Meteoro, o la nostalgia por el Estado benefactor.
Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 29 de Mayo de 2008 | Categorias: Ciencia Ficción, Fantástico | Tiempo de Lectura: 7m 39s | Leido 119 veces.
Detrás de todo espectáculo hay siempre una razón de estado, al menos en el concepto moderno, porque ya desde la civilización romana el “panem et circus” era una razón de estado para mantener el control sobre la creciente población de las ciudades y una buena forma de dar continuidad a la vida ritual que sostuvo la unión de las antiguas ciudades-estado de la cultura griega y sus contemporáneos; para la civilización urbana del siglo XX, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, la etapa de mayor crecimiento tecnológico en la historia humana, que es, al mismo tiempo la gran época de las carreras para probar motores, en autos o en aviones, y de la aparición de un nuevo tipo de criminales, los de cuello blanco. Esto es algo de lo que trata “Meteoro”, de los hermanos Warchowski.
La trama de la serie animada, hecha a mediados de los noventa, gira en torno a las carreras de autos y el peligro que entrañan. El detonante de la acción es, desde luego, la habilidad del piloto meteoro (Speed Racer) pero cada clímax de episodio implica a una misterioso piloto “x” del que todo el tiempo sospechamos sea el hermano desaparecido de la familia Racer, los fabricantes del Match-5, el auto multiequipado que es el centro de la acción en cada episodio.
La película respetó estos elementos centrales, pero no se involucró en posibilidades de continuación serial. Centró su temática en el más importante drama del raquetismo y del capitalismo caníbal en la globalización. Desde que inicia nos envuelve en la pasión por la acción, por las competencias en pista, pero rápidamente delimita el papel de sus personajes, la utopía de una familia “a la antigua”, la cual mantiene las ligas de sus miembros contra todo avatar, y en contraste a esta tediosa posición normal, pronto nos confronta con el fantástico mundo del poder industrial, de la ilimitada posesión de bienes y servicios a disposición de los propietarios, que de inmediato se presentan con el discurso ambiguo y la doble moral del poder.
El tema del automovilismo es viejo ya en el cine, de hecho forma parte de una forma de propaganda que se inició en la época de expansión industrial estadounidense y el auge de la industria del automóvil, ya desde entonces el piloto de carreras era convertido en el héroe de acción que pudiera representar al hombre del siglo XX, sin embargo su heroísmo se condicionaba a las realidades de su máquina, a la amenaza que representaban las fallas mecánicas que finalmente limitaban su actuar humano; de alguna manera los pilotos de carreras eran una dependencia de la máquina como lo serían después la mayoría de los habitantes de ciudades en el mundo desarrollado: una extensión del automóvil y de la industria que los produce.
Sin embargo los Warchowski nos llevan por un camino distinto al de la fascinación por la acción, que desde luego no falta en abundancia, como en todas sus cintas anteriores, de hecho se quedan cortos en términos de la utilización de los efectos especiales, su concepción del Mach-5 apenas se distingue en la película (solamente algunos saltos en plena carrera y un dispositivo contra las pinchaduras desde ejes-navaja de sus enemigos), el verdadero interés es como el de los juegos de video: la acción operativa pos sí misma, el cómo resolver los enigmas del enemigo, el llevar al espectador de la mano por los motivos del juego y la solución de los problemas, y es una forma “didáctica” de filmar, una forma de enseñanza a través de los medios.
¿Y qué pretenden enseñar los Warchowski? ¿Cómo ganar una carrera de autos? Desde luego que no. La carrera que nos presentan no es contra las otras máquinas de competencia, sino contra el sistema de patrocinio manipulador que reduce los derechos individuales al capricho de grandes maquinarias sociales controladas por elites internacionales que solo se cuidan de su propio bienestar por encima de cualquier comunidad, hay un llamado subyacente a la reconstrucción de un Estado benefactor que cuide los intereses de la comunidad contra el avance aparentemente imbatible de la Sociedad del Conocimiento que pretende convertir el saber individual en patrimonio de las empresas, que a través de los medios electrónicos conduce gradualmente al aislamiento y la indefensión de las personas ante el interés de los consorcios.
