mismo representa en otras cintas; sin embargo, uno acaba por añorar sus excesos machistas. De hecho, Infante se viste de charro para intentar correr del pueblo a la amenaza que encarna la coqueta Chayito que Katy Jurado compone de maravilla. Ella, es la buscona del lugar que seduce al viejo borrachín don Pancho (un estupendo Arturo Soto Rangel) y al enamorado de Derbez que encarna Pepe Del Río.
En El seminarista Katy se luce echando relajo y abrazada del alcoholizado Soto Rangel que canta con mariachis y en la escena en la que intenta seducir con sus ardientes besos al inocentón Pedro Infante, quien decide colgar los hábitos por el gallardo traje de charro. Más tarde, en El sol sale para todos (1949), Katy Jurado es una atractiva cabaretera que por cierto utiliza el mismo vestido de satín que lució en los Boliches América en Hay lugar para… dos. Katy sólo aparece en un papel de apoyo para el buen torero y pésimo actor Fermín Rivera y Gloria Marín en un curioso doble papel: una muda beata y una traficante de drogas sin escrúpulos. Con todo, este melodrama taurino-cabaretil se salva por la presencia del trío Los Panchos quienes interpretan el popular tema: “Sin ti”.
1952. El AÑO DE EL BRUTO
Después de El sol sale para todos, viene una breve etapa intrascendente en la que Katy interviene en papeles secundarios en melodramas muy menores como Mujer de medianoche (1949), una variante de la historia de Pigmalión con Gloria Marín y Ernesto Alonso y Cabellera blanca (1950) con Charito Granados y Fernando Fernández. A su vez, filmó Tarde de toros (Bullfighter and the Lady) al lado de Robert Stack y Gilbert Roland; película estadunidense producida por John Wayne para la legendaria Republic, productora dedicada a realizar seriales de aventuras. La cinta fue dirigida por el artesano Budd Boetticher experto en westerns serie B y compartió créditos con otros mexicanos como el niño Ismael Pérez Poncianito y Rodolfo Acosta.
Vendría después Cárcel de mujeres (1951) de Miguel M. Delgado, cinta armada por varias viñetas truculentas todas, pero en la que Katy no sólo tenía la oportunidad de alternar con figuras como Miroslava, Sarita Montiel y María Douglas, sino de lucir en grande su talento dramático en una película que pretendía ofrecer un retrato de las prisiones femeninas a través de varias historias de reclusas.
1952 había arrancado de maravilla para Katy Jurado quien se sentía realmente feliz de haber sido elegida por el español Luis Buñuel para co protagonizar su próxima película. El escándalo de Los olvidados y cintas como Subida al cielo, Susana y El, habían afianzado el prestigio de Buñuel. Al mismo tiempo, Katy llevaba como co estelar al recio Pedro Armendáriz, uno de los mayores imanes de taquilla por aquellos tiempos, a éste, se sumaba la presencia de la bella jovencita Rosita Arenas y el apoyo de un verdadero monstruo sagrado de la actuación como lo era Andrés Soler.
En El bruto, Andrés ya rebasaba los 50 años y aún así, hacía el papel de un cruel y libidinoso casero con todo y amante cachonda, exuberante e interesada como lo era Katy Jurado en su papel de Paloma; quien evita besarlo bajo pretexto de dolor de cabeza. Lo curioso, del filme es que a su vez, Andrés vive con su muy anciano padre (el actor Paco Martínez) fanático de los dulces. La tragedia de Andrés se inicia cuando contrata -por sugerencia de Paloma- a un brutote matancero (el extraordinario Pedro Armendáriz) para que desaloje a los inquilinos de su vecindad. Lo que no cuenta, es que su amante se enamora de él y por una intriga de ésta “el bruto” lo acaba asesinando en un forcejeo.
Buñuel consiguió una inquietante atmósfera de arrabal, además de su original punto de vista acerca del “amor loco” de un brutal carnicero que se debate entre el amor virginal de una muchachita a cuyo padre ha matado a golpes y el explosivo y sexual de Katy Jurado. Ni hablar, Katy se lleva varias de las escenas como aquella en la que ridiculiza a Pedro en la carnicería al tiempo que le “echa los perros”, y en la que cachetea a la inocente Rosita Arenas. No obstante, su mejor momento es aquel en el que despechada y golpeada por Pedro se desgarra la ropa y acusa al bruto ante Andrés de haberla violado.
