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Sydney Pollack: la búsqueda de la sugerencia

Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 27 de Mayo de 2008 | Categorias: Biofilmografias, Cine Norteamericano, Directores, Estuvo en Portada | Tiempo de Lectura: 21m 32s | Leido 142 veces.

El polifacético cineasta Sydney Pollack con una amplia trayectoria como director y productor, al igual que actor, falleció el pasado lunes 26 en su casa de Pacific Paliseds, en Los Ángeles, California, después de que hace 10 meses se le diagnosticó un cáncer, que a la postre fue la causa directa de su muerte, conforme a lo informado por su familia.

Sydney Pollack nació el 1 de julio de julio de 1934 en Lafayette, Indiana, Estados Unidos, en el seno de una familia de inmigrantes rusos de origen judío. Su padre, David Pollack, alguna vez incursionó en el boxeo como profesional, pero a la poste se dedicó a atender una farmacia, en tanto su madre, Rebeca Millar se hacía cargo de las labores del hogar. Sus padres se divorciaron cuando Sydney, aun era muy joven. La madre se tornó alcoholica, muriendo a causa de ello a los 37 años, cuando el futuro director sólo contaba con 16 años de edad. Una vez que se graduó de High School en su natal Indiana, se mudó a Nueva York a estudiar actuación, entre 1952 y 1954, en The Neighborhood Playhouse School of the Theatre in New York, bajo la tutela del célebre Sanford Meisner, el cual, junto con Stella Adler y Lee Strasberg, forma el triunvirato de los grandes maestros de actuación del siglo XX, en el teatro estadounidense.

Pollack tuvo que servir durante dos años en el ejercito y la ser licenciado regresó al The Neighborhood Playhouse School of the Theatre in New York, donde comenzó a dar clases de actuación, sitio en el que conoció a la aspirante a actriz Claire Griswold, con la cual se casó el 22 de septiembre de 1958, manteniéndose unidos hasta la fecha, en que se ha convertido en su viuda. Procrearon a tres hijos: Steven que murió en un accidente de aviación en 1994; Rebeca que ha desarrollado actividades de productora ejecutiva en la United Artists y la menor Raquel que nació en 1969, sin actividad en la industria cinematográfica.

Debutó como actor en la televisión en una adaptación de la novela de Ernest Hemingway “¿Por Quién Doblan las Campanas?”, realizada en 1959 por John Frankheimer, en la cual hacía el pequeño papel de Andrés, el correo del general Golz. Jason Robards Jr. tuvo a su cargo el de Robert Jordan, que en cine hizo con mucha fortuna Gary Cooper. En el caso de Pollack la fortuna o la suerte estuvo en que trabó amistad con el director John Frankheimer, el cual lo tuvo como su ayudante en la realización de su película “Los Jóvenes Salvajes” (Young Savages, 1961) estelarizada por Burt Lancaster.

La relación con Frankheimer quién había hecho una sólida carrera en la televisión, le ayudó a introducirse en dicho campo, debutando como director en un episodio de la serie policíaca “Cain’s Hundred” en el episodio “King of the Mountain”. Entre 1961 y 1965 Pollack dirigió cerca de dos docenas de productos para la televisión, entre episodios de alguna serie y teleteatros. Inclusive su debut cinematográfico en 1965 fue, prácticamente, en una especie de teleteatro titulada “Con la Vida en un Hilo” (The Slender Thread, 1965) a partir de un guión del escritor para televisión Sterling Silliphat, en la cual Sidney Poiter era un voluntario en una clínica de ayuda telefónica, con quién habla Anne Bancroft, presunta suicida que se niega a darle su dirección, para que pueda alguien acudir a su casa a impedir que consume su acto de matarse. En el transcurso de la conversación van aflorando los sentimientos de frustración del personaje femenino, así como su racismo, sin saber que con quién esta hablando, al otro lado de la línea telefónica, es una persona negra. Independientemente de lo bien intencionada que sea la trama de “Con la Vida en un Hilo”, lo cierto es que, su debut cinematográfico, fue poco afortunado, en tanto que director novato decidió no arriesgarse en su puesta en escena y el recuerdo que guardó de ella es la haber estado ante un teleteatro filmado, completamente en interiores.

