Ahora sí, esta es la película que Lucas, Spielberg y compañía querían hacer: desde Locura americana la nostalgia por los años cincuenta comenzó a impregnar las películas del grupo de ex ayudantes de Roger Corman, aunque alguien debería enseñarles que no todo el rock and roll fue de los cincuenta (la película se sitúa en 1957 y los Everly Brothers grabaron Levántate Susanita cinco años después, además la motocicleta Indian ya era parte de la empresa Harley Davidson y ya tenía modificado su tanque al estilo de esta marca).
Pero esto no es solo una nostalgia como la que se ha visto a lo largo de toda la obra de estos directores (el nacimiento del rock y la liberación sexual en Volver al futuro y Peggy Sue su pasado la espera, de Zemeckis y Coppola, o en ET: el extraterrestre y Locura Americana de Spielberg y Lucas, ambas como galimatías de de incógnitas que trastornaban la comodidad de la civilización de la abundancia), pero sobre todo gravita el talento de Steven Spielberg como oficiante y hermeneuta del lenguaje visual.
Indiana Jones por su parte representa una leyenda civilizatoria del siglo XX: es el inglés de los huesos con la particularidad de ser gringo, es el hombre de conocimiento cuya imaginación consagra el humanismo germano, ese que constata hechos y dice no fantasear interpretaciones, pero también es el científico cuya imaginación le lleva al verdadero conocimiento a través de la experiencia directa, personal, que se hace aventura, es el ladrón impune favorecido por el estado de derecho.
En realidad son los representantes del ascenso del pesimismo rampante que conocemos como postmodernismo, esta negación sistemática de la validez de los postulados humanistas establecidos durante la Ilustración del Modernismo, la confirmación de que la vida cotidiana es más fuerte que cualquier reflexión acerca de ella, la consagración del actuar mentes que pensar: actúo, luego existo, parecen decir los personajes y situaciones de este cine, y ese actuar es una comprobación de que toda teoría miente, todo postulado o valor solamente cobra sentido en función de la acción, y de esta manera se perpetúa el presente como el único tiempo posible (de alguna manera es un fenómeno previsto por Pier Paolo Pasolini en sus teorías sobre el efecto del cine).
Y juega con el engaño al espectador de que lo verosímil de la película es verdadero, que la realidad auténtica es la que presenta la pantalla, una realidad irreconciliable con la vida vivida, pero que en la invasión permanente de la ficción fílmica y televisiva se impone como una propuesta que debe extenderse a la vida cotidiana, si no en términos de una acción directa si en el de una forma de conciencia que invada todo lo vivible. Es una presentación de sospechas convertidas en convicciones a través de la legendaria urbana: los misterios de los pueblos antiguos no europeos (loor a Von Daniken), las sospechas de que vivimos una conspiración constante de parte del gobierno (como en Encuentros cercanos del tercer tipo), la idea de que todo bien cultural es propiedad universal (aunque esa propiedad sea, en este caso, de colectores extraterrestres), en suma una concepción del presente muy conforme con la sociedad corporativa y globalizada que ahora se denomina sociedad del Conocimiento.
Indiana Jones sigue siendo fascinante: Harrison Ford tiene la misma virtud que Sean Connery: ser masculino hasta en la ancianidad, y su pareja, Marion (Karen Allen) sigue siendo, ya mayorcita y con cara de niña, el ideal de mujer-niña tan brutal y arrogante como cualquier varón, por ello es que no extraña que Henry Jones III sea una extensión curiosa de El salvaje, de Lazlo Benedek, solo que se viste como James Dean (chamarra roja y pantalón vaquero), mientras vemos al gran actor británico John Hurt repetirse como autista superinteligente y un pálido reflejo del antiguo comparsa de Jones (John Gielgud), lo peor de todo es que Sipelbereg finalmente condena a Jones al destino inevitable de la modernidad: el matrimonio, como si fuera creíble que el héroe de la posmodernidad se rigiese por lo valores contra los que lucha, o al menos nos deja la duda de si el hijo seguirá o nó los pasos del ladrón, perdón, del arqueólogo, en vista de que no le permite acomodarse el sombrero que motivó toda la vida de indiana.
Es el cine que debe ser hecho, el cine que va de acuerdo con el mundo que debe imponerse para que el orden legal (vivir por encima de la ley) se conserve a favor de los ya favorecidos, aprovechar que la fuerza del cine es una influencia creciente en nuestra visión del mundo, y en el cine este equipo de ex asistentes de Roger Corman puede transformarlo a gusto para que sea siempre lo que se quiere decir y no lo que entendamos al verlo de manera conciente.
FILMOGRAFÍA:
Cazadores del Arca Perdida. D. Steven Spielberg. Con: Harrison Ford, Karen Allen, Wolf Kahler. Guión.George Lucas y Phillip Kauffman. EUA. 1981.
Extraterrestre, El. (E.T.). D. Steven Spielberg. Con: Dee Walace, Henry Thomas, Peter Coyote. Guión: Melissa MAtyhison. EUA. 1982.
Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. D. Steven Spielberg. Con: Harrison Ford, Karen Allen, John Hurt, Cate Blanchet. Guión: David Koepp y George Lucas. EUA. 2008.
Indiana Jones y el Templo de la Perdición. (Indiana Jones and the temple of doom). D. Steven Spielberg. Con: Harrison Ford, Kate Capshaw. Guión: Willard Huyck y George Lucas. EUA. 1984.
Indiana Jones y la Última Cruzada. (Indiana Jones and the last crusade). D. Steven Spielberg. Con: Harrison Ford, Sean Connery, Denholm Elliot. Guión: George Lucas y Phillip Kauffman. EUA/GB. 1989.
Locura americana. (American graffiti). D. George Lucas. Con: Richard Dreyfuss, Ron Howard, Cindy Williams, Harrison Ford. Guión: George Lucas. EUA. 1973.
Peggy Sue, su pasado la espera. (Peggy Sue got married). D. Francis Ford Coppola. Con: Kathleen Turner, Nicholas Cage, Barry miller. Guión: Jerry Leichtling y Arlene Arner. EUA. 1986.
Salvaje, El. (The wild one). D. Lalo benedek. Con: Marlon Brando, Lee Marvin,Mary Murphy. Guión: John Paxton y Frank Rooney. EUA. 1953.
Volver al futuro. (Back to the future). D. Robert Zemeckis. Con: Michael J. Fox, Christopher Loyd, Lea Thompson. Guión: R. Zemeckis y Bob Dale. EUA. 1985.