El bruto significó en definitiva la consagración de Katy Jurado y sin duda su internacionalización, ya que después de éste, Katy se iría a Hollywood para filmar A la hora señalada de Fred Zinnemann, antológico western protagonizado por Gary Cooper y Grace Kelly. De hecho, la propia industria nacional reconoció el talento de Katy al nominarla para el Ariel a la Mejor Coactuación Femenina; por supuesto, lo ganó arrebatándole el premio a Amanda del Llano y a Miroslava por Reportaje y Las tres perfectas casadas, respectivamente.
HOLLYWOOD LA RECLAMA
En 1953 y bajo la dirección de Miguel Contreras Torres, Katy estelariza un filme realizado en español e inglés. En Tehuantepec, Katy es Clara, una joven ciega del Itsmo, lugar al que llega el buen médico Eduardo Fajardo -Daniel O’Herlihy, en la versión de exportación- que hace hasta lo imposible por salvar a los indígenas de Tehuantepec de la peste, según este drama histórico con resonancias épicas al estilo del realizador. Ese mismo año estelariza otra coproducción con Estados Unidos: El corazón y la espada dirigida por Edward Dein y Carlos Véjar, con un reparto que incluía a César Romero -quien ya había venido a México a filmar con Tyrone Power, Un capitán de Castilla (1947)-, Tito Junco y Rebeca Iturbide, entre otros.
Se trataba de una curiosa cinta de aventuras de capa y espada ambientada en Granada en la que Katy en el papel de Lolita, luce con traje de espadachina a lo Errol Flynn, pero mostrando mucha pierna y blandiendo un florete, además de que se empeña en obtener la fórmula descubierta por un alquimista para transformar la piedra en oro. La película se filmó en inglés y en español y a su vez, tuvo corrida comercial en tercera dimensión.
Después de El corazón y la espada arranca propiamente la exitosa carrera hollywoodense de Katy Jurado en la que alternó con figuras como Charlton Heston, Spencer Tracy, Robert Wagner, Kirk Douglas, Glenn Ford, Burt Lancaster, Tony Curtis, Alan Ladd y Ernest Borgine -con quien se casó y divirció-, en filmes como Hogueras de odio, Lo que la tierra hereda en la cual fue nominada al Oscar, El circuito infernal, La furia de los justos, Trapecio y Los malvados de Yuma. En ellas, Katy Jurado fue dirigida por personalidades de la talla de Edward Dmytryk, Henry Hathaway, Carol Reed y Delmer Daves entre 1953 y 1958, luego se tomó un descanso para regresar momentánemante a México a filmar Y Dios la llamó tierra (1960).
Inspirado en hechos reales, el filme acerca de ese cardenismo emprendedor y repartidor de tierras, según lo dispuesto por la Reforma Agraria, es además un elogio al régimen reformista del “Tata” Cárdenas. Un intento más de paternalismo benevolente realizado por nuestro cine y metaforizado en esos campesinos brutotes que se portan de manera irresponsable con sus nuevas tierras y sólo entristecen al pobre funcionario cuya labor es dignificar los decretos presidenciales, al igual que aquella profesora rural que encarnó María Félix cuya misión era la de aportar la luz de la educación a los niños del recóndito pueblo de Río escondido por órdenes directas del primer mandatario.
El protagonista es Ignacio López Tarso, un ingeniero agrónomo y funcionario federal enviado por el presidente a Veracruz en un filme que bien podría retitularse Y Cárdenas la llamó Reforma Agraria dirigida por Carlos Toussaint según el libro Cuando Cárdenas nos dió la tierra, de Roberto Blanco Moheno. Aquí, Katy Jurado es Marta, la hermosa hembra deseada por tdo el pueblo e hija del presidente municipal (David Silva). Finalmente, es poseída por un joven campesino (Manuel Capetillo), lider de la comunidad agraria y a su vez redimida por la lucha de los explotados campesinos. Para entonces, la madurez histriónica alcanzada por Katy era más que evidente.