Su siguiente película “Una Mujer Sin Horizonte”This property is condemned, 1966) le llegó de rebote, una vez que John Huston abandonó el proyecto, al igual que otros dos o tres directores rechazaron la oferta. Se trata de la adaptación de la pieza de un acto de Tennesse Williams “This Property Is Condemned”, sobre la cual el dramaturgo exigió que en los créditos apareciera la leyenda que “había sido sugerida…”, en tanto que para darle la extensión de un largo metraje, los diversos guionistas, entre los que estuvieron Francis Ford Coppola, Fred Coe y Edith Sommer, por mencionar a los que se les acreditó su participación, tuvieron que utilizar elementos de otras obras de Williams. No se trata de una gran película, pero en cierta medida estimo que Pollock dio muestras de su sensibilidad romántica, que veremos desarrollada con mayor acierto en otros trabajos, sobre todo su forma para crear atmósferas evocativas, impregnadas de un buen gusto, que las hace recordables.

En “Una Mujer Sin Horizonte” dirige por primera vez a Robert Redford, con el cual mantenía una añeja amistad que databa del tiempo en que le dio clases en The Neighborhood Playhouse School of the Theatre in New York, al igual que habían debutado juntos, como actores en el cine en la interesante película de ambiente bélico “El Que Mató Por Placer” (War Hunt, 1961) dirigida por Denis Sanders, con John Saxon en el que quizás sea su mejor interpretación, como el psicópata soldado, cuya violencia se desborda del campo de batalla, sin poder controlarla.

La importancia de Robert Redford en la filmografía de Pollock esta fuera de toda duda, debido a que de las 20 películas que realizó, en siete de ellas el protagonista masculino es Redford, compuesta por “Una Mujer Sin Horizonte”; “La Ley del Talión” (Jeremiah Johnson, 1972); “Nuestros Años Felices” (The way we were, 1973); “Los Tres Días del Cóndor” (Three Days of the Condor, 1974); “El Jinete Eléctrico” (The Electric Horseman, 1979); “África Mía” (Out of Africa, 1985) y “Habana” (Havana, 1990). Siendo la más destacada de ellas “África Mía” por la que ganó el Oscar de Mejor Director y Mejor Película en 1985; pero de cierta forma no es una película de Redford, ya que quién lucía en el plano interpretativo era Meryl Streep.

Ya había mencionado líneas arriba que Pollock entro en relación con Burt Lancaster a través de John Frankheimer y fue el actor quién lo impuso como director del doblaje en inglés, en 1963, de “El Gatopardo” (Il gatopardo, 1963) lo cual le valió al realizador para ganar fama de intelectual en la meca del cine, al hacerse cargo de doblar la obra maestra del gran cineasta Luchiano Visconti. Más tarde, cuando Lancaster, quedó insatisfecho con el trabajo de Frank Perry en “El Nadador” (The Swimmer, 1968) le pidió a Pollock que filmara algunas escenas adicionales sin llevar crédito, involucrándolo, al mismo tiempo en su siguiente proyecto “El Camino de la Venganza” (The Scalphunter, 1968), un curioso y festivo western debido al guionista William Norton, en el cual ya percibimos la influencia de Sam Peckinpah en el tratamiento de la violencia, al igual que ciertos rasgos de humor que motivaron, una cierta mala interpretación del filme en el momento de su estreno, en cuanto a que parecía una sátira fallida. La que si fue una incursión fallida en el género bélico fue su cuarto filme “Los Temerarios” (Castle Keep, 1969) protagonizado, igualmente, por Burt Lancaster, una parábola o alegoría sobre la condición humana en la guerra, donde se enfrentan al comandante Abraham Falconer (Lancaster), quién tiene la orden de destruir un hermoso castillo en la campiña belga, que ha servido de cuartel a los alemanes, en el cual se encuentran una serie de obras de arte, en tanto el capitán Lionel Beckman (Patrick O’Neal), maestro de arte en la vida civil, trata de convencer, al soldado profesional de ignorar sus órdenes, en aras de preservar un patrimonio cultural de la humanidad. Si “Los Temerarios” falla no es tanto por sus intenciones de mensaje, sino por la manera tosca y su excesiva verbosidad en su planteamiento.

