Hambre de Venganza: The Man From Laramie
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 27 de Junio de 2008 | Categorias: Cine Norteamericano, Cine de Siempre en DVD, Que ver en TV, Western | Tiempo de Lectura: 8m 27s | Leido 299 veces.
Lejano está ya el estreno de “Hambre de Venganza” (The man from Laramie,1955), conocida en España por su traducción literal del inglés “El Hombre de Laramie”, como para que las generaciones actuales de cinéfilos que se acerquen a ella, ya sea a través del DVD o de la televisión, sean impactados por la violencia visual de este western, considerado en su momento como el que marcaba derroteros e iba un paso adelante, en cuanto a la dosis de sadismo y saña que se podía mostrar en la pantalla, sin embargo a un cierto nivel, sobre todo temático, es indudable que sigue siendo una obra violenta en sí misma, sobre todo a partir de su contención, dejándola hacer erupción en momentos claves de la historia.
Rip Brown, el ideólogo del Poder Negro decía que “la violencia es tan norteamericana como un pastel de cerezas”, en tanto Philip Frenck en su libro “Westerns: las películas del oeste”, publicado en 1973, pero centrado en las películas realizadas del género en las décadas de los cincuenta y sesenta, “un western no violento es tan raro, tan inconcebible como una carnicería para vegetarianos. En el curso de las dos últimas décadas, no obstante, muchos westerns revelaron exagerada conciencia del modo en que se ganan el pan con manteca. Predican contra la violencia mientras se benefician o regodean con ella. Según la perspectiva desde la cual se encare el tema, podríamos hablar de una contradicción central del género, o de simple hipocresía. Los apologistas de las cualidades tradicionalmente sanas y catárticas del western se han sentido molestos por la inquietante violencia de películas que, de no ser por ese elemento perturbador, habrían aprobado totalmente. Sin embargo la verdad pura y simple es que, cuanto más serio es el enfoque de la violencia por parte del realizador, más probable es que su expresión quiebre las convenciones aceptadas del mundo del espectáculo, escandalizando al público e hiriendo la sensibilidad de los críticos liberales”.
Bastaría comparar las peleas festivas de los westerns de John Ford, con las de Anthony Mann para notar la diferencia entre lo “sano” de unas con la intensidad y saña de los puñetazos que se dan los personajes de “Hambre de Venganza”, en donde vemos como el heroe mannanio por excelencia James Stewart, termina molido a golpes, con una cámara filmando de cerca el brutal encuentro de Will (James Stewart) con Dave (Alex Nicol) avido de descargar su agresividad incontrolable con cualquiera, producto del desasosiego de saberse no apreciado por su padre Alec Waggoman (Donald Crisp) al no cumplir con las expectativas del tipo de hombre que se suponía debería ser.
“Hambre de Venganza” fue el último de los cinco westerns que realizaron juntos Anthony Mann y James Stewart y, aunque iniciaron un sexto que sería “Noche Trágica” (Night Pasaje), cuyo proyecto abandonó Mann cuando estaban a punto de iniciar su rodaje, de cierta manera “El Hombre de Laramie”, da unos pasos adelante en el tema de la venganza que esta presente en los cinco, resulta una especie de suma y toma de conciencia que esa huída de un terrible pasado, en constante y desgarradora lucha con demonios propios, no logrará ser redimida a través de la solución fácil de culminar su venganza, si antes no se ha reconciliado consigo mismo, por ello no le importará dejar escapar con vida a Vic (Arthur Kennedy), el hombre que vendió las armas a los indios con que fue ultimado su hermano menor y motivo de su viaje de más de 1,000 millas del Fuerte Laramie, al pueblo de Coronado, en Nuevo México, en busca de una supuesta justicia reparadora del “ojo por ojo”. Aunque igual se puede decir, en un final ambiguo, que sólo se esta limpiando las manos, al dejarlo a merced de los indios que traicionó, al no entregarles las demás armas que había pactado, Vic, venderles.
Lo cierto es que siguiendo las pautas de la tragedia shakesperiana Mann y sus guionistas, en el caso de “Hambre de Venganza” Philip Yordan, ahondan con enorme garra en la psique humana y como señala, con gran acierto Vicente Díaz en su texto “El Hombre del Oeste” publicado en internet: “Las tinieblas morales y la violencia (contenida o desatada) propias del género negro marcaron el estilo de Mann. Sus películas casi siempre han sido historias sencillas y ágiles, pero protagonizadas por seres complejos, siempre moviéndose en la penumbra, dudando entre hacer lo correcto o lo conveniente. Vamos, gente de verdad y nada heroica, al menos en el sentido monolítico de la palabra.”