REVOLUCION Y CINE ESTADUNIDENSE
Katy era para entonces una actriz joven con experiencia que había sido dirigida ya por Stanley Kubrick en El rostro impenetrable (1960), un curioso neo western protagonizado por Marlon Brando y Karl Malden y que terminó dirigiendo el actor de Nido de Ratas luego de una disputa con Kubrick. Así, luego de ésta experiencia en donde por cierto alternó a su vez con Pina Pellicer, trabajó con Anthony Quinn en Barrabás (1961) y después regresó a México para incorporarse a una superproducción a colores con tema revolucionario para actuar al lado de María Félix, ni más ni menos.
Por encima del mito Villista encarnado por Pedro Armendáriz, Fernando Fernández o José Elías Moreno y sus hembras resignadas, María Félix resucitaba en una serie de superproducciones a todo color, para convertirse en la Revolución Mexicana misma como sucedía en La Bandida (1962), de Roberto Rodríguez, como la cortesana que pone en jaque a dos generales revolucionarios: Pedro Armendáriz y Emilio El Indio Fernández, como un villista y un zapatista respectivamente que pelean por el amor de ésta brava mujer, dueña de un burdel.
Katy Jurado es La Jarocha, exuberante prostituta amiga de La Bandida que acaba enamorada del lugarteniente de Armedáriz que interpreta Ignacio López Tarso. Aquí, no faltan las palabrotas -Katy Jurado le dice a la Félix acerca de Armendáriz; “Si tanto querías a Roberto ¿Pa’que lo hiciste buey?”, ni el cantante y pianista del antro de la Doña que encarna Marco Antonio Muñiz, ni las intervenciones folclóricas a cargo de Lola Beltrán como cantante de palenque. Ante los desplantes de la Félix, Katy con sus vestidos escotados y su cigarro en la mano como toque sensual tuvo pocas oportunidades de lucirse en este drama revolucionario que en el peor de los casos aún se confundía con el melodrama ranchero y su despliegue cancionero.
La experiencia de La bandida quizá no había sido muy favorable para Katy Jurado quien sólo filmó entre 1963 y 66, un par de cintas estadunidenses: Un hombre solo -coproducida con España- y Smoky con Fess Parker, el célebre Daniel Boone de la serie de televisión. Por fortuna, Katy regresó a los foros nacionales para mostrar su talento, su madura belleza y sobre todo sus dotes de hembra devoradora y cachonda en La mujer del carnicero.
La puerta y La mujer del carnicero (1968), dirigidas respectivamente por el español avecindado en México, Luis Alcoriza e Ismael Rodríguez -productor de ambas-, se convirtieron en dos pequeñas rarezas que integrarían una larga serie de cortos cuyo tema sería el horror; uno de los géneros menos explotados por el cine mexicano y de los cuales sólo pudieron filmarse las dos cintas citadas, mismas que terminarían conformando un forzado largometraje a partir de dos historias de terror sicológico unidas por el miedo y la culpa.
El ambiente moderno de la primera, acerca de una musculosa figura masculina que se aparece en un pasillo oscuro para fascinar y aterrorizar a un grupo de pequeñoburgueses, deja su paso a un relato rural protagonizado por un castrador de puercos (Ignacio López Tarso), su mujer, una sensual y madura ex prostituta (Katy Jurado) y un hombre que transporta varias monedas de oro (Manuel López Ochoa) en tiempos de la Revolución.