En cuanto a “Baile de Ilusiones” ( They Shoot Horses, Don’t They?, 1969) basada en la novela de Horace McCoy titulada, correctamente en español, “¿Acaso No Matan a los Caballos?), independientemente de la opinión de varios críticos que la sintieron cursi y sensibilera, para mi ese retrato de la sociedad americana durante la depresión, en que la desesperación llevaba a la gente a inscribirse, en este caso, a un concurso de maratón de baile, buscando obtener una magra recompensa, que le permitiera ganar un poco de dinero, me resulta conmovedora, sobre todo por las brillantes actuaciones de Jane Fonda y Gig Young. Creo que Pollock atina correctamente en ir creando la atmósfera de desolación del personaje de Jane Fonda, al cual al final, su compañero accidental de baile Robert (Michael Sarrazin), en un acto de caridad la mata, pues al igual que se sacrifica a un caballo que se quiebra una pata por no estar ya apto para la vida, habría que hacerlo con aquellos seres humanos que andan a la deriva, sin esperanza alguna, al estar, metafóricamente, quebrada su alma. “Baile de Ilusiones” es posiblemente amargo, pero al mismo tiempo romántico y sensible, en una adecuada adaptación de la novela de Horace McCoy, realizada por James Poe, al cual los productores le habían prometido que le dejarían debutar en la dirección con ella, pero algunas desavenencias en la preparación del rodaje los llevaron a entregarle el proyecto a Sydney Pollack, quién obtuvo su primera y merecida nominación al Oscar de Mejor Director, al igual que Jane Fonda fue nominada al de Mejor Actriz, Suzanne York al de Mejor Actriz Secundaria, al igual que James Poe y Robert Thomson fueron nominados al de Mejor Guión Adaptado, siendo también nominada en las categorías de Decoración, Edición, Adaptación Musical y Vestuario. El único que obtuvo una estatuilla fue Gig Young como Mejor Actor Secundario. De cualquier manera “Baile de Ilusiones” fue un éxito económico que consolidó a Sydney Pollack en el campo de la dirección cinematográfica.

Augusto M. Torres publicó en 1973 el libro “Nuevos Directores Norteamericanos”, bajo el sello de Anagrama en donde hace el siguiente comentario sobre Sydney Pollack: “Primero actor y luego realizador de televisión, debuta en el cine con ‘La Vida Vale Nada’ (Con la Vida en un Hilo), una moralizadora historia sobre una emisora telefónica anti-suicidio, dirigida por un negro, que no hace concebir la menor esperanza sobre su futuro; pero ‘Propiedad Condenada’ (Una Mujer sin Horizonte), adaptación de un texto de Tennesse Williams, aunque no era el interesante folletín que se hubiera podido obtener de él, muestra una serie de puntos a su favor. Ni ‘Camino de la Venganza’, ni ‘La Fortaleza’ (Los Temerarios), un western y una película de guerra respectivamente, que se pueden contar entre lo peor de ambos géneros, podían darle algún crédito. ‘Danzad, Danzad, Malditos’ (Baile de Ilusiones), sobre los años de la gran depresión económica vistos a través de un maratón de baile, y ‘Las Aventuras de Jeremiah Johnson’ (La Ley del Talión), un western que se acerca a la naturaleza, hacen pensar que, dentro de unos cuantos años, puede llegar a ser un buen realizador”.

Esta ya lejana la fecha en que vi, durante su estreno, “La Ley del Talión” (Jeremiah Johnson, 1972), un proyecto al que llegó Pollack por su amigo Robert Redford, el cual se rodó cerca de Sundance, en Utah, lugar de residencia del actor, que se vendría a popularizar con el ya imprescindible Festival de Sundance, promovido por Redford y apoyado, entre otros, por el propio realizador. Se trataba de un western en que un montañes decide alejarse de la civilización, para ir a vivir en comunidad con la naturaleza, sobre este film Antonio Castro en la revista Dirigido de octubre de 1977 nos comenta: “concebida en su primera parte como un documental sobre la forma de sobrevivir en condiciones como las del protagonista, el film ha cuidado extraordinariamente la exactitud de todos estos hechos, apartándose en cambio de la verdad histórica a la hora de narrar la biografía del protagonista”.

“Jeremiah Jonson quiere ser un proceso de conocimiento de un personaje y en este sentido resulta curiosa la planificación del film, con superabundancia de planos generales al principio, en que el personaje estaba perdido en la inmensidad de los paisajes, para ir progresivamente hacia una planificación más corta, conforme avanza el film, llegando en la parte final a abundar los planos medios, e incluso existir algún primer plano”.

“Como sucedía en ‘Camino de la Venganza’ con los negros y los blancos, en ‘Jeremiaj Johnson’, Pollack pretende no ser maniqueo en la visión de las diferencias blanco-indios, y trata de sustituir la mirada romántica por una mirada real. Así distribuye culpas por igual entre blancos e indios, a la vez que pretende dejar en claro que tanto los guerreros Crows como Jeremiah eran valientes, y se admiraban mutuamente, aunque tuvieran que combatirse”.

