Richard Brooks: congruente hasta el fin
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 23 de Mayo de 2008 | Categorias: Biofilmografias, Cine Norteamericano, Directores, Guionistas | Tiempo de Lectura: 11m 44s | Leido 251 veces.
“De entre los escritores-directores, Brooks tiene la mala costumbre de decir lo que significa o quiere decir, pero sin mostrar lo que siente”.
Andrew Sarris
“Brooks es el intelectual americano típico, el sargento York de la dirección cinematográfica, incluidos el pelo cortado en cepillo y la pipa en la boca. (…) Lleva el kennedysmo hacia la izquierda. Desde ‘Semilla de Maldad’ hasta ‘Ni Bendito, ni Maldito’ se perfila con claridad la herencia de los grandes primitivos americanos: la aprehensión directa y física de lo real que se une armoniosamente a la distancia reflexiva, a la sabiduría”.
Jean Luc Godard
“Todos mis filmes cuentan la misma historia, la de un hombre que busca su dignidad y los medios que emplea para acceder a ella”.
Richard Brooks.
Independiente de la opinión del santón de la crítica del “cine de autor”, Andrew Sarris, en los Estados Unidos, en relación al director Richard Brooks, queda clara la característica del también guionista, en cuanto a buscar realizar un cine de contenido, alejado del mero entretenimiento, logrando realizar una serie de interesantes y destacadas películas, en una filmografía que abarca 24 títulos, entre 1950 y 1985, de los cuales por lo menos la mitad de ellos oscilan entre lo bueno y excelente, para nuestro gusto.
Richard Brooks, cuyo nombre de pila era el de Ruben Sax, nació el 18 de mayo de 1912 en Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos y murió en Beverly Hills, Los Ángeles, Estados Unidos, el 11 de marzo de 1992. Sus padres eran inmigrantes rusos de origen judío. Después de graduarse en la Temple University, ingresó al mundo del trabajo como cronista deportivo y reportero de radio, a principios de los treinta. En 1936 se instala en Los Ángeles, laborando como guionista en la N.B.C. hasta 1936. Se marcha a Nueva Gorka a hacerse cargo de la dirección de la serie New York’s Mill Pond Theatre durante un año. Regresa a Hollywood como escritor de guiones para películas de serie B los cuales son rodados entre 1942 y 1946, algunos de ellos, aunque a causa de la guerra se había ido a servir en los “Marines” durante dos años. Estando en el servicio activo continua con sus actividades teatrales y en París trabaja en la compañía de Joshua Logan. Se mantiene en Europa, al término de la guerra, estudiando Filosofía y psicología, así como Arte en las Universidades de Perugia y Florencia. Regresa a Estados Unidos reintegrándose a sus labores de guionista con el productor Mark Hellinger. En 1946 es llevado a Consejo de Guerra, por no haber solicitado permiso a la Marina para publicar su primera novela “The Brick Foxhole”, en la cual trataba algunas cuestiones sobre la discriminación en la marina, hacia soldados pertenecientes a minorías raciales y la intolerancia sobre las diferencias sexuales o sea lo que hoy se denomina como derecho a una opción sexual. Logró salir librado de dicho Consejo y la novela fue llevada al cine en 1947 con el título de “Crossfire” y que aquí conocimos con “Encrucijada de Odios” dirigida por Edward Dmytryck, corriendo la adaptación a cargo de John Paxton. Se trata de una excelente cinta sobre la intolerancia en el ejército, aunque sufrió algunas modificaciones eliminando la homosexualidad del personaje que era asesinado por el psicópata soldado Mongomery, interpretado brillantemente por Robert Ryan, convirtiéndolo en judío. Como decía antes en la novela se trataba de un homosexual, pero los productores prefirieron aprovechar el texto para realizar un vigoroso alegato antirracista, a partir de una posición antisemita, suponiendo tendría una mejor aceptación o comprensión entre el público, antes que arriesgarse con el caso de un homosexual, en tiempos que la misma palabra estaba prácticamente prohibida utilizarla en el cine, menos intentar simpatizar con este tipo de personas y mostrarlos como víctimas.
En cuanto a su labor de guionista, previa a debutar como director, sin dejar de hacerse cargo de la mayoría de los guiones de las películas que realizó en su faceta de director, tenemos que colaboró junto con John Huston en la adaptación del cuento “Los Asesinos” de Ernest Hemingway, sin que llevarán crédito ninguno de los dos debido a que la cinta la produjo la Universal y ellos estaban comprometidos con otros estudios, así que su nombre no podía figurar. Para Mark Hellinger se hace cargo del guión de la excelente muestra de “cine negro” “Entre Rejas” (Brute Force, 1947). Junto con John Huston se hace cargo de la pieza de Maxwell Anderson que da pie a la película “Huracán de Pasiones” que dirige Huston.
