Tiranosaurio Azteca, o la presión de la historia.
Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 13 de Junio de 2008 | Categorias: Ciencia Ficción, comic | Tiempo de Lectura: 4m 58s | Leido 118 veces.
Indudablemente uno de los más interesantes y misteriosos episodios de la historia de la conquista de México es la anécdota de Gonzalo Guerrero, el soldado español que se quedó a vivir entre los mayas de Yucatán y parece haber sido el instrumentador de la derrota de Hernán Cortés en Champotón. Esta historia apenas si ha sido tratada por el cine siendo una de las anécdotas reales que mejor se prestan a la ficción, aunque solamente en la historieta ha tenido algunos apuntes, asi como en novelas de poca circulación.
De otra parte la existencia de dinosaurios en terreno americano ha sido un tema recurrente en el cine “para mascadores de chicle” y en la historieta. En cine en películas como El monstruo de la montaña hueca, de Ismael Rodríguez y Edward Nassour, o El valle de Gwangui, de James O’Connoly, y en historieta, desde luego la inolvidable Turok, el guerrero de piedra; aunque solamente en ésta última hubo alguna relación entre los pueblos prehispánicos de México y los monstruos prehistóricos. Ahora, Brian Trenchard Smith lleva a la pantalla chica una fantasía donde hasta Hernán Cortés resulta cazador de dinosaurios.
No hay justificación alguna para admitir valores en bodrios que distorsionan voluntariamente la historia a favor del “entretenimiento”, sin embargo el de la historieta es un papel extraño, donde la comunicación es solamente un arranque para otro tipo de consideraciones no necesariamente profundas, pero si serias. Las historietas que vimos las viejas generaciones estuvieron llenas de incongruencias y anacronismos: hombres primitivos luchando con dinosaurios, vaqueros domando matutes, caballeros andantes enfrentados a físicos y químicos del siglo XX; de hecho eran una motivación para el conocimiento a través de un curiosidad, la cual debía despejarse en el estudio. Por lo que toca a la historia, el hecho es otro, las incongruencias respondieron casi siempre ha intenciones ideológicas profundas, como el deseo de algunos autores de no ver derrotado al ejército confederado de los Estados Unidos. El de otros de no haber perdido en Hastings la batalla por Britania; en otro caso más reciente la deplorable conquista de México vista desde la perspectiva de una educación yanqui, y éste es el caso.
Durante una visita de cineastas chicanos a la Ciudad de México en diciembre del año pasado (2007), el cineasta y productor Robert Young platicaba acerca de su proyecto más acariciado del momento: filmar una película donde los españoles perdían en combate con los pueblos prehispánicos, donde un español se aliaba a los “indios” para vencer a los conquistadores luego de quedar arraigado en esta tierra y vivir una historia de amor con una nativa. En ese entonces no me atreví a decirle que esa es la historia de Gonzalo Guerrero, que ya hay una novela mexicana acerca del tema, especialmente cuando al avance de su plática pretendía que su guión contemplara la intervención del Quijote como personaje para dar dimensiones de cultura al tema. Pero ahí está: el remanente de una cierta mentalidad “nacionalista” y vengativa que a través de la ficción redime causas históricas perdidas, como hace la historieta.
Resulta que la película no es precisamente para cine, aunque en su mayor parte se hizo con las técnicas de él; es de las que la televisión crea para llenar el hueco dejado por la vieja historieta a la televisión, cintas que en el Sci-Fi Channel (como Dientes de sable, de James D. R. Hickox) y tan solo rellenan con curiosidades absurdas el espacio hertziano como antes los monitos el papel de pulpa lo hacían con los estantes de periódico.
Desde luego que todo en la película es absurdo, increíble y hasta ofensivo para el amante de la verdad histórica, pero como entretenimiento no es más que una mezcla de las aventuras de Gonzalo Guerrero, una versión “pocha” de la leyenda de Pocahontas y un gasto excesivo en efectos especiales pata una cinta que ni siquiera completa la hora y media de proyección, pero corresponde a un tipo de fantasía que proyecta deseos y sueños inconfesables abiertamente, solo que o llegan muy lejos: el verdadero villano de esa película (y de la visión de la conquista de México desde Prescott) es Hernán Cortés (Ian Ziering), y el director no se atreve a matarlo, ni siquiera lo confronta con el Tiranosaurio que llena de sangre y tripas la pantalla cada vez que aparece, sencillamente lo deja que escape (quedándose entre los nativos el bondadoso e inteligente González -Marc Antonio- para vivir la fusión de culturas a través del amor con Ayacoatl –Sdichen Lachman-) para que, aunque no queramos se cumpla la historia y México sea conquistado.
Aunque claro, el valle donde González y Ayacoatl hacen su familia aún no ha sido encontrado, pero ya se eliminaron los tiranosaurios de él. A veces estos bodrios (y alguna vez hablaremos de dientes de sable también) son parte de un “inconsciente colectivo” que deberíamos considerar cuando vemos el desarrollo de culturas emergentes como al propuesta por el movimiento chicano.
FILMOGRAFÍA:
Tiranosaurio Azteca. (Tyrannosaurus Azteca). D. Brian Trenchard Smith. Con: Marc Antonio, Allen Gumapac, Dichen Lachman, Ian Ziering. Guión: Richard Manning. EUA. USA TV (SCI.FI CHANNEL). 2007.
Monstruo de la Montaña Hueca, El, o La Bestia de la Montaña Hueca (The Beast of the Hollow Montain). D. Ismael Rodríguez y Edward Nassour. Con: Guy Madison, Patricia medina, Eduardo Noriega. Guión: Robert Hill e Ismael Rodríguez con Carlos Orellana, Basados en una idea de Willis O’Brien. MEX/EUA. RODRIGUESNASSOUR. 1954.
Valle de Gwangi, El (The Valley of Gwangi). D. James O’Connoly. Con: James Franciscus, Gila Nolan, Richard Carson. Guión: William E. Bast. FX: Ray Harryhausen. EUA. WB. 1969.
Dientes de sable. (Sabretooth). D. James D. R. hickox. Con: David Keith, Vanesa Angel, John RHys-DAvies. Guión: Scott vandiver y Tom woosley. EUA . 2002.










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