Es posible que después de las tres grandes cintas sobre carreras de autos: “Rojo 7000 peligro”, “El casco verde” y “Grand Prix”, la emoción de las carreras en pantalla tenga pocas posibilidades de aumentar a un público del evento real que mantiene un crecimiento regular y constante, pero hay algunos punto de dramatismo que han quedado sin resolver. Por ejemplo el caso de los japoneses en las carreras, que en la película de Frankenheimer quedaba oscuro y brutal en la personificación de un industrial- samurai que interviene en el circuito internacional para romper la hegemonía de los occidentales, convirtiendo la competencia en una concurso de capitalismo brutal: los Warchowski compensan esa imagen creando el personaje de Joon Park, el piloto Yakusa que intenta una lucha solitaria contra el cártel de competencia. Un individuo que ha perdido la confianza en la justicia, que ha cedido ante la inminencia del dominio global, pero que en el piloto “X” encuentra la posibilidad de recuperar su sitio social y personal, hasta que llega Meteoro.
Para los aficionados a la historieta y al manga, la película puede ser una decepción, está muy lejos de la intención original de la serie japonesa de Hiroshi Sasakawa, basado en la creación del dibujante Tatsuo Yoshida y el productor televisivo Ippei Kuri en 1967, su línea dramática abandona el giro de misterio en torno del “piloto X”, si bien la mantiene el tiempo suficiente para la nueva definición ideológica de la película: la denuncia contra la globalización como forma de deshumanización. Aunque esto no es nuevo en los Warchowski, “Matrix” es el mejor ejemplo, fuera del absurdo de haberla convertido en un serial de tres episodios irregulares, la primera es una excelente cinta de denuncia acerca de la manipulación de la realidad a través del avance de la electrónica y la robótica, y también un llamado de atención a la necesidad de educar la voluntad hacia fines más personales (y al mismo tiempo universales) que permitan la verdadera libertad de elección: el final de la cinta con Neo en la cabina telefónica enviando su mensaje a todos es perfectamente claro al respecto.
La noción de un gobierno indeseable es la principal característica del cine de los Warchowski, sin embargo parece que esto se refiere al mal gobierno, a los ocultamientos que supone la teoría del complot, y en “Meteoro” los hermanos cineastas se declaran en favor de las antiguas funciones del gobierno: regular y vigilar la convivencia de los ciudadanos, así pues interviene el gobierno para diseñar el auto Mach-5 a la manera de los vehículos de James Bond y lo convierte en un arma eficaz contra las tácticas terroristas de los pilotos al servicio de los grandes fabricantes, con ello se reduce la carga original de individualismo con que la serie original enmarcaba la acción de la familia Speed y convierte a “•Pops” en un ciudadano conciente y arriesgado que a despecho de las consecuencias lucha al lado de su hijo en contra del “sistema” (los grandes propietarios del capitalismo caníbal y globalizador).
Claro que todo esto destruye por completo la idea original de Spped Racer en animación, pero dota a la cinta de una combinación extraña de fascinación que tiene la acción como elemento principal y un trasfondo crítico interesante que no interfiere con la trama general. En su recuperación es notoria la visión de conjunto de los directores, están todos los elementos valioso que han aportado al tema las películas anteriores: La fragilidad de la estabilidad familiar en una familia de pilotos tratada en El casco verde, la fascinación y camaradería de los profesionales conforme la trata Hawks en su cinta, la necesidad del control y la disciplina conforme Frankeheimer nos la trasmite en el personaje de Ives Montand; pero sobre todo está presente una película menos espectacular y más humana: “Le Mans”, donde combina todo esto para dejarnos ver la individualidad del aventurero, que, por desgracia, los Warchowski no pudieron igualar con un actor de la talle que tuvo Steve McQueen.
Filmografía:
Grand Prix. D. John Frankenheimer. Con: Ives Montand, Toshiro Mifune, James Garner, Eva Marie Saint. Guión : Robert Alan Arthur. EUA/GB/FRAN. 1966.
Meteoro. (Speed Racer). D. Andy y Larry Warchowski Con : Emile Hirsch, Nicholas Elia, Christina Ricci, John Goodman, Susan Sarandon. Guión: Hnos. Warchowski, basados en la historieta de Tetsuo Yoshida. EUA. 2008.
Rojo 7,000, peligro. (Red line 7000). D. Howard Hawks. Con: James Caan, Laura Devon, James Ward, George Takei. Guión: George Kirgo. EUA. 1965.
Meteoro, la serie. (Speed Racer tv series). Prod. Michael Algar. Con : Bryce Papenbrook (voz). Fred Wolf Film Company y Speed Racer Enterprises. EUA. 1994.
Le Mans. D, Lee H. Katzin. Con. Steve Mcqueen, Siegfried rauch, Elga Andersen. Guión: Harry Kleiner . EUA. 1971.
Casco verde, el. (The green helmet). D. Michael Furlong. Con: Bill Travers, Ed Beagley, Sid James. Guión: M. Furlong y John Cleary, basados en la novela de éste. GB. 1961.










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