“Film curioso y contradictorio, enormemente sobre valorado, ‘Jeremiah Johnson’, que sólo en contadas ocasiones está a la altura de sus pretensiones, da fe al menos, de una cierta madurez estilística de Pollock, que ha abandonado la crispación y el barroquismo que caracterizaron a algunos de sus filmes precedentes”.

Para el siguiente film del tandem Pollack – Redford, fue el director quién busco los servicios del actor, quién se mostraba renuente a embarcarse en el proyecto de un melodrama político, sobre quince años en la vida de una pareja, donde la chica. Katie (Barbra Straisand) era un activista pro comunista, perteneciente a la clase baja, que tiene que trabajar para costearse sus estudios, y Hubell (Robert Redford) un joven atlético y bien parecido al cual las cosas se le dan con facilidad, amén de no querer comprometerse en política. En rigor la historia cubre tres etapas, la primera en 1937 con Katie tratando de convencer a sus compañeros de que deben de apoyar a los republicanos, en su lucha contra el franquismo y por extensión el fascismo nazi. A finales de la Segunda Guerra Mundial cuando ya se vislumbra la guerra fría, después de que los Estados Unidos han salvado a Europa del nazismo y la tercera es en plena guerra fría y la embestida del maccarthysmo contra todo aquél sospechoso de tener o haber manifestado ideas liberales. La novela y el guión del propio autor Arthur Laurents daba mucha mayor importancia al personaje de Katie, con sus ideas políticas muy concretas, mientras Hubell, era poco menos que un pretexto para tener una relación amorosa Katie con él. Lo anterior fue motivo de varios meses de charla de Pollock con Redford para convencerlo de aceptar participar en “Nuestros Años Felices” The way we were, 1973) y de discusiones con Laurent para que hiciera los cambios convenientes en el personaje de Hubell, tal y como Antonio Castro nos lo relata en su texto ya citado: “Pollack ha hablado de los problemas que tuvo con el guionista Arthur Laurents, defensor a ultranza de Katie, para dar al personaje de Hubell una mayor entidad –y de paso convencer a Redford para que hiciera él el filme, ya que el actor opinaba que no había suficiente papel y el propio Pollack afirmaba que ‘¿como pretender que un actor encarne con fuerza y sinceridad el papel de un hombre débil e indiferente?- y equilibrar un poco los personajes principales. Lógicamente el film se pretende un intento de explicación de la imposibilidad de convivencia entre dos Estados Unidos distintos, que durante años lograron coexistir sin excesivos problemas y que a partir de la postguerra entraron en crisis, para tener que seguir caminos diferentes a partir del Maccarthysmo y de la guerra de Corea”.

La primera versión de “Nuestros Años Felices” tenía una duración de más de 3 horas con quince minutos, la cual termino por reducir Pollack a 118 minutos en la versión que se estreno comercialmente y que resintió los cortes, aunque no tanto para no resultar una película interesante y sobre todo de las primeras que se atrevía a hacer una referencia explicita, además de crítica, a los años negros del maccarthysmo y la cacería de brujas en los Estados Unidos. “Nuestros Años Felices” se ha ido revalorando con el tiempo, dado que cuando se estreno causaba mucha molestia en buena parte de los espectadores, al ser todavía historia reciente y revivía una etapa dolorosa, sobre todo para todos aquellos que como dijera Orson Welles se callaron la boca ante tanta injusticia: “por estar defendiendo su derecho a poseer una alberca”.

“Operación Yakuza” (The Yakuza, 1975) es un thriller regular ambientado en Japón, con Robert Mitchum. Mientras que “Los Tres Días del Cóndor” (Three day of the condor, 1975) con Robert Redford y Faye Dunaway resulta entretenido, dentro de la onda de los thrillers de espionaje. En cuanto a “Un Instante…Una Vida” (Bobby Deerffield, 1977), al ser único de los filmes dirigidos por Pollack que no he visto, me limitaré a señalar que lo mismo encuentra uno críticas laudatorias como una gran “love story”, mientras otros la acusan de chabacana y rechazan en absoluto este film protagonizado por Al Pacino y Martha Kellerr. En cuanto a “El Jinete Eléctrico” (The Electric Horseman, 1979), western nostálgico, ubicado en la época actual, sobre una estrella del rodeo, interpretada por Redford, se queda en el plano de las buenas pero fallidas intenciones, con una Jane Fonda, en el plano de una poco convincente reportera, metida a redentora del jinete.