Ismael Rodríguez conduce de manera más bien torpe, las incidencias de un relato de avaricia y sexualidad y lo alterna con imágenes de sus películas revolucionarias. A su vez, acude a ridículos efectos visuales para mostrar la descomposición mental de López Tarso a quien el anciano cura (Chano Urueta) le hace beber una infusión de peyote y mezcal. Sin embargo, el filme vale por la sólida presencia de Katy Jurado y sus deliciosas escenas eróticas: en una de ellas, acaricia el revolver de López Ochoa y luego revienta en su amplio escote las cuentas de su collar para que aquel se de vuelo manoseándole sus pechos…
LOS 70: LA MADUREZ HISTRIONICA
Luego de su participación en La mujer del carnicero se frusta la posibilidad de estelarizar con Jeffrey Hunter, Valentín Armienta, el vengador (1968), misma que se había planeado filmar en el Perú. No obstante, consigue un breve papel en Stay Away Joe (1968) al lado de Elvis Presley, nada menos y a su vez, el estelar de El hacedor del miedo (The Fear Maker) (1969) coproducción con Estados Unidos dirigida por Anthony Carras. Interpreta a una sugestiva y atrayente cantante de ópera que debe cuidar de su hermana Sonia Amelio -en realidad su hija- y se ve envuelta en un relato de suspenso y horror sicológico en la línea de Carlos Enrique Taboada (Hasta el viento tiene miedo, El libro de piedra), pero sin el talento de éste.
Ese mismo año trabaja en Faltas a la moral de Ismael Rodríguez, con Alberto Vázquez, Ana Martin y Andrés Soler. Ambientada en zonas arrabaleras y con los mismos clichés populacheros que el propio Rodríguez usó en películas como Nosotros los pobres y secuelas, se cuenta la historia de la joven pareja protagonista Chelo Godinez una mujer que comete algunas “faltas a la moral” para llevar dinero a casa y Pancho, un mecánico “explosivo” y cantarín con quien vive en unión libre y con el que ha procreado tres hijos. Katy Jurado es Lilia, una prostituta y media hermana de la heroína que tien algunos momentos divertidos y agresivos con Alberto Vázquez.
Al inicio de los 70, participa al lado de John Huston en la producción estadunidense filmada en Chiapas, Puente en la selva (The Bridge in the Jungle), basada en la novela de B. Traven y dirigida por Pancho Kohner, hijo de Lupita Tovar -la actriz de Santa de 1931- y en Había una vez un pillo (Once Upon a Scoundrel) de George Schaefer con fotografía de Gabriel Figueroa. Además, consigue un breve pero destacado papel en Pat Garrett y Billy The Kid del cineasta Sam Peckinpah. Sin embargo, Katy Jurado obtiene sin duda uno de sus mejores roles dramáticos en uno de los episodios de Fe, esperanza y caridad (1972) dirigidos respectivamente por Alberto Bojórquez, Luis Alcoriza y Jorge Fons.
Las virtudes teologales se trastocan en tragedias cotidianas pero ninguna como en Caridad. Al inicio, Sara García, una viuda ricachona arroja monedas a los niños de un barrio poobre y ello provoca una tragedia entre los padres de los niños, cuando un mecapalero que encarna Julio Aldama muere accidentalnente a manos del tranquilo zapatero Pancho Córdova. Es cierto que el ambiente está captado de manera realista y desgarradora; es cierto que el trabajo actoral en su conjunto es soberbio, sin embargo, Katy jurado logra un virtuoso tour de force en el papel de Eulogia.
En efecto, Katy Jurado llega al tope de su carrera con esta interpretación. La mujer que tiene que cargar con la pena y el horror de recuperar el cuerpo de su marido en diferentes oficinas burocráticas; pero sobre todo, su talento queda establecido en aquella escena donde golpea y echa la culpa a su hijo de su viudez: sin duda, uno de los grandes momentos del cine mexicano del periódo echeverrista. Con merecida justicia, Katy Jurado obtuvo el Ariel a la Mejor Actuación Femenina derrotando a Ofelia Medina y Lucha Villa por El cambio y El principio, respectivamente.
En efecto, el cine echeverrista había traído consigo otro tipo de historias más cáusticas y críticas como sucede en El elegido (1975) de Servando González. Manuel Ojeda encarna a un taxista que es escogido en un pueblo para representar a Cristo en una Semana Santa. Golpeado por unos ladrones es salvado por Katy Jurado, como Paz, una mujer que representará a María Magdalena y a quien embaraza. Finalmente su hijo muere y él mismo encuentra la muerte al ser subido a la cruz. Se trata de una insólita alegoría cristiana que reactualizaba el tema de la Pasión y en el que Katy muestra una vez más su gran oficio histriónico como en la perturbadora secuencia final en la que arremete con gritos a su hombre muerto en la cruz.