La muerte prematura de Mark Hellinger lo deja sin trabajo, pero cuando el productor ejecutivo de la PKO Dore Schary, quién aprobó la realización de “Encrucijada de Odios”, se marcha a la MGM como Jefe de Producción contrata a Brooks, con la promesa de darle oportunidad de dirigir sus propios guiones. Se suponía que haría su debut en el megáfono con su adaptación de una novela de Edward Harris, pero la estrella del filme Clark Gable se negó a trabajar bajo las órdenes de un novato, obligando que se hiciera cargo de “Caballero Nocturno” (Any number can play, 1949) el veterano Mervyn LeRoy.
Para fortuna de Brooks logró interesar a Cary Grant en su siguiente proyecto titulado “Crisis” (Crisis, 1950) sobre un neurocirujano que de paseo en un país latinoamericano es obligado a atender al dictador de dicho país, en tanto la guerrilla secuestra a su mujer, chantajeándolo para que no opere al cruel dictador, interpretado por José Ferrer. Si nos atenemos únicamente a este film, cabría estar de acuerdo, a plenitud, con el juicio de Andrew Sarris, ya que tienden a ser discursivos los alegatos de las diferentes facciones en pugna, con un Cary Grant en el plan del típico estadounidense bien intencionado, que estima que la solución de los demás países a sus problemas es simple y llanamente trasladar a su circunstancia la “democracia americana” y todo se resolverá mágicamente. Aunque en descargo de Brooks, el final resulta con una ligera dosis de pesimismo, con lo cual es evidente que la solución no es tan sencilla como la había enunciado el eminente médico. Cabe destacar que Cary Grant, entre las grandes estrellas de Hollywood, siempre se distinguió por darle oportunidad a nuevos talentos, tanto en la dirección como en la actuación, sin ponerse melindroso como Gable y otros que no viene al caso mencionar. Grant se justificaba diciendo que en los inicios de su carrera en la Paramount ninguna de las famosas de la época lo aceptaban de pareja, hasta que Mae West hizo oídos sordos a las objeciones de que era un principiante, dándole oportunidad de que se luciera a su lado en “Nació Para Pecar” (She done him wrong, 1933), donde tuvo su primer papel protagónico, que lo encaminó a ser una de las grandes estrellas de la comedia americana en el Siglo XX. Grant recalcaba que la actriz le dio el consejo de que todo mundo, con algo de talento, merece una primera oportunidad y así lo hizo con Delmer Daves, Richard Brooks y Blake Edwards, en cuanto a directores que recibieron el espaldarazo de Grant, para iniciar o consolidar su carrera como encargados del megáfono.
Su segundo filme para la MGM fue la poca inspirada “El Milagro del Cuadro” (The light touch, 1952) con Stewart Granger y Pier Angeli. Afortunadamente Brooks logró que la MGM le diera permiso de dirigir para la Fox o mejor dicho para Daryl Zanuck “La Hora de la Venganza” (Deadline-USA, 1952) brillante alegato sobre la libertad de expresión, a través del director de un periódico, Ed Hutchinson (Humphrey Bogart) que esta a punto de ser vendido, quién asume el compromiso que primero están sus lectores que los dueños del periódico y se arriesga a publicar una serie de reportajes sobre un rey del crimen, poniendo en riesgo su integridad física y la viabilidad del rotativo. Es la primera de sus cintas importantes y en la cual aparece, como una de sus constantes, un periodista como protagonista, aunque en otras lo tendremos como testigo o cronista privilegiado de los hechos narrados, casi siempre críticas a la descomposición social o denuncia de la corrupción como el personaje de Jim Leffrerts que interpreta Arthur Kennedy, en la estupenda “Ni Bendito, Ni Maldito” (Elmer Gantry, 1960) basada en la obra de Sinclair Lewis, brillante denuncia sobre los charlatanes de la religión.
La mención a la adaptación de la novela de Sinclair Lewis nos lleva a otra de sus características que es el de utilizar una serie de obras clásicas o importantes de la literatura para varios de sus ambiciosos proyectos. Entre sus adaptaciones afortunadas se encuentran “Un Gato Sobre el Tejado Caliente” (Cat on a Hot Tin Roof, 1958) y “El Dulce Pájaro de la Juventud” (Sweet Bird of Youth, 1962) a partir de dos obras del dramaturgo Tennesse Williams, consideradas las mejores traslaciones al cine del conflictivo escritor, quién no tuvo participación en los guiones de dichas películas. “Lord Jim” (Lord Jim, 1965) a pesar de no ser un éxito económico en su estreno, el paso del tiempo le ha dado un mayor valor a este filme basado en la obra de Jack London. Igualmente su interpretación del sórdido mundo del crimen plasmado por Truman Capote en su docunovela “A Sangre Fría” (In clood blood, 1967) resultó uno de sus mejores filmes. A pesar de muchas críticas en contra por su visión dulcificada o quizás impuesta por la MGM en su adaptación del cuento de F. Sccot Fitzerald que dio pie a “La Última Vez que Ví París” (The last time I saw Paris, 1954) con la siempre bella Elizabeth Taylor, en la flor de su juventud, me resulta un melodrama encantador. Quizás la menos defendible de su adaptación de obras maestras sea “Los Hermanos Karamazov” (The Brothers Karamazov, 1958) inspirada en la novela de F. Dostoievsky,
Cabe aclarar que independientemente del resultado, Brooks, no se limitaba a ser un simple ilustrador de las obras sino que buscaba encontrar su correspondencia fílmica, imprimiéndole su personalidad, pues como lo señalo en una entrevista: “El verdadero problema de la adaptación es que tenemos medios de expresión radicalmente diferentes en sus estructuras. La novela, tal como la concebían Conrad, Henry James o Dostoievsky, es siempre un trabajo de palabras. En el cine el estímulo es la imagen. Ahí esta la dificultad cuando se adapta tal novela hay que proceder a una verdadera destilación del vocabulario, hay que extraer imágenes de toda esta retórica”. En el caso de “Los Hermanos Karamazov” estamos ante una obra fallida, cuyas discusiones sobre la muerte de Dios y el nihilismo de los personajes, se viera reducido a un melodrama pasional con juicio final, sobre la responsabilidad material y la autoría en el parricidio que no es narrado.
Entre lo destacado de su obra están tres westerns, dos con mensaje ecológico “La Última Cacería” (The last hunt, 1956) y “Muerde la Bala” (Bite the bullet, 1975), mientras que el más logrado de ellos “Los Profesionales” (The professionals, 1966) retoma, en cierto sentido el discurso sobre las revoluciones mostrado en “Crisis”, aunque en esta ocasión con mayor soltura y profundidad, aunque decantado su pesimismo, a la vez que una mayor lucidez y crítica al intervencionismo de los Estados Unidos en otros países, pues la acción se ubica en 1912 en México, pero queda claro el paralelismo, dada la fecha de realización del filme en 1966, con la guerra de Vietnam. Es de los mejores filmes de Brooks y de los westerns alegóricos para trasmitir con gran eficacia un mensaje político.
En 1969 ya teniendo encima su separación de la actriz Jean Simmons, realiza un descarnado melodrama sobre la crisis matrimonial de la cuarentona Mary Wilson, interpretado brillantemente por Jean Simmons titulado irónicamente en inglés “The Happy Ending”, al cual aquí le pusieron el obvio de “El Amargo Fin” y en España tampoco le fue bien con el de “Con los Ojos Cerrados”, que no dan cuenta del proceso de desintegración del placido mundo de Mary, que ve como se derrumba su aparente matrimonio feliz, a través de una patética inconciencia. Igualmente amargo pero lucido es su melodrama “Buscando a Mr. Goodbar” (Looking for Mr. Goodbar, 1977) con una Diane Keaton soberbia en su rol de Teresa, que se embarca en la angustiosa búsqueda de nuevas experiencias sexuales que le permitan romper o trascender su represiva educación, sólo encontrando un submundo de drogas que le llevará a la muerte y perdición. Melodramas sin concesiones de finales felices, que sin embargo dejan plena huella de la madurez artística de Brooks.
Y dejamos para el recuento final, de lo sobresaliente de su filmografía: “Semilla de Maldad” (Blcakboard Jungla, 1955) sobre la delincuencia juvenil en las escuelas públicas, la cual ha quedado como una clásica del tema de los rebeldes sin causa, donde queda claro que la crítica social asumida por Richard Brooks, va más allá de una pose de intelectual de izquierdas, con lenguaje políticamente correcto, para denotar, antes que nada, una actitud moral ante los diversos cuestionamientos que hace a su entorno social, a lo largo de su carrera. Y más que lanzarse contra los muchachos delincuentes, sus dardos iban en contra de una sociedad que los ignora, dando por supuesto que la solución esta en reprimirlos. Lo interesante del cine de Brooks, con todo y sus altibajos, es que nos legó un puñado de filmes en que busco trascender el mero sentido del espectáculo, para trasmitir ideas y una postura crítica hacia su sociedad.
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