Un paso adelante significó la interesante “Ausencia de Malicia” (Absence of Malice, 1981) con Paul Newman y Sally Field, como una sólida crítica al periodismo amarillista, en que con tal conseguir la nota principal, no les importa dañar o destruir la reputación de una persona inocente. En “Ausencia de Malicia” Pollack se aleja de la reiteración explicativa de las conductas y su condena a ese tipo de periodismo en forma visceral, ofreciendo una serie de sólidos argumentos sobre la labor periodística, envuelta en una ingeniosa trama de acción policíaca, que hace que el espectador mantenga la atención, sobre lo que sucede en pantalla. Es un recomendable film para ser utilizado en las escuelas de comunicación, para propiciar debates sobre la ética del periodista.

Independientemente del lugar que ocupe en nuestro “hit parade” de las grandes comedias del cine norteamericano en el siglo XX, es indudable que en dicha lista no puede faltar “Tootsie” (Tootsie, 1982) con un insuperable Dustin Hoffman en el doble papel, por una parte del actor Michael Dorsey sin empleo, el cual sobrevive como camarero y como la exitosa Dorothy Michales, que consigue el papel de su vida en una telenovela, a la cual se le complica la existencia al enamorarse de su compañera de serie, la bella y encantadora Jessica Lange, que merecidamente ganó el Oscar de Mejor Actriz Secundaria por la dulce estrellita Julie Nicholas, la cual, ignorante de acto de travestismo de Michael, cuando se le acerca Dolores, le hace dudar de su sexualidad, al tiempo de que Dorothy es perseguida por su amiga Sandy (Tery Garr), esta sí de inclinaciones lesbianas. En tanto que el padre de Julie (Charles Durning) la busca con buenas intenciones. Hilarante comedia de humor sarcástico, con su buena dosis de mordacidad y sutil crítica a varias muestras de la cultura pop de los ‘80. Alguien la ha comparado, por su ritmo frenético y de ir, de una a otra situación, sin parar de reír, con la obra maestra de Billy Wilder “Una Eva y Dos Adanes” (Some lik it hot, 1959) estelarizada por Marilyn Monroe, Tony Curtis y Jack Lemmon, parangón que no se me hace tan desencaminado.

En términos de crítica y de premios “África Mía” (Out of Africa, 1985) es el gran hito de Sydney Pollack, al obtener el Oscar de Mejor Película y Mejor Director, por esta esplendida historia de amor, protagonizada por Meryl Streeo y Robert Redford y de la cual Augusto M. Torres en su libro “El Cine Norteamericano en 130 Películas” editado en 1992, nos señala sobre “Memorias de África” título que se le dio en España lo siguiente: “El punto de partida de ‘Memorias de África” son las novelas autobiográficas ‘Lejos de África’ (1937) y ‘Sombras en la Hierba’ (1960) de la baronesa Karen Blixen y la biografía publicada en 1982 por Judith Thurman que pone de moda al personaje. Nacida en Dinamarca, se casa en 1914 con su primo BROS Blixen-Finecke y se van a África a dirigir una plantación de café, pero su marido le contagia la sífilis y no tardan en separarse. Finalizada la experiencia africana, vuelve a su país a mediados de los años 20, comienza a publicar cuentos con el nombre de Isak Dinesen y consigue su primer éxito con el volumen ‘Siete Cuentos Góticos’ (1934)”.

“El guión de ‘Memorias de África’ está articulado en torno a un ‘flash-back’, donde una mujer mayor escribe sus recuerdos de la mejor época de su vida mientras ve nevar a través de la ventana, lo que da pie para la existencia de una voz en ‘off’ que subraya determinados momentos de la narración”.

“Dentro de una ligera intriga, la historia se centra en el amor de Karen Blixen (Meryl Streep) por el cazador Denys (Robert Redford) a través de mínimos incidentes, como pueden ser la repercusión de la Gran Guerra en Kenia, el viaje a Dinamarca para curarse de la sífilis con arsénico, su amistad con los kikuyus y su criado Farah, el incendio que destruye la plantación y la arruina. Así como la entrevista con el nuevo gobernador, una vez que ha decidido volver a su país, para intentar que devuelvan a los kikuyus las tierras que les han arrebatado, el accidente de aviación donde pierde la vida Denys y su entierro”.