”Si el cine de autor más injustamente babeado (no vamos a dar nombres) tratan sobre los conflictos psicológicos y morales a base de aburrir al personal con inacabables planos de gente mirando al vacío o imágenes tan alegóricas como incomprensibles, Mann explora los mismos recovecos y bordea los agujeros negros del alma sin tener que recurrir a memas poses intelectualoides y ofreciendo espectáculo y aventura. A eso se le llama Cine, y no vean si mola.” Y efectivamente si algo tienen los westerns y los films en general de Mann, es que con todo y su complejidad en el actuar de sus personajes, son antes que nada entretenidos y espectaculares, siendo un deleite su visión, a lo que cabría añadir el comentario de Vicente Díaz en relación a “Hambre de Venganza”: “La última colaboración del tándem, El Hombre de Laramie (1955), en el que se vuelve a explotar la faceta más ambigua y siniestra de Jimmy, aquí transformado en un antiguo soldado que llega a una ciudad de Nuevo Mexico en busca de venganza. El Hombre de Laramie mezcla investigación, encarcelamientos injustos, amor y explosiones de violencia gracias a una historia en la que dos líneas narrativas van convergiendo de manera brillante y que vueve a demostrar que aquel que controla las armas de fuego, detenta el poder, la ciega ambición y el odio. Todo un broche final para uno de los matrimonios profesionales más provechosos artísticamente en la breve historia del cine.”
Quim Casas en su abultado estudio “Mann: Itinerarios de Violencia y Tragedia”, publicado en tres partes en la revista Dirigido 265, 266 y 267 publicada en España, reproduce un fragmento de una entrevista que el guionista Philip Yordan le concedió a Bertrand Tavernier para el Cahiers Du Cinéma de febrero de 1962: “He intentado recuperar la pureza de los héroes de las tragedias antiguas, las tragedias griegas y, en este sentido, me he entendido perfectamente con Anthony Mann. He querido recrear una mitología trágica, dándole gran importancia al Destino, la Soledad, la Nobleza. Un hombre llega de no se sabe dónde –de Laramie pero, repito, Will no se siente de ningún lugar-, y tampoco sabemos a donde va, sólo que está desgarrado por las Furias y que busca desesperadamente la paz interior. He conjugado este tipo de héroe con un personaje típicamente americano, típicamente popular también (…) con el fin de evitar el maniqueísmo peligroso del Héroe que creyéndose infalible y poderoso, se permite juzgar a los que le rodean y de arrogarse el derecho a la vida y a la muerte”.
Es imposible, tratándose de “Hambre de Venganza”, no traer a colación la referencia de Andre Bazin, citada en casi todos los textos que sobre dicho filme se pueda uno encontrar, tanto en libros como en internet, en relación al uso del formato de cinemascope en boga en aquellos años y que mostraba ciertos problemas en su uso por parte de algunos directores, que no sabían que hacer con la pantalla ancha: “En la mayor parte de los westerns, e incluso en los de John Ford, por ejemplo, el paisaje es un marco expresionista en el cual se inscriben las trayectorias humanas. En los filmes de Mann es un ambiente. El aire mismo se separa de la tierra y el agua. Como Cézanne, que lo quería pintar, Anthony Mann nos quiere hacer sentir el espacio aéreo, no como un contenedor geométrico, un vacío de horizontes y horizontes, sino como una cualidad concreta del espacio. Su cámara cuando filma una panorámica, respira. De aquí el uso tan remarcable del cinemascope, que nunca es utilizado como un nuevo marco Simplemente, como el pez en un acuario más grande el cowboy está más a sus anchas en la pantalla grande. Si atraviesa el campo nuestro placer es doble, porque lo vemos dos veces más lejos”.
Claro que para poder disfrutar de la maestría de Mann en el uso del cinemascope es necesario conseguir el DVD con el formato original, pues si la ven en televisión, como puede ser este sábado 28 en que será proyectada a partir de las 14.30 hrs. (tiempo de México) en TCM Cinecanal Classic, se pierde bastante de su brillantez formal, al ser proyectado en pantalla plana, este western clásico.
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