Si algo había hecho célebre a Katy Jurado en los 70 era su habilidad para dar vida a mujeres maduras cachondas aún y de ambientes proletarios, como lo muestra Los albañiles (1976) de Jorge Fons, a partir de una novela de Vicente Leñero cuya trama es el asesinato de un velador de una obra en construcción, encarnado por Ignacio López Tarso. Katy hace el papel de la mujer de éste y amante a su vez de Salvador Sánchez, un transa vendedor de materiales de construcción.
SUPERPRODUCCIONES. EL CASO RIPSTEIN
En las postrimerías de los 70 y principios de los 80, Katy tiene acertadas participaciones tragicómicas en cintas como Pantaleón y las visitadoras basada en la novela de Vargas Llosa, Distrito Federal y Barrio de campeones donde hace gala de su buen talento histriónico. No obstante, Katy es llamada para trabajar en tres superproducciones de acento crítico sobre la realidad nacional y latinoamericana como es el caso de Los hijos de Sánchez protagonizada por Anthony Quinn y a su vez, El recurso del método y La viuda de Montiel del chileno Miguel Littin; las dos últimas, pesadas reconstrucciones sociales de la explotación de las masas con mucha demagogia de por medio pero en las que Katy Jurado mostraba una nueva e intrigante faceta como actriz de edad mayor.
Asimismo, Arturo Ripstein le otorga un buen papel de apoyo en La seducción (1980) protagonizada por la malograda Viridiana Alatriste y ambientada en la época cristera, acerca de una jovencita dedicada a seducir enemigos por consejo de una inquietante Katy Jurado, nominada al Ariel de Mejor Coactuación Femenina por éste papel. Retirada del cine, lo curioso es que Katy Jurado regresó a los foros casi 20 años después de la mano de Ripstein quien le asigna uno de los roles protagónicos de la fallida alegoría El evangelio de las maravillas (1998).
Una galería grotesca de inadaptados sociales. Un campamento donde se vive el fin del mundo con todo y prostíbulo donde las nuevas Magdalenas satisfacen el deseo sexual de los hombres y expían sus culpas. Escenarios abigarrados extraídos del más primitivo cine bíblico y de las más excesivas puestas en escena de un Cecil B. De Mille a quien se homenajea, según un relato sobre la redención, el pecado, el fanatismo, el poder de la imagen y el sincretismo religioso nacional.
La base del relato es un caso real y fascinante ocurrido en Michoacán en los años 70. La historia de La Nueva Jerusalén; una suerte de secta que predecía el Apocalipsis y la venida del Mesías a fin de milenio. Un matrimonio anciano se erigía como guía de hombres y mujeres desesperados; pero al morir la mujer es sustituída por una jovencita, lo que origina un caos interno controlado finalmente por el ejército. Katy Jurado hace el papel de la anciana profeta Mamá Dorita, mujer de Paco Rabal en su papel de Papá Basilio, líder espiritual y ferviente católico y cinéfilo.
Katy elige a su sucesora cuando supone que la adolescente que la cuida puede comunicarse con Dios a través de su Nintendo y después muere dejando a Papá Basilio con el “paquete”. La historia intenta ser una suerte de visión buñeliana de fin de siglo aunque funciona como síntesis del mejor y peor cine de Ripstein: la utopía claustrofóbica y el afán de evitar la contaminación mundana son de El castillo de la pureza. La escoria sexual y los relatos que se conectan y aportan diferentes puntos de vista son de La mujer del puerto , a su vez, el homosexual redimido por una prostituta recuerda en parte El lugar sin límites.
Villana, devoradora, vampiresa, prostituta, madre proletaria, estrella latina en el mejor cine de Hollywood, mujer exuberante y sensual de un estilo único, Katy Jurado ha ganado su lugar en el culto cinéfilo que todos los espectadores profesamos seducidos por su figura, su talento y sus inolvidables personajes que la convirtieron en una actriz fuera de serie.
(Nota del Editor: Este texto se publicó originalmente en la revista SOMOS, como parte de los reportajes del número dedicado a la actriz y se publica con autorización expresa del autor).
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