‘Memorias deÁfrica es una película romántica que cuenta el itinerario espiritual de una mujer y su amor por el cazador Denys, un personaje que solo se menciona en una ocasión en los libros autobiográficos de Karen Blixen y nunca se le nombra. Rodada con gran cuidado y exquisito gusto por un Sydney Pollack que ha aprendido mucho y está en su mejor momento, es la más redonda de sus películas”.

Su última colaboración con Redford se da en 1990 cuando realizan “Habana” (Havana, 1990) fallida historia romántica, con ribetes o influencias de la mítica “Casablanca” (Casablanca, 1943) de Humphrey Bogart, ambientada en el año de 1959 en la Cuba de Batista, semanas antes de la toma de la Habana, por parte de las fuerzas revolucionarias de Fidel Castro y el Che Guevara. A pesar de la excelente recreación de la época, simplemente nunca logra funciona o arrancar como una fogosa historia de amor, quizás en parte por la poca gracia de Lena Olin como la mujer que debe de hacerle perder la cabeza a Redford.

El thriller “La Firma” (The Firm, 1993) basado en la exitosa novela de John Grisham, no pasa de resultar entretenida y un mero divertimento artificioso, a pesar de su sólido reparto encabezado por Tom Cruise, Gene Hackman, Jeanne Tripplehorn, Holly Hunter y Ed Harris, entre otros.

A pesar de que a mis hijos les hice ver la versión de 1954 de “Sabrina” (Sabrina), dirigida por Billy Wilder, con Humphrey Bogart, Audrey Hepburn y William Holden, ellos insisten en preferir el remake realizado por Sydney Pollack en 1995 con Harrison Ford, Julia Ormond y Grez Kinnear, mientras que yo me inclino por la de Wilder. Reconozco que este cuento de hadas, fue correctamente trasladado a la época de la realización de la nueva versión y mantiene el tono agradable de comedia fina, que seguramente ya estaba en la pieza original de Samuel Taylor y en el guión de Wilder, Taylor y Ernest Lehman, que se utilizo con ligeras variaciones y adecuaciones por parte de David Rayfiel y Barbara Benedek, por lo que no insistiré en mi voto nostálgico, para echarle tierra a esta agradable comedia.

Sin llegar al arrebatamiento o al delirio romántico “Caprichos del Corazón” (Random Hearts, 1999) logra mantenerse como un sólido melodrama, sobre como afecta a las personas el descubrir la infidelidad de su pareja. Kay Chandler (Kristin Scott Thomas) es una congresista y William van den Broeck (Harrison Ford) es un sargento de la policía, los cuales no se conocen, pero una tragedia les llevará a hacerlo. Al morir en un accidente de aviación, sus respectivos cónyuges, irán descubriendo que ellos eran amantes y cada uno irá asimilando y reaccionando de diferente forma, ante tal verdad, tratando de hurgar en sus sentimientos y averiguar en que fallaron en la relación con su pareja, al tiempo que Kay y William se van sintiendo atraídos, un tanto por la desesperación y otro por la recuperación o, quizás un sentimiento vago de venganza. No es el gran drama, pero si es una interesante historia de amor y de búsqueda del corazón.

La sola presencia de la bella y talentosa Nicole Kidman es razón más que suficiente para disfrutar del thriller “La Intérprete” (The interprter, 2005), último film de ficción de Pollack, quien dejó en fase de terminación el documental “Sketches of Frank Gehry”. Efectivamente “La Intérprete” no es la gran cinta de suspenso, pero resulta bastante entretenida, con todo y su ambientación en varios sitios de la ONU, a los que con muchas trabas se le dio permiso al director de utilizar.

Sin una extensa filmografía Sydney Pollack nos ha legado varias de excelente calidad, como “Ausencia de Malicia”; “Tootsie” y “África Mía”, que rozan los linderos de obras maestras. Algunas muy buenas como “Baile de Ilusiones”; “Nuestros Años Felices”; “Caprichos del Corazón” y “La Ley del Talión”. Otras interesantes y dignas de revisar como “Una Mujer sin Horizonte”; “El Camino de la Venganza”; “Los Tres Días del Cóndor” y “Sabrina, aparte de aquellas que ustedes quieran agregar en nuestra arbitraria selección, pero indudablemente Pollock supo impregnar a sus películas un buen gusto, atmósfera romántica y una gran dosis de sugerencia, sobre las intenciones de sus personajes, que hacen atendible y trascendente su cine, como para recordarlo y, mejor dicho, revisar